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Como Tener Una Noche de Pasion Inolvidable

7096 palabras

Como Tener Una Noche de Pasion Inolvidable

Imagina que es viernes por la noche en el corazón de la Roma, ese barrio chido de la Ciudad de México donde las luces de neón parpadean como promesas calientes. Tú sales de tu depa con el corazón latiéndole fuerte, vestido con esa camisa negra que te hace ver como un galán de telenovela. El aire huele a tacos al pastor y a jazmines callejeros, mezclado con el humo de los carros que rugen por Insurgentes. Esta noche va a ser la buena, piensas, mientras caminas hacia el bar que todos recomiendan, El Califa de León, pero no por la comida, sino por las miradas que se cruzan en la penumbra.

Entras y el sonido de la salsa te envuelve como un abrazo sudoroso. La gente baila pegadita, cuerpos rozándose al ritmo de trompetas y güiros. Te pides un mezcal con sal y limón, el líquido quema tu garganta como un beso ardiente, y ahí la ves: ella, parada en la barra con un vestido rojo que abraza sus curvas como si fuera hecho para pecar. Pelo negro largo, ojos cafés que brillan bajo las luces tenues, labios carnosos pintados de rojo fuego. Chin, qué morra tan rica, te dices, y sientes un cosquilleo en el estómago que baja directo a tu entrepierna.

Te acercas con paso seguro, no como pendejo nervioso, sino como el hombre que sabe lo que quiere. "Qué tal, ¿vienes a bailar o nomás a ver cómo se divierten los demás?", le sueltas con una sonrisa pícara. Ella ríe, un sonido como campanitas en el bullicio, y te contesta: "

¿Y tú, galán? ¿Sabes mover el culo o nomás platicas bonito?
" Su voz es ronca, con ese acento chilango que te enciende. Se llama Ana, trabaja en una galería de arte en Polanco, y en minutos están riendo de chistes sobre el tráfico infernal y los jefes mamones.

La tensión empieza a crecer cuando la invitas a bailar. Sus manos en tus hombros, tu palma en su cintura, el calor de su piel traspasa la tela delgada. Huelen a vainilla y a algo más salvaje, como deseo puro. Sus caderas se pegan a las tuyas al ritmo de "Oye Como Va", y sientes su aliento en tu cuello, caliente y húmedo. Ya valió, esta noche la quiero toda para mí, piensas mientras tu verga se endurece contra sus muslos. Ella lo nota, te mira con ojos entrecerrados y te muerde el lóbulo de la oreja susurrando: "

Si sigues así, te voy a comer vivo aquí mismo.
"

El mezcal fluye, las pláticas se vuelven confesiones. Le cuentas de tu pinche rutina de oficina que te ahoga, ella de cómo pinta desnudos para desahogarse. Hay una chispa, un fuego que crece lento. Sales del bar tomados de la mano, el aire fresco de la medianoche les roza la piel sudada. Caminan por las calles empedradas, riendo, hasta llegar a tu depa a unas cuadras. "No quiero que termine la noche", dice ella, y tú respondes con un beso que sabe a tequila y promesas.

En el elevador, las manos ya no se aguantan. La empotras contra la pared, tus labios devorando los suyos, lenguas enredadas en un baile húmedo y salvaje. Sus uñas arañan tu espalda, enviando chispas de placer por tu espina. Huelen a sexo inminente, ese aroma almizclado que sale de entre sus piernas cuando le subes el vestido y rozas sus bragas empapadas. "

¡Ay, cabrón, no pares!
", gime ella, y tú sientes su calor palpitante contra tus dedos.

Abres la puerta de un jalón y la cargas hasta la cama, tirándola sobre las sábanas blancas que crujen como invitación. Te quitas la camisa, ella se lame los labios viendo tus músculos tensos. "Ven, déjame probarte", murmura, arrodillándose para desabrocharte el cinturón. Su boca te envuelve, caliente y resbalosa, chupando con hambre mientras sus manos masajean tus bolas. El sonido de succión te vuelve loco, mezclado con sus gemidos ahogados. Esto es como tener una noche de pasión de las que cuentan en las películas para adultos, piensas, agarrando su pelo suave.

Pero no quieres acabar así. La subes a la cama, le arrancas el vestido revelando tetas perfectas, pezones duros como piedras preciosas. Los chupas, muerdes suave, saboreando su piel salada. Ella arquea la espalda, gimiendo "

¡Más, pendejo, dame más!
", sus piernas abriéndose como flores en la noche mexicana. Bajas lento, besando su vientre tembloroso, inhalando su aroma dulce y salado. Tu lengua encuentra su clítoris hinchado, lamiendo círculos que la hacen retorcerse. Sabe a miel prohibida, sus jugos cubren tu barbilla mientras introduce dos dedos en su calor apretado, curvándolos para tocar ese punto que la hace gritar.

La tensión sube como volcán, sus caderas empujan contra tu cara, el colchón gime con cada movimiento. "

¡Te quiero adentro, ya!
", suplica, y tú no la haces esperar. Te colocas encima, tu verga dura como fierro rozando su entrada húmeda. Entras despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo sus paredes te aprietan como guante de terciopelo. El placer es cegador, su calor te envuelve, y empiezas a bombear, lento al principio, luego más fuerte, el slap-slap de piel contra piel llenando la habitación.

Se voltean, ella arriba ahora, cabalgándote como amazona salvaje. Sus tetas rebotan hipnóticas, sudor brillando en su piel morena bajo la luz de la luna que se cuela por la ventana. Agarras sus nalgas firmes, guiándola, mientras ella gira las caderas en círculos que te llevan al borde. "

¡Sí, así, fóllame duro!
", grita, y tú respondes embistiéndola desde abajo, sintiendo el orgasmo crecer como ola en el Pacífico. El olor a sexo impregna todo, mezclado con su perfume y tu sudor.

La volteas de nuevo, perrito estilo, agarrando sus caderas mientras la penetras profundo. Sus gemidos son música, roncos y desesperados. Tocas su clítoris con una mano, sintiendo cómo se contrae alrededor de ti. "

¡Me vengo, cabrón, me vengo!
", aúlla ella, su cuerpo temblando en espasmos, jugos chorreando por tus bolas. Eso te empuja al límite, y con un rugido gutural, explotas dentro de ella, chorros calientes llenándola mientras el mundo se disuelve en placer puro.

Caen exhaustos, enredados en sábanas revueltas, respiraciones jadeantes calmándose poco a poco. Su cabeza en tu pecho, escuchas su corazón latiendo al unísono con el tuyo. El aire huele a pasión consumada, a piel satisfecha. "Eso fue la neta", murmura ella, trazando círculos en tu abdomen con un dedo. Tú sonríes, besando su frente. "

Como tener una noche de pasión de las que no se olvidan.
"

Se quedan así hasta el amanecer, platicando de tonterías, riendo bajito. El sol tiñe el cielo de rosa cuando ella se viste, pero no sin prometer volver. Sales a la terraza con un café humeante, el sabor amargo en la lengua recordándote cada instante. Valió cada segundo, piensas, sabiendo que has descubierto el secreto: una noche de pasión se arma con mirada segura, toque experto y entrega total. Y tú, güey, ya sabes cómo tener una noche de pasión inolvidable.

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