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La Pasión de Cristo Online Gratis

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La Pasión de Cristo Online Gratis

Estaba sola en mi depa de Polanco, con el calor de la noche mexicana pegándome en la piel como una caricia prohibida. El ventilador zumbaba perezoso, moviendo el aire cargado de mi perfume y el leve aroma a café de la mañana. Me recosté en la cama king size, con la laptop abierta sobre las sábanas de algodón egipcio, sintiendo el roce fresco contra mis muslos desnudos. Neta, necesitaba algo que me prendiera, que me sacara de la rutina de oficina y tacos al pastor. Tecleé en el buscador: la pasion de cristo online gratis. Pensé en la película religiosa, pero lo que saltó fueron links turbios, thumbnails de cuerpos entrelazados que prometían una pasión bien diferente.

Mi pulso se aceleró al ver las imágenes: piel sudada, labios entreabiertos, curvas que invitaban al pecado. El sonido de gemidos lejanos brotaba de los previews, un ay cabrón ahogado que me erizó los vellos de la nuca. Cerré los ojos un segundo, imaginando manos fuertes explorando mi cuerpo.

¿Por qué no? Solo un ratito, para calmar esta hambre que me quema por dentro.
Deslicé la mano bajo mi camisón de seda, rozando el calor húmedo entre mis piernas. El tacto era eléctrico, suave como el terciopelo mojado, y mi respiración se volvió jadeante, sincronizada con el pulso de la ciudad allá afuera, autos pitando como un coro impaciente.

De repente, el timbre sonó, agudo y juguetón. ¿Quién chingados a las once de la noche? Me levanté de un salto, el camisón pegándose a mi piel por el sudor ligero. Miré por la mirilla: era Cristo, mi vecino del piso de arriba, ese moreno alto con ojos cafés que brillaban como chocolate derretido. Siempre lo veía en el gym del edificio, levantando pesas con camisetas ajustadas que marcaban cada músculo. Puta madre, justo ahora.

Abrí la puerta, el pasillo iluminado por luces tenues que olían a cloro fresco. Él sonrió, con esa dentadura perfecta y un olor a jabón viril mezclado con colonia barata pero adictiva. "Ey, mija, ¿tienes sal? Se me acabó y ando haciendo unos tacos."

Reí nerviosa, sintiendo mis pezones endurecerse bajo la tela fina. "Pasa, wey, claro que sí. Estaba... viendo unas cositas en la compu." Lo dejé entrar, su presencia llenando el espacio como un imán. Caminó detrás de mí hacia la cocina, y juro que sentí su mirada quemándome el culo. El aire se cargó de tensión, como antes de una tormenta en el Zócalo.

En la cocina, le pasé la sal, rozando sus dedos ásperos de tanto gym. Un chispazo me recorrió el brazo. "¿Qué veías? ¿Algo chido?" preguntó, con voz grave que vibraba en mi pecho.

"La pasion de cristo online gratis, pero no la que piensas. Videos que te dejan loca." Mi voz salió ronca, traicionándome. Él arqueó la ceja, acercándose un paso. Su calor corporal me envolvió, oliendo a hombre puro, sudor limpio y deseo crudo.

"¿En serio? Enséñame." Sus ojos se clavaron en los míos, juguetones pero intensos. Lo llevé de vuelta a la recámara, el corazón latiéndome como tamborazo en una fiesta. Nos sentamos en la cama, la laptop aún abierta con un video pausado: un tipo como él, dominando a una morra con pasión salvaje.

Esto es una locura, Mariana. Pero neta, lo quiero. Quiero sentirlo de verdad, no en una pantalla gratis.

Play. Los gemidos llenaron la habitación, graves y urgentes. Cristo se movió más cerca, su muslo rozando el mío. "Está buena, pero prefiero la versión en vivo." Su mano aterrizó en mi rodilla, subiendo lenta, dejando un rastro de fuego. No lo detuve. Al contrario, giré el rostro y lo besé, saboreando sus labios salados, su lengua invadiendo con hambre mexicana, como si fuéramos taquitos recién salidos del comal.

Acto dos: la escalada. Sus manos expertas quitaron mi camisón, exponiendo mi piel al aire fresco. "Estás riquísima, morra", murmuró contra mi cuello, mordisqueando suave. El pinchazo delicioso me hizo arquear la espalda. Olía su excitación, ese almizcle terroso que se mezclaba con mi propio aroma dulce y pegajoso. Bajó la boca a mis tetas, chupando un pezón con succión perfecta, enviando ondas de placer directo a mi clítoris palpitante.

Yo no me quedé atrás. Le arranqué la playera, revelando un torso esculpido, pectorales duros como piedra volcánica, vello negro que bajaba en línea tentadora. Mis uñas rasguñaron su espalda, oyendo su gruñido animal: "Chíngame, sí." Le desabroché los jeans, liberando su verga gruesa, venosa, ya dura como fierro. La tomé en la mano, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel suave, el calor que irradiaba. La lamí desde la base, saboreando el gusto salado y ligeramente amargo de su pre-semen, mientras él gemía "ay wey, qué chida boca tienes."

La tensión crecía como el volcán Popo a punto de erupción. Me tumbó en la cama, sus manos separando mis muslos. Su aliento caliente en mi concha, lamiendo despacio, saboreando mis jugos como si fueran el mejor pulque. Cada pasada de su lengua era un relámpago: círculos en el clítoris, penetrando suave, succionando hasta hacerme retorcer. "No mames, Cristo, no pares." Mis caderas se movían solas, el sonido húmedo de su boca contra mi carne era obsceno y perfecto. Olía a sexo puro, a sudor mezclado con feromonas.

Esto es mejor que cualquier video online gratis. Su pasión es real, cruda, mexicana hasta los huesos.

Lo jalé hacia arriba, guiando su verga a mi entrada. Entró despacio, estirándome deliciosamente, centímetro a centímetro. El llenado era abrumador: presión, roce, fricción perfecta. Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida un choque de pelvis que hacía slap-slap contra la piel. Aceleró, sus bolas golpeando mi culo, sudor goteando de su frente a mi pecho. Yo clavaba las uñas en sus nalgas, urgiéndolo: "Más duro, pendejo, dame todo."

Nos volteamos, yo encima, cabalgándolo como jinete en feria. Sus manos amasaban mis tetas, pellizcando pezones. Veía su rostro contorsionado de placer, ojos semicerrados, boca abierta en gemidos roncos. El olor de nuestras pieles unidas era embriagador, el sabor de su cuello salado en mi lengua. Mi clítoris rozaba su pubis con cada bajada, acumulando la presión hasta el borde.

Acto tres: la liberación. Sentí el orgasmo venir como tren de la muerte, un nudo en el vientre que explotó en oleadas. Grité "Me vengo, cabrón!", mi concha contrayéndose alrededor de su verga, leche derramándose. Él gruñó profundo, embistiendo una última vez, llenándome con chorros calientes, pulsantes. Colapsamos, jadeantes, pieles pegajosas de sudor, corazones tronando al unísono.

Quedamos abrazados, su mano acariciando mi espalda en círculos perezosos. El ventilador seguía zumbando, ahora como arrullo. Olía a sexo satisfecho, a promesas de más noches. "Eso fue la pasion de cristo de verdad, ¿no?", bromeó él, besándome la frente.

Reí suave, sintiendo el afterglow calmar mi cuerpo.

Olvídate de lo online gratis. Esto es pasión viva, que se queda en la piel y el alma.
Afuera, la ciudad ronroneaba indiferente, pero en mi cama, habíamos creado nuestro propio paraíso mexicano.

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