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Allie el Nombre de la Protagonista de Diario de una Pasion

5687 palabras

Allie el Nombre de la Protagonista de Diario de una Pasion

Me llamo Allie, y desde que vi Diario de una pasión de morrilla, soñé con un amor que me quemara por dentro como el de esa historia. Neta, cada vez que Noah y Allie se miraban en la lluvia, sentía un cosquilleo en el estómago, un calor que bajaba hasta mis muslos. Pero la vida real en la Ciudad de México no es tan romántica como en las pelis. Trabajo en una galería de arte en Polanco, rodeada de ricos y wannabes, y mis noches suelen terminar con un tequila solo en mi depa de la Roma.

Esta vez fue diferente. Era viernes, el antro La Bodega estaba a reventar con reggaetón y olor a perfume caro mezclado con sudor. Llevaba un vestido negro ceñido que me hacía ver las curvas como diosa, mis chichis firmes asomando justo lo necesario. Me pedí un margarita helado, el sabor ácido y salado me erizó la piel. Ahí lo vi: Diego, alto, moreno, con ojos que prometían pecados. Se acercó con una sonrisa pícara, "Órale, wey, ¿tú eres Allie? ¿Como el nombre de la protagonista de Diario de una pasión?"

Me quedé helada, pero de emoción.

¿Cómo sabe eso? Neta, este pendejo me leyó el alma.
Le contesté juguetona: "Simón, carnal, y tú eres mi Noa mexicano, ¿no? Pero sin canoa, nomás con esa mirada que me moja las panties." Reímos, sus manos rozaron las mías al pasar el shot de tequila, el calor de su piel me mandó chispas directas al centro. Hablamos de todo: de la peli, de cómo el nombre de la protagonista de Diario de una pasión me perseguía como un tatuaje invisible, de lo chido que es perderse en un beso bajo la lluvia de la ciudad. El deseo crecía lento, como el ronroneo de un motor potente.

Salimos a la calle, el aire fresco de la noche olía a jacarandas y escape de coches. Caminamos hasta mi depa, sus dedos entrelazados con los míos, fuertes y cálidos. En el elevador, no aguanté más: lo jalé hacia mí, nuestros labios chocaron. Su boca sabía a tequila y menta, lengua suave explorando la mía, un gemido bajo escapó de su garganta. "Allie, nena, me traes loco", murmuró contra mi cuello, su aliento caliente me erizó los vellos. Mis pezones se endurecieron contra el vestido, rogando atención.

Entramos al depa, la luz tenue de las velas que dejé encendidas pintaba sombras en las paredes blancas. Lo empujé al sofá de terciopelo rojo, me subí a horcajadas sobre él. Sentí su verga dura presionando contra mi panocha a través de la tela, un pulso caliente que me hizo jadear.

¡Qué chingón! Esto es mejor que cualquier diario de pasión.
Mis manos bajaron por su pecho musculoso, desabotonando la camisa, oliendo su colonia amaderada mezclada con macho sudado. Él levantó mi vestido, sus dedos ásperos acariciando mis muslos, subiendo hasta las bragas empapadas.

"Estás chorreando, mi amor", dijo con voz ronca, metiendo un dedo dentro, lento, girando justo donde dolía de placer. Gemí fuerte, arqueando la espalda, el sonido de mi humedad llenaba la habitación. Lo besé con hambre, mordiendo su labio inferior, saboreando la sal de su piel. Me quitó el vestido de un tirón, mis tetas saltaron libres, pezones rosados y tiesos. Los tomó en sus manos grandes, chupando uno, lamiendo el otro, la lengua áspera mandándome olas de fuego al clítoris.

Me puse de rodillas, ansiosa por probarlo. Desabroché su pantalón, su verga saltó erecta, gruesa, venosa, con una gota de precum brillando en la punta. El olor almizclado de su excitación me invadió las fosas nasales, delicioso. La lamí desde la base hasta la cabeza, saboreando la sal, metiéndomela entera en la boca, chupando con ganas. Él gruñó, "¡No mames, Allie, eres una diosa pendeja!", sus caderas empujando suave, follándome la boca con ritmo. Mis jugos corrían por mis piernas, el piso fresco contra mis rodillas un contraste delicioso.

Pero quería más. Lo jalé al piso, alfombra suave bajo nosotros. "Cógeme ya, Diego, hazme tuya como en el diario ese." Se puso encima, su peso reconfortante, penetrándome de un solo empujón. ¡Ay, cabrón! Llenándome hasta el fondo, estirándome perfecto. Empezó a bombear lento, profundo, cada embestida rozando mi punto G, sonidos chapoteantes de piel contra piel, nuestros jadeos mezclados con el tráfico lejano de la avenida.

La tensión subía, mis uñas clavadas en su espalda ancha, oliendo su sudor fresco.

Esto es pasión pura, nena, no pares.
Cambiamos: yo arriba, cabalgándolo como reina, mis caderas girando, tetas rebotando, su mirada clavada en mí, manos en mis nalgas apretando. El placer crecía en espiral, mi clítoris frotándose contra su pubis, el orgasmo asomando como tormenta. "¡Me vengo, wey!", grité, el mundo explotando en luces blancas, mi concha contrayéndose alrededor de su verga, chorros de placer mojándonos a los dos.

Él se volteó, follando duro ahora, persiguiendo su release. "Allie, ¡te amo como a esa protagonista!", rugió, corriéndose dentro, chorros calientes llenándome, su cuerpo temblando sobre el mío. Colapsamos, piel pegajosa, corazones latiendo al unísono, el aroma de sexo y amor flotando en el aire.

Después, envueltos en sábanas suaves, tomamos vino tinto, el sabor afrutado calmando nuestras gargantas secas. Acaricié su pecho, escuchando su respiración pausada.

Esto no es solo un polvo, es el comienzo de mi propio diario.
Me besó la frente, "Eres mi Allie, la de la pasión eterna." Afuera, la ciudad dormía, pero dentro de mí ardía una llama nueva, lista para más noches de fuego.

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