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Diario de una Pasion Novela

6633 palabras

Diario de una Pasion Novela

Querido diario de una pasion novela, hoy todo cambió en mi vida de soltera en la Condesa. Me senté en esa terraza chida de la Avenida Ámsterdam, con mi café latte humeante, el aroma del pan recién horneado mezclándose con el perfume de las jacarandas que caían como lluvia morada. Ahí lo vi: alto, moreno, con esa sonrisa pícara que me hizo apretar las piernas sin querer. Se llamaba Diego, un wey de ojos cafés intensos que trabaja en una galería de arte por Polanco. Neta, desde que me miró, sentí un cosquilleo en el estómago, como si mi cuerpo gritara ¡órale, carnal, esto va pa'lante!

Hoy empecé este diario pensando que sería solo un desahogo, pero ya se siente como el comienzo de una pasión novela que no puedo ignorar. ¿Por qué mi piel arde solo de imaginar sus manos?

Nos platicamos horas, riéndonos de pendejadas como el tráfico infernal de la Ciudad y las series gringas que nos vuelven locos. Su voz grave, con ese acento chilango puro, me erizaba la piel. Al despedirnos, su beso en la mejilla fue eléctrico: sentí el calor de su barba incipiente rozando mi oreja, oliendo a colonia fresca y un toque de sudor masculino que me dejó mojadita entre las piernas. ¿Qué chingados me pasa? pensé mientras caminaba a mi depa, con el corazón latiéndome como tambor en una fiesta de pueblo.

Al día siguiente, me mandó un mensaje: "Wey, ¿repetimos? Hay un rooftop en Roma con vista al skyline que te va a volar la cabeza". No lo dudé. Llegamos al atardecer, el sol pintando el cielo de naranjas y rosas, el ruido de la metrópoli abajo como un zumbido lejano. Pedimos tequilas reposados, el sabor ahumado quemándome la garganta, despertando un fuego en mi vientre. Diego me tomó la mano, sus dedos fuertes entrelazándose con los míos, y me contó de su vida: divorciado hace un año, listo para algo real pero con chispa. Yo le confesé mis noches solitarias, tocándome pensando en fantasmas del pasado.

Su mirada se oscureció de deseo. "Neta, Ana, eres una bomba. Me late todo de ti". Me jaló hacia él en el sofá del rooftop, su boca capturando la mía. Dios, ese beso: labios suaves pero urgentes, lengua explorando con hambre, saboreando el tequila en mi saliva. Olía a su piel salada, a deseo crudo. Mis pezones se endurecieron contra mi blusa, rozando el encaje de mi bra. Bajamos al depa de él en un taxi, mis manos en sus muslos todo el camino, sintiendo su verga endureciéndose bajo los jeans.

En este diario de una pasion novela, anoto que por fin encontré a alguien que me hace sentir viva. Su toque es adictivo, como un shot de mezcal directo al corazón.

Llegamos a su penthouse minimalista, con ventanales que mostraban las luces de Reforma parpadeando como estrellas caídas. Me quitó la blusa despacio, sus ojos devorándome. "Eres preciosa, wey", murmuró, mientras sus labios bajaban por mi cuello, chupando suave hasta dejarme marcas rojas. Gemí bajito, el sonido ahogado por el tráfico lejano. Sus manos, callosas de tanto cargar cuadros, me amasaron los senos, pellizcando los pezones hasta que arqueé la espalda. Olía mi perfume mezclado con mi arousal, ese olor almizclado que nos volvía locos a los dos.

Lo empujé al sillón, queriendo tomar control. Le desabroché el cinturón con dientes, oyendo su risa ronca: "¿Qué, ya te picó el bicho?". Saqué su verga dura, gruesa, venosa, palpitando en mi palma caliente. La lamí desde la base, saboreando el precum salado, mientras él gruñía y me enredaba los dedos en el pelo. "Así, mami, chúpamela rica". Subí y bajé, mi lengua girando en la cabeza sensible, sus caderas empujando suave, respetando mi ritmo. El sabor era puro sexo: sal, hombre, poder.

Pero quería más. Me paré, me quité la falda y las tangas de un jalón, quedando desnuda frente a él. Mi coño depilado brillaba de jugos, el aire fresco erizándome los vellos. Diego se arrodilló, como un rey ante su reina. "Déjame probarte", dijo, y su lengua se hundió en mí. Joder, qué delicia: lamidas largas, chupando mi clítoris hinchado, dedos curvándose dentro buscando ese punto que me hace explotar. Oía mis propios jadeos, olía mi esencia en su barbilla, sentía mis jugos corriéndole por la mano. "¡Sí, Diego, no pares, cabrón!", grité, mis muslos temblando.

Me levantó como pluma, llevándome a la cama king size con sábanas de algodón egipcio suaves como seda. Me abrió las piernas, su verga rozando mi entrada húmeda. "¿Estás lista, amor?". Asentí, empoderada, guiándolo adentro. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Gemí fuerte al sentirlo llenarme, su grosor pulsando contra mis paredes. Empezó a moverse, lento al principio, el slap de piel contra piel resonando, sudor perlando nuestros cuerpos.

Esta pasión novela en mi diario no miente: cada embestida es un capítulo de éxtasis. Su cuerpo sobre el mío es poesía en carne viva.

Aceleró, mis uñas clavándose en su espalda musculosa, oliendo su sudor mezclado con el mío, ese aroma primal de amantes en celo. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo como amazona, mis tetas rebotando, sus manos en mis caderas guiándome. "¡Qué rico te sientes, Ana! ¡Muévete así!". Roté las caderas, sintiendo su verga golpear profundo, mi clítoris frotándose contra su pubis. El placer subía como ola, tenso, inevitable.

De lado, él detrás, una mano en mi clítoris, la otra apretando mi teta. Sus embestidas se volvieron feroces pero tiernas, sus labios en mi oreja susurrando "Te quiero, wey, córrete conmigo". El orgasmo me golpeó como rayo: grité su nombre, mi coño contrayéndose alrededor de él, jugos chorreando. Él se tensó, gruñendo, llenándome con chorros calientes de semen, su cuerpo temblando contra el mío.

Quedamos jadeantes, enredados, el aire cargado de nuestro olor a sexo satisfecho. Me besó la frente, suave, mientras el skyline brillaba afuera. "Esto fue chingón, ¿verdad?". Reí, exhausta, feliz. "Neta, el mejor polvo de mi vida". Nos duchamos juntos, agua caliente lavando el sudor, sus manos jabonosas explorando de nuevo, pero tierno, sin prisa.

Ahora, en mi cama sola pero con su aroma en mi piel, escribo esto en mi diario de una pasion novela. No sé qué siga, pero por primera vez en años, siento que la pasión no es solo un recuerdo. Diego despertó algo feroz en mí, algo que no soltaré fácil. Mañana lo veo de nuevo. ¡Órale! La vida en la Ciudad de México acaba de volverse mucho más interesante.

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