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Me llamo José y llevo tres años y medio con Isabela Medina, mi novia. Isabela es de San Antonio, tiene 26 años, piel morena clara, cabello negro largo y ondulado, senos redondos y firmes, unas piernas que vuelven loco a cualquier hombre y, sobre todo, un culo grande, redondo y jugoso que provoca morderlo o nalguearlo. Yo soy un tipo normal, en forma porque hago gym, y para mi apreciación tengo un pene que se podría considerar complaciente para una mujer (16 o 17 cm).
Una noche mientras veíamos porno en la cama se me ocurrió preguntarle algo un poco loco:
— ¿Y si nosotros hacemos una película porno?
Isabela se puso a reír y dijo que no, que no sería capaz, aunque sí se notaba algo de deseo en sus ojos. Le insistí en el transcurso de los días porque sentí que ella en cualquier momento diría que sí. Con el pasar de los días ella terminó aceptando hacer un video con nuestra cámara. No fue una grabación mal hecha: decoramos la habitación de manera elegante e intentamos hacer las cosas de la manera más sensual y disfrutable para la cámara. El producto salió muy bien, nos veíamos muy sexis y la pasión se podía sentir viendo el video. A Isabela inclusive la ponía cachonda verlo y me pedía sexo cada vez que lo volvía a ver.
Tomamos la decisión de subirlo a una plataforma de porno y con el pasar de las horas las visualizaciones incrementaron de manera exponencial y los comentarios también. Hombres y mujeres (aunque mucho más hombres) comentaban halagando más a Isabela por sus movimientos, por su cuerpo, por sus gritos y gemidos y confesaban que era de sus videos favoritos para hacerse pajas. Eso lejos de ofendernos nos hizo sentir muy halagados, pero esto apenas empezaba.
Unos 3 días después de haber subido el video encontré un comentario interesante. Una persona que decía ser representante de una productora de porno profesional me proponía hacer un casting pues el equipo de esa productora se encontraba en nuestra ciudad. La propuesta fue para ambos, así que conversándolo con Isabela decidimos que queríamos más información sobre la propuesta. A través de correo electrónico nos dieron a entender que podríamos poner nuestras condiciones. A lo que yo propuse inmediatamente que las escenas de sexo debían ser exclusivamente entre Isabela y yo. La respuesta de ellos fue ambigua y no dejó nada claro. Al final simplemente nos dijeron que si estábamos de acuerdo nos presentáramos en una mansión en las afueras de la ciudad donde se estaban llevando a cabo las operaciones de la productora. Luego de conversarlo mucho con Isabela y analizar los pros y contras de la situación decidimos asistir sin saber yo lo que se avecinaba.
Llegamos a aquella mansión a las 09:00 de aquel viernes y de entrada ya todo me lucía raro. A pesar de que yo iba súper entusiasmado, Isabela en el camino iba callada y se le notaba algo de nerviosa. Había una piscina enorme en el patio donde yacían hombres muy atléticos (unos 7) y apenas 3 mujeres. Los hombres llevaban traje de baño, las chicas estaban completamente desnudas. Isabela me miró con cara de enojo y luego sonrió al fijarse de cómo yo me quedé con cara de tonto viendo a las chicas, sin embargo me seguía pareciendo raro que hubiera más hombres que mujeres.
De pronto se nos acercó quien nos había enviado la propuesta, se llamaba Leo y vestía ropa de polo. Hablaba con mucha amabilidad pero también con mucha prisa, pues nos pidió que firmáramos rápido los contratos y fuéramos pronto a los vestuarios porque el filme iba a tener temática fetichista. Acompañé a Isabela a su cuarto luego de firmar sin leer bien el contrato y fue cuando todo se enrareció de verdad. En el vestidor de Isabela había todo tipo de prendas muy muy eróticas: desde mallas hasta prendas de cuero y látex, botas de caña alta, tacones altos, medias de rejilla, bragas abiertas… de todo. No pude dejar de sentir un poco de celos al ver lo que mi novia iba a usar para deleite de cientos de hombres, pero me calmaba el hecho de que lo que fuera a hacer lo haría conmigo. Error.
Una mujer encargada de vestuario y maquillaje me pidió que abandonara la habitación y otro tipo me llevó a otro lado. No quería dejarla sola, pero Isabela misma me pidió que lo hiciera si queríamos disfrutar de la experiencia y también si queríamos ganar ese dinero.
Bien, seguí al tipo y este en vez de llevarme a un vestuario me llevó a un living. Me invitó a sentarme en uno de los muebles y me pidió que esperara ahí. Extrañado me senté de todas formas en el sofá esperando que me dieran alguna directriz, pero pasó una hora y nadie venía. Ahí seguía solo en esa sala.
Luego de unos minutos más, Leo apareció y me dijo:
— Mira José… La verdad es que tenemos ya demasiados actores hombres para esta producción pues a ustedes los llamé en pareja porque uno de mis actores se había retirado de la misma pero ya regresó y pues por ahora solo nos basta con Isabela… ¿Entiendes verdad?
Yo me enojé con Leo y le dije que esto no era lo que habíamos acordado y que no estaba dispuesto a permitir que mi novia fuera filmada teniendo sexo con otro hombre. Leo solamente se rascó la nuca mientras con voz temblorosa me decía:
— Mira José, ustedes acaban de firmar un contrato y en él no dice por ningún lado que las escenas de sexo deban ser exclusivamente entre Isabela y tú. Ahora tienen que cumplirlo y nosotros cumpliremos con nuestra parte que será pagarles el contrato y todo tipo de regalías que posteriormente genere esta y las demás películas que filmemos con Isabela.
— ¿Con Isabela? ¿Otras películas? ¿De qué me estás hablando Leo? ¿Cómo que otras películas? ¿Y yo qué? — pregunté sorprendido y asustado.
Leo respondió:
— El contrato que firmaron nos da la potestad de decidir quién de los dos actúa y quién no. Además el contrato es de 7 películas, ¿no lo leíste?
Yo solamente bajé la cabeza y dije:
— No me hagan esto, ella es mi novia, no la pueden obligar.
Leo me respondió:
— Ella no está siendo obligada, de hecho está muy emocionada por lo que va a hacer, así que no te preocupes.
Quedé helado con lo que me dijo y escapé de la sala directo al área de filmación. El set estaba listo: una cama con edredón rojo fuego, paredes negras, objetos de BDSM y otras cosas. El equipo de filmación me miró raro y yo solo atiné a preguntar por Isabela. Uno de los camarógrafos me respondió:
— ¿La chica nueva? Estaba terminando de arreglarse para venir.
Sin saber qué hacer me arrimé a la pared detrás de las cámaras agarrándome la cabeza. Isabela llegó al set completamente arreglada y maquillada para la grabación. Estaba exuberante: habían ondulado su cabello, rizado sus pestañas y pintado sus labios de rojo fuego. Portaba unas bragas de cuero abiertas por en medio donde se podía ver su vagina depilada, medias de rejilla y tacones negros brillantes, adhesivos en forma de X en sus pezones y una chamarra negra de cuero encima. Yo me quería morir.
Leo me alcanzó en el set y me explicó a Isabela lo que pasaba. Isabela se enojó y dijo que si no era conmigo no lo haría con nadie. Leo intentó convencerla con argumentos muy tontos. Yo le dije que por qué no podía ser yo en vez de ese tipo y Leo me dijo algo que me destrozó el autoestima:
— Tu pene no es del tamaño adecuado.
Le discutí y le dije cuánto medía mi verga a lo que el resto del set se empezó a reír. Delante de mi novia todos se reían del tamaño de mi pija. Leo, después de reír también, me dijo:
— Para filmar porno de manera profesional necesitas como mínimo tener 19-20 cm. Lo siento, José, pero tú no cumples con el estándar.
Sentí que el mundo se me caía encima. Isabela me miró con una mezcla de pena y excitación. Leo le dijo a ella:
— Isabela, el actor principal ya está listo. Podemos empezar cuando quieras.
Ella dudó un segundo, me miró, luego miró al actor (un tipo alto, moreno, con una verga gruesa y visiblemente más grande que la mía) y finalmente dijo bajito:
— Solo esta vez… por el dinero.
Y así empezó la pesadilla.
El actor se acercó a Isabela, la besó en la boca con lengua, le quitó la chamarra y le chupó las tetas con fuerza. Isabela gemía de verdad. Luego se arrodilló y le chupó la verga con ganas, garganta profunda, arcadas, saliva corriendo. El actor la levantó, la penetró de pie y la folló fuerte contra la pared. Isabela gritaba:
— ¡Qué verga tan grande! ¡Rómpeme, papi!
Yo miraba todo desde un rincón, con el corazón destrozado. Nunca la había oído gemir así conmigo.
La siguiente escena fue aún peor: la pusieron en cuatro y el actor la penetró vaginalmente con embestidas profundas. Isabela se volvía loca, squirteaba y gritaba:
— ¡Sí! ¡Más duro! ¡Esa verga me está partiendo!
El equipo aplaudía. Leo me miró y dijo:
— Tu novia es una estrella natural. Mira cómo le gusta.
La última escena del día fue anal. El actor le metió la verga en el culo poco a poco. Isabela mordía la almohada y gemía de dolor y placer:
— ¡Ay dios… me está abriendo el culo! ¡No pares!
Al final el actor se corrió abundantemente en su cara y boca. Isabela, con semen chorreando por los labios y las tetas, miró a cámara y dijo jadeando:
— Me encantó… quiero más vergas grandes.
Cuando terminó la jornada, Isabela vino hacia mí todavía con restos de semen en el cuerpo. Me abrazó y me besó.
— Amor, fue intenso… pero ganamos $15,000 hoy. La próxima semana hay más escenas con dos actores. ¿Estás bien?
Esa noche en casa Isabela me folló con más pasión que nunca, pero mientras la penetraba no dejaba de recordar cómo gemía con ese actor. Ella me susurró al oído:
— José, tú siempre serás mi favorito… pero esa verga era otra cosa. Me hizo sentir realmente llena.
Y así empezó nuestra nueva realidad. El casting que creímos que sería solo una oportunidad divertida se convirtió en una pesadilla de humillación, celos, dinero fácil y placer extremo que ya no podíamos parar.
Isabela se volvió la estrella principal de Dark Desire Studios. Yo… solo el novio que miraba, que grababa a veces y que trataba de convencerse de que todo estaba bien
Rico tu relato sigue escribir mas
Como puedo ver a tu novia?