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Pasiones Amores y Desamores que Han Cambiado la Historia del Deseo

7588 palabras

Pasiones Amores y Desamores que Han Cambiado la Historia del Deseo

Estaba en esa conferencia en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México rodeada de intelectuales y curiosos hablando de pasiones amores y desamores que han cambiado la historia. Yo Ana una escritora de novelas románticas con un toque picante siempre me perdía en esas historias de emperadores que se volvían locos por una mirada o reinas que traicionaban tronos por un beso ardiente. Esa noche el auditorio bullía con el aroma a café de olla y el murmullo de voces cultas. Llevaba un vestido negro ajustado que me hacía sentir poderosa mis curvas acentuadas por la tela suave que rozaba mi piel con cada movimiento.

Ahí lo vi a él Javier un historiador alto moreno con ojos que prometían tormentas. Subió al podio con su camisa blanca desabotonada lo justo para dejar ver un pecho firme y bronceado. Habló de Maximiliano y Carlota de cómo su amor apasionado los llevó a la ruina pero también los inmortalizó. Neta carnal pensé este wey sabe cómo encender el ambiente. Su voz grave resonaba como un tambor en mi pecho acelerando mi pulso. Cuando terminó aplaudí con ganas y nuestras miradas se cruzaron. Él sonrió con picardía bajando del escenario directo hacia mí.

"¿Te gustó el chisme histórico?" me dijo acercándose tanto que olí su colonia fresca mezclada con un toque de sudor masculino. "Mucho especialmente lo de las pasiones que lo cambiaron todo" respondí mordiéndome el labio sin querer. Charlamos un rato de Frida y Diego de cómo sus desamores los hicieron genios. "Ven vamos por un mezcal a platicar más" propuso y yo órale acepté sintiendo ya ese cosquilleo en el vientre.

Acto primero finiquitado. Caminamos por las calles empedradas del Centro Histórico el aire nocturno cargado de jazmín y tacos al pastor. Llegamos a un bar chido con luces tenues y música de mariachi suave. Pedimos mezcales ahumados que quemaban la garganta como fuego prometedor. "Cuéntame de ti Ana ¿qué pasiones cambian tu historia?" preguntó Javier sus dedos rozando los míos al pasarme el vaso. Sentí electricidad pura piel contra piel cálida y áspera por el trabajo de campo que él hacía.

"Las que arden de adentro hacia afuera como esta plática" le dije juguetona. Reímos y el alcohol soltó nuestras lenguas. Habló de su divorcio reciente un desamor que lo dejó hecho mierda pero más vivo. Yo confesé mis aventuras fallidas siempre buscando esa conexión que te voltea el mundo. Nuestras rodillas se tocaron bajo la mesa y no las apartamos. El deseo crecía lento como la espuma del mar en Acapulco que tanto amaba.

"Este pendejo me va a volver loca pensé imaginando sus manos en mi cintura."

Salimos del bar y caminamos sin rumbo hasta su departamento en la Roma un loft moderno con vistas al skyline. La puerta se cerró con un clic que sonó a promesa. Me besó ahí mismo contra la pared sus labios firmes saboreando a mezcal y hombre. Gemí bajito mis manos enredándose en su cabello negro revuelto. "Te quiero Ana desde que te vi" murmuró bajando besos por mi cuello el aliento caliente erizando mi piel.

Lo empujé al sofá riendo "No tan rápido guapo vamos a saborearlo". Me senté a horcajadas sobre él sintiendo su dureza presionando contra mi entrepierna a través de la tela. El roce era delicioso húmedo ya mi panochita palpitando de anticipación. Le quité la camisa despacio admirando su torso esculpido por caminatas en ruinas mayas músculos que se contraían bajo mis uñas. Él desabrochó mi vestido dejando caer la tela como una cascada revelando mis senos libres sin bra. "Chingón" susurró tomándolos con manos expertas masajeando pezones que se endurecieron al instante.

El medio acto ardía. Nos besamos con hambre lenguas danzando en un duelo húmedo salado. Bajé mi mano a su pantalón liberando su verga gruesa venosa palpitante. La acaricie despacio sintiendo el calor el pulso acelerado como tambores aztecas. "Qué rica" jadeó él mientras sus dedos se colaban en mi tanga explorando mi humedad resbaladiza. Metió dos adentro curvándolos justo en ese punto que me hace ver estrellas. Gemí fuerte arqueándome el sonido de mi placer rebotando en las paredes.

"Te sientes como terciopelo mojado nena" dijo lamiendo mi oreja el susurro ronco enviando ondas por mi espina. Me recostó en el sofá quitándome todo quedando desnuda vulnerable pero empoderada. Él se arrodilló entre mis piernas inhalando mi aroma almizclado de mujer en celo. Su lengua tocó mi clítoris primero suave luego voraz chupando lamiendo círculos perfectos. Saboreé mi propio jugo en su boca después cuando me besó el gusto dulce salado adictivo. Pinche cielo pensé mis caderas moviéndose solas contra su rostro.

Lo volteé empujándolo boca arriba. "Mi turno carnal" le dije montándolo. Tomé su verga guiándola a mi entrada resbalosa. Bajé despacio centímetro a centímetro sintiendo el estiramiento delicioso la plenitud que me llenaba hasta el alma. "¡Ay wey qué chingona!" gritó él agarrando mis nalgas amasándolas fuerte. Cabalgué lento al principio el slap slap de piel contra piel música erótica el sudor perlando nuestros cuerpos brillando bajo la luz de la luna que entraba por la ventana.

La tensión subía como volcán en erupción Popocatépetl rugiendo. Cambiamos posiciones él atrás de mí en cuatro penetrándome profundo cada embestida rozando mi próstata interna ondas de placer acumulándose. "Más fuerte Javier dame todo" supliqué y él obedeció el ritmo frenético sonidos de jadeos gemidos carne chocando. Olía a sexo puro a sudor almizcle esencia de jazmín de mi perfume mezclado. Mis paredes lo apretaban ordeñándolo interno temblor anunciando el clímax.

"Me vengo amor" avisó él y yo "Juntos pendejito". El orgasmo nos golpeó como tsunami él derramándose caliente dentro profundo pulsos que sentía en mi núcleo. Yo exploté contrayéndome en espasmos largos gritando su nombre el mundo disolviéndose en blanco puro éxtasis. Colapsamos sudorosos entrelazados respiraciones entrecortadas.

El final con afterglow. Yacimos ahí en silencio el corazón latiendo al unísono. Javier me acarició el cabello besando mi frente. "Eres mi pasión que cambia mi historia Ana" murmuró. Sonreí sabiendo que este amor naciente quizás se volviera desamor pero valdría cada segundo. Afuera la ciudad ronroneaba autos lejanos risas nocturnas pero en nuestro mundo solo existíamos nosotros piel pegada almidonada por fluidos.

Nos duchamos juntos agua caliente lavando cuerpos pero no almas. Jabón espumoso en curvas resbalosas risas compartidas. "¿Volveremos a hablar de esas pasiones históricas?" pregunté saliendo envueltos en toallas. "Claro pero ahora escribiremos la nuestra" respondió guiñando. Desayunamos chilaquiles en la terraza el sol besando nuestra piel el sabor picante especiado despertando nuevos apetitos.

Nos despedimos con un beso largo prometedor. Caminé a mi casa piernas flojas pero alma plena pensando en pasiones amores y desamores que han cambiado la historia y cómo la nuestra apenas empezaba. Ese encuentro no solo fue sexo fue catarsis fuego que iluminaba rincones oscuros. Neta Javier me había marcado para siempre en carne y hueso.

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