Relatos Prohibidos
Inicio Hetero Entre toallas y sudor Entre toallas y sudor

Entre toallas y sudor

5584 palabras

17,310

Llevaba varios meses acudiendo al gimnasio a diario y pasando en el más horas de las habituales y todo debido a las complicaciones con mi pareja en esos momentos. Había pedido una excedencia de un año en el trabajo, lo que se llama un año sabático, pero mi tiempo se desparramaba entre el gimnasio, el bar para comer y la enorme terraza de la que dispongo, en la cual me sumía en la depresión. Habían pasado casi la mitad de mi tiempo vacacional y seguía hundido. Con la única mujer que he mantenido una conversación es la de la entrada del gimnasio, y si no calculo mal pasaba de los 50. Desde que me encerré en mi, la he notado mas cercana que nunca y no es la primera vez que su mirada se distrae por mis pantalones. Estaba en la ducha cuando me pare a pensar en todo esto, y cual fue mi asombro que mi polla incluso despertó de su letargo. No había hecho nada para estar tan erecto, lo único recordar a la portera.

Habrían pasado un par de días desde el incidente de la ducha, cuando me encontraba en la sauna casi preparado para salir a las piscinas de agua fría cuando entre los vapores creí ver una persona.

– Quien esta ahí? – pregunte.

Pero no recibí contestación alguna. Olvide la silueta y me metí en las frías aguas para relajar del todo mi cuerpo. Tras unos minutos de fríos y tembleques salí y me tumbe en el banco junto a mi taquilla, cerré los ojos y me dispuse a relajarme. Un repentino gesto me saco de golpe de mi estado, delante mía, Irene, la mujer de la puerta, me miraba fijamente y sin cortarse en exceso.

– Me has asustado Irene.

– Perdona Luis, no era esa mi intención, mas bien todo lo contrario.

-¿Que quieres decir? – pregunte con curiosidad.

– No me digas que no te has fijado? si me tienes muy calada.

– No, no se a que te refieres – preferí hacerme el despistado por el momento.

– Entonces lo mejor será aclarar el tema.

Dicho esto tiro del banco unas toallas sucias las dejo en el suelo y en ellas se arrodillo para tener total acceso a mi polla.

– Dios! me moría de ganas de verla y tocarla, llevo demasiado tiempo viéndola apretada bajo los pantalones.

No tuve respuesta, mi polla se vio engullida entera por aquella mujer, apretando su cabeza contra mi polla, acariciando con fuerza y sabiduría mis cojones hinchados de no usarse.

– Así Irene! Uuummm?… cométela toda, eso es, hasta los huevos, vaya boca tienes el pecado bendito.

Irene se comía toda mi polla una vez tras otra, mordía mi capullo hinchado por la excitación y lamía su tronco enredado en enormes venas furiosas de goce.

– Ahora tú, fóllame la boca tú – me pidió, a la vez que se apoyaba contra el banco para yo poder hundirme entero dentro de su lasciva boca.

Aquella imagen me excito todavía mas, ella ahí aguantando mis embestidas, acariciándose el clítoris y pidiendo ser follada salvajemente. Me retire de su boca, sabia que podía correrme enseguida, ella abrió su coño dejando ver sus gruesos labios y sus sonrosadas paredes vaginales.

– ¿Quieres que sea yo quien te coma todita?.

– No! vamos, métemela ya?… necesito sentir todo eso dentro de mi.

Abrí sus piernas al máximo, acerque mi polla a su entradita y la metí sin piedad 3 o 4 veces seguidas, haciéndole sentir los escalofríos propios del orgasmo. Gemidos lascivos y suciedades varias salían de su boca, estaba cachondisima y no tenia ganas de poner freno. Seguí bombeándola con fuerza y follamos en varias posturas, hasta que un escalofrió se arranco desde mis huevos e inundó todo mi ser. Yo avise de que me corría como un poseso, ella no se dejo, y saco mi polla de su coño y se la volvió a tragar haciéndome tener un orgasmo de ciencia ficción, chorretadas y chorretadas de leche salieron de mi, pero nada se perdió en el camino, Irene se encargo de toda, y siguió mamándome hasta de nuevo ponerla dura.

– Vaya vaya, parece que quiere mas eh…

– Si, pero esta vez a mi manera.

Sin mas palabras la tumbe en la colchoneta de una sala, la separe de piernas, y mi lengua se hundió en aquella maravillosa rajita. Chupaba como un desesperado, su clítoris estaba a reventar y su coño lleno de sabroso flujito que yo deleitaría.

– Así, así comételo todo… mete mas la lengua… no te dejes nada, chúpame?… chúpame toda cabrón.

Me tire en trompa a conseguir al menos un par de orgasmos de aquel coño. Así fue, poco mas aguanto mis lengüetadas y un divino orgasmo la llevo al paraíso, seguí lamiendo más fuerte y me aventure a meter un dedo por el culo.

– Eso no lo conozco yo, mi culo es virgen.

– Hasta hoy! – dije con decisión – Voy a follarte el culo!.

La moví hasta ponerla a 4 patas, lamí y relamí su ojete ensalivándolo bien, luego poco a poco mi polla se fue abriendo camino. Irene entre jadeos y algún pequeño escozor me pedía que siguiese.

– Fóllamelo! métete en mi de nuevo, enséñame a gozar de esta parte de mi cuerpo.

Oírle decir esas cosas me ponía más salidorro aun, así que empecé a decirle guarradas yo también a ella. Ella enterraba su cara contra la colchoneta intentando ahogar los gritos, yo me clavaba en su culo, con todo el placer que ello conlleva, amasando sus tetas y clítoris a partes iguales. Mis enculadas se volvieron frenéticas y encule a Irene con todas mis ganas y todo mi cariño, volviendo a correrme esta vez si dentro de ella.

Caímos muertos sobre la manchada colchoneta, besándonos y diciéndonos lo agustito que nos habíamos quedado. Tras este encuentro decidí que la vida hay que vivirla, y retire mi excedencia, volví a trabajar y a vivir!. Por cierto nunca más volvimos a acostarnos, ella dejo el gimnasio.

Autor: ekintza

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.