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Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro. Todos los que tenemos familias numerosas nos hemos enamorado de tías y primas en algún momento. Tener cinco tíos y tías acrecienta esa posibilidad y mucho más cuando varias de tus primas tienen edades parejas con la tuya, algunas más grandes y otras más jóvenes. Además, durante la adolescencia estás en plena ebullición de hormonas y ellas otro tanto.
Generalmente, las mujeres suelen despertar al sexo antes que nosotros, y eso genera la posibilidad de que seas “bien utilizado” para calmar sus calenturas y tú descubras las primeras. Los protagonistas de la historia son Dany y Miriam. Ambos tienen 18 años, pero mientras Miriam ya sabe de qué se trata el sexo y cómo serenar sus inquietudes, Dany es un “caído del catre” que todavía suele pasar las tardes en eventos deportivos sin prestar mayor atención a las mujeres, aunque sí tiene en claro para qué sirve lo que lleva colgando entre las piernas.
Miriam aún vive en una ciudad del sur de Argentina, y por aquel entonces compartía casa con sus hermanos (un hermano y una hermana, ambos mayores que ella) y siempre fue la más llamativa físicamente de las mujeres. Dany tiene tres hermanas y es el segundo en la lista. Dos de ellas son casi contemporáneas con Miriam.
En 1978, la hermana mayor de Miriam se casó con quien era su novio desde hacía ya cinco años y la familia se reunió para la ocasión. Los foráneos se alojaron en casa familiar, donde Miriam y sus primas compartieron habitación al igual que Dany y su primo. Por tratarse de la época estival, los jóvenes eran invitados a concurrir a un complejo de verano donde compartían la piscina y buena parte de las tardes.
Los ojos de Dany se iban tras la figura de Miriam, bien marcada y perfectamente adaptada a un diminuto biquini de color rosa pálido. La cola muy ajustada a la prenda inferior y las tetas redondas y puntiagudas apenas sujetadas por un corpiño muy pequeño. Pero no era el único, muchos de los socios del club estaban hipnotizados por la figura de la hembra.
El día del casamiento todo se transformó en un pandemónium. Los dos baños de la casa eran escasos para toda la troupe, por lo que no resultó extraño que se cruzaran varias veces en ropa interior mientras esperaban su turno para ducharse. Miriam no era tonta, se dio cuenta de que Dany se la comía con los ojos y eso le provocaba excitación, por lo que decidió ir a fondo. Ingresó al baño mientras él se duchaba, sin avisar, y lo sorprendió desnudo, con el mástil a media asta, que si bien no era significativo le resultó atractivo.
“Perdón primito, no sabía que estabas aquí, pensé que estaba tu hermana”, dijo Miriam. Dany, rojo como un tomate, solo atinó a tratar de cubrirse, pero no fue lo suficientemente veloz como para que ella pudiese estudiarlo. “Salí Miry, si tus padres o los míos nos ven, tenemos problemas”, respondió él. Ella sonrió y salió lentamente del lugar.
Durante toda la noche lo siguió y trató de estar siempre cerca de él, incluso durante el baile en la fiesta y al ser muy parejos en edad, no extrañaba que estuviesen tan juntos. Dany estaba incómodo, pero Miriam sabía que podía tenerlo a la mano continuamente. Hubo lanzamiento de ligas por parte de los novios y quienes las atrapaban elegían a quién colocarlas o quién las colocasen. Miriam no dudó, tras atrapar una eligió a Dany, se sentó en una silla y subió notoriamente la falda dejándole a la vista sus muslos y el nacimiento de su ropa interior, para que él le colocase la prenda. Ella lo disfrutaba y él lo sufría. El roce de la piel suave de su prima lo excitaba y no sabía cómo disimular la erección que se empezaba a notar en su jean.
Como pudo terminó la labor y rápidamente salió al patio a fumar un cigarro que le calmara. En eso estaba cuando una mano se posó en su hombro y una voz suave le dijo: “¿Te gustó lo que viste? ¿Te hubiera gustado tocar un poco más?”. Era Miriam quien sonreía de manera maliciosa. “Estás loquísima Miry, ¿querés que tu viejo me mate?”, le respondió. “Ya tendremos tiempo, tranquilo”, le dijo mientras se alejaba. La fiesta terminó muy tarde, cuando el sol ya le había ganado la pulseada a la noche.
Los recién casados se fueron de viaje de bodas directamente desde el salón de fiestas y el resto de la familia volvió a la casa familiar. Eran las tres de la tarde cuando se oyó la voz del dueño de casa llamando a la familia. Todos se levantaron y se encontraron con la novedad de que irían a una casa en la playa, a escasos quince kilómetros de la ciudad, a pasar el sábado y el domingo podrían regresar más tranquilos a sus domicilios, ya descansados. La tarde del sábado transcurrió en la playa. Los más jóvenes jugaban al fútbol, al vóley y los mayores disfrutaban de una tarde de pesca.
Al momento de ingresar al agua, Miriam jugaba con todos alternativamente, pero acentuaba sus toqueteos con Dany por sobre los demás. Al atardecer todos volvieron a la casa y mientras las madres y padres se dedicaban a preparar la cena, los jóvenes jugaban con dados a “verdad o consecuencia”, siendo Dany el principal blanco de Miriam.
Después de comer, los adultos mantuvieron una charla y llegaron a un acuerdo: Dany y su hermana menor se quedarían en la villa balnearia con sus tíos y el hermano mayor de ella viajaría con los padres de Dany a su ciudad, para buscar alojamiento para su época de estudiante universitario. La noticia fue recibida con alegría por casi todos y tras unas copas se organizó la ubicación de todos en la casa. Los mayores en habitaciones privadas en la planta superior y los más jóvenes en un espacio amplio en bolsas de dormir en la planta baja.
Los mayores se fueron a descansar y los menores se sentaron en el jardín un rato más, hasta que el sueño los fue venciendo uno a uno. Dany fue el último en ingresar tras consumir un par de cigarros. Entró lentamente y trató de ubicarse, para su desgracia junto a Miriam.
Había pasado una hora apenas cuando Dany despertó sobresaltado. Una mano lo recorría desde el pecho al vientre. Sin hacer mucho movimiento trató de identificar a quién lo acariciaba, pero no necesitaba saber demasiado: era Miriam. Antes de que pudiese decir nada, los labios de ella cubrieron los de él y la lengua de la mujer se escurrió entre los suyos, dándole un beso con todas las letras. Una mano de Miriam se apoderó de la verga que empezaba a despertar y la sacudió rápidamente, pajeándolo, aprovechando que por el calor él solo dormía en shorts. “Mañana cuando estemos solos voy a darte más que esto”, le dijo mientras concluía su labor, haciéndolo explotar y llenar sus manos de semen.
En la oscuridad él pudo notar que ella se frotaba la concha con la otra mano mientras lo masturbaba. Uno de los vecinos amagó a despertarse y ella se retiró rápidamente, dejándolo muy caliente. Dany se durmió profundamente hasta que las primeras luces del domingo lo despertaron. Observó sus ropas y vio la mancha evidente de la leche en ellas, se levantó como pudo y fue al baño a cambiarse para disimular, pero entendió que aquello era solo el principio. Entonces comenzó a ver a Miry con otros ojos: ya no era su prima, era una hembra caliente que quería guerra.
Cuando todos se levantaron desayunaron y fueron a darse un baño al mar. Miry seguía con sus juegos y toques, pero ya recibía respuesta de su parte: si hasta llegó a bajarle la parte inferior del biquini. En los juegos de pasar entre las piernas de otro ya deslizaba sus dedos rozándole la raja y el culo, cosa que ella en principio rechazó, pero sabía que era fruto de sus actos.
Volvieron a la casa, almorzaron todos juntos y a media tarde los viajeros iniciaron el retorno a sus casas. El padre de Miry anunció que él volvería a casa para cumplir un par de tareas y regresaría a la playa el martes. De este modo solo quedarían en la casa la madre de Miriam, la hermana de Dany, Miriam y Dany. La tía de Dany era de dormir siesta y el lunes no sería la excepción. La hermana de Dany se dedicó a leer un libro en la hamaca del patio y el resto de la casa quedó solo para ellos.
Una vez dormida la tía y habiendo asegurado que su hermana estaba abstraída en la lectura, Dany no dudó y fue a la pieza donde Miriam dormía. Se acostó a su lado e introdujo las manos bajo las sábanas, encontrando la piel de Miry solo cubierta con el clásico biquini. Las movió muy lento, acariciando la cola y fue subiéndolas lentamente camino a las tetas de su prima. Ella suspiró al sentir las caricias, se giró apenas para ponerse boca arriba. Él no dudó y masajeó las tetas por sobre el corpiño hasta erguir los pezones. Entonces una de sus manos se dedicó al masaje mientras la otra buscaba la entrepierna de su prima. Tranquilamente hundió un dedo en la raja, subiendo y bajando por la zona.
Ella despertó repentinamente. “¿Qué haces tonto? Mi vieja duerme acá al lado. Sacá las manos de ahí”, le dijo en voz baja mientras forcejeaba para que dejase de acariciarla. “¿No querías que te toque? Ahora aguantátela”, respondió Dany. “Nos va a escuchar mi vieja, pará”, insistió Miry. “Ni loco, ahora te voy a dar lo que querés”, replicó él.
Le agarró la mano y esquivando el elástico de la malla la llevó a la verga que ya estaba a tope. “¿Querés una paja? Te la hago, pero no más que eso”, dijo Miry. “Ahora paja, esta noche voy a metértela, así te calmás guacha”, contestó Dany. Entonces ambos se dedicaron a pajearse mutuamente. Ella se tapaba la boca con la almohada mientras gemía, respondiendo a la paja que él le dedicaba. No solo le frotó la raja, intentó colarle dos dedos dentro para acelerar su orgasmo.
“Pará bestia, más despacio que me duele”, pidió Miry. Pero Dany no hizo caso, aceleró y metió los dedos a fondo para hacerla acabar intensamente, en tanto ella sacudía la verga con violencia hasta que se le llenó la mano de leche. Ambos temblaron y sus cuerpos se tensaron con el orgasmo, para luego quedar rendidos en la cama. Sin hacer mucho ruido fueron uno a uno al baño a limpiarse y volvieron cada cual a su cama.
“¿Tenés forros? No quiero quedar embarazada”, preguntó Miry. “No, ¿dónde consigo?”, respondió Dany. “Yo me encargo, seguro mi hermano tiene en su armario. Si me pongo biquini es que los conseguí, sino no vamos a poder coger. ¿Entendido?”, aclaró ella. Él asintió y se acomodó para dormir un rato, hasta que la tía los despertó para merendar. Ella apareció en la cocina con un short y un brassier, por lo que entendió que no había encontrado los preservativos.
Después de la merienda volvieron a la playa y en un momento ella le dijo que había solo una farmacia en la villa, por lo que sería difícil que le vendieran los preservativos para la noche, pero que quizá en uno de los kioscos sí habría; era la única chance. Como la tía sabía que él fumaba no le sorprendió que quisiera ir al kiosco y le recomendó el más completo de la villa. “Si no te venden me avisas y yo voy a buscarte los cigarros, ¿ok?”, le dijo después de indicarle cómo llegar.
Entró y lo atendió una chica de unos veinte años. Le pidió los cigarrillos pero no se animó a pedirle los preservativos. Mientras la chica buscaba el cambio para devolverle, el hombre mayor que atendía el lugar se desocupó y él aprovechó para pedírselos. El hombre rio de manera cómplice y le extendió una caja, le pidió a la chica el dinero para el vuelto y tras cobrar la segunda compra. “¿Todo bien?”, preguntó la tía. “Sí, conseguí lo que buscaba”, dijo Dany con una sonrisa que Miry comprendió al momento. “No te excedas fumando o tendré problemas con tu tío y tu padre”, dijo la tía mientras ponía en marcha el auto e iniciaba el camino a la casa.
Tras la cena todos se sentaron en el patio a compartir un rato juntos. La tía aprovechó a tomar unas copas de vino que la ayudaran a dormir más profundamente, Dany a fumar un par de cigarros, Miry a completar un juego y la hermana de Dany a avanzar en su libro. Cerca de las dos de la mañana fueron entrando a la casa y ubicándose para dormir: la tía en la cama matrimonial, Miry con su prima en la pieza de planta alta y Dany solo en la planta baja.
Cuando el silencio se adueñó de la casa, Dany esperaba la visita de su prima con los preservativos debajo de la almohada, desnudo dentro de la bolsa de dormir. Ya estaba casi rendido al sueño cuando escuchó como crujía la escalera y alguien bajaba. Los pasos se dirigieron a la heladera y tras abrirse la puerta pudo observar que era su tía quien estaba frente a ella. La luz dejaba ver que llevaba un camisón que se traslucía bastante. Vio que estaba retirando una botella de jugo, se sirvió un vaso y lo bebió allí, de pie junto a la heladera. Dejó el vaso en la encimera y tras cerrar la puerta se aproximó a su lado, lo observó, por un momento se sentó a su lado. Podía sentir la respiración de ella.
“Si no fueras mi sobrino ya estaría metida en la bolsa contigo. Necesito que alguien me haga sentir mujer nuevamente, sé que tu tío ahora está con Rosa, su amante, y eso me da ganas de pagarle con la misma moneda”, dijo para luego suspirar y ponerse de pie, para encaminarse a la escalera. Sintió el crujido nuevamente y los pies de su tía subir a la habitación. La puerta se cerró y el silencio volvió a la casa.
Dany no podía creer lo que había escuchado: su tía había confesado que quería tener sexo y que había pensado en él para vengarse. Era demasiado para un solo día. Miriam no bajaba y su tía le había confesado sin saber que estaba despierto que quería tener sexo con él. ¿Qué debía hacer? ¿Esperar a Miriam o subir y ser instrumento de venganza? Volvió a sentir ruidos en el piso superior, pero cuando imaginaba que Miriam vendría se encendió una luz y escuchó a su tía hablar con su prima. “¿A dónde vas Miriam?”, preguntó y la respuesta no se hizo esperar: “A tomar agua mamá”. La luz no se apagó, Miriam bajó y fingió tomar agua para volver a su cama. “Dormite por favor, ya es muy tarde”, dijo la tía antes de apagar la luz.
Era un hecho, hoy no tendría visita en la bolsa de dormir. Cerró los ojos y haciendo un esfuerzo se durmió. Despertó cuando escuchó a su tía sacar las tazas para el desayuno, aún vestía con ese camisón traslúcido, podía verse un par de bragas típicas de persona adulta y no había brassier. Los pechos bailaban libres ante cada movimiento.
“Buenos días caballero, ¿tiene ganas de desayunar?”, dijo Tita. “Buenos días tía, ¿unos mates puede ser?”, respondió Dany. “Amargos supongo”, contestó ella. “Sí, está genial”. Se levantó de la bolsa de dormir, fue al baño a lavarse cara y dientes y volvió a la cocina. Recién allí le dio un beso como saludo.
“Las chicas recién se fueron a la playa”, informó Tita. “¿Es tan tarde?”, preguntó Dany. “Las once de la mañana. Les dije que apenas te levantaras desayunamos y las alcanzamos”. Estaban solos en la casa, las persianas bajas, tan solo la ventana de la cocina dejaba entrar algo de luz suficiente para que pudiese observarse los pechos algo caídos, con aureolas marrones prominentes y esas bragas algo ajustadas aunque grandes a su gusto.
Se notaba que ella había pasado una mala noche, tenía los ojos enrojecidos e irritados, los cabellos revueltos como si no se hubiese peinado o bien recién se levantase. “¿Pasa algo tía?”, preguntó Dany. “No puedo disimularlo ¿verdad? ¿Recordás a Rosa de la fiesta?”, respondió ella. “La secretaria del tío”, dijo él. “Esa misma. Es la amante”. Dicho esto volvió a romper en llanto. “Es por eso que tu prima se casó y se va de aquí al igual que tu primo”, agregó. “No sé qué decir”, murmuró Dany. “Nada, es algo que debo solucionar sin afectar a Miry”.
“¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?”, ofreció él. Levantó la cabeza y le miró con una sonrisa amarga, se aproximó y le abrazó descargando su llanto. Él devolvió el abrazo y la dejó descargar su amargura. Así estuvieron un buen rato hasta que pareció recuperar su compostura, giró y tomó el termo para verter agua en el mate y extendérselo.
“No lo sé, ¿tan vieja y despreciable estoy?”, preguntó Tita. “No lo creo, quizá debieras arreglarte un poco y verte algo más joven”, sugirió Dany. “¿Solo eso?”. “Si querés reconquistarlo…”. “Gracias sobrino, lo tendré en cuenta. Debo ser más atrevida”. Sonrió. “¿Más atrevida? Si ya estaba mostrándose por completo, quizá cambiar la ropa interior por algo más sugerente”, pensó él.
Se aproximó y le hizo dejar el mate en la mesa, se retiró un poco y dio una vuelta sobre sus talones. “¿Qué me falta?”, preguntó. “Sin ser atrevido, ropa interior más chica”, respondió Dany. Se le dibujó una sonrisa: “¿Tanto se ve?”, dijo mientras se ubicaba de espaldas a la ventana. “Bastante, con una tanga o un hilo dental estaría genial”. Se rio de buena gana, se tomó las nalgas y las levantó un poco. “Se me caen y si usara tanga sería peor”, comentó. “Eso se soluciona con gimnasio, dedicarle un poco de tiempo”, le sugirió.
“Sos un amor Dany”, dijo Tita. Se acercó y le dio un beso muy cerca de los labios y lo descontroló. La agarró de los cachetes del culo y la aproximó para darle un beso en los labios. La sorprendió pero no se negó. “¿Te gusto?”, preguntó ella. Le respondió con otro beso ya más atrevido y dejando que sus manos pasaran del culo a las tetas, a las que manoseó descaradamente. Tiro su rostro hacia atrás y le ofreció su cuello para besarlo y aprovechar el momento para colar las manos dentro del camisón, apretar las tetas y llegar a rozarle la raja.
Se apoyó en la mesa del comedor y entreabrió las piernas permitiéndole que las caricias fuesen más profundas y directamente sobre su zona más íntima. Brotaron gemidos que se colaron en los oídos de su sobrino. Tita puso su mente en blanco, rememorando otras épocas donde se entregaba en cualquier sector de la casa cada vez que las manos de su esposo lo requerían. Se colgó de los hombros de aquel muchacho y se dejó trabajar profundamente hasta sentir que los dedos intrusos eran reemplazados por un ariete duro y curvado que pugnaba por esquivar la suave tela de algodón de sus bragas para instalarse entre los labios vaginales. Recién allí abrió nuevamente sus ojos y vio el rostro enrojecido y ansioso de su sobrino, cargado de deseo por penetrarla.
“Por favor, soy tu tía, no insistas”, dijo Tita. “Ya casi lo tenés adentro, un movimiento más y vamos a gozar juntos”, replicó Dany. La mente de Tita quería resistirse pero su cuerpo pedía completar el momento. La vagina se empapaba de jugos y estaba en su punto máximo de ardor, los vellos de ambos se impregnaban en líquidos y el roce era intenso. Un suave movimiento desplazó la tela húmeda y la penetración fue inmediata.
“Ya te siento adentro, hacelo rápido que las chicas pueden volver en cualquier momento”, urgió Tita. Dany sin esfuerzo la montó en la mesa, ajustó la posición y comenzó a moverse entrando y saliendo de esa concha necesitada de satisfacción. Ella acompañaba los movimientos ayudando a que entrase tan profundo como fuera posible. Los movimientos se aceleraron. Dany no aguantaría mucho pero ella necesitaba más acción por lo que se acomodó trabando las piernas de su sobrino para evitar que saliese de su cueva.
Gemían intensamente, él por disfrutar de una concha con experiencia, ella por sentirse deseada y satisfecha. No fue el mejor de los polvos pero suficiente para que ambos se calmaran y obtuviesen su premio: ella un orgasmo que ya creía olvidado y él la descarga que no pudo darle a su prima. Acabaron casi al unísono, exhaustos, agitados y con el sabor de lo prohibido.
“Gracias hijo, no sabés cuánto lo necesitaba”, dijo Tita. “También yo, ya no podía seguir a puras pajas, quería descargarme en una concha”, respondió Dany. En ese momento como si un rayo los alcanzara reaccionaron. Ella lo hizo salir de su interior y partió raudamente al baño para quitarse los restos del semen que él había dejado en su interior. Él sin entender por qué fue su tía quien recibió la descarga de sus huevos cuando pretendía que su prima fuera la destinataria.
Escuchó como su tía abandonaba el baño y fue él quien ingresó, se limpió rápidamente y mientras se secaba vio las bragas ya lavadas de su tía colgando de un tender y en un cesto cercano permanecía el camisón regado con su leche. Eso le generó una duda: ¿debía volver a intentarlo con su tía o dedicarse a su prima? Escuchó la voz de su tía pidiéndole que se apurase para ir en busca de su prima y hermana. Cuando coincidieron en la puerta de ingreso Tita lo miró y le pidió que nada de lo sucedido saliese de ambos. Se la notaba nerviosa pero algo más amable.
Fueron en busca de las dos jóvenes, se dieron unos baños en el mar y los toqueteos de Miry volvieron al acecho pero no recibieron las mismas respuestas que Dany le había retribuido la tarde anterior. “¿Qué pasa? ¿Ya no querés jugar conmigo?”, preguntó Miry. “No es eso, tu madre nos está mirando y no quiero problemas”, respondió Dany. “Cuando vayan a hacer las compras nos quedamos en casa y te doy algo que te estimule”, propuso ella.
Se despegaron bastante y el resto de la mañana pasó entre miradas de los tres, con la hermana de Dany como una mera invitada. Al volver a la casa Tita no permitió que se quedaran solos y casi los obligó a acompañarlos, entendía que las hormonas en ebullición de ambos jóvenes eran peligrosas y más aún después de lo sucedido en la cocina. Hubo algunos reproches de Miry para con su madre por aquello y hasta pidió irse con su grupo de amigos y amigas a la playa por la tarde. Tita la rezongó un buen rato pero accedió. De ese modo tendría tiempo para hablar con Dany de lo sucedido.
Pero eso es otra historia que prontamente verá la luz.
PARTE II
Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Todos los que tenemos familias numerosas nos hemos enamorado de tías y primas en algún momento. Tener cinco tíos y tías acrecienta esa posibilidad y mucho más cuando varias de tus primas tienen edades parejas con la tuya, algunas más grandes y otras más jóvenes. Además, durante la adolescencia estás en plena ebullición de hormonas y ellas otro tanto.
Continuación de la historia…
El almuerzo fue algo tenso, madre e hija no solían discutir fuertemente y lo habían hecho frente a visitas, cosa que molestaba mucho a Tita. Se le ocurrió una idea que podía suavizar la situación y lo comentó mientras todos comían.
Tita: no pude conseguir algunas cosas aquí en la villa, ¿qué les parece si mañana temprano vamos a la ciudad, buscamos lo que falta?
Dany: por mí no hay problemas, de paso aprovecho a comprar bloqueador solar para Teresa (su hermana).
Miriam: yo necesito pasar por el salón de belleza, por un retoque depilatorio y buscar en casa otras mallas.
Tita: excelente idea Miry, te acompaño ya que tendremos visitas el fin de semana y quiero verme mejor.
Miriam la miró y se rio: “¿Vos también te pensas depilar?”, la madre asintió y agregó “Necesito tratamiento en mis cabellos, algo que me proteja del tanto sol y sal del mar”.
Miriam: vos pagas el servicio de ambas, claro.
Tita: por supuesto hija.
El ambiente parecía empezar a relajarse, concluido el almuerzo, mientras recogían los restos y lavaban los trastos, se escuchó como golpeaban la puerta de acceso a la casa.
Tita fue hacia allí y al abrir se encontró con Elena, una vecina que tenía dos hijas de la edad de Teresa y venía por ella para que las niñas jugaran juntas en la arena. “Buenísimo Elena, así podremos dedicarnos a cortar el pasto del patio y preparar todo para la cena del miércoles que viene mi esposo, ¿nos acompañarán, cierto?”, Elena agradeció la invitación y recogiendo a Teresa partieron tumbo a la playa.
Miriam: me dijiste que podía irme con mis amigos a la playa ¿no me harás quedar a cortar el pasto, no?
Tita: Esperaba que nos dieras una mano
Miriam: no señora, vamos a ir a Los Pozones, hay mucho por caminar.
Tita: bueno, pero cuando terminemos con Dany vamos para allá.
Miriam: mamá, no seas tan cuida.
Una vez concluidas las tareas domésticas, Miriam subió a su cuarto, se calzó un biquini verde bastante pequeña, tomó un toallón playero que enroscó en su cintura a modo de pareo, un frasco de bronceador y partió tras darle un beso a su madre y un empujón a Dany a modo de broma.
La puerta se cerró, Tita dejó las cosas sobre la encimera y caminó hacia la ventana del ingreso, corrió las cortinas para verificar que Miriam se alejaba rápidamente. Bajó las persianas hasta casi el final, puso llave a la puerta de acceso y volvió a la cocina donde Dany estaba sentado. Desplazó una silla frente a él, se acodó en la mesa, se pasó las manos por el cabello, alisándolo hacia atrás y tras un suspiro lo miró y comenzó a hablar.
Tita: Sobre lo que pasó ayer, tenemos que hablar seriamente.
Dany: escucho, pero…
Tita: déjame hablar a mi primero, por favor.
Dany buscó el cenicero y un cigarro de la cajilla.
“Entenderás que lo que hicimos no es correcto y podría traernos muchos problemas si alguien llegara a enterarse, por lo que de más está decir que espero sepas guardarlo como un secreto, como hombre que sos” comenzó con su monólogo.
“Estoy segura que me escuchaste cuando hablé al lado de tuyo la noche anterior, te hacías el dormido pero bien despierto estabas. Sé que ustedes están con las hormonas a full y haber escuchado esa confesión y lo que te dije luego cuando quedamos solos en la casa, te llevó a comportarte de ese modo” la voz de su tía sonaba tranquila y segura.
“No soy tonta ni quiero que me traten como tal, Miry te estuvo manoseando desde el mismo día del casamiento, lo noté y cuando juegan en el agua se pasan con los toqueteos. También sé que anoche la esperabas en tu bolsa de dormir, si hasta tomaste la precaución de comprar preservativos en la farmacia. Aquí todo se sabe y sos tan inquieto para dormir que se te cayeron de debajo de la almohada, de hecho yo los volví a colocar debajo de ella” sus ojos se clavaban en los míos, sin retos sino con un dejo de resignación.
“Seguramente, en la tarde ella va a revolcarse con alguno de sus amigos, por eso le he conseguido pastillas anticonceptivas y la obligo a tomarlas delate mío como si fueran vitaminas, a diario. Imagínate si quedase embarazada a los 18 años, sería un escándalo y tu tío tendría muchos inconvenientes con su trabajo” era una confesión de madre dolida y esposa que debería afrontar un doble escándalo: su marido infiel y la hija embarazada.
“Decirte que lo de ayer no puede volver a pasar, sería una estupidez. Ambos lo necesitamos, yo por venganza y por volver a sentirme mujer deseada y más aún si lo logro con un jovencito y vos porque no aguantás el verte rodeado de mujeres con pocas ropas y lo peor, que te provocan continuamente. Sé que te has masturbado en el baño con prendas íntimas de nosotras, no las lavaste correctamente y quedaron las manchas en ellas.”
Los ojos de Dany se abrían más y más ante cada confesión, no podía dar fe de lo que escuchaba, pero esperaba la conclusión del monólogo, solo se limitaba a asentir con la cabeza y consumir un cigarrillo tras otro.
“Está clarísimo que las ocasiones para intentar algo, van a ser muy pocas y que si decido acceder a más actividad sexual vamos a tener que ser muy precavidos, no dejar rastros y sincerarnos en lo que nos gusta y lo que no deseamos, más que nada yo porque el tener poco sexo y muy monótono hace que no acepte cosas extrañas. ¿Nos entendemos?” concluyó dejándole la palabra a partir de ese momento.
Tragó saliva, apagó el cigarrillo y se dispuso a responderle.
“Mirá tía, tenés razón en todo lo que dijiste. Me hice pajas con tus calzones y los de Miry, dudé en responder a sus toqueteos pero no pude resistir mucho más y empecé a devolverlos desde la misma fiesta del casamiento. Hasta me hizo una paja en el puente de la plaza del salón de fiestas, mientras yo le apretaba las tetas, más con bronca que con deseos y me había prometido darme más cosas mientras estuviésemos aquí en la playa” comenzó la confesión del muchacho.
“Si ye escuché cuando estabas sentada al lado de la bolsa de dormir, pero esperaba desnudo a Miry, para ver que iba a darme. Cuando la mandaste a su cama de nuevo, me quedé enojado porque se cortaba mi posibilidad de estar con ella. Quizá por eso aproveché el momento ayer e hice lo que ya sabemos, jamás me hubiera imaginado que íbamos a llegar a eso” remató tratando de elegir bien las palabras.
Tita: voy a pedirte un gran favor, ni se te ocurra tener sexo con Miry.
Dany: no sé de qué manera voy a poder frenarla, está muy intensa.
Tita: de eso me encargo yo, voy a tratar de sacártela de encima
Dany: gracias tía.
Tita: en cuanto a nosotros, será un pacto de honor. Si volvemos a tener sexo, será de manera discreta y en momentos en que nadie pueda sospechar nada, ¿entendido?
Dany: por supuesto. Me decías que había cosas que sí y otras que no haríamos. ¿Me contás? Para no arruinar el momento por dejarme llevar por la calentura.
Tita: jamás en mi cama, estoy operada para no tener más hijos por lo que no necesitas usar preservativos, nada de dejarme marcas y cuando yo diga no o basta, allí nos detenemos.
Dany: ¿solo vaginal?
Tita: te noto muy interesado: oral me encanta recibir, no suelo dar y si acepto hacerlo nada de acabar en mi boca, a lo sumo en las tetas. Anal, hace años que no lo hago, las últimas veces me dolió muchísimo y tuve problemas después para desplazarme. ¿Algo más que quieras preguntar? Hoy ponemos las reglas y no vuelven a modificarse.
Dany: si, dos cosas más: si no vamos a tu cama, ¿Dónde?
Tita: en la cama que queda libre en la pieza de Miry, ¿la otra?
Dany: ¿sellamos el pacto de honor?
Tita: ya tenés ganas… debería ser algo rápido, por si vuelve Miry o vienen a traer a Teresa. Estoy toda sudada, necesito una ducha y prepararme.
Dany: podemos ducharnos juntos…
Tita se puso de pie, se aproximó a él y le dio un beso corto en los labios, momento que él aprovechó para recorrerla con sus manos, desde la espalda al culo, para luego subir su mano derecha por debajo del amplio vestido y llegar a las tetas que ya empezaban a endurecerse y mostrar pezones erguidos. El beso corto se fue prolongando y por primera vez se besaron apasionadamente, él también se puso de pie, le subió el vestido y lo retiró por encima de la cabeza de ella, liberando los pechos y dejando a la vista esas bragas grandes y suaves. Bajó desde la boca a los pechos, alternó entre uno y otro chupando de manera delicada, para evitar las marcas, pero se adueñó de los pezones para darle pequeños mordiscos que la excitaban más y más. Los primeros gemidos brotaban de sus labios y como ayer, entreabrió las piernas para dejar que la mano libre se internase entre sus piernas, frotando la raja ya humedecida. La tela se mojó con rapidez y asemejaba una segunda piel, él notaba cada pliegue de los labios mayores y como emergía el clítoris inflamado.
Con esfuerzo de ambos, la braga llegó al suelo. Se despegó unos centímetros de ella y la observó absolutamente desnuda por primera vez. Su cuerpo tenía las marcas típicas de alguna cesárea y estrías propias de haber bajado de peso y su edad. Aun así la vio hermosa: “sos una hembra preciosa, quiero comerte toda” le dijo mientras volvía a aproximarse para levantarla y hacerla recostar en la mesa, con las piernas colgando. Se ubicó entre ellas y fue presionando para que se fuesen abriendo lentamente. Volvió a torturar los pezones con sus labios mientras luchaba por bajarse el short y liberar la verga caliente y ya lista para ingresar en ese cuerpo maduro que se le ofrecía. Los pechos caían hacia los costaos producto de los años, el vientre se ponía tenso y dejaba en claro el esfuerzo de ella por mantenerse aferrada a los laterales de la mesa, las rodillas se hacía puntiagudas por la flexión y las pantorrillas marcaban los músculos que buscaban una posición más cómoda. Hubiese sido sencillo para él entrar en esa selva de vellos brillantes por sus jugos y abrirse paso al cuerpo caliente, pero quiso conocer su aroma.
Bajó lentamente por el centro, repasando con su lengua y labios cada uno de los centímetros que separaban el cuello de ese matorral que tenía tonos plateados, alternados con rizos renegridos. Tenía un aroma intenso, pero quería guardar en su boca el sabor de aquella cueva de placer, se demoró mientras ella extendía una de sus manos para guiarlo justo al centro.
Él abrió la boca y dejó salir a su lengua exploradora para que la recorriese por primera vez, desde el inicio hasta perderse entre los labios mayores. Un gemido ronco acompañó a la invasión, ella se soltó por completo de la mesa y jugando con los cabellos de su sobrino lo fue internando más y más.
Los minutos se hicieron eternos al igual que los lengüetazos, intensos, prolongados y repetidos, de punta a punta, como si quisiera hacerle el amor con su lengua.
Tita: ¡¡qué placer!! Vas a hacer que me corra sin haberte tenido adentro.
Dany: voy a torturarte hasta que grites mi nombre
Tita: no te detengas, seguí comiéndome la concha asi, suavecito, que me estoy volviendo loca…
Él respondía abriendo los labios mayores con dos dedos mientras hundía tanto como podía su lengua.
Tita: ¡¡por favor, ya no más!! Ponela, haceme acabar como una puta, ¡¡¡Dany, cógeme!!
Recordó las reglas del juego, subió lamiendo el cuerpo de su tía madura que temblaba de excitación. Apuntó al centro de la mata y se dejó ir al interior de la hembra.
“¡¡¡Aaahhhh, más adentro, hasta el fondo!!!” reclamó Tita mientras él embestía buscando la mayor penetración. Cuando llegó al máximo de la penetración, se detuvo unos segundos, se acomodó y levantó las piernas de ella a sus hombros para iniciar un movimiento rápido de meter y sacar su verga a tope. Los gemidos de su tía se multiplicaban, sintió como le clavaba las uñas en sus brazos para aferrarse y no caer de la mesa.
Tita: ¡¡me voy, me voy ya no aguanto más, lléname de leche!!
Aceleró para tratar de llegar junto a ella, no lo logró, ella se puso tensa por unos segundos y de golpe se relajó totalmente con un grito que debió oírse desde la calle. Él se aferró a la mesa y embistió frenéticamente ese cuerpo inerte hasta que sintió las oleadas de leche llegar, le despachó 3 o 4 chorros en el interior para luego sacarla y desparramar por el vientre y las tetas lo que quedaba en su interior.
Habiendo acabado, volvió a meterla en la concha tibia hasta que se fue reduciendo en tamaño y vigor.
Su tía abrió los ojos, lo miró y dejo caer una par de lágrimas. “Hacía mucho tiempo que no tenía un orgasmo así, gracias hijo” fueron sus palabras mientras trataba de incorporarse.
Tita observó su cuerpo que aún temblaba, el reguero de leche que había en su vientre y al tratar de ponerse de pie, como aquel líquido blanco y espeso caía por sus piernas.
Tita: va a ser difícil que pueda recuperarme tan rápido como para trabajar en el jardín.
Dany: ya vamos para el jardín, quiero que te pongas las bragas y retengas mi leche en tu concha, hasta que terminemos de trabajar.
Tita: es algo incómodo, pero creo que lo mereces. Vamos a hacerlo.
Su sobrino tomó las bragas, las desenroscó y se las fue subiendo, arrastrando la leche hacia la concha que brillaba con la mezcla de flujos. La hizo poner de pie y le calzó bien a fondo la prenda, y tirando de los costados la metió entre los cachetes del culo, transformándola en una tanga improvisada. Tomó el vestido y se lo puso desde la cabeza, dejándolo caer hasta cubrir los muslos, le ayudó a colocarse las sandalias y se encaminaron al patio. Al ir por detrás, aprovechaba a tocarla y manosearle el culo.
Ya en el patio comenzaron la tarea, ella se removía pues la tanga improvisada la molestaba bastante, el recorría el ancho del patio con la cortadora de césped, mientras ella levantaba los restos del follaje.
En un momento ya no soportó la molestia de la prenda íntima y levantando el vestido, quiso sacarla y dejó su culo al descubierto. El detuvo la máquina y se acercó a ella por detrás, aprovecho que había una silla de hierro y la hizo aferrarse al respaldo, segundos después Tita sentía como la verga estaba nuevamente erguida y tratando de abrirse paso entre sus piernas.
Tita: por favor, aquí afuera no, pueden vernos y todavía no estoy repuesta, quizá más tarde, ¿si?
Dany igualmente la recorrió haciendo que abriera las piernas y cuando notó que volvía a humedecerse intentó penetrarla una vez más, pero ella se retiró.
“Soy una persona mayor, a mis 54 años no puedo llevar el ritmo de un joven pero te prometo que habrá más, solo quiero reponerme y terminar con esta tarea” le dijo mientras se dirigía al interior de la casa, él quedó solo en el patio y con ganas de más. Sabía que había satisfecho a la mujer y ese desempeño le auguraba más beneficios, guardó la verga dentro del short y completó el corte del césped.
Casi 40 minutos después Tita volvió al patio, con una remera holgada color negra que mostraba la ausencia de brassier y una calza corta que ajustaba el culo y amagaba a marcarle los labios. Tenía el cabello mojado y su cuerpo destilaba un suave perfume, muy dulce. Se sentó en la silla que estuvo a punto de ser instrumento de un nuevo encuentro sexual.
“No quiero perder la chance de volver a tener sexo con vos, pero la próxima vez deberá ser en una cama, donde yo pueda darte tanto placer como lo hiciste conmigo. Quizá sea esta noche, si es que Miry sale de ronda con sus amigos. ¿Hay algo que quisieras especialmente?” le dijo Tita mientras bebía un refresco.
“Sí, me gustaría que te quitaras los vellos y dejaras tu concha peladita, además de que me montaras” replicó Dany ya totalmente abierto a la charla. “Solo puedo recortarlos bastante, pero mi piel es delicada y temo lastimarme si quiero liberarla por completo” le respondió.
“Entonces solo vas a montarme y cabalgarme hoy, cuando vayas a la ciudad quiero que te la depiles totalmente” le pidió el sobrino.
Tita: debes saber algo, si hago algo así tu tío deberá saberlo, se sorprendería si nos acostamos y me toca, lo notará y deberé justificarme
Dany: ¿no tienes una malla blanca o de color muy claro? Sería la excusa perfecta
Tita: tienes razón, pero está en casa, no aquí. Cuando mañana vaya, la traeré
Dos horas después, habían terminado de arreglar el patio y acomodar los muebles para el fin de semana. Estaban ingresando a la casa cuando se sintió un golpe en la puerta, era Miriam que volvía de su paseo con amigos.
Miriam: ¿mamá por qué estaba la puerta cerrada?
Tita: estábamos en el patio Miry
Miriam: nunca cerramos la puerta mamá
Dany: fui yo quien cerró, no sabía que siempre dejaban abierto.
Miriam: tonto, jamás llevamos llaves cuando salimos, no tenemos bolsillos en las mallas.
Tita se aproximó a su hija y al pasar junto a ella notó algo extraño. “Miry, andá a ducharte por favor, lo necesitas” le dijo. Miriam miró sus ropas y notó algunas manchas, se puso roja de vergüenza y subió a bañarse.
“Te lo dije, no fue a la playa, estuvo con un noviecito. Menos mal que le doy la pastilla a diario” murmuró Tita con enojo.
Un rato después, fue turno de Dany de ducharse y bajar para la merienda. Entró al baño y encontró en el cesto de la ropa sucia el biquini de Miry, manchado de color amarillo, era muestra inequívoca de que había tenido sexo sin protección de su noviecito.
El resto de la tarde transcurrió en calma, y al anochecer, Tita fue a la casa de Elena a buscar a Teresa, dejando solos a Dany y Miry. Antes de salir, lo miró a Dany y con un gesto rápido le hizo seña de cuidado.
Ya solos, Miriam fue al patio donde Dany fumaba. “Por quedarte de jardinero, te perdiste una buena fiesta, pero si queres puedo hacerte una representación rápida” le dijo mientras levantaba su remera, mostrándole las tetas libres de prisión alguna.
Pero tranquilos, eso será parte de la tercera y última parte de esta historia.
Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.
Saludos,
PARTE III
Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro. Todos los que tenemos familias numerosas nos hemos enamorado de tías y primas en algún momento. Tener cinco tíos y tías acrecienta esa posibilidad y mucho más cuando varias de tus primas tienen edades parejas con la tuya, algunas más grandes y otras más jóvenes. Además, durante la juventud estás en plena ebullición de hormonas y ellas otro tanto. Continuación de la historia…
Tita fue a la casa de Elena a buscar a Teresa, dejando solos a Dany y Miry. Antes de salir, lo miró a Dany y con un gesto rápido le hizo señas de cuidado.
Ya solos, Miriam fue al patio donde Dany fumaba. “Por quedarte de jardinero, te perdiste una buena fiesta, pero si querés puedo hacerte una representación rápida”, le dijo mientras levantaba su remera, mostrándole las tetas libres de algún sostén.
Dany: Nena, estás totalmente loca. Si tu madre te encuentra así, arma un escándalo.
Miriam: Va a tardar mínimo media hora. Cuando se junta con Elena se cuentan la vida. ¿Te gustan mis tetas?
Dany: Estás muy caliente, se te nota, y eso que venís de coger con otro.
Miriam: ¿Cómo sabés eso?
Dany: Tu biquini en el baño tenía manchas de leche.
Miriam: Es un bobo, solo quiere ponerla y yo quiero más que eso.
Dany: ¿Qué más querés?
Miriam se aproximó unos pasos para quedar a escasos centímetros de Dany. “Quiero que me chupen, que me manoseen, que me la metan por todos los agujeros”, dijo mientras empezaba a bajarse la tanga. “Tengo ganas de ser una putita consentida, que me salpiquen de leche por todos lados, quiero chupar una verga y que me llenen la boca”, murmuró mientras pasaba sus manos por las tetas y bajaba hasta acariciarse la concha. Trataba de volver loco a su primo con sus acciones, pero él se mantenía quieto sin siquiera tocarla, aunque le sobraban ganas de cumplir con el pedido de ella.
“Vamos, apurate y dame algo de todo lo que pido, estoy hirviendo…”, le insistía de manera persistente.
Dany: Para todo lo que pedís hace falta mucho tiempo y ahora no lo tenemos. Tu madre ya debe estar por llegar.
Miriam: ¿Le tenés miedo?
Dany: No, pero no quiero problemas.
Casi rendida por no poder lograr nada, se agachó a buscar la tanga del suelo, pero en ese momento Dany se movió, le tomó la cabeza y la ubicó frente a su entrepierna. “Tenés muy poco tiempo, date un gusto: chúpame la verga”, le dijo mientras abría el cierre del short y sacaba la herramienta lista para la acción. Miriam se sorprendió de aquello, pero no podía negarse a cumplir algo de lo que tanto había pedido. Abrió la boca y, con muy poca experiencia a sus 19 años, comenzó una mamada torpe y rápida.
“¿Ves por qué te lo decía? Debe ser la primera verga que te metés en la boca”, le comentó mientras la tomaba de los cabellos e indicaba cómo llevar el ritmo de la mamada, llevando su instrumento desde los labios a la garganta. Las arcadas de Miriam se multiplicaban cuando el glande de su primo hacía tope en su garganta. Dany sintió que estaba a punto de explotar y no se detuvo hasta que la leche inundó por completo la boca de su prima.
Ella se atragantó, tosió y estuvo a nada de vomitar. No supo cómo aguantar el semen que recibió. Se retiró unos centímetros para tomar aire mientras el líquido fluía desde su boca: “Sos un animal, tenías que ser más delicado”, le gritó mientras se ponía de pie y abandonaba la cocina rumbo al baño.
Dany rió y no pudo menos que comparar la habilidad de Tita para seducirlo con la falta de experiencia de Miry. Lo invadió una duda: ¿Sabría Tita hacer una buena mamada o sería como su hija? Recordó las palabras de su tía: “En el oral, me gusta más recibir que dar”, y eso provocó que aumentaran sus deseos de saberlo. Seguramente intentaría si la situación lo permitía, pero se conformaba con lo que la madura le había ofrecido y cómo le brindaba su cuerpo.
Observó los restos de líquido que había dejado su prima en el suelo y rápidamente buscó un trapo húmedo para limpiar y eliminar cualquier rastro de lo sucedido. Tras hacerlo, se fue al patio a fumar.
Desde uno de los sillones, escuchaba cómo corría el agua en el baño del primer piso. Seguramente Miriam se estaba duchando nuevamente y quizá estaba lavando su biquini para borrar las marcas.
Cuando estaba apagando la colilla de cigarro, escuchó la puerta de ingreso a la casa y las voces de Tita y su hermana.
Tita se asomó al patio y lo vio sentado en uno de los sillones. “¿Está todo bien? ¿Dónde está Miriam?”, le preguntó. Él le guiñó un ojo y con una sonrisa le respondió: “Todo bien, tía. Miriam está arriba dándose una ducha o lavando su ropa en el baño”. Se aproximó y, hablando en tono bajo, preguntó.
Tita: ¿Intentó algo con vos?
Dany: Algo así, pero no quise generar problemas.
Tita: Gracias por resistir.
Dany: Tiene su premio.
Le dio una palmada en el hombro y se fue a ver a su hija.
La cena transcurrió casi en silencio, solo interrumpido por algunas acotaciones circunstanciales. Al momento de los postres, Tita informó que la mañana siguiente viajarían a la ciudad por las compras, buscar algunas prendas necesarias y pasar por el centro de estética, por lo que deberían acostarse temprano ya que madrugarían para cumplir con todo.
Miriam, enojada porque pensaba salir de marcha, subió al dormitorio a regañadientes junto a su prima. Dany ayudó a juntar la vajilla y lavarla, para luego ir a ducharse y volver a su bolsa de dormir, mientras Tita apuraba una copa de vino. “Esta chica me está volviendo loca, está desatada y no sabe controlarse. Ya empiezan a haber murmullos en la villa y eso no es bueno”, le contó a Dany mientras dejaba la copa en la mesa. Se acercó a su sobrino, le dio un beso en la frente sin permitirle que sacara las manos de la bolsa de dormir. Tenía en claro que si la tocaba no resistiría y él tampoco se detendría. “Vamos, dormite que mañana tendremos que irnos temprano para llegar a todo lo que tenemos que hacer”. Apagó la luz de la habitación y él se tuvo que conformar con mirarla mientras subía las escaleras meneando el culo.
“Espero que se den algunas cosas para poder tocarla otra vez, me vuelve loco pese a su edad. Sabe manejar muy bien los tiempos y me hace desearla más que a su hija”, pensó Dany mientras se deleitaba con el ascenso de Tita a su habitación. Estuvo muy tentado de dedicarle una paja, pero se conformó con saber que podría entregarle toda su leche en cuanto hubiese alguna posibilidad. Decidió dormirse y esperar la oportunidad.
Los primeros ruidos de la mañana lo despertaron. Ya había aroma a café y un murmullo que venía de la cocina: Tita y su hermana estaban desayunando.
Salió de la bolsa de dormir, acomodó su clásica erección matinal en el bóxer, se calzó un short y remera, fue al baño a asearse y acudió a la cocina. Lo esperaba el termo y el mate preparado para el desayuno. Lo recibió su tía con un beso en la frente y la hermana con un pedido inesperado: “Dany, extraño a mamá y papá, me quiero volver a casa”, le dijo mientras apuraba el café con leche y una medialuna.
“No te hagas problemas, Dany. Tuvo una mala noche con pesadillas y terminó durmiendo en mi cama. Es normal con una chica joven de 20 años. Tranquilo”, comentó su tía.
Miriam apareció en la cocina con su pijama ajustado, los ojos hinchados y rasgos de una mala noche. “¿Pudiste dormir, nenita? ¡Qué pesada estabas anoche!”, le disparó a su prima.
Tita: No seas mala, Miry. Tuvo pesadillas.
Miriam: No dejó dormir, mamá.
Tita: Dale, cámbiate que desayunás y nos vamos.
Miriam: Ufa, ya voy…
Desapareció de la vista de todos, rumbo al baño. Demoró bastante para volver con un vestido playero livianito y bastante transparente. Virtualmente deglutió el desayuno, tomó el libro que estaba leyendo y rápidamente se fue a ubicar en el automóvil.
Tita y Dany cerraron puertas y ventanas y aprovecharon que estaban solos para un beso y un magreo leve. Estaban muy calientes, pero tenían que irse rápido para no despertar sospechas. Se ubicaron en el vehículo y partieron rumbo a la ciudad. Eran solo 20 minutos de viaje. Tita puso música en la radio y manejó rumbo a la casa familiar.
Al llegar, vieron la camioneta de Román (el marido de Tita) estacionada y las persianas abiertas. Era extraño, ya que en ese horario debería estar en su estudio. “¡Buenos días! ¿Hay alguien en casa?”, se adelantó Tita, esperando no encontrarse con su esposo y su amante en el lugar.
Román: Sí, acá estoy.
Tita: ¿No fuiste al estudio?
Román: Anoche llamó Beto (el hijo), avisando que encontró una pensión y un monoambiente disponibles.
Tita: ¡Buenísimo!
Román: Pero hay que confirmar la ocupación entre hoy y mañana o pierde el lugar.
Tita: ¿Qué vamos a hacer?
Román: Después de mediodía me voy para allá a cerrar el trato. Vemos los dos hoy y decidimos qué lugar ocupará.
Tita: Román, hay que hacer las compras para el finde. Llegan tus amigos de San Luis.
Román: Hacete cargo vos, ya sabés qué comprar.
Tita: Teníamos planes con Miry.
Román: Aprovechen la mañana.
Miriam: Pá, ¿puedo ir con vos? Quiero comprar algo allá que aquí no hay.
Román: ¿Dónde vas a quedarte?
Miriam: En casa de la tía, con Mecha (la hermana de Dany).
Las caras iban cambiando a cada momento: enojo en Tita y Román, alegría en Teresa que veía la chance de volver a casa rápidamente. Dany no tenía reacción.
Román: Tita, que Dany te ayude con las compras. Mañana a la tarde estamos de vuelta y nos vamos a la playa.
Tita: Pero…
Miriam: Buenísimo, ya acomodo las cosas y la llamo a Mecha.
Román: ¿Ayudarías a tu tía, Dany?
Dany: Sí, tío, no hay problema, si ella quiere.
Teresa: ¿Me pueden llevar a casa? Extraño a mi mamá y mi papá…
Román, con alguna mueca de fastidio, accedió. Solo quedarían Dany y Tita en la casa. Se tendrían que hacer cargo de las compras y preparar todo para volver a la villa playera.
Marido y mujer se fueron a su habitación. Dany los escuchaba hablar mientras se cambiaba de ropas en la habitación de su primo. “Román, quiero ir a la depiladora y la peluquería. ¿Qué hago con Dany mientras tanto? Ya tenemos turno pedido con Miriam”, le decía Tita a su esposo. “Pedile que te dé turno en la mañana, mientras hago que él me ayude a preparar las cosas que tenemos que llevar a la playa, pero no te atrases que tengo que juntarme con Beto hoy a las 17 horas y tenemos 3 de viaje”, le respondió mientras acomodaba algunas prendas en un bolso y bajaba rumbo a la cocina.
Tita tomó el teléfono, llamó al centro de estética y consiguió que le diesen un turno solamente para antes de mediodía. Cortó la llamada y le contó a Miriam que no podía acompañarla a la esteticista. Lejos de enojarse, la joven le dijo que se las arreglaría, que quizá su prima le consiguiera quien solucionara el problema mientras su padre y hermano recorrían las dos locaciones.
Dany y su tío pusieron manos a la obra en la búsqueda de parrilla, leña, cañas de pescar y otros elementos, mientras Tita partió rumbo al centro de estética. Miriam aprovechó el momento y se fue a la piscina con amigas y amigos, aunque tuvo que llevarse a Teresa.
A mediodía, Tita regresó con unos paquetes con una vianda para el viaje de su marido, hija y sobrina. Se la veía con un nuevo tono de cabello y un peinado muy descuidado, producto de su nuevo corte de cabello.
Román la vio y emitió un silbido de aprobación. Se aproximó a su esposa y algo le murmuró al oído. Ella retribuyó el murmullo y Dany pudo observar cómo cambiaba la expresión del rostro de su tío. “¿Eso también te hiciste? Cuánto tiempo que no lo hacías”, le comentó con sorpresa. “Una de mis mallas es muy clara y se notaría demasiado”, fue la respuesta de Tita.
Él asintió con la cabeza y le dio una sonora palmada en el culo.
Dany supo rápidamente que Tita se había depilado completamente, algo que ambos habían hablado en medio de sus refriegas sexuales. Le sonrió a su tía, que se sonrojó cuando entendió que su sobrino ya se había dado cuenta.
A las 12:30 llegaron Miriam y Teresa: la chica con cara de aburrida y la joven con señales de haberla pasado mucho mejor. Ambas subieron al dormitorio a mudarse de ropas para afrontar el viaje. Miriam con un pequeño bolso con algunas ropas y Teresa con su mochila de viaje.
Román tomó los paquetes con las viandas, colocó los equipajes en la cajuela del auto y le entregó las llaves de la camioneta a Tita. “La vas a necesitar para traer todo, me llevo el auto”. Tita se adelantó y sacó algunas cosas del asiento trasero del vehículo y lo dejó sobre la mesa del comedor. Acompañó a su esposo, hija y sobrina al automóvil, ajustó los cinturones de seguridad de las mujeres, cerró convenientemente las puertas y se despidió de su marido. “Cuando llegues, me llamás y avisás cómo llegaron. Lo mismo si vuelven hoy o mañana por la mañana, así dejo para último momento las compras de carne. ¿Ok?”, le dijo mientras cerraba la puerta del conductor.
Se despidieron. Román puso el auto en marcha y, haciendo sonar la bocina, se puso en marcha.
Apenas desaparecieron de la vista de los dos residentes de la casa, Tita se encaminó a la puerta de acceso, hizo que su sobrino ingresara y cerró la puerta tras él.
Tita: Ya escuchaste a tu tío, Dany. Tenés que ayudarme en todo lo que te pida.
Dany: De acuerdo, tía.
Tita: Vamos a guardar todo lo que traje y buscaremos lo necesario para mañana. Lo acomodamos y dejamos todo preparado.
Dany se sintió descolocado. Imaginó que cuando todos se fueran se desataría el descontrol, pero nada de eso. Su tía bajó un par de cajas, se dispuso a guardar víveres y apilarlas una vez completas en el garaje.
Luego lo hizo subir a las habitaciones y, abriendo una baulera, retiró bolsos donde fueron colocando ropas que llevarían a la villa. Finalmente se dirigieron a la cocina. Abrió el refrigerador y retiró un par de latas de cerveza, un paquete con sándwiches de miga y tomó un paquete de servilletas de papel que dispuso en la mesa para almorzar.
Tita: Prepará la mesa que voy a ponerme más cómoda, así comemos.
Abandonó la cocina y volvió rumbo a su habitación. Pasaron unos 15 minutos y no volvía. Dany estaba inquieto ya que nada se estaba dando como esperaba. “Podés subir por favor, necesito una mano”, escuchó a Tita que lo llamaba. Dejó el sándwich que estaba a punto de comer y subió las escaleras. Se asomó a la habitación del matrimonio y no la vio allí. “¿Dónde estás, tía?”, preguntó. “En la pieza de Beto”, fue la respuesta. Se dirigió por el pasillo hasta la puerta entornada, abrió y la vio subida a una silla buscando algo en el placard. Llevaba puesto uno de sus clásicos camisones cortos y bastante livianos, el cabello húmedo producto de una ducha rápida, y al filo del camisón se veía una tanga breve de color roja. “No llego a bajar esas dos cajas”, le dijo sin voltearse. Parecía querer estirarse un poco más para llegar a las cajas y eso hacía que se subiese más el camisón, dejando a la vista cómo la tanga se perdía entre los cachetes del culo.
La visión hizo que la empalmada de Dany fuera automática. Se acercó lentamente y, sin saber qué hacer, se afirmó en la silla para que no se voltease.
Ella notó el movimiento y hizo un esfuerzo más por alcanzarlas sin lograrlo, pero ya dejando a la vista de manera descarada la tanga perdida entre sus nalgas. Dany dudó unos segundos y luego se decidió a acercar su rostro al culo y pasar la lengua suavemente por sobre la tela. La nariz de él ya se introducía entre las nalgas y el aroma a hembra le invadía los sentidos.
Puso la rodilla sujetando la silla y, habiendo liberado sus manos, las puso en el lateral de los muslos, subiendo lentamente hasta toparse con el elástico de la tanga. Hizo que la mano izquierda se aferrase a las carnes de ella y la mano derecha se paseara por el frente acariciando la abultada vulva de su tía.
Brotó un gemido de los labios de la mujer. Abrió apenas las piernas para permitirle una caricia más completa. Ella bajó los brazos, se afirmó a la puerta del placard y encorvó la cintura, echando atrás su culo.
Tita: Te lo había dicho, no en mi cama…
Retiró la mano derecha del frente y la metió entre ambas piernas, dibujando con el dedo mayor la raja completa de la hembra. Lo detuvo unos segundos en la abertura de la vagina y trató de meterle la tela dentro de su cuerpo. Eso le hizo perder el equilibrio a Tita y dejarse hacer en sus brazos.
Tita: Estoy lista para cumplir tus deseos, ya no hay un solo vello.
Dany: Me lo imaginé cuando el tío te dio un chirlo en el culo.
Tita: Pero él no se merecía ser el primero en disfrutarlo.
Dany: ¿Segura, tía?
Tita: Totalmente. Hoy cuando llegamos estaban las sábanas en el lavarropas. Anoche estuvo aquí con su hembra, las había cambiado antes de irnos.
La ayudó a bajar, haciéndole notar la verga dura en el culo mientras le apretaba las tetas. Dejó caer su cabeza hacia un costado, ofreciéndole su cuello para que lo llenara de besos, mientras se desprendía el camisón para que tuviese contacto directo con sus pechos erectos y pezones duros de deseo. Con los ojos cerrados, se giró y se puso de frente a él, dejó caer el camisón al piso y se quedó solo cubierta con la tanga. Se entregó a besos y caricias de pie mientras él la recorría con sus labios.
Rápidamente metió la mano entre las piernas y acarició con ardor la vagina de la mujer. Tironeó del elástico para desplazarlo hacia abajo y la desnudó por completo.
La tomó por el culo, la levantó en andas y la llevó hasta el borde de la cama. La posó sobre el piso y le permitió que le ayudase a quitarse toda vestimenta. Ambos desnudos, volvió a cargarla, la pegó a su cuerpo y la hizo bajar lentamente, llevando las piernas de ella alrededor de su cintura y encajando lentamente la verga en su interior.
Una vez clavada, empezó a sacudirla arriba y abajo, entrando hasta donde más podía, haciendo topes con las embestidas. Ella colgada de su cuello gemía y gritaba ante cada clavada. Se entregaba al sexo y deseo sin reparos, olvidando aquellas reglas que le había impuesto.
Quería venganza, gozar la venganza, gozar el sexo, sentirse perforada, embestida, empalada. A sus 54 años no podía creer cómo su cuerpo se sacudía y estremecía con las estocadas.
“No quiero que acabes todavía, tengo la necesidad de que te comas mi concha, pero está sucia ahora”, le decía entre los rebotes.
Dany: Así quiero comértela, sucia, empapada en jugos, chorreando de ganas.
Bruscamente cayeron en la cama, que estaba lista esperándolos, solo cubierta por una sábana que sería testigo de la satisfacción de ambos.
Salió de su cuerpo, le abrió las piernas y las dispuso en sus hombros para que fuese más sencillo chupar y absorber cada hilo de jugos que destilaba.
Al no tener vello alguno, la zona se veía amarronada en los laterales y con un rosa intenso en el centro, que se volvía un rojo más intenso cuando chupaba y mordía los labios mayores.
Tita ya no gemía, gritaba de placer y aceptaba la invasión y mordiscos sin reparo. A tal punto que, cuando estaba al filo del primer orgasmo, sus jugos habían empapado el orificio prieto de su ano, que fue penetrado por el dedo mayor de su sobrino. El cuerpo de la mujer se tensó, las manos de ella se clavaron en la espalda de él y despachó un chorro potente desde la concha, que acompañó con un grito feroz. Hacía años que no tenía un orgasmo similar. Ya ni recordaba cuándo fue la última vez que había sentido algo así.
Sentía cómo latían los músculos de su vagina, la cabeza le retumbaba, las piernas no le respondían y el ano latía desaforado.
Sintió que se desmayaba de placer. Por momentos su mente se puso absolutamente en blanco.
Solo reaccionó cuando sintió que la lengua era reemplazada por la verga de su sobrino, que lejos de permitirle un descanso, prolongaba el orgasmo con embestidas profundas. Los músculos internos de su vagina apretaban la verga. ¿A punto de tener un segundo orgasmo? ¿Dos veces seguidas? ¿Acabaría por segunda vez en tan poco tiempo? Sintió la leche llenarle cada centímetro de la concha y ya no pudo más, simplemente perdió la conciencia.
Despertó tendida en la cama de su hijo, mojada, agotada, toda cubierta de flujos y leche. No supo cuánto tiempo había pasado hasta que pudo levantarse y llegar a duras penas al baño. Abrió los grifos de la bañera y se metió en ella buscando relajarse y reponerse. Las piernas le temblaban y la concha le seguía latiendo. Pasó un buen tiempo en la bañera. Cuando notó que ya podía moverse sin titubear, completó el baño y se calzó otro camisón limpio, sin ropa interior ya que las costuras le molestaban. Bajó las escaleras y lo encontró sentado en la cocina, comiendo, reponiendo las energías gastadas. Se acercó a él, lo abrazó y, besándole las mejillas, le dio las gracias por semejante momento vivido.
“Hacía años que no tenía un momento así. ¿Qué puedo decirte? Me hiciste muy feliz y me dejaste más que satisfecha”, murmuró al oído de su sobrino.
“Yo también la pasé mucho más que bien. Me encanta haberte dejado tan contenta. Esta noche dormiremos juntos y quién sabe, quizá completemos algo más”, fue la respuesta de su sobrino mientras deslizaba las manos bajo el camisón de su tía.
“¿Algo más? ¿Qué se te ocurre?”, le preguntó inquieta.
Dany: Quiero verte cabalgarme y cómo se sacuden tus tetas mientras cogemos.
Tita: Uff, no te prometo nada. Solo sé que esta noche quiero sexo otra vez, ya que será la última en un tiempo, ¿sí?
Dany: Pienso cumplirte y que te dejes hacer, como lo hiciste hace rato.
Almorzaron y, tras un breve descanso, se vistieron y salieron de compras. Al volver, ordenaron las cosas que habían traído, se dieron una ducha para quitarse el sudor, cenaron liviano. Esperaron la llamada de Román, confirmaron que no llegarían hasta pasado el mediodía del día siguiente.
Ordenaron la vajilla y apagaron las luces para irse al cuarto de Miriam. Bajaron un par de colchones al suelo e improvisaron una cama de dos plazas. Se tendieron juntos y, bajo una luz tenue, se enroscaron en abrazos, besos y caricias. No había amor, era solo sexo y ambos lo sabían.
Eran casi las 12 de la noche cuando pasaron a la acción directa. Se despojaron de toda ropa, quedando desnudos en la cama. Ella empezó a trabajar la verga de él, buscando que se pusiera dura. Le costaba un poco, la acción de la mañana los había dejado algo agotados y esas 8 horas no habían sido suficientes. Él cambió de posición y se acercó a la concha depilada y algo húmeda, pero que necesitaba más calor. No lo dudó y empezó a trabajarla con la lengua, de manera más delicada que en la mañana pero con la misma intensidad. La humedad en ella crecía rápidamente, pero no lograba que él tuviese su máxima expresión.
Dudó un poco, pero se decidió. Amparada por la oscuridad, abrió sus labios y comenzó a mamarle la verga, tímidamente, como si no recordara cómo hacerlo.
Él sintió el calor de los labios de su hembra y un escalofrío le recorrió la espalda. Sabía que no era lo que más le agradaba a ella, pero lo aceptó de buen grado y, para hacérselo notar, se aferró a su culo y le puso más intensidad a la comida de concha.
Ella agradeció la actitud de su sobrino poniendo más esfuerzo en su mamada. Entendió que era algo mutuo y que, si quería llegar al máximo placer, debía mejorar su desempeño. Metía la verga a fondo, la llenaba de saliva, chupaba fuertemente, acariciaba con su lengua la cabeza mientras acariciaba los huevos. Ponía todo su empeño mientras notaba cómo él aceleraba la recorrida de su raja, hasta aceptó que humedeciera su ano y metiese la lengua dentro. Comenzó a descontrolarse y apurar las chupadas con más fuerza y pasión.
“Ya, ya estamos listos. Dejame montarte o voy a terminar otra vez”, pidió ella, pero no le hizo caso. Siguió comiéndose la concha y el culo de su tía que ya no pudo alejarse y terminó por propinarle una mamada intensa que acabó con leche llenándole la boca y la presión de sus piernas para que él no saliera de allí y le hiciera llegar a su tercer orgasmo del día.
Hizo un esfuerzo y tragó todo lo que pudo. No se arrepintió de haberlo mamado así. No dejó que se le bajara la verga, lo montó y se puso a cabalgarlo alocadamente, sabiendo que ya no llegaría a otro polvo más, pero quería cumplirle su promesa.
Cinco minutos después, ambos rendidos y sin poder concretar, detuvieron la acción. Ella se levantó y se fue a lavar para volver y dormirse acurrucada contra su cuerpo. Él tan solo se acopló a ella y así se rindieron.
Cuando el sol les dio en el rostro a ambos despertaron.
Tita miró el reloj: eran las 7 de la mañana. Sintió algo que se metía entre sus piernas. La verga de él había despertado, no así su dueño. “¿Qué mejor que esto?”, pensó ella. Abrió un poco las piernas, la guio a su interior y la abrigó. Se movió muy lentamente, buscando que su concha se mojase un poco más y, cuando estuvo húmeda, bajó una de sus manos a la entrepierna y ayudó con una masturbación a la búsqueda de su último orgasmo. Él despertó algo sobresaltado, pues los dedos de ella acariciaban su verga metida en la concha. Se aferró a la cintura de su hembra y comenzó el vaivén para completar la tarea. Un par de minutos después, los últimos dos chorros salían disparados en busca de la vagina de la mujer, mientras los flujos de ella lo empapaban.
Era el último polvo. No lo quisieron arruinar con palabra alguna. Descansaron unos minutos más, aún con él dentro de ella hasta que la erección desapareció. Ella se levantó, se dio una ducha, se vistió delante de él, regalándole la última visión de su cuerpo. Le pidió que se levantara, retiró las ropas del colchón llenas de manchas de flujo y semen, abrió la ventana para ventilar la habitación y bajó por el desayuno.
Tras higienizarse, él también bajó a desayunar. Se miraron y sellaron su pacto de silencio con un beso profundo y delicado. “Gracias por todo”, dijo ella. “Ha sido un hermoso placer”, respondió él.
Completaron el desayuno, partieron a realizar las compras que faltaban y volvieron a esperar a los viajeros. Eran casi las 12 del mediodía cuando se cruzaron por última vez a solas y él no pudo soportar la tentación. Le dedicó una recorrida con sus manos a sus pechos, concha y culo. Se estaban encendiendo nuevamente cuando oyeron la bocina del auto de Román. Se despegaron instantáneamente y, mientras Tita salía al encuentro de su familia, Dany encendió un último cigarrillo.
Habían pasado 3 días intensos y que quizá en algún momento se podrían llegar a repetir, pero no por ahora.
Espero tus comentarios y más que nada tu opinión.
PARTE IV
Buenas noches, mi nombre es Alejo y para mis amigos y amigas soy El Negro.
Llega el final de la historia…
La familia se atomizó un año después de aquel casamiento. Las intenciones de Tita de recuperar a Román fueron infructuosas: no bastó el cambio de indumentaria, el cuidado de su físico, el bajar de peso y estilizarse, no pudo con vaya a saber qué cosas le entregaba Rosa, su amante.
La recién casada emigró con su marido a España, donde tienen un emprendimiento gastronómico, Beto se radicó en Córdoba y abandonó los estudios de licenciatura en economía que su padre le exigía para dedicarse a la mecánica de autos de competición. Miriam echó por la borda su vida, se radicó temporalmente en El Bolsón uniéndose a una comunidad de artesanos y hippies, plena de descontrol, consumía alcohol a raudales y cada tanto se daba “viajes” con drogas. Tuvo 2 hijos.
Dos años después, Román la rescató y la internó en diversas clínicas de recuperación, logrando que se encarrilara y se dedicase al estudio de una carrera de Psicología, la llevó lejos de aquellos grupos y con un control estricto pudo reinsertarse en la sociedad.
Los años hicieron que se transformara en una personalidad reconocida por su trabajo y fuera contratada por numerosas empresas para organizar sus relaciones interpersonales, comerciales y de trabajo en equipo.
Su fama fue creciendo, y aunque ya no contaba con el apoyo de sus hermanos, se respaldó en su padre para progresar profesionalmente.
En lo familiar, apenas tenía contacto con sus hijos (una mujer y un varón), que simplemente la borraron de su mente y su historia.
Estaba muy dedicada a sus labores, cuando recibió una llamada de una amiga de la infancia: su madre Tita estaba internada con una enfermedad progresiva y terminal.
Si bien no tenían la mejor relación, estaba claro que ella la necesitaba. Volvió a su ciudad y se dedicó a cuidarla hasta que su vida se apagó a los 63 años. Como pudo, logró comunicarse con sus hermanos, los citó para finiquitar los trámites de sucesión, liquidar las pocas propiedades que quedaban a su nombre y cerrar esa etapa de su vida.
En ello estaba cuando recibió una propuesta de una firma multinacional para dictar cursos de trabajo en equipos, formar grupos de trabajo, analizar personal y demás. Se radicó temporalmente en Italia y volvió a Argentina 10 años después, como jefa de área y principal referente en capacitaciones.
Aun así, no volvió a formar pareja, ya que su pasado (internamente) la perseguía. Aprovechaba cada viaje de trabajo para enroscarse con ejecutivos, entrevistados o simplemente con cualquier hombre que le viniera en gana.
¿Y Dany? Se había vuelto un hombre de negocios, tenía un emprendimiento comercial pujante, había priorizado el trabajo por sobre parejas o familia. Dedicaba mucho tiempo a progresar económicamente, vivía por y para su empresa.
Sabía que Tita había fallecido, incluso se llegó a despedirla sin que sus primos lo supieran, en un viaje relámpago. Lo acontecido durante aquellos tres días posteriores al casamiento de su prima era un secreto que supo guardar hasta la partida de Tita. Aprovechó aquel viaje para llegarse a la casa de la playa donde todo se había iniciado y como estaba en alquiler temporal, la ocupó por tres días, rememorando lo vivido en aquel lugar.
Por el año 2015, se hallaba abocado a darle crecimiento a su empresa y decidió apuntarse a un curso que se desarrollaría en Buenos Aires, en los salones de conferencias del Hotel Marriot a fines de marzo.
Buscó un hotel cómodo y nada ostentoso, cercano a la sede y se registró para evitar demasiado gasto y movimientos.
El primer día de labor, se despertó temprano, desayunó y se fue caminando hasta la sede las conferencias. Observó a quienes ingresaban al recinto y creyó ver a una persona conocida, sonrió y se dijo a sí mismo “Estas loco Dany, ves fantasmas en todos lados”. Se sentó en las afueras del centro de conferencias, encendió un cigarrillo y trató de relajarse, antes de entrar a completar los formularios de participación.
Lo recibió una morocha de buen cuerpo y ojos celestes que parecía una modelo más que una integrante de la organización. Dio su nombre y apellido y la joven lo miró extrañada, le pidió que le reiterara el apellido para imprimir el gafete de participante. Cuando lo hizo, la muchacha hizo un gesto y llamó a una supervisora: le susurró los datos y la mujer de unos 40 años lo miró extrañada, pero aun así le dio el material de trabajo, un bolso publicitario para guardar todo y le señaló los paneles donde podría seleccionar las conferencias a participar.
Dany no entendía por qué ambas mujeres se extrañaban al oír su nombre y apellido, tomó los materiales y se dirigió a los paneles, tomó un anotador y escribió dos de las conferencias a las que pretendía asistir.
Buscó el sector donde se desarrollaría la primera de las charlas, se ubicó como siempre en mitad del auditorio y se dispuso a escuchar la exposición. Apagó temporalmente su teléfono y cuando las luces bajaron, se dispuso a escuchar al disertante. La falta de dinámica hizo tediosa la exposición, provocando bostezos entre los concurrentes, sin que Dany fuese excepción. Tras dos horas de palabras, imágenes y gráficas, las luces volvieron y se anunció un intermedio en el que los concurrentes podrían disfrutar de un refrigerio.
Dany se puso de pie y se encaminó al salón destinado a tal efecto, los comentarios era similares: sencillamente un bodrio.
Se sirvió un café, buscó una ventana abierta y saliendo al patio, encendió un cigarrillo. Estaba bebiendo lentamente el café cuando alguien le tocó el hombro: “¿Me da fuego caballero?” dijo una voz que le resultaba muy familiar. Giró y casi derrama lo que quedaba de la bebida, ahí a escasos 30 centímetros de él estaba Miriam, su prima, acompañada por la supervisora.
Dany: Miry, ¿qué hacés acá?
Miriam: soy una de las integrantes del staff de la organización
Dany dejó la taza de café en una mesa cercana y abrazó a su prima, que retribuyó el abrazo instantáneamente.
Dany: años sin verte ¿cuántos?
Miriam: 18, mínimo
Miriam le hizo un gesto a la supervisora que se alejó enseguida. Podría decirse que estaba igual: los ojos celestes intensos, un traje sastre entallado que resaltaba su figura menuda pero muy bien proporcionada, su clásica melena castaña quizá con algunas hebras plateadas en el cabello y pequeñas arrugas que marcaban que ambos pisaban los 50 años. Ella le estampó un beso en la mejilla y tomándolo de la mano lo arrastró a un costado, donde pudieron hablar un poco, antes de que la mayoría volviese al salón de conferencias.
Miriam: ¿en qué charlas te inscribiste?
Él le mostró sus apuntes y ella tomó el papel, lo arrancó, lo hizo un bollo y lo tiró a un cesto. “Vamos al lobby, nos tomamos otro café y nos ponemos al día. Las charlas de la mañana son un plomazo, solo para novatos. Lo bueno empieza a la tarde” comentó mientras tomada de su brazo se encaminaba al salón principal. En el camino saludó a varios de los trajeados que se cruzaban con ella y lo presentaba como su primo.
Llegaron al bar, se ubicaron en un sillón, ella hizo una seña y uno de los mozos se acercó prontamente. “Un latte para mí y un café doble, solo y sin azúcar para el señor” le dijo, recordando los gustos de su primo.
La charla fue muy amena, se pusieron al día con respecto a sus vidas, los recuerdos de la adolescencia y alguna que otra mención a la fiesta de casamiento de la hermana de Miriam.
“Estábamos desatados en aquel momento, éramos un par de desquiciados” contaba ella entre risas. Luego se pusieron un tanto más serios cuando recordaron a Tita y los ojos de Miriam se pusieron vidriosos cuando hizo mención a los últimos días de ella y las consecuencias de la relación de Román con su amante. “Sabes que se fueron a vivir juntos unos meses después de que mamá falleció, blanqueó la relación con Rosa aunque la salud de mi viejo no los dejó disfrutar demasiado” contó reteniendo las lágrimas. “No sabía nada de eso, como te imaginarás cortaron toda relación con mis viejos cuando todo se supo” contó Dany. Ella cortó ese tramo de la charla y recomponiéndose, se puso de pie.
Miriam: tengo que volver con mi equipo de trabajo ¿Dónde estás parando? ¿Nos juntamos a cenar?
Dany: en un hotel cercano. Si no tenés obligaciones, nos juntamos. ¿Dónde te veo?
Miriam: acá mismo, tipo 8 de la noche pero informal, nada de lujo, primo.
La vio caminar para unirse a un grupo de personas que charlaban en el otro extremo del salón. No había perdido para nada las formas, seguía siendo atractiva y provocaba que los hombres se dieran vuelta para observarla.
El resto del día transcurrió entre charlas intensas, alguna más interesantes que otras. Al finalizar, se fue a su hotel. Ya en su habitación, se dio una ducha reparadora, se vistió muy informal (jeans, una camisa y zapatillas), algo de perfume y salió en búsqueda Miriam.
Llegó al hotel y ella ya estaba en el lobby esperándolo. Cabello recogido, blusa beige, jeans ajustadísimos y sandalias bajas, preparada para caminar por las calles de Puerto Madero. Lo vio y poniéndose de pie fue a su encuentro, volvió a abrazarlo y le dejó un beso en la mejilla. Lo tomó del brazo y salieron a caminar a la vera del río.
Hablaban poco, se miraban mucho y se aferraban uno al otro. Se sentaron en un café de la zona, tomaron un trago acompañado por un sándwich, compartieron un cigarrillo (¿desde cuándo fumaba Miry?). La noche los fue rodeando y decidieron ir a cenar cerca, en un restaurant próximo al hotel de Dany. Ella apenas comió una ensalada mientras Dany degustaba un plato de carne.
Miriam: ¿puedo preguntarte algo, muy en confianza?
Dany: Dale
Miriam: ¿por qué no me cogiste cuando tuviste la oportunidad?
Dany: Uff, livianita la pregunta. Tu madre estaba muy pendiente y notó que me estabas provocando mucho.
Miriam: pero bien que me tenías ganas…
Dany: con las manoseadas que me pegabas, como para no querer
Miriam: ¿y cómo te arreglaste? Mirá que me obligaste a chuparla
Dany: vos lo habias pedido y yo te cumplí, pero no sabías como hacerlo
Miriam: me faltaba experiencia…
Dany: y ahora te sobra, ja ja ja ja
Miriam: bueno che, no es para tanto. ¿Tanta fama me hicieron?
Dany: tu vieja te cuidaba mucho, las vitaminas…
Miriam: si claro, vitaminas… Eran anticonceptivos, lo descubrí un tiempo después
Dany: lo hacía por vos
Miriam: pero me controlaba mucho, por eso después me descontrolé
Dany: ¿y ahora te controlas más?
Miriam: cuando quiero y con quien quiero. Después de mi segundo hijo, mi viejo me hizo esterilizar, lo hizo durante mi rehabilitación y se lo agradezco, sino hoy tendría varios hijos más
Se hizo un silencio duro y tenso.
Él le tomó la mano como señal de comprensión y afecto, para que ella no se quebrara. Miriam lo miró y dejó caer una lágrima acompañada con una sonrisa amarga: “Vámonos de acá, quiero sentir cariño sin testigos, ¿sí?” dijo mientras corría la silla hacia atrás y se ponía de pie. Él pagó la cuenta y salieron nuevamente al paseo. Iban tomados de la mano y al pasar por un sector algo oscuro ella lo soltó y pasó su mano por la cintura, acercándolo para darle un beso delicado, casi en los labios. “No quiero que la noche se termine, me gustaría quedarme con vos y recordar tiempos viejos” le dijo casi al oído. Dany la aferró por la cintura y sin decir palabra se encaminaron rumbo a su hotel, al ingresar saludaron a la recepcionista, él solicitó la llave de su cuarto y subieron las estrechas escaleras de la mano.
Llegaron a la segunda planta, él la guió hacia la última puerta, la abrió y extendiendo su mano derecha encendió la luz, para cerrar a sus espaldas. La giró y abrazándola, fue en busca de los labios de Miriam; se prendieron en un beso intenso, acariciándose mutuamente. Mientras se prodigaban cariño, se fueron desvistiendo uno a otro hasta quedar solo en ropa interior: ella llevaba un brassier color piel de puntillas y un hilo dental del mismo color, él tan solo su clásico bóxer negro.
Se miraron, como recordando sus épocas juveniles, sus cuerpos habían cambiado un poco, pero él la veía igual de atractiva como a los 18 años.
Rozó sus pechos de manera suave, desde el nacimiento hasta los pezones que empezaban a marcarse. Ella gimió levemente y levantando sus manos desplazó la tela hacia arriba liberándolos. Eran tal como el los recordaba, de tamaño mediano, con aureolas chicas y pezones color rosado, puntiagudos. Pasó los pulgares por cada uno de ellos, erizándolos aún más. Bajó los labios y atrapó primero el derecho, lo beso, lo apretó con ellos para luego mordisquearlo. Ella llevó sus manos a la cabeza de él y lo atrajo para que el chupón se hiciera más intenso y profundo. “¡¡Qué placer!! Cuánto me gusta que me hagas esto” dijo mientras cerraba los ojos disfrutando el momento.
Dany supo que era el momento de acelerar el trabajo y bajó la mano a la entrepierna de ella, para acariciarla por sobre la tela, sin dejar de torturar los pezones. La humedad de ella crecía tanto como la dureza de la verga de él y ella lo notó cuando se afirmó a su cuerpo. “Casi 20 años después, vamos a darnos el gusto. Hagamos que esto dure” pidió mientras trataba de buscar el borde de la cama, para sentarse y liberarse de las prendas que le quedaban puestas. Ya desnuda, tomó el elástico del bóxer y lo bajó lentamente, dejándolo expuesto.
Miriam: esta noche voy a comerme esa barrita y después la voy a guardar en mi interior
Lo acercó a la cama y tomando la verga la llevó a sus labios para besarla primero, pasar su lengua por el capullo después y finalmente meterla por completo en la boca. Le dio una chupada fuerte y la fue retirando lentamente para repetir dos o tres veces más el proceso. Ahora era Dany quien gemía ante el tratamiento recibido. Llevó las manos a la nuca de Miry y fue acompasando los movimientos de entrada y salida de la boca. Él se sentía en las nubes, pero no quería descargarse rápidamente en la boca de ella, quería prolongar el momento. La fue empujando hasta hacerla caer de espaldas en la cama, mientras le sacaba la verga de la boca. Se arrodilló entre sus piernas y abriéndolas, comenzó a recorrerle los muslos hasta llegar al centro de una concha que solo se cubría con una hilera mínima de vellos dorados que brillaban por los jugos que brotaban de la raja rosada.
Pasó la lengua por toda ella, deteniéndose en ambos extremos: el clítoris que se hinchaba ante cada recorrida y el ano que se contraía cuando la punta intentaba penetrarlo.
“Recostate que pienso montarte para que sigas con esa tortura que me encanta, mientras te devuelvo el favor” le pidió Miry.
Él accedió, se tendió en la cama y ella se ubicó sobre él, entregándole la concha abierta mientras se llevaba la verga al interior de su boca para chuparla y apretarla con sus labios.
Se degustaron tranquilamente, sin apuros hasta que ella decidió acelerar los movimientos. Él se aferró a su culo y abriéndolo prolongó los recorridos, dejando cada tanto su lengua en el interior de la concha. Sintió como los músculos de la vagina se empezaban a contraer y la boca de Miry apuraba los movimientos para provocar su eyaculación, la boca se le llenó de leche, mientras despedía flujos de manera abundante, como si también eyaculara.
Lo retuvo dentro de su boca, tragando todo lo que pudo, ahogándolo con sus jugos y presionando su cabeza con las piernas para que no saliera de allí. Cuando al fin se relajó, lo liberó: “¡¡Qué buen polvo!! Espero tengas algo más para darle a mi conchita traviesa” dijo Miriam mientras se bajaba de su cuerpo.
Dany estaba agotado, entre la acción y la presión que ella había hecho. “Esto es algo que nos había quedado pendiente primita” le murmuró mientras se acomodaba a su lado.
Miriam: Ya lo creo, pero nos sigue faltando coger
Dany: tranquila que no somos jóvenes
Miriam: lo sé, pero no pienso irme de aquí sin cumplir con eso.
Dany tomó un cigarrillo de la mesa de luz y lo encendió, le dio una pitada y se lo extendió, ella lo aceptó e hizo lo mismo.
Dany: ¿te quedaste con ganas de algo más?
Miriam: si, pero no vamos a ir por eso ahora. Necesito hacerte una pregunta
Dany: Decime
Miriam: jurame que no vas a mentir
Dany: cuanto misterio…
Miriam: Tita me confesó algo unos días antes de morir ¿fueron amantes?
Dany la miró sorprendido y dudó sobre la respuesta, pero debía serle honesto.
Dany: si Miry, aquella semana desde el casamiento, nos acostamos varias veces: en la playa, en tu casa. Ella me pidió que la ayudase a vengarse de tu padre.
Miriam: cuando me lo dijo no podía creerle, pero me dio detalles muy claros
Dany: espero que no te moleste, no sé qué decirte.
Miriam: nada, ella me explicó que hizo y por qué. Solo entiendo que eso la ayudó a intentar recuperar a mi viejo. No te culpo
Dany se sentó en la cama, esperando que Miry se sintiese mal y quisiera irse, pero nada de ello sucedió. Ella se acodó en la cama y mirándolo a los ojos, le sonrió.
Miriam: mamá me dijo que si en algún momento te encontraba y no había compromisos, intentara acostarme con vos, que lo disfrutaría enormemente, que eras muy caballero y sabrías cumplir conmigo como mujer.
Dany no lograba comprender lo que estaba oyendo de boca de su prima. Estaba en shock. “Vamos primito, no voy a enamorarme, estoy muy lejos de eso, pero quiero saber si mi madre tenía razón” le dijo dándole uno de sus clásicos empujones, mezcla de juego y afecto. Como vió que él no reaccionaba, se trepó en él, abrió sus piernas y lo atrapó, sentándose en su vientre. Comenzó a frotarse sobre su cuerpo, buscando excitarlo nuevamente, apoyo sus manos en el pecho de él y se arqueó buscando que su sexo tuviese roce con la verga que parecía cobrar vida.
Dany cerró los ojos y la dejó hacer, sintió los roces y como los labios de su concha se humedecían, haciendo un esfuerzo por llevarlo dentro de su cuerpo. Cuando lo logró, se sentó sobre él y comenzó una cabalgata suave, subía y bajaba sin dejar que la verga escapara de su interior.
Hizo muy lenta y prolongada su tarea, sin acelerar en ningún momento, sintiendo cada embestida, apretando su concha alrededor de la verga, disfrutado todos los movimientos, haciendo un esfuerzo máximo por llevarlo a lo más profundo de su ser y cuando ya no resistió más, aceleró apenas para explotar en un segundo orgasmo, no tan intenso como el primero, pero si tan satisfactorio como aquel. Se dejó caer sobre el cuerpo de Dany y atrapó su boca para fundirse en un beso profundo e intenso, agradeciendo lo disfrutado.
Ya relajados, fueron al baño a ducharse, se mimaron y besaron mientras se higienizaban. Volvieron a la cama desnudos y cuando ella estaba a punto de vestirse, él volvió a hablar “Miry, no te vayas. Quedate a pasar la noche juntos” le dijo. Ella sonrió y le contó que no podía, ya que le tocaba exponer a primera hora al día siguiente “te prometo que mañana me vengo a quedar hasta que termine el congreso ¿sí?” le respondió. Se terminó de vestir, tomó su celular y pidió un taxi “no hace falta que me acompañes, sino no querré irme” dijo mientras le tiraba un beso y se iba del cuarto.
Dany quedó solo en la habitación, encendió otro cigarrillo y lo fumó mientras pensaba en lo sucedido. Apagó la luz y se durmió rápidamente.
Al día siguiente, tras desayunar caminó hasta el salón de conferencias, firmó el ingreso a una de las charlas pero su cabeza no estaba ahí. Pensaba en Miry y lo que esperaba fuesen dos días fabulosos.
La mañana transcurrió de ese modo, al momento del almuerzo buscó a Miriam y no lograba hallarla. Se cruzó con la recepcionista y le pregunto por su prima. “La Sra., Miriam está reunida con dos integrantes de la comisión de la organización. Seguramente estará aquí en breve” respondió la joven.
Minutos después apareció y fue directo a buscarlo “Dany, tengo que viajar urgente a Montevideo por un problema con una de las filiales. Me voy en 3 horas. Andá a tu hotel y trae tus cosas, ya tengo los pasajes y la reservación allá, volvemos el lunes” dijo agitada. El corazón de Dany parecía desbocarse, apenas ayer se habían reencontrado y hoy ya lo invitaba a viajar con ella, era una locura. “Pero el curso y las certificaciones…” dijo, “No te hagas problemas, te las doy yo, tengo todas las certificaciones firmadas, dale apurate” le dijo mientras se iba al ascensor.
Dany salió casi corriendo del lugar y apenas tuvo tiempo de pedir el check out y guardar las cosas en su bolso. Pagó y volvió a la sede del evento, Miry estaba en la puerta esperándolo, se subieron a un taxi y se fueron a tomar el transporte a Uruguay.
Una vez que habían abordado, ella lo miró y comenzó a reírse. “¿Qué pasa Miry?” preguntó sorprendido “Nada tonto, inventé una excusa y pedí que me liberaran del evento. Nos vamos de viaje para estar tranquilos y solos en casa de un amigo que está de tour por Europa, tenemos dos días solo para nosotros” le dijo mientras le daba un beso en los labios.
Llegaron a Montevideo, ella pidió un taxi y se fueron a una casa en las afueras, en un barrio privado, se anunció en el acceso, le dieron la llave de la casa y el vehículo los llevó exactamente hasta la puerta de una casa importante. Ella abrió y tan pronto como entraron, cerró la puerta y se lanzó a sus brazos. “Vamos primito, no perdamos tiempo, la habitación principal está arriba pero usaremos la de invitados de la planta baja” le indicó.
Camino a la habitación, dejaron el equipaje en el comedor. Miriam lo guiaba por la casa: llegaron a una habitación en suite, con yacusi, una cama de muy buenas dimensiones, con un ventanal que daba a un patio interno desde donde podía verse el atardecer. Miriam accionó una perilla y la ventana se fue cubriendo hasta dejar la habitación en penumbras, pasó su mano por un sensor y se encendieron un par de luces tenues.
Con el ambiente creado, comenzó a despojarse de las ropas muy rápidamente hasta quedar tan solo con un hilo azul oscuro, con un triángulo semitransparente que permitía observar su vulva con algunos vellos prolijamente recortados. “Dale Dany, desvestite que tenemos que sacarnos la transpiración antes de venirnos a la camita” le dijo mientras se encaminaba al baño, para abrir los grifos y dejar correr agua en la bañera.
Mientras Dany se quitaba la ropa, la observaba preparar el lugar, vertiendo jabón líquido con aroma dulce que iba invadiendo el ambiente. Puso un pie dentro de la bañera y verificó que tuviese la temperatura adecuada, para luego quitarse la única prenda que la cubría. Ya estaba totalmente desnuda, el tiempo había dejado algunas marcas en su piel, pero seguía siendo una hembra apetecible. Dany solo se dejó el bóxer colocado y fue en busca de ella, que lo miró y notó que la verga iba ganando tamaño, si bien la recordaba algo más briosa, no le resultó despreciable. “Sacate todo ¿o te pensas bañar en calzones?” le comentó mientras estiraba su mano invitándolo a ingresar. Él hizo caso, se despojó de la última prenda y se metió junto a ella, en el agua caliente. Apenas se sentó a su lado, ella activó los chorros del yacusi y el jabón se transformó en burbujas que los fue cubriendo.
Se rozaron por primera vez y aquel roce los llevó a los primeros besos y caricias. Los pechos de Miry fueron centro de atención para él y la verga se trasformó en una palanca que ella maniobraba con habilidad.
Los besos se hicieron intensos, las caricias profundas y Dany trató de llevarla sobre él, ubicándola de espaldas para favorecer su magreo de tetas y buscar que la verga se abriera paso entre sus labios.
Miriam: tranquilo muchachito… antes de comenzar, vamos a ponernos de acuerdo en algunos detalles
Dany: eso me suena familiar…
Miriam: también lo sé, hubo un pacto aquella vez con Tita y ahora lo habrá conmigo.
Dany: bueno, te escucho
La acomodó para que la verga se metiese entre las piernas de ella y se dispuso a escucharla, sin dejar de acariciarla.
“Primero y principal: lo que suceda aquí, aquí se quedará. Nada de comentarios, con nadie. Segundo: cada encamada que nos peguemos, se iniciará con una hermosa mamada de concha y besitos negro que son mi debilidad. Por último, debes prometerme que no vas a buscarme y si volvemos a encontrarnos, será de manera accidental, nada programado. ¿OK?” le dijo con voz firme.
“Muy bien, aunque lo último será difícil. ¿Qué gano yo? En mi pacto anterior, hubo algún beneficio que solicité” consultó Dany mientras ya movía descaradamente la verga adelante y atrás.
“Tengo varias de tus debilidades cubiertas, producto de lo que sabía y de lo que a mí también me agrada. ¿Qué se te ocurre?” consultó ella algo intrigada.
“Quiero tu culito, en servicio completo” le respondió Dany.
Miriam se lo pensó un poco, pero la fricción que Dany le propinaba la estaba excitando mucho, ya estaba necesitando que la penetrara. Los pezones le dolían de la erección que tenían y el agua disimulaba los fluídos que se disparaban de su concha a raudales. “Bien, solo será una vez ya que no quiero tener dolores ni molestias cuando deba volver a mi trabajo. Soy algo estrecha, pero me gusta sentir algo dentro de mi cola de tanto en tanto” le confirmó Miriam.
Se tomó del borde de la bañera y se puso de pie, para salir de allí le paso la concha a escasos centímetros de la cara a Dany, que la sujetó y la acercó para depositarle un temible beso de lengua entre los labios vaginales. Se mantuvo de pie afirmada en la mampara que separaba la bañera del resto del baño, para permitirle que ese beso fuera intenso y profundo.
Miriam: a la cama Dany, quiero que me la comas ya mismo.
Con esfuerzo se despegó de él, apenas se secó para evitar caerse y marchó rumbo a la cama, donde se tendió boca arriba, abriendo las piernas al máximo para que él fuese rápidamente a cumplir con su promesa.
Dany salió y se secó casi tan rápido como ella y amagó una corta carrera hasta el borde de la cama. Miriam afirmó la planta de los pies en el borde del colchón y levantó un poco el vientre, dejándole a la vista su sexo brilloso y bien abierto. Dany se arrodilló en la alfombra y pasó los brazos por debajo de las piernas, acomodándose para iniciar el recorrido de esa cueva caliente con una lengua traviesa que investigaba cada milímetro. Ella hizo un esfuerzo más para levantar la pelvis y mostrarle el agujero amarronado, prieto y palpitante que requería su atención.
También lo comió, lo mojó y trató te abrirlo a fuerza de hundir la lengua en el pequeño orificio. “Por favor, qué bien se siente, como lo disfruto, qué deseos me estas provocando primito” murmuraba Miriam entre gemidos. Dany seguía recorriéndole el culo, la concha, los labios y se detenía chupando intensamente el clítoris que se inflamaba a cada tirón que daba con su boca. Tal y como lo había hecho con Tita, aprovechaba los fluidos que resbalaban para introducir un dedo en el culo, intentando dilatarlo lentamente sin forzarlo.
Ella estiró sus brazos y llevó la cabeza de Dany a lo más profundo y sacudía su pelvis para que la lengua la penetrara y la hiciera gemir de placer.
Comenzó a tensarse y con un aullido acabó, despachando chorros de líquidos desde su concha, temblaba mientras los espasmos se repetían uno tras otro. “Cogeme, ahora, ya, no me hagas desear más, lléname de verga” pidió a gritos. Él apenas pudo ponerse de pie y en dos movimientos la penetró tan profundo como podía, la bombeaba vigorosamente buscando descargarse en su interior lo más pronto posible. Demoró apenas unos minutos y se descargó por completo y cayó rendido sobre ella, que bajó sus piernas hasta dejarlas colgando de la cama. El peso de Dany era mucho, por lo que ella en un esfuerzo lo giró y quedó montada sobre él.
“Primito, como me arrepiento de no haberte cogido antes, que buen polvo me regalaste, hacía rato que no acababa de esta manera. Te ganaste mi culo con todas las de la ley” le dijo mientras lo abrazaba.
Ambos quedaron rendidos sobre la cama, los dos días de sexo pleno se iniciaban, pero nada fue como esa primera vez encamados sin apuros y disfrutándose a pleno.
La noche dio el pie para que ella cumpliera entregando el culo, pero no fue tan agradable como esperaban. Tan solo la última noche permitió una entrega completa, pero no tan fogosa como ese atardecer.
La mañana de la partida, ella le demostró que había aprendido a mamar una verga de buena manera, y con ello terminó la aventura entre ellos. Llevan casi 6 años sin verse y esperan en algún momento volver a encontrarse, mientras tanto Miriam prepara su culo con juguetes para entregarle el polvo anal que le debe a Dany y él sueña con llenarle las entrañas con una acabada memorable.
FIN
Agradezco a Rosaura por haber confiado en mí para poner en estas 4 entregas la historia que deseaba contar.
Espero tus comentarios, y más que nada tu opinión.
Saludos,
Alejo Sallago