Relatos Prohibidos
Inicio Hetero Sexo con mi hermana dormida. O eso creía yo Sexo con mi hermana dormida. O eso creía yo

Sexo con mi hermana dormida. O eso creía yo

7565 palabras

8 minutos

1,699

En aquella ocasión, yo tenía 18 años y mi hermana 27 años. Fue unos días después de haberme desvirgado con ella.

Era verano y mi hermana menor estaba con su novio en el chalet de sus suegros, pasando el fin de semana.

Era sábado y mi hermana mayor salió con su novio a celebrar el cumpleaños de su cuñada. Yo salí con unos amigos a pasar la tarde. Regresé a casa pasadas las 12 de la noche. Mis padres ya estaban acostados y mi hermana aún no había regresado. Después de ponerme más cómodo, con un bañador tipo bóxer, fumé un cigarro en mi ventana y me tumbé en la cama a ver un rato la tele. Como tenía TV por cable, puse el canal porno, sin sonido, para que no lo escucharan mis padres si se despertaban. Me estaba quedando dormido, sobre la 1;30 de la madrugada, cuando sentí la puerta de casa abrirse y cerrarse y un ruido como de un tropiezo. Salí de mi habitación y vi a mi hermana que se había tropezado con una silla. Estaba bastante ebria, por lo que la ayudé a llegar a su cama. Por suerte mis padres no oyeron nada. Mientras la agarraba para llevarla a la cama, rocé intencionadamente su teta derecha y noté cómo su pezón estaba duro. Llevaba una blusa blanca que se le transparentaba un sujetador color carne, y una falda azul ajustada, por encima de las rodillas, que dejaba ver buena parte de sus muslos y se le insinuaba su redondo culo. La dejé en su habitación y se tumbó sobre la cama, boca abajo, y la falda se le subió un poco, llegando a ver el principio de su culo y un tanga negro. Volví a mi habitación, cerrando la puerta de la suya y seguí viendo la película.

Al poco rato sentí a mi padre levantarse para ir al servicio. De regreso, me preguntó si había llegado mi hermana y le dije que sí, que hacía rato. Se despidió y regresó a su habitación. Esperé un tiempo prudencial y me levanté, saliendo de mi habitación, disimulando para ir al servicio. De regreso, miré a la de mis padres comprobando que estaban dormidos. Cerré la puerta de mi habitación y abrí la de mi hermana entrando y cerrando la puerta tras de mí. Me acerqué a ver cómo estaba. La encontré despierta, moviéndose en la cama, y todavía con la ropa. Me sonrió con un brillo pícaro y me dijo que me acercara. Me senté en el borde de la cama y empecé a besarle el cuello, mientras ella se quitaba lentamente la blusa, dejando ver sus pechos cubiertos por el sujetador. Se incorporó un poco y me ayudó a desabrocharlo, dejando sus tetas al aire, con sus aureolas rosadas y sus pezones erguidos. Me miró fijamente, con complicidad, y me dijo que continuara.

Le besé los pechos, primero uno y luego el otro, mientras ella se reía en voz baja. Me ayudó a quitarle la falda y el tanga, dejándola casi desnuda, solo con la ropa interior a los pies. La tumbé boca arriba, me coloqué entre sus piernas y empecé a acariciarle los muslos. Ella abrió las piernas y me miró, con una sonrisa traviesa, como invitándome a más. Deslicé una mano por su sexo, apartando el tanga y notando cómo ya estaba húmeda. Me miró y susurró “sí, hazlo”, como si me diera permiso definitivo. Entonces le besé el vientre, bajando despacio hasta su coño, separé sus labios y metí mi lengua, lamiendo de arriba abajo y explorando su clítoris. Escuché cómo gemía despacio, intentando controlar el volumen, y sentí cómo se humedecía aún más. Cuando noté que estaba a punto de correrse, apreté un poco más con la lengua y ella lanzó un gemido corto, soltando un suspiro de placer. Me incorporé y la vi sonriendo, con los ojos brillantes, completamente despierta y cómplice.

Me quité el bóxer, que ya estaba empapado, y me coloqué sobre ella. Me miró y asintió con la cabeza, como diciendo “adelante”. Guié mi polla hacia su coño y la introduje poco a poco, notando cómo se abría para mí. Comencé a bombear despacio, mirándola a los ojos, viendo cómo se mordía el labio, intentando no hacer ruido. Ella se movía al compás de mis embestidas, abrazándome por la cintura y apretándome con las piernas. Sentí cómo su coño se estremecía en torno a mi miembro y cómo su respiración se volvía más agitada. Cuando noté que estaba a punto de correrme, saqué la polla de su interior y me derramé sobre su vientre, dejando dos chorros de semen caliente. Me agaché, me limpié un poco con unas toallitas que tenía en su mesita y luego le di un beso en el coño, un lametón final en sus pezones y un beso en los labios. Ella me sonrió, se acomodó las bragas y me miró con complicidad antes de que yo regresara a mi habitación.

A la mañana siguiente, me levanté y mis padres habían salido. Mi hermana estaba aún durmiendo. Me preparé el desayuno y me senté en el salón a ver la televisión. Al poco rato salió mi hermana para ir al servicio y me saludó con una sonrisita y un guiño. Volvió a su habitación. Con ese gesto, supe que todo había sido consensual y que ella lo había disfrutado tanto como yo.

Al poco rato, salió de su habitación, vino a mi lado y, sin decir nada, me bajó el pijama, se colocó delante de mí y comenzó a lamer y besar mi polla, sintiendo la humedad de su lengua recorrer mi miembro. La dejé hacer, sintiendo el placer de sus besos y lamidas, hasta que se la metió en la boca y comenzó a mamar, subiendo y bajando sus labios por mi polla. Después de un rato, la tumbé en el sofá y quitándole el tanga, dejándola desnuda, comencé a besarla desde los pechos hasta su monte de Venus, separándole los labios vaginales y pasando mi lengua entre ellos. Volví a subir besando su vientre y sus pechos, aproximé mi polla a su entrada y poco a poco comencé a penetrarle el coño, rodeándome la cintura con sus piernas. Después de un rato bombeando, la saqué y colocándola de perrito, se la inserté en el culo, inundándolo con mi leche, mientras ella llegaba al orgasmo con mis caricias en su clítoris.

Ya no había dudas, mi hermana no estaba dormida cuando la follé la noche anterior.

Nos dimos un apasionado beso y volvió a su habitación con el tanga en la mano. Yo me quedé tumbado en el sofá, satisfecho y con los ojos cerrados. No me di cuenta del tiempo que pasó y al poco rato escuché el sonido de la ducha. Me levanté y fui hacia el baño. La puerta estaba entreabierta, por lo que pude ver cómo el agua recorría todo su cuerpo, salpicando cuando los chorros de la ducha daban en sus pezones y sus pechos. Me acerqué, cogiéndole la manopla, y comencé a enjabonarla por la espalda, acariciando las deliciosas nalgas de su hermoso culo. Ella se dejó hacer, inclinándose un poco más, disfrutando del contacto. Después de que terminara de ducharse, lo hice yo, repitiendo ella lo mismo, incluso me lavó la polla, haciéndome una paja con la manopla y el jabón.

La mañana transcurrió con normalidad. Yo salí con unos amigos hasta la hora de almorzar. Cuando regresé estaba sentada en el sofá, con una bata de botones con un gran escote, que casi se le salían las tetas debido a que tenía dos botones rotos, y se le veían los muslos, porque era muy corta. Estaba hablando con su novio por el móvil. Al mirarla pude observar que no llevaba ropa interior, por lo que me senté a su lado y, sin mediar palabra, metí mi mano por debajo de la ropa y le empecé a acariciar el coño, metiendo mis dedos entre sus labios vaginales y dándole masajes en el clítoris. Ella abrió las piernas y se dejó masturbar, mientras hablaba con el novio, intentando evitar los gemidos. Cuando colgó, se dejó llevar hasta que sentí los espasmos de su coño y los flujos en mi mano de su orgasmo. Nos dimos un beso en los labios y la dejé que se recuperara y me fui a mi habitación a cambiarme de ropa y ponerme más cómodo.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a relatosprohibidos.net.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.