Diario de una Pasion Netflix Desnuda
Querido diario, hoy fue una noche que no olvidaré nunca. Estaba en mi depa chiquito aquí en la Roma, con las luces bajas y el olor a tacos de suadero flotando del puesto de la esquina. Netflix estaba encendido en la tele grande que me regaló mi carnal cuando me mudé. Elegí Diario de una Pasion Netflix, esa peli romántica que todos dicen que te hace suspirar como pendeja enamorada. Mi morro, Alex, se recargó a mi lado en el sofá, con su playera ajustada marcando esos pectorales que me vuelven loca cada vez que los rozo.
La pantalla se iluminó con las escenas de lluvia y besos apasionados entre Noah y Allie. El sonido de la tormenta retumbaba en los bocinas, y yo sentía un cosquilleo en la piel, como si el agua me estuviera cayendo encima. Alex pasó su brazo por mis hombros, y su calor me envolvió. Olía a su colonia barata de La Comer, esa que mezcla sándalo con un toque de limón, y me dio por olerlo más cerca, inhalando profundo.
"Órale, wey, esta peli siempre me prende",le dije bajito, mientras mi mano se deslizaba por su muslo. Él soltó una risa ronca, de esas que vibran en el pecho y te erizan la nuca.
La tensión empezó chiquita, como un fuego que se aviva con el viento. En la peli, ellos se besaban con hambre, y yo imité el movimiento, girando la cara hacia Alex. Nuestros labios se rozaron suaves al principio, saboreando el salado de las papas fritas que habíamos comido antes. Su lengua entró juguetona, explorando mi boca con esa maestría que me hace derretir. Pinche morro, sabe exactamente cómo volverme loca, pensé, mientras mis dedos se clavaban en su nuca, tirando de su cabello revuelto.
La película seguía, pero ya nadie la veía de verdad. Alex me jaló sobre su regazo, y sentí su verga endureciéndose contra mis nalgas a través del short de algodón. El roce era eléctrico, un calor que subía desde mi entrepierna hasta el estómago.
"¿Quieres que paremos la peli, mi reina?",murmuró contra mi oreja, su aliento caliente rozándome el lóbulo. Negué con la cabeza, mordiéndome el labio. No, que siga, que nos prenda más. Sus manos grandes subieron por mi blusa, acariciando mi cintura desnuda, subiendo lento hasta mis chichis. Las apretó suave, los pulgares rozando mis pezones que ya estaban duros como piedritas.
Me quité la blusa con prisa, lanzándola al piso. El aire fresco del ventilador me erizó la piel, contrastando con el fuego de sus palmas. Bajé la mirada y vi sus ojos oscuros devorándome, llenos de deseo puro mexicano, de ese que no se anda con rodeos.
"Estás chingona, nena. Eres mi Allie, pero con más sabor", dijo, y me rio, porque sí, soy su pasion netflix en carne y hueso. Lo besé fuerte, saboreando su sudor salado en el cuello mientras mis caderas se movían solas, frotándome contra él en un ritmo que imitaba el latido de mi corazón acelerado.
La escena de la película llegó al lago, donde se aman bajo las estrellas, y nosotros escalamos. Alex me recostó en el sofá, quitándome el short y las calzas de un tirón. Mi concha ya estaba mojada, reluciente bajo la luz azulada de la tele. Él se arrodilló entre mis piernas, besando el interior de mis muslos, subiendo lento, torturándome con su aliento. Olía a mi propia excitación, ese aroma almizclado que me hace sentir puta y poderosa al mismo tiempo. Ya, cabrón, no me hagas esperar, suplicó mi mente.
Su lengua llegó por fin, lamiendo mi clítoris con círculos perfectos. Gemí alto, el sonido ahogado por la música romántica de fondo. Cada lamida era un rayo de placer, vibrando hasta mis huesos. Introdujo un dedo, luego dos, curvándolos justo ahí, en ese punto que me hace arquear la espalda.
"¡Ay, wey, qué rico! No pares, pinche dios del sexo", grité, agarrando las almohadas. Él chupaba con hambre, succionando mis labios hinchados, y yo me retorcía, el sofá crujiendo bajo nosotros. El olor a sexo llenó la habitación, mezclado con el popote de palomitas olvidado.
Pero quería más, quería sentirlo todo. Lo jalé del pelo, levantándolo.
"Métemela ya, Alex. Quiero tu verga adentro". Se quitó la ropa en segundos, su pito saltando libre, grueso y venoso, con la cabeza brillando de pre-semen. Me abrí de piernas, invitándolo, y él se hundió en mí de un empujón lento, centímetro a centímetro. Joder, qué llena me siento. El estiramiento era delicioso, un ardor que se convertía en éxtasis puro. Empezó a bombear, primero suave, dejando que me acostumbrara, luego más rápido, sus bolas golpeando mi culo con palmadas húmedas.
Nos volteamos, yo encima ahora, cabalgándolo como reina. Mis chichis rebotaban con cada bajada, y él las atrapaba, pellizcando los pezones. Sudábamos a chorros, el olor salado impregnando todo. La tele seguía con Diario de una Pasion Netflix, pero era solo ruido blanco para nuestro propio clímax.
"Me vengo, nena, me vengo contigo", jadeó él, y yo aceleré, sintiendo la ola crecer en mi vientre. El orgasmo me explotó, un tsunami de placer que me hizo gritar su nombre, mi concha apretándolo como puño. Él se derramó dentro, chorros calientes llenándome, pulsando una y otra vez.
Colapsamos juntos, respirando agitados, piel pegada a piel. El afterglow era perfecto: su mano acariciando mi espalda, besos suaves en la frente. La película terminó con créditos rodando, pero nuestra historia apenas empezaba. Esta pasion netflix es nuestra, diaria y eterna, pensé, acurrucándome en su pecho que subía y bajaba. Mañana será otro día, pero esta noche, en mi diario, queda grabada como la más ardiente.
Fin de la entrada, pero no de la pasión.