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Cuantos Capitulos Tiene la Novela El Color de la Pasion En Nuestra Piel

6248 palabras

Cuantos Capitulos Tiene la Novela El Color de la Pasion En Nuestra Piel

Estábamos en mi depa en la Condesa, con el aire cargado del olor a café de olla que acababa de preparar. La tele prendida en el canal de las novelas, y ahí estaba El Color de la Pasión, esa historia que me tenía clavada como güey en chancla. Yo, Valeria, sentada en el sillón de piel suave, con las piernas cruzadas, sintiendo el roce fresco del cuero contra mis muslos desnudos bajo la falda corta. A mi lado, Marco, mi carnal del alma, el tipo que me hacía vibrar con solo una mirada. Sus ojos cafés, profundos como pozos de chocolate derretido, me recorrían sin prisa, mientras el sonido de la telenovela llenaba el cuarto: diálogos intensos, música de suspenso que aceleraba el pulso.

"Órale, Val, ¿ya viste cuántos capítulos tiene la novela El Color de la Pasión?", me dijo Marco con esa voz ronca que me erizaba la piel, acercándose más, su aliento cálido rozando mi oreja. Su mano grande, callosa de tanto gym, se posó en mi rodilla, subiendo despacito, enviando chispas por mi espinazo. Olía a su colonia fresca, mezclada con el sudor ligero de la tarde calurosa de México.

Yo me mordí el labio, el corazón latiéndome como tamborazo en fiesta.

¿Cuántos capítulos? ¿Y si nuestra propia novela tiene infinitos?
pensé, mientras la pantalla mostraba a los protas enredados en un beso prohibido. El deseo inicial era como una brisa tibia: sutil, pero imposible de ignorar. Marco era mi todo, llevábamos meses en esta danza de toques casuales, miradas que prometían más. Hoy, con la novela de fondo, la tensión se sentía eléctrica.

Sus dedos trazaban círculos en mi piel, subiendo por el interior del muslo. Qué chido, murmuré, girándome hacia él. Nuestros labios se rozaron primero, suaves, como probando el sabor: salado de sus labios, dulce de mi gloss de fresa. El beso se profundizó, lenguas danzando con urgencia, el smack húmedo resonando sobre la voz de la actriz gritando de celos. Mi mano se coló bajo su playera, palpando los abdominales duros, el calor de su pecho subiendo como fiebre.

La novela seguía, pero ya no la veíamos. Marco me levantó en brazos, riendo bajito. "Vamos a escribir nuestro propio capítulo, mi reina", susurró, llevándome a la recámara. La cama king size nos esperaba, sábanas de algodón egipcio frías al tacto. Me dejó caer suave, su cuerpo cubriendo el mío, peso delicioso que me hundía en el colchón. Olía a él por todos lados: macho, limpio, excitado. Sus besos bajaron por mi cuello, mordisqueando la clavícula, enviando ondas de placer que me arquearon la espalda.

En el medio de todo, la escalada era lenta, como buena telenovela. Yo le quité la playera, admirando el vello oscuro en su pecho, pasando las uñas por ahí, oyendo su gemido grave, animal. Qué rico suena, pensé, mientras él desabrochaba mi blusa, exponiendo mis tetas al aire. Sus labios las capturaron, chupando un pezón endurecido, la lengua girando en círculos que me hacían jadear. Mi concha ya palpitaba, húmeda, ansiosa. "Marco, no mames, me tienes loca", le dije, jalándole el pelo suave.

Él sonrió pícaro, bajando más. Deslizó mi falda y tanga en un movimiento fluido, el aire fresco besando mi sexo expuesto.

Esto es mejor que cualquier novela
, reflexioné, mientras su aliento caliente rozaba mis labios hinchados. Lamidas lentas, primero por fuera, saboreando mi jugo salado-dulce, luego adentro, lengua follando mi clítoris con maestría. Mis caderas se movían solas, el slurp húmedo mezclándose con mis ayyys y ¡sí cabrón!. El cuarto olía a sexo incipiente, almizcle puro, sudor fresco.

Pero no era solo físico. En mi mente, luchas internas: ¿Y si esto es solo un capítulo más? ¿Cuántos capítulos tiene la novela El Color de la Pasión comparado con lo nuestro?. Le pregunté en voz alta, entre jadeos: "¿Sabes cuántos capítulos tiene la novela El Color de la Pasión?". Él levantó la cara, brillando con mis fluidos, riendo. "No sé, güey, pero el nuestro apenas empieza. ¿Quieres que pare?". "¡Nem! Sigue, pendejo", le contesté, jalándolo de vuelta.

La intensidad subía. Me volteó boca abajo, besando mi espalda, nalgueándome suave, el plaf ecoando. Sus dedos entraron en mí, dos, curvándose en el punto G, mientras su boca devoraba mi cuello. Yo gemía contra la almohada, el olor a lavanda de las sábanas mezclándose con nuestro aroma. "Te quiero adentro, Marco, ya", rogué, el cuerpo temblando de anticipación. Él se quitó el pantalón, su verga dura saltando libre: gruesa, venosa, goteando pre-semen que olía a deseo puro.

Se puso condón rápido, siempre responsable, y me penetró despacio. ¡Madre mía! El estirón delicioso, llenándome hasta el fondo, su pubis chocando contra mi culo. Empezamos lento, ritmos profundos, piel contra piel sudorosa, el chap chap rítmico como banda norteña. Yo empujaba hacia atrás, clavándome más, sus manos en mis caderas guiando. "¡Qué chingona eres, Val!", gruñía él, acelerando, pelotas golpeando mi clítoris.

Cambié de posición, montándolo como reina. Sus ojos devorándome, manos en mis tetas rebotando. Yo cabalgaba fuerte, sintiendo cada vena de su verga rozando mis paredes, el placer acumulándose como tormenta. Sudor perlando su frente, goteando en mi pecho, salado al lamerlo. Gritos ahogados: "¡Me vengo! ¡No pares!". El clímax nos golpeó juntos: yo convulsionando, chorros de placer mojando todo; él tensándose, gruñendo mi nombre mientras se vaciaba dentro del látex.

Caímos exhaustos, enredados, pulsos latiendo al unísono. El afterglow era tibio, como sol de atardecer. Su cabeza en mi pecho, oyendo mi corazón calmarse. Besos suaves en mi piel sensible. "Nuestra novela no tiene fin, ¿verdad?", murmuró. Yo sonreí, acariciando su pelo revuelto.

Ni idea de cuántos capítulos tiene la novela El Color de la Pasión, pero los nuestros serán eternos
, pensé, mientras el aroma a sexo perduraba, prometiendo más noches así. La pasión coloreaba todo: nuestra piel, almas, futuro.

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