Abismo de Pasion Capitulo 14
El sol de la tarde se colaba por las cortinas de encaje en el penthouse de Polanco, tiñendo de oro la piel morena de Ana. Hacía calor, ese bochorno pegajoso de la Ciudad de México que hacía que el aire oliera a jazmín y a asfalto caliente. Ana se recargaba en el balcón, con un vestido ligero de algodón que se pegaba a sus curvas como una promesa. Llevaba semanas soñando con este momento, desde que Marco le había mandado ese mensaje: "Ven, mi reina, hoy caemos juntos al abismo". Su corazón latía fuerte, un tambor en el pecho que resonaba con el tráfico lejano abajo.
Marco salió del baño, envuelto en una toalla blanca que colgaba baja en sus caderas. Alto, con ese pecho tatuado de águila real y músculos que se marcaban como si fueran esculpidos por un dios prehispánico. Sus ojos negros la devoraban desde la puerta. "¿Qué pasa, preciosa? ¿Ya te arrepientes de venir?" dijo con esa voz ronca, juguetona, que siempre la ponía a mil.
Ana sonrió, mordiéndose el labio inferior. Neta, este wey me tiene loca, pensó mientras sentía un cosquilleo subirle por las piernas.
"Jamás, carnal. Solo estoy pensando en cómo te voy a devorar esta noche."Se acercó a él, el aroma de su loción de sándalo invadiendo sus sentidos, mezclado con el sudor fresco de su piel. Sus manos se rozaron primero, un toque eléctrico que hizo que sus pezones se endurecieran bajo la tela fina.
La tensión había empezado hace meses, en una fiesta en la Roma, donde sus miradas se cruzaron como relámpagos. Él, el exitoso arquitecto con oficina en Reforma; ella, la diseñadora de joyería que odiaba la rutina. Habían jugado al gato y al ratón, mensajes calientes a medianoche, roces casuales en antros de Condesa. Pero hoy, en este Abismo de Pasion Capitulo 14 de su historia secreta, no había vuelta atrás. Ana lo jaló hacia adentro, cerrando la puerta del balcón con un clic que sonó como el inicio de una sinfonía prohibida.
Se besaron con hambre, labios carnosos chocando, lenguas danzando en un duelo húmedo y caliente. El sabor de él era a tequila reposado y menta, adictivo. Las manos de Marco bajaron por su espalda, apretando sus nalgas firmes, levantándola contra la pared. Ana jadeó, sintiendo la dureza de su erección presionando contra su monte de Venus. ¡Qué chingón se siente esto! El roce de la toalla cayendo al piso fue como un susurro de seda, revelando su miembro grueso, venoso, listo para ella.
La llevó a la cama king size, con sábanas de hilo egipcio que olían a lavanda fresca. Ana se quitó el vestido de un tirón, quedando en tanga negra de encaje y nada más. Sus senos medianos, con pezones oscuros y erectos, se mecían con cada respiración agitada. Marco se arrodilló entre sus piernas abiertas, inhalando profundo el aroma almizclado de su excitación. "Hueles a paraíso, mi amor. Déjame probarte."
Sus dedos apartaron la tela húmeda, y su lengua la encontró, lamiendo despacio desde el clítoris hasta la entrada, saboreando su néctar salado y dulce. Ana arqueó la espalda, gimiendo alto, el sonido rebotando en las paredes insonorizadas. Es como si me metiera al volcán Popo, puro fuego. Las manos de él masajeaban sus muslos internos, uñas rozando la piel sensible, mientras su boca succionaba con maestría, círculos y chupadas que la hacían retorcerse. El pulso en su centro latía desbocado, un tambor de guerra que pedía más.
Pero Ana no era de las que se queda quieta. Lo empujó hacia atrás, montándose a horcajadas sobre su pecho.
"Ahora me toca a mí, pendejo. Quiero sentirte en mi boca."Bajó despacio, besando el camino: cuello salado, pezones duros que mordisqueó hasta hacerlo gruñir, abdomen contraído. Llegó a su verga, palpitante, con una gota perlada en la punta que lamió como miel. El sabor era puro macho, terroso y caliente. Lo engulló centímetro a centímetro, garganta relajada por práctica solitaria en sus fantasías, mientras sus manos jugaban con sus bolas pesadas. Marco jadeaba, dedos enredados en su cabello negro largo, "¡Ay, cabrona, qué rico la chupas! No pares."
La intensidad subía como el humo de un comal caliente. Se voltearon en un 69 perfecto, cuerpos entrelazados en sudor y deseo. Ella sobre él, coño chorreante en su cara, mientras lo mamaba con avidez. Los gemidos se mezclaban con lamidas húmedas, el slap-slap de piel contra piel, el olor a sexo crudo llenando la habitación. Ana sentía el abismo abrirse bajo ella, ese vacío delicioso donde el control se pierde. Esto es el abismo de pasión, capítulo 14 de nuestra locura, pensó mientras un orgasmo la sacudía, jugos inundando la boca de Marco.
Él la volteó con fuerza gentil, posicionándola a cuatro patas. El espejo del clóset reflejaba sus cuerpos: ella con culo en pompa, tetas colgando, él detrás como un toro listo. Entró despacio al principio, estirándola con su grosor, centímetro a centímetro hasta el fondo. Ana gritó de placer, ¡Me llena como nadie! El roce interno era fuego líquido, cada embestida rozando su punto G, bolas golpeando su clítoris. El sonido era obsceno: chapoteo de fluidos, piel palmoteando, respiraciones entrecortadas.
Marco aceleró, una mano en su cadera, la otra pellizcando un pezón. "Dime que eres mía, Ana. Dime que este abismo es nuestro." Ella volteó la cabeza, ojos vidriosos de lujuria.
"Soy tuya, wey. Cógeme más duro, hazme volar."Cambiaron posiciones: misionero profundo, piernas sobre sus hombros, besos salvajes mientras la penetraba sin piedad. El sudor goteaba de su frente a sus senos, salado en su lengua cuando lo lamió. El clímax se acercaba, un tsunami en el horizonte.
Finalmente, en un vaivén frenético, Ana se corrió primero, paredes vaginales apretándolo como un puño, gritando su nombre al techo. Marco la siguió segundos después, gruñendo como fiera, llenándola con chorros calientes que sintió palpitar dentro. Colapsaron juntos, cuerpos temblorosos, piel pegajosa de sudor y semen. El aire olía a orgasmo compartido, a victoria íntima.
En el afterglow, yacían enredados, dedos trazando patrones perezosos en la piel del otro. Ana apoyó la cabeza en su pecho, escuchando el latido calmarse, como un mar en bajamar. Esto no es solo sexo, es nuestro abismo personal, capítulo 14 y contando. Marco la besó la frente. "Te amo, mi reina. ¿Lista para el 15?"
Ella rio bajito, un sonido ronco y satisfecho.
"Siempre, carnal. Siempre."Afuera, la ciudad bullía indiferente, pero en ese penthouse, habían conquistado su propio universo de placer.