Relatos Prohibidos
Inicio Hetero Novelas de Amor y Pasión en la Piel Novelas de Amor y Pasión en la Piel

Novelas de Amor y Pasión en la Piel

7537 palabras

Novelas de Amor y Pasión en la Piel

Imagina que estás en un cafecito chulo de la Roma, en el corazón de la Ciudad de México, con el aroma del café de olla flotando en el aire y el bullicio de la calle Colima filtrándose por las ventanas abiertas. Tus dedos recorren la tapa de un libro viejo que acabas de comprar en una tiendita de segunda mano: Novelas de amor y pasión, dice el título descolorido. Neta, qué ironía, piensas, porque hace rato que no sientes ni una chispa de eso en tu vida. Eres Ana, treinta y tantos, con curvas que te hacen sentir poderosa cuando te pones ese vestido rojo ceñido que resalta tu piel morena y tus caderas anchas.

De repente, lo ves. Él entra como si el mundo se detuviera un segundo: alto, con barba recortada, ojos cafés intensos que te clavan directo al alma, y una camisa blanca que deja ver el contorno de sus hombros anchos. Se sienta en la mesa de al lado, pide un americano negro, y su voz grave retumba suave, como un ronroneo.

¿Qué onda con ese libro? ¿Algo bueno?
te pregunta, sonriendo de lado, con esa confianza de wey que sabe lo que provoca.

Tu corazón da un brinco, sientes un cosquilleo en el estómago que baja hasta tus muslos. Órale, Ana, no seas pendeja, te dices, pero respondes:

Novelas de amor y pasión, carnal. De esas que te hacen sudar sin moverte del sillón.
Él se ríe, un sonido profundo que vibra en tu pecho, y se presenta: Diego, arquitecto, fanático de las historias que queman. Charlan, fluye todo natural, como si se conocieran de toda la vida. Hablan de la ciudad, de tacos al pastor en la esquina, del calor que ya empieza a apretar aunque es temprano. Sus rodillas se rozan bajo la mesa, un toque accidental que no lo es, y sientes la electricidad subir por tu piel, el calor de su pierna contra la tuya.

El deseo se enciende lento, como el fuego de una fogata en la playa de Acapulco. Te cuenta de un proyecto en Polanco, tú de tu trabajo en una galería de arte, pero en tu mente ya estás imaginando sus manos en tu cintura, su aliento en tu cuello. Esto es como una de esas novelas de amor y pasión que lees a escondidas, piensas, mordiéndote el labio. Él nota, sus ojos bajan a tu boca, y el aire se carga de algo denso, dulce como el chocolate en el mole.

Acto dos: la escalada

Terminan el café y caminan por las calles empedradas, el sol filtrándose entre los árboles, el olor a jazmín de algún jardín cercano mezclándose con su colonia amaderada.

¿Quieres ver mi depa? Tengo una vista chida del Parque México
, sugiere, y tú asientes, el pulso acelerado latiendo en tus sienes. Suben al elevador, solos, y el espacio se achica. Sientes su presencia detrás de ti, el calor de su cuerpo irradiando, y cuando las puertas se cierran, se acerca. Su mano roza tu espalda baja, un toque que envía ondas de placer directo a tu centro.

En su depa, todo es minimalista y sexy: ventanales enormes, muebles de madera oscura, el sonido lejano de un mariachi en la calle abajo. Te ofrece un mezcal, el cristal frío en tu mano, el líquido ahumado quemando tu garganta como preludio. Se sientan en el sofá, cercanos, y la plática vira a lo personal.

¿Qué es lo que más te prende en una novela de amor y pasión?
pregunta, su voz ronca. Tú, con las mejillas ardiendo, respondes:
Cuando el deseo se acumula hasta que explota, sin prisa, saboreando cada roce.

Él se inclina, sus labios rozan tu oreja, y sientes su aliento cálido, oliendo a mezcal y hombre. No pares, piensas, y giras la cara para besarlo. Sus labios son firmes, su lengua busca la tuya con urgencia contenida, un beso que sabe a promesas. Sus manos recorren tu espalda, bajan a tus nalgas, apretando suave, y tú gimes bajito contra su boca. El beso se profundiza, lenguas danzando, dientes mordisqueando, mientras tus dedos se enredan en su cabello oscuro, tirando leve para guiarlo.

Te levantas, lo jalas al cuarto, el piso de madera crujiendo bajo tus pies descalzos. La cama king size invita, sábanas blancas frescas oliendo a lavanda. Se quitan la ropa con calma tortuosa: él desabrocha tu vestido, dejando que caiga, exponiendo tus senos plenos, pezones endurecidos por el aire y la anticipación.

Eres una diosa, Ana
, murmura, besando tu clavícula, bajando por tu pecho. Su boca captura un pezón, chupando suave, la lengua girando, y un rayo de placer te atraviesa, humedeciendo tus bragas. Tus manos exploran su pecho velludo, bajan al bulto duro en sus pantalones, apretando, sintiendo su grosor pulsar.

Caen a la cama, cuerpos entrelazados, piel contra piel resbaladiza de sudor incipiente. Él besa tu vientre, lamiendo el ombligo, bajando hasta tus muslos internos, donde el olor a tu excitación lo enloquece.

Qué rica hueles, wey
, dice con slang juguetón, y tú ríes, abriendo las piernas. Su lengua encuentra tu clítoris, lamiendo lento, círculos perfectos que te hacen arquear la espalda, gemidos escapando como suspiros ahogados. Sientes cada lamida como fuego líquido, tus caderas moviéndose solas, persiguiendo más. Tus dedos aprietan las sábanas, el sonido de su succión húmeda llenando la habitación, mezclado con tu respiración jadeante.

Lo jalas arriba, quitas sus boxers, su verga erecta salta libre, gruesa y venosa, goteando precúm. La tocas, piel suave sobre acero, masturbándolo lento mientras él gime

¡Neta, me vas a matar!
. Te posicionas encima, frotas tu entrada húmeda contra él, lubricándote, el roce exquisito. Bajas despacio, centímetro a centímetro, sintiéndolo estirarte, llenarte hasta el fondo. Esto es puro amor y pasión, piensas en éxtasis, comenzando a moverte, subiendo y bajando, sus manos en tus caderas guiando el ritmo.

El clímax se construye como tormenta: sudor perlando sus abdominales, tus senos rebotando, el slap slap de carne contra carne, olores a sexo almizclado impregnando el aire. Él voltea, te pone debajo, embiste profundo, besos fieros,

Ven conmigo, ricura
. La tensión revienta, tu orgasmo te sacude en olas, paredes contrayéndose alrededor de él, gritando su nombre. Él se corre segundos después, caliente dentro de ti, gruñendo, colapsando sobre tu pecho palpitante.

Acto tres: el resplandor

Quedan tendidos, piernas enredadas, respiraciones calmándose al unísono. Su dedo traza patrones en tu piel húmeda, besos suaves en tu hombro. El sol de la tarde entra dorado, tiñendo todo de calidez.

Esto fue mejor que cualquier novela de amor y pasión
, susurras, y él ríe bajito, atrayéndote más cerca. Sientes paz, empoderada, deseada, completa. Afuera, la ciudad zumba, pero aquí dentro, el mundo es solo ellos dos, pieles calmadas, corazones latiendo en sintonía.

Se duchan juntos después, agua caliente cascando, jabón resbalando por curvas y músculos, risas y caricias perezosas. Salen a comer enchiladas en un puesto callejero, manos rozándose sobre la mesa, promesas tácitas en miradas. Vivir una novela de amor y pasión real es lo mejor, reflexionas, saboreando el picor de la salsa y el dulzor de lo nuevo. Diego te besa en la mejilla al despedirse,

Esto apenas empieza, Ana
. Y tú sabes que sí, que el fuego arde aún, listo para más noches de pasión desatada.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.