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Diario de una Pasion Rachel McAdams

6880 palabras

Diario de una Pasion Rachel McAdams

Entrada 1: El encuentro que me dejó con el corazón latiendo como tamborazo en fiesta

Neta wey, hoy en la playa de Puerto Vallarta vi a la mujer más chingona de mi vida. Estaba ahí, recostada en una cangreja, con el sol besando su piel blanca como leche, el cabello rubio ondulado moviéndose con la brisa del mar. Parecía sacada de una peli, exacto como Rachel McAdams en Diario de una Pasion, esa donde se moja bajo la lluvia con el galán. Llevaba un bikini rojo que apenas contenía sus chichis perfectas, redonditas y firmes, y unas nalgas que pedían a gritos ser apretadas. Me quedé pasmado, con la verga ya medio parada solo de mirarla.

Me acerqué con una chela en la mano, fingiendo casualidad. "Órale, morra, ¿vienes mucho por acá? El mar está bravazo hoy". Ella levantó la vista, unos ojos verdes que me traspasaron como puñal, y sonrió con labios carnosos que olían a coco de su protector solar. "Soy de Estados Unidos, pero este lugar me encanta. Me llamo Raquel, como la actriz". Raquel, wey, casi Rachel McAdams al pelo. Charlamos de la peli Diario de una Pasion, que ella adora, y de cómo la pasión en la pantalla la pone caliente. Sentí su mirada bajando por mi torso bronceado, mis brazos tatuados de olas y calacas mexicanas. El aire salado se mezclaba con su perfume dulce, y cuando rozó mi mano al pasarme la chela, un chispazo eléctrico me subió por el espinazo. Esa noche no dormí pensando en cómo sería chuparle el cuello.

Pienso en ella y mi cuerpo arde. ¿Será que esta Raquel es mi diario de una pasion viva? Neta que quiero explorarla entera.

Entrada 2: La cena que avivó el fuego

Al día siguiente la invité a cenar en un palaperca frente al malecón, con mariachis de fondo y el olor a mariscos asados flotando en el aire cálido de la noche. Llegó con un vestido negro ajustado que marcaba cada curva, los pezones endurecidos asomando bajo la tela fina por la brisa. "Estás guapísima, Raquel, como Rachel McAdams en su mejor momento", le dije, y ella se rio, una risa ronca que me erizó la piel. Pedimos tacos de camarón y tequilas, y mientras comíamos, sus pies descalzos jugaban con los míos bajo la mesa, subiendo despacito por mi pantorrilla.

Hablamos de deseos, wey. Ella confesó que ama las historias como Diario de una Pasion, donde el amor es crudo, sudoroso, sin frenos. "Quiero sentir eso aquí, en México, con un carnal como tú", murmuró, su aliento caliente con sabor a tequila rozando mi oreja. La llevé a caminar por la playa, la arena tibia entre los dedos, las olas rompiendo suaves como suspiros. Nos besamos por primera vez bajo la luna llena, sus labios suaves y húmedos saboreando a sal y limón. Mi lengua exploró su boca, y ella gimió bajito, presionando su cuerpo contra el mío. Sentí sus chichis aplastándose en mi pecho, duros como piedras, y su mano bajando a mi entrepierna, apretando mi verga que ya estaba como fierro. "Vamos a mi hotel", jadeó, y no pude decir que no. El deseo ardía en mi vientre como chile habanero.

Su piel sabe a paraíso. Esta noche mi diario de una pasion Rachel McAdams empieza a escribirse con besos y toques prohibidos. No aguanto más.

Entrada 3: La noche que explotó todo

En su suite del hotel, con vista al Pacífico rugiendo afuera, el aire acondicionado zumbando suave, nos desnudamos sin prisa, saboreando cada segundo. Ella se quitó el vestido despacio, revelando unas tetas perfectas, pezones rosados erectos pidiendo mi boca. Olía a vainilla y excitación, ese aroma almizclado de concha mojada que me volvía loco. La tiré en la cama king size, las sábanas frescas contrastando con su piel caliente. "Chíngame como en la peli, carnal", suplicó, abriendo las piernas. Su panocha depilada brillaba húmeda, hinchada de ganas.

Empecé besando su cuello, lamiendo el sudor salado, bajando por sus chichis. Chupé un pezón, duro y dulce como mango maduro, mientras mi mano exploraba su clítoris, resbaloso y palpitante. Ella arqueó la espalda, gimiendo "¡Ay, wey, sí!", sus uñas clavándose en mis hombros. Bajé más, inhalando su olor íntimo, y metí la lengua en su concha, saboreando sus jugos dulces y salados. La lamí despacio, círculos en el clítoris, hasta que tembló entera, gritando mi nombre. "¡No pares, pendejo caliente!"

Me subí encima, mi verga gorda y venosa rozando su entrada. "Dime que sí, Raquel", le pedí, mirándola a los ojos verdes nublados de lujuria. "¡Sí, métemela toda, amor!", respondió, envolviéndome las caderas con sus piernas suaves. La penetré de un jalón, sintiendo su calor apretado envolviéndome, como terciopelo húmedo. Empujé lento al principio, sintiendo cada vena de mi pinga rozando sus paredes internas, el sonido chapoteante de nuestros cuerpos uniéndose. Ella jadeaba, "¡Más fuerte, chingazo!", y aceleré, el sudor chorreando de mi frente a su pecho, mezclándose con el olor a sexo puro.

La volteé a cuatro patas, admirando sus nalgas redondas, blancas con marcas rojas de mis manos. Le di nalgadas suaves, el clap-clap resonando con las olas lejanas. La embestí desde atrás, profundo, tocando su cervix, mientras ella se tocaba el clítoris. "¡Me vengo, cabrón!", gritó, convulsionando, su concha ordeñándome la verga. No aguanté más, saqué y eyaculé en su espalda, chorros calientes pintando su piel como lava blanca, el olor a semen fresco llenando la habitación.

Esto es mi diario de una pasion Rachel McAdams hecho carne. Su cuerpo tiembla aún contra el mío, y yo floto en éxtasis.

Entrada 4: El amanecer y el adiós que duele rico

Despertamos enredados, el sol filtrándose por las cortinas, pintando su cuerpo desnudo de oro. La besé despacio, saboreando el aftertaste salado en su piel. "Eres mi Rachel McAdams mexicana", le dije riendo, y ella me montó, cabalgándome lento, sus chichis rebotando suaves. Esta vez fue tierno, sus caderas girando como olas, mi verga deslizándose en su humedad resbalosa. Nos vinimos juntos, sus jugos chorreando por mis bolas, un gemido compartido que vibró en el aire matutino.

Se va hoy a su vida gringa, pero me dejó su número y promesas de volver. Mientras escribo esto, huelo su perfume en las sábanas, siento el fantasma de su calor en mi piel. Esta pasión fue como la peli, intensa y eterna en mi memoria. Neta, wey, mi diario de una pasion Rachel McAdams termina aquí, pero el fuego sigue ardiendo adentro.

¿Volverá? No sé, pero esta semana me cambió para siempre. Amor, sexo, México: la fórmula perfecta.

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