Pasión Cap 19 Noche de Fuego
La noche en el Polanco bullía de vida, con las luces de los antros parpadeando como estrellas coquetas y el aroma a tacos al pastor flotando en el aire caliente. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, acababa de salir del curro en mi oficina del Reforma, con el estrés del día pegado a la piel como sudor fresco. Llevaba un vestido negro ajustado que me hacía sentir como diosa, ceñido a mis curvas, y unos tacones que resonaban en la banqueta como un reto al mundo. Chingado, necesito soltarme esta noche, pensé mientras entraba al bar La Noche, ese lugar donde la música reggaetón retumba en el pecho y los cuerpos se pegan sin pedir permiso.
Allí estaba él, Marco, el pendejo guapo que me había visto en el gym semanas atrás. Alto, moreno, con esa barba recortada que invita a rasparla con los labios y unos ojos cafés que prometían travesuras. Me vio desde la barra, levantó su chela y me guiñó un ojo. ¡Órale, carnal! Mi corazón dio un brinco, como si el DJ acabara de soltar el bajo más pesado. Me acerqué, balanceando las caderas, sintiendo el roce del vestido contra mis muslos suaves.
—Qué onda, nena, ¿vienes a calentar la pista? —me dijo con esa voz ronca, mexicana hasta la médula, oliendo a colonia cara mezclada con el humo del cigarillo que acababa de apagar.
Le sonreí, mordiéndome el labio. —Pues sí, güey, pero solo si bailas conmigo. Nuestras manos se rozaron al tomar mi margarita, un chispazo eléctrico que me erizó la piel. Hablamos pendejadas del curro, de lo chido que estaba el antro, pero el aire entre nosotros ya ardía, cargado de promesas mudas. Bailamos pegaditos, su pecho duro contra mis tetas, el sudor de su cuello goteando hasta mi escote. Olía a hombre, a deseo crudo, y yo sentía mi calzón humedeciéndose con cada roce de su verga contra mi panza.
Esto es como Pasión Cap 19 de esa novela erótica que leí anoche, donde la protagonista se rinde al galán en la pista, pensé, mientras su mano bajaba por mi espalda, apretando mi nalga con firmeza consentida.
La tensión crecía como el volumen de la música. Sus labios rozaron mi oreja: —Vámonos de aquí, Ana, no aguanto más. Asentí, el pulso latiéndome en la garganta, el sabor salado de su piel en mi lengua cuando le lamí el lóbulo. Salimos al valet, su mano en mi cintura guiándome al coche, un Tsuru viejo pero chido, con el interior oliendo a cuero caliente y su esencia masculina.
En el camino a su depa en la Roma, la mano de Marco subió por mi muslo, dedos juguetones rozando el encaje de mi tanga. Yo gemí bajito, arqueándome contra el asiento, el viento de la ventanilla revolviendo mi pelo. ¡Qué rico se siente esto, pendeja, no pares! Llegamos, subimos las escaleras tropezando de besos, su lengua invadiendo mi boca con sabor a tequila y menta. La puerta se cerró con un clic que sonó a liberación.
Acto dos, el medio, donde todo se pone intenso. Me quitó el vestido de un tirón, sus ojos devorándome desnuda salvo por el brasier rojo y el tanga empapado. —Eres una chingona, Ana, murmuró, besando mi cuello, mordisqueando hasta dejar marcas rosadas. Yo le arranqué la camisa, sintiendo los músculos de su pecho bajo mis uñas, el vello rizado raspando mis palmas. Olía a sudor fresco, a sexo inminente, y el cuarto se llenaba de nuestro jadeo entrecortado.
Caímos en la cama king size, sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. Sus manos expertas desabrocharon mi brasier, liberando mis tetas pesadas, pezones duros como piedras. Los chupó con hambre, lengua girando, dientes rozando, enviando ondas de placer hasta mi clítoris palpitante. —¡Ay, cabrón, sí! grité, enredando mis dedos en su pelo negro. Bajé la mano a su pantalón, sintiendo la verga tiesa, gruesa, latiendo bajo la tela. La saqué, piel caliente y venosa, el glande brillando de precum. La masturbe despacio, saboreando su gemido ronco, el olor almizclado subiendo desde su entrepierna.
Él se hincó entre mis piernas, besando mi ombligo, el monte de Venus, hasta llegar al tanga. Lo corrió a un lado, su aliento caliente en mi coño mojado. —Estás chorreando, nena, dijo, y metió la lengua, lamiendo mis labios hinchados, chupando el clítoris con succión perfecta. Sentí las contracciones, el jugo salado en su boca, mis caderas moviéndose solas contra su cara barbuda. ¡No pares, Marco, me vengo! Explosé en su lengua, olas de éxtasis recorriéndome, piernas temblando, grito ahogado en la almohada.
Pero no paró. Me volteó boca abajo, nalga arriba, y sentí sus dedos untados de mi crema entrando en mi ano, juguetones, mientras lamía mi espalda. —¿Quieres mi verga ya? —Sí, chingádmela toda. Se puso condón, lubricante fresco chorreando, y entró despacio en mi coño, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. El dolor placer mezclado, su pelvis chocando mis nalgas con plaf rítmico, sudor goteando de su pecho a mi espalda. Agarró mis tetas desde atrás, pellizcando pezones, mientras yo empujaba contra él, sintiendo cada vena de su verga rozando mis paredes.
Cambié de posición, cabalgándolo, mis tetas rebotando, su mirada clavada en ellas. El olor a sexo llenaba el cuarto, mezclado con el incienso de vainilla de su buró. Aceleramos, mis uñas en su pecho, su verga golpeando mi G-spot, gemidos convirtiéndose en gritos. Esto es pasión pura, como en Pasión Cap 19 donde se entregan sin frenos, flash en mi mente mientras el orgasmo segundo se acercaba, coño apretándolo como puño.
El clímax, acto final, nos golpeó juntos. —¡Me vengo, Ana! rugió, y yo sentí su verga hincharse, pulsando dentro, mientras mi cuerpo convulsionaba, chorro de squirt mojando las sábanas. Colapsamos, entrelazados, pieles pegajosas de sudor, respiraciones entrecortadas. Besos suaves ahora, lenguas perezosas, el sabor de nosotros en la boca.
Después, en el afterglow, fumamos un porro light en la terraza, vista a las luces de la Roma, su brazo alrededor de mi cintura desnuda. —Eres increíble, güey, le dije, sintiendo el corazón lleno, no solo el cuerpo saciado. Él sonrió, besando mi frente. Esto no es solo un polvo, hay algo más, pensé, mientras el alba teñía el cielo de rosa, prometiendo más noches de fuego.
Pasión Cap 19 había sido real, vivida en carne propia, y sabía que cap 20 vendría pronto.