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Canciones Para Noche De Pasión

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Canciones Para Noche De Pasión

La noche caía sobre la Ciudad de México como un manto de terciopelo negro, con las luces de los autos serpenteando por las calles empedradas de la Roma. Ana se miró en el espejo del baño, ajustándose el vestido rojo ceñido que abrazaba sus curvas como una promesa. Qué chingón se ve este trapo, pensó, mientras el aroma de su perfume de jazmín y vainilla invadía el aire húmedo. Hacía semanas que no veía a Marco, su amor intermitente, ese güey que la volvía loca con solo una mirada. Hoy era la noche perfecta, la que habían planeado entre mensajes calientes y llamadas jadeantes.

El timbre sonó como un latido acelerado. Abrió la puerta y ahí estaba él, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que le derretía las rodillas. Llevaba una botella de tequila reposado en la mano y un playlist en su cel listo para detonar la pasión. "Órale, mi reina, ¿lista pa' la noche?" dijo, su voz grave como un corrido ranchero. Ana lo jaló adentro, cerrando la puerta con un pie mientras sus labios se encontraban en un beso hambriento. Saboreó el leve toque de menta en su boca, mezclado con el calor de su aliento.

Se acomodaron en la sala, con las velas parpadeando y lanzando sombras danzantes sobre las paredes pintadas de terracota. Marco conectó su teléfono al bocina y pulsó play. Las primeras notas de una balada romántica llenaron el espacio: canciones para noche de pasion, había titulado la lista, con rolas de Joan Sebastian, Alejandro Fernández y unas cuantas de rock en español que siempre los ponían en mood.

"Estas rolas son pa' ti, pa' que sientas lo que te hago falta",
murmuró él, acercándose. Sus manos grandes subieron por la espalda de Ana, desabrochando el vestido con maestría, mientras la guitarra acústica rasgaba el aire como un susurro erótico.

El vestido cayó al suelo con un susurro suave, dejando a Ana en lencería negra de encaje. Marco la miró como si fuera un tesoro, sus ojos oscuros devorándola. Neta, este carnal me prende como nadie, se dijo ella, sintiendo el pulso acelerado en su cuello. Bailaron lento, pegados, el ritmo de "Te Amo" envolviéndolos. Sus caderas se mecían al unísono, el roce de su pantalón contra sus muslos desnudos enviando chispas por su piel. Olía a su colonia amaderada, a sudor fresco y a deseo puro, ese olor que la hacía mojar sin remedio.

La tensión crecía como una tormenta en el DF. Ana deslizó las manos bajo su camisa, sintiendo los músculos duros de su pecho, el latido fuerte de su corazón bajo sus palmas. "Quítate eso, pendejo, quiero sentirte todo", le ordenó juguetona, mordisqueando su oreja. Marco obedeció, quitándose la ropa con prisa, revelando su cuerpo torneado por horas en el gym. Su verga ya semi-dura presionaba contra ella, caliente y palpitante. Se besaron de nuevo, lenguas enredadas, saboreando el tequila que él acababa de servir en shots. El líquido ardía en la garganta de Ana, bajando como fuego líquido hasta su vientre.

La música cambió a algo más intenso, "Por Mujeres Como Tú" con su letra cruda y apasionada. Marco la levantó en brazos, llevándola al cuarto como si no pesara nada. La cama king size los recibió con sábanas de algodón egipcio frescas, contrastando con el calor de sus cuerpos. La tumbó suave, pero sus ojos prometían rudeza consentida. Quiero que me rompa, pero con cariño, pensó Ana, abriendo las piernas invitadora. Él se arrodilló entre ellas, besando su ombligo, bajando lento por su vientre. El aliento caliente en su piel la erizaba, y cuando su lengua tocó su clítoris a través del encaje, gimió alto, "¡Ay, wey, qué rico!"

Las sensaciones se acumulaban: el roce áspero de su barba incipiente en sus muslos internos, el sabor salado de su propia excitación cuando él le quitó las bragas y la probó. Lamía despacio, círculos expertos que la hacían arquear la espalda. Sus manos amasaban sus nalgas, dedos hundiéndose en la carne suave. Ana enredó los dedos en su cabello negro, tirando suave, guiándolo. Esto es el paraíso, neta. La playlist seguía, ahora con "Amor Prohibido" de Selena, la reina, que les recordaba sus raíces tejanas-mexicanas. El ritmo pulsaba con su coño palpitante.

Pero Ana quería más, quería control. Lo empujó hacia arriba, montándolo como una amazona. Su verga gruesa la llenó de un solo embiste, estirándola deliciosamente. "¡Chingao, qué prieta estás!" gruñó él, manos en sus tetas, pellizcando pezones duros como piedras. Cabalgó fuerte, el slap-slap de piel contra piel mezclándose con los gemidos y la música. Sudor perlaba sus frentes, goteando salado en sus bocas entre besos. Olía a sexo puro, a feromonas y a la ciudad lloviendo afuera, gotas repiqueteando en la ventana como aplausos.

El clímax se acercaba, pero no querían correr. Marco la volteó a cuatro patas, embistiéndola desde atrás con fuerza controlada. Cada thrust profundo tocaba su punto G, haciendo que viera estrellas. Siento su pija latiendo dentro, va a explotar, jadeó en su mente. Él metió un dedo en su culo, lubricado con sus jugos, y eso la mandó al borde. "¡Ven conmigo, mi amor, córrete adentro!" gritó ella. La rola final era "Si Una Vez" de Selena y Jenni Rivera, voces potentes como su orgasmo.

Explotaron juntos, él llenándola con chorros calientes, ella convulsionando alrededor de él, uñas clavadas en las sábanas. Gritos ahogados, temblores compartidos, el mundo reduciéndose a ese instante de éxtasis puro. Se derrumbaron, enredados, respiraciones entrecortadas sincronizadas con el fade out de la canción.

En el afterglow, la lluvia arreció, lavando la ciudad. Marco la abrazó por detrás, besando su nuca húmeda.

"Estas canciones para noche de pasion fueron perfectas, ¿verdad?"
susurró. Ana sonrió, girando para mirarlo, piel pegajosa y satisfecha. Este güey es mi vicio, mi todo. Tomaron el tequila restante, brindando por más noches así, cuerpos entrelazados bajo las cobijas. La playlist se repetía en loop suave, promesa de rondas futuras. Afuera, México palpitaba viva, pero adentro, solo existían ellos, en su burbuja de pasión eterna.

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