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Pasión en Inglés con el Traductor

6678 palabras

Pasión en Inglés con el Traductor

Todo empezó en mi departamentito en la Condesa, con el ruido de los coches allá abajo y el aroma del café recién molido flotando en el aire. Yo, Ana, una morra de veintiocho abriles que trabaja en una agencia de viajes, necesitaba urgente mejorar mi inglés. Neta, mis jefes me estaban echando carrilla porque los turistas gringos pedían tours en tequila y playas nudistas, y yo me atorado con frases básicas. Así que una noche, mientras cebaba mi chela, saqué el cel y busqué "pasion en ingles traductor". No sé por qué le agregué "pasion", pero salió ese wey: Javier, un traductor freelance con ojos cafés intensos en su foto de perfil y una sonrisa que prometía más que solo clases.

Le mandé mensaje: "Órale, carnal, ¿das clases privadas?" Respondió al tiro, con acento regio pero radicado en la CDMX. Quedamos para la siguiente tarde en mi casa. Cuando tocó el timbre, abrí la puerta y ¡chale! Ahí estaba, alto, moreno claro, con camisa ajustada que marcaba sus pectorales y un olor a colonia fresca con toques de madera que me hizo mojar las piernas de puro instinto.

"Hola, Ana. Soy Javier, tu traductor personal", dijo extendiendo la mano. Su palma era cálida, áspera, como si hubiera estado cargando libros pesados.

Nos sentamos en la sala, con la luz del atardecer colándose por las cortinas. Sacó su laptop y empezó con lo básico: "Hello, how are you?" Yo repetía torpe, sintiendo su mirada clavada en mis labios. Cada vez que me equivocaba, se acercaba un poquito más, su rodilla rozando la mía. El aire se cargaba de tensión, como antes de una tormenta en Xochimilco.

Al rato, la plática viró. "¿Qué significa 'passion' en español?", pregunté juguetona, recordando mi búsqueda. Él sonrió picoso: "Pasión. Como el fuego que quema por dentro". Su voz grave me erizó la piel. Le pedí que tradujera frases más calientes. "I want to kiss you", leyó despacio, y sus ojos se oscurecieron. "Quiero besarte". El corazón me latía como tamborazo en una fiesta de pueblo.

La primera clase duró dos horas que parecieron minutos. Al despedirse, su mano en mi cintura un segundo de más. "Nos vemos mañana, ¿va?" Asentí, con la boca seca y el cuerpo encendido.

Acto dos: las clases se volvieron ritual. Cada tarde, Javier llegaba puntual, con su mochila llena de libros y esa energía que hacía vibrar el aire. Empezábamos con gramática, pero pronto derivábamos a lo prohibido. Una vez, le pedí traducir un poema erótico que encontré en línea. "Your skin tastes like honey", murmuró cerca de mi oreja, su aliento caliente rozándome el lóbulo. "Tu piel sabe a miel". Me temblaron las manos. Lo miré fijo: "Enséñame más, traductor".

Se rio bajito, un sonido ronco que me recorrió la espina. "Eres una alumna traviesa, Ana". Sus dedos rozaron mi muslo al pasar una página, y no lo quité. Al contrario, apreté la pierna contra la suya. El olor de su sudor mezclado con colonia llenaba la habitación, dulce y masculino. Internamente, batallaba:

¿Y si nomás quiere cogerme y ya? No, wey, esto es chido, déjate llevar.

Una noche, después de unas chelas light para "relajar la mente", las cosas escalaron. Estábamos en el sofá, yo recostada fingiendo leer un texto. "Touch me", susurré probando. Él se congeló, luego tradujo: "Tócame". Su mano grande se posó en mi rodilla, subiendo lento por el interior del muslo. La piel se me puso de gallina, el calor entre mis piernas crecía como lava.

"¿Quieres que pare?", preguntó con voz husky. "No, Javier, sigue. Enséñame passion en inglés", respondí jadeante. Me besó entonces, labios suaves pero urgentes, lengua explorando mi boca con sabor a menta y deseo. Gemí contra él, mis uñas clavándose en su espalda. Lo jalé hacia mí, sintiendo su verga dura presionando mi cadera. El sonido de nuestras respiraciones agitadas, el roce de ropa, todo amplificado en el silencio de la noche.

Me quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de piel expuesta. Sus labios en mis tetas, chupando el pezón endurecido, enviando chispas directo a mi clítoris. Olía a mi propia excitación, almizclada y pegajosa. "You are so wet", gruñó en inglés, metiendo la mano en mi calzón. "Estás tan mojada". Metió dos dedos, curvándolos adentro, tocando ese punto que me hace ver estrellas. Me arqueé, gimiendo "¡Sí, cabrón, así!".

Lo empujé al piso, desabrochando su cinturón con dedos torpes. Su pito saltó libre, grueso, venoso, con una gota de precum brillando en la punta. Lo lamí de abajo arriba, saboreando sal y hombre. Él jadeó: "Fuck, Ana", mezclando idiomas. Lo chupé profundo, garganta relajada, mientras él me agarraba el pelo suave, guiándome.

Pero quería más. Lo monté, frotando mi concha empapada en su verga. "Entra, traductor, dame tu passion". Se hundió en mí de un empujón, llenándome hasta el fondo. El estirón delicioso, sus bolas golpeando mi culo. Cabalgaba fuerte, tetas rebotando, sudor chorreando entre nosotros. Él me amasaba las nalgas, metiendo un dedo en mi ano para más placer. Los gemidos se volvieron gritos: "¡Más duro, pendejo caliente!". El cuarto apestaba a sexo crudo, pieles chocando con palmadas húmedas.

Cambié de posición, él arriba, embistiéndome como animal. Cada estocada rozaba mi G, el placer acumulándose como tormenta. "I'm gonna come", avisó. "Vente conmigo", supliqué. El orgasmo me partió en dos, paredes contrayéndose alrededor de su verga, chorros de placer saliendo de mí. Él rugió, llenándome de leche caliente, pulsos interminables.

Acto tres: nos quedamos tirados en la alfombra, cuerpos pegajosos, corazones galopando al unísono. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi latido. El aroma de semen y sudor nos envolvía como sábana compartida. Acaricié su pelo revuelto, sintiendo paz profunda.

"That was pure passion", murmuró besándome el ombligo. Reí suave: "Pasión en inglés, traductor. Gracias por la lección". No era solo cogida; era conexión, como si sus palabras en dos idiomas hubieran destapado algo en mí. Al día siguiente, cancelé otras clases. Ahora, cada encuentro es lección privada: él me enseña frases sucias en inglés, yo le muestro placer en mexicano puro.

Y así, entre gemidos y traducciones, encontré mi pasión en inglés traductor. Neta, la vida es chida cuando el deseo habla todos los idiomas.

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