Pasión y Poder Película de Fuego Interno
Ana sentía el calor del reflector quemándole la piel mientras repetía su línea en el set de Pasión y Poder la película que todos en México esperaban con ansias. El aire olía a maquillaje fresco y café recién molido de la máquina en catering. Llevaba un vestido rojo ceñido que acentuaba sus curvas y hacía que su corazón latiera con fuerza cada vez que Arturo la miraba. Él era el galán perfecto: alto moreno con ojos que prometían tormentas y una voz grave que erizaba la piel.
¿Por qué carajos me pones así solo con una mirada? pensó Ana mientras el director gritaba ¡acción! Arturo se acercó fingiendo ser el poderoso empresario de la trama su mano rozando su cintura. El toque fue eléctrico aunque era solo actuación. Sintió el calor de su palma a través de la tela el aroma de su colonia masculina invadiendo sus sentidos como un tequila añejo fuerte y adictivo. Terminaron la toma con un beso apasionado que duró unos segundos de más. El director aplaudió pero Ana notó cómo la erección de Arturo presionaba contra su muslo. Neta que sí quiere se dijo mordiéndose el labio.
Después del corte Arturo la llevó aparte en el pasillo del estudio en Polanco todo luces LED y paredes insonorizadas. Órale mamacita murmuró cerca de su oído esa escena me prendió fuego. ¿Y a ti? Ana rio nerviosa el pulso acelerado oyendo el eco de sus zapatos en el piso pulido. Es el poder que interpretamos respondió juguetona pero neta que se siente real. Sus ojos se clavaron en los de él notando las motas doradas en sus iris el sudor perlado en su frente. El deseo era palpable como el zumbido de las luces sobre ellos.
En el camerino de Arturo todo era lujo: sofá de piel sillas ergonómicas y una botella de mezcal abierta. Ana entró primero sintiendo el clic de la puerta al cerrarse. El aire se cargó de tensión el olor a cuero nuevo mezclándose con su excitación creciente. Arturo se paró frente a ella imponente como su personaje. En esta película de Pasión y Poder yo mando dijo con voz ronca desabrochando el primer botón de su camisa blanca. Ana tragó saliva el corazón martilleándole las costillas. Sí carnal hazme tuya susurró ella empoderada en su entrega porque lo quería tanto como él a ella.
Él la besó con hambre sus labios firmes saboreando a cereza de su gloss el roce áspero de su barba incipiente contra su mejilla. Ana gimió bajito metiendo las manos en su cabello negro ondulado tirando suave para guiarlo. Sus lenguas danzaron un tango húmedo caliente el sonido de sus respiraciones jadeantes llenando la habitación. Arturo deslizó las manos por su espalda bajando la cremallera del vestido que cayó como cascada roja a sus pies. Quedó en lencería negra encaje que abrazaba sus senos plenos y sus caderas anchas. Estás chingona preciosa gruñó él admirándola los ojos oscurecidos de lujuria.
Ana lo empujó al sofá riendo Pero aquí mando yo un rato pendejo. Se sentó a horcajadas sobre él sintiendo la dureza de su verga presionando contra su coño ya húmedo a través de la tela. El calor de su cuerpo la envolvía el olor a sudor masculino y feromonas volviéndola loca. Movió las caderas lento frotándose contra él oyendo sus gemidos roncos. Qué rico se siente su pinche paquete pensó mientras le quitaba la camisa revelando un torso musculoso tatuado con un águila mexicana en el pecho. Sus pezones duros bajo sus dedos la hicieron lamerlos saboreando la sal de su piel.
Arturo no se quedó atrás. Sus manos grandes amasaron sus nalgas separándolas juguetón Ven acá mi reina déjame probarte. La volteó con facilidad poniéndola de rodillas en el sofá. Ana arqueó la espalda el aire fresco besando su piel expuesta mientras él bajaba sus bragas despacio. El primer toque de su lengua en su clítoris fue un rayo: húmeda caliente chupando con maestría. ¡Ay cabrón qué bueno! gritó ella agarrando sus hombros las uñas clavándose leve. El sonido húmedo de su boca devorándola el aroma almizclado de su arousal llenando el camerino. Lamía succionaba metía la lengua profundo haciendo que sus muslos temblaran.
La tensión crecía como en las mejores escenas de Pasión y Poder película donde el deseo y el dominio se entretejían. Ana jadeaba Ya métemela Arturo porfa suplicando con voz rota. Él se puso de pie quitándose el pantalón su verga saltando libre gruesa venosa palpitante. Ana la miró con hambre lamiendo los labios. Se la mamó despacio saboreando el precum salado el grosor llenándole la boca. Él gruñó Así mi amor chúpala rica enredando dedos en su pelo guiándola sin forzar. El ritmo aumentó succiones profundas hasta que él la detuvo temblando Si sigues me vengo ya.
La levantó cargándola contra la pared fría contrastando con sus cuerpos ardientes. Entró en ella de un empujón suave pero firme llenándola por completo. ¡Dios qué grande y qué chido! pensó Ana envolviendo las piernas en su cintura. Embestía rítmico profundo el slap de piel contra piel resonando como aplausos obscenos. Sus senos rebotaban contra su pecho el sudor pegándolos. Olía a sexo puro a pasión desatada. Más duro mi rey fóllame como en la película pedía ella besando su cuello mordisqueando suave.
Arturo aceleró el poder en sus caderas dominante pero atento a sus gemidos. La volteó de espaldas penetrándola por detrás una mano en su clítoris frotando círculos el otra en su garganta suave posesión juguetona. Eres mía Ana en esta pasión y poder ronroneó al oído. Ella explotó primero el orgasmo arrasándola ondas de placer el coño contrayéndose alrededor de él gritando ¡Sí sí cabrón me vengo! Olas de éxtasis visión borrosa gusto metálico en la boca.
Él la siguió segundos después gruñendo su nombre bombeando semen caliente dentro de ella el calor inundándola. Colapsaron en el sofá jadeantes cuerpos entrelazados sudorosos. El aire olía a semen y perfume mezclado el corazón de ambos latiendo al unísono. Ana acarició su rostro sonriendo Esto fue mejor que cualquier guion. Arturo besó su frente Y apenas empieza nuestra propia película mi amor.
Se quedaron así un rato en afterglow pieles sensibles al roce el mundo exterior olvidado. Afuera el set bullía pero ellos en su burbuja de poder compartido pasión real. Ana pensó en las escenas por venir sabiendo que cada mirada cada toque sería cargado de esto. Pasión y Poder no era solo una película era su realidad ardiente.