Pasión Capítulo 77 Fuego Bajo la Luna
Ana caminaba por las calles empedradas de la Roma, con el bullicio de la noche mexicana envolviéndola como un abrazo cálido. El aroma a tacos de canasta y mezcal flotaba en el aire, mezclado con el perfume de las jacarandas que caían como lluvia púrpura. Llevaba un vestido rojo ceñido que acentuaba sus curvas, sintiendo el roce suave de la tela contra su piel morena. Hacía meses que no salía así, desde que su ex la había dejado por una pendeja cualquiera. Pero esta noche, neta, se sentía viva, lista para lo que viniera.
Entró al bar rooftop, donde la música de cumbia rebajada retumbaba en sus huesos. Luces neón parpadeaban, y el skyline de la Ciudad de México se extendía como un mar de estrellas artificiales. Pidió un tequila reposado, el líquido ámbar quemándole la garganta con un sabor ahumado que le despertó el calor en el vientre. Ahí lo vio: Javier, alto, con barba recortada y ojos negros que prometían travesuras. Estaba apoyado en la barra, riendo con unos cuates, su camisa blanca abierta un botón de más, dejando ver un pecho tatuado con un águila mexica.
¿Y si me acerco? Neta que me late este wey, con esa sonrisa de pillo.Pensó Ana, mientras su pulso se aceleraba. Caminó hacia él, contoneando las caderas con naturalidad. "Órale, guapo, ¿me invitas un trago o qué?", le soltó con voz juguetona. Javier giró, sus ojos devorándola de arriba abajo. "¡Claro, mamacita! ¿Qué traes? Soy Javier, y tú pareces salida de mis sueños más calientes."
Charlaron horas, el tequila fluyendo como ríos de fuego. Él le contó de su chamba en una galería de arte en Polanco, ella de su pasión por escribir cuentos eróticos en su blog secreto. "Imagínate, cada capítulo es un pedazo de alma", dijo ella, rozando su mano accidentalmente. La piel de él era cálida, áspera por el trabajo manual que hacía en sus esculturas. El roce envió chispas por su espina dorsal. La tensión crecía, sus miradas cargadas de promesas. Bailaron pegados, sus cuerpos moviéndose al ritmo, el sudor comenzando a perlar sus frentes. Sentía su verga endureciéndose contra su muslo, y ella se mordió el labio, el deseo humedeciéndole las bragas.
"Ven pa'cá, no seas pendejito", murmuró él al oído, su aliento caliente oliendo a tabaco y deseo. Bajaron del rooftop, tomados de la mano, el aire nocturno fresco contrastando con el calor entre ellos. Caminaron hasta su departamento en la Condesa, un loft moderno con ventanales que daban a los árboles. Apenas cerraron la puerta, Javier la arrinconó contra la pared, besándola con hambre. Sus labios eran firmes, su lengua explorando la de ella con maestría, saboreando el tequila compartido.
Ana jadeaba, sus manos enredándose en su cabello oscuro.
Esto es puro fuego, como si estuviera viviendo mi propio Pasión Capítulo 77, ese que escribí anoche sobre amantes que se devoran sin piedad.El pensamiento la excitó más. Javier deslizó las manos por sus caderas, subiendo el vestido, acariciando sus muslos suaves. "Estás rica, Ana, me traes loco con este culazo", gruñó, mordisqueando su cuello. Ella gimió, el sonido reverberando en el espacio vacío. Olía a su colonia amaderada, mezclada con el almizcle de su arousal.
La llevó a la cama king size, con sábanas de algodón egipcio que crujieron bajo su peso. Se quitó la camisa, revelando abdominales marcados y ese tatuaje que ella trazó con las uñas. "Quítate eso, quiero verte toda", ordenó él con voz ronca. Ana se incorporó, deslizando el vestido por su cabeza, quedando en lencería negra de encaje. Sus pechos medianos se alzaban firmes, pezones endurecidos como piedritas. Javier la miró como si fuera un manjar, su polla ya hinchada presionando los jeans.
Se tumbaron, piel contra piel. Sus besos bajaron por su clavícula, lamiendo el sudor salado. Chupó un pezón, tirando suavemente con los dientes, mientras su mano se colaba en sus bragas, encontrándola empapada. "Estás chorreando, carnal, qué rico", susurró, frotando su clítoris con dedos expertos. Ana arqueó la espalda, el placer como olas eléctricas. ¡Ay, wey, no pares! gritó en su mente, mientras sus caderas se movían solas. El sonido de sus dedos chapoteando en su humedad llenaba la habitación, junto con sus gemidos ahogados.
Pero ella quería más, quería control. Lo empujó boca arriba, desabrochando sus jeans con impaciencia. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, con una gota precúm brillando en la punta. "Mira qué chula, toda para mí", dijo ella, lamiendo desde la base hasta la cabeza, saboreando su esencia salada y masculina. Javier gruñó, agarrando las sábanas. "¡Chíngame la boca, Ana, así!" Ella lo tomó profundo, succionando, su lengua girando alrededor del glande. El olor de su sexo la embriagaba, sus bolas pesadas contra su mentón.
La tensión escalaba, sus cuerpos temblando de anticipación. Javier la volteó, poniéndola a cuatro patas. "Te voy a coger duro, ¿estás lista, preciosa?" "¡Sí, pendejo, hazme tuya!", respondió ella, empinando el culo. Él se colocó atrás, frotando la punta en su entrada resbaladiza. Entró lento al principio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Ana sintió cada vena, el calor palpitante llenándola. "¡Qué apretada, neta que eres mi vicio!", jadeó él, comenzando a bombear.
El ritmo aumentó, sus caderas chocando con palmadas húmedas. El sudor chorreaba por sus espaldas, el aire cargado de feromonas. Ana clavaba las uñas en las sábanas, sus tetas balanceándose, pezones rozando la tela áspera.
Esto es Pasión Capítulo 77 hecho realidad, el clímax que tanto imaginé, con este macho que me hace volar.Gritaba su nombre, el placer construyéndose como una tormenta. Javier la jalaba del cabello suavemente, mordiendo su hombro, sus embestidas profundas tocando su punto G.
Cambiaron posiciones, ella encima, cabalgándolo como amazona. Sus muslos fuertes apretaban sus caderas, subiendo y bajando, su clítoris frotándose contra su pubis. Veía su rostro contorsionado de placer, oía sus gruñidos guturales. El olor a sexo impregnaba todo, el sabor de su piel en su boca cuando se inclinaba a besarlo. "¡Me vengo, Javier, no pares!" chilló, su coño contrayéndose en espasmos, jugos corriendo por sus bolas.
Él la siguió segundos después, gruñendo como bestia, llenándola con chorros calientes que la hicieron temblar de nuevo. Colapsaron juntos, jadeantes, corazones latiendo al unísono. El silencio post-orgasmo era roto solo por sus respiraciones entrecortadas y el lejano tráfico de la ciudad.
Javier la abrazó por detrás, su mano acariciando su vientre suave. "Eso fue épico, Ana. Neta que quiero más capítulos contigo." Ella sonrió, girando para besarlo tierno.
Pasión Capítulo 77 termina así, pero el 78 apenas empieza. Quién sabe qué locuras nos esperan.Se durmieron entrelazados, el amanecer tiñendo el cielo de rosa, prometiendo nuevas pasiones en la eterna noche mexicana.