Pasión de Gavilanes Capítulo 66 El Deseo que Quema
Jimena se recostó en el sofá de la sala, con el control remoto en la mano y una sonrisa pícara en los labios. La noche en su departamento de Polanco estaba perfecta: luces tenues, el aroma del café de olla recién hecho flotando en el aire y el sonido lejano de la ciudad bullendo allá afuera. Órale, pensó, esta noche va a estar chida. Su novio, Marco, acababa de llegar del gym, todavía con esa camiseta ajustada que marcaba sus pectorales y un olor a sudor fresco mezclado con su colonia favorita, esa que la volvía loca.
"Wey, pon ya la tele", le dijo Marco mientras se quitaba los zapatos y se dejaba caer a su lado, su muslo rozando el de ella de manera casual pero intencional. Jimena pulsó el botón y el capítulo sesenta y seis de Pasión de Gavilanes empezó a rodar en la pantalla grande. Los hermanos Reyes, con sus miradas ardientes y sus cuerpos fornidos, aparecían en escena, seduciendo a las hermanas Jiménez en medio de una hacienda llena de secretos. El viento en la tele traía susurros de pasión, y Jimena sintió un cosquilleo en la piel solo de verlos.
La mano de Marco se posó en su rodilla, subiendo despacito por el interior de su muslo. Ella lo miró de reojo, mordiéndose el labio.
¡Neta, este cabrón sabe cómo encender la mecha!El episodio avanzaba: Óscar besaba a Sofía con hambre, sus labios devorándola mientras la música subía de tono. Jimena cruzó las piernas, sintiendo el calor entre ellas crecer. El aire del cuarto se sentía más pesado, cargado con el perfume de su excitación y el leve sudor de Marco.
"¿Te prende este pedo?", murmuró él al oído, su aliento cálido rozando su cuello. Ella asintió, girándose para besarlo suave al principio, pero pronto sus lenguas se enredaron como en la telenovela. Sus manos exploraban: las de él bajo su blusa, palpando sus senos firmes, pellizcando los pezones hasta endurecerlos. Jimena gimió bajito, el sonido ahogado por su boca. En la pantalla, los amantes se quitaban la ropa con urgencia, revelando piel bronceada y curvas perfectas. Yo quiero eso, pensó ella, empujando a Marco para montarse en sus piernas.
El sofá crujió bajo su peso combinado. Marco levantó su blusa, exponiendo sus tetas al aire fresco de la noche. Las lamió con devoción, saboreando el salado de su piel, mientras ella arqueaba la espalda.
¡Ay, wey, no pares! Siente cómo me mojo por ti.Sus caderas se movían en círculos lentos, frotándose contra la dureza que crecía en los pantalones de él. El olor a sexo empezaba a impregnar el ambiente, mezclado con el popote de las palomitas que habían olvidado en la mesita.
La tensión del capítulo sesenta y seis de Pasión de Gavilanes se reflejaba en ellos: los celos, las reconciliaciones ardientes, el deseo que no se apaga. Jimena se incorporó, quitándose la falda con un movimiento fluido, quedando solo en tanguita de encaje negro. Marco gruñó de aprobación, sus ojos oscuros devorándola. "Eres más rica que esas actrices, mamacita", le dijo con voz ronca, mientras se desabrochaba el cinturón. Ella lo ayudó, liberando su verga gruesa y palpitante, que saltó libre, caliente al tacto.
Se arrodilló entre sus piernas, el piso alfombrado suave bajo sus rodillas. Lo miró desde abajo, con esa mirada de pendeja traviesa que lo enloquecía. Su lengua trazó la vena hinchada desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado y ligeramente dulce. Marco metió los dedos en su cabello, guiándola sin forzar, solo animándola. Ella lo chupó con hambre, succionando fuerte, oyendo sus jadeos roncos que competían con los gemidos de la tele.
¡Qué chingón se siente tenerlo en la boca, todo mío para volverlo loco!La saliva corría por su barbilla, el sonido húmedo y obsceno llenando la sala.
Pero Marco no aguantó mucho. La levantó de un jalón, besándola con furia mientras la cargaba al sillón reclinable. La tendió boca arriba, abriéndole las piernas con gentileza. "Déjame probarte, mi reina", susurró, bajando la cabeza. Su lengua se hundió en su coño empapado, lamiendo los labios hinchados, chupando el clítoris con maestría. Jimena gritó, sus uñas clavándose en los hombros de él. El placer era eléctrico, oleadas que subían desde su vientre. Olía a ella misma, a deseo puro mexicano, a noches de tequila y besos robados. ¡Más, cabrón, hazme venir!
Él obedeció, metiendo dos dedos gruesos dentro de ella, curvándolos para tocar ese punto que la hacía temblar. Ella se corrió fuerte, el cuerpo convulsionando, chorros de jugo mojando su barbilla. Marco sonrió triunfante, lamiéndose los labios. "Estás lista para mí". La volteó de lado, penetrándola despacio desde atrás, centímetro a centímetro. Jimena sintió cómo la llenaba, estirándola deliciosamente, el roce de su piel contra la suya enviando chispas. Empezaron a moverse, un ritmo lento al principio, sincronizado con los amantes en la pantalla que ahora follaban sin piedad en Pasión de Gavilanes capítulo 66.
El sudor perlaba sus cuerpos, goteando entre sus pechos y por la espalda de él. Marco aceleró, embistiéndola profundo, sus bolas chocando contra su culo con palmadas húmedas. Ella empujaba hacia atrás, queriendo más, neta más.
¡Es como si fuéramos ellos, pero mejor, más reales, más nuestros!Sus pechos rebotaban con cada thrust, los pezones rozando la tela áspera del sillón. El aire estaba espeso, cargado de gemidos, de "¡Sí, así!" y "¡No pares, wey!".
Marco la giró de nuevo, poniéndola a cuatro patas para verla mejor. Sus manos amasaban sus nalgas, separándolas mientras la cogía con fuerza animal pero cariñosa. Jimena metió una mano entre las piernas, frotando su clítoris hinchado, acercándose al borde otra vez. "¡Ven conmigo!", le rogó, y él gruñó afirmando. El clímax los golpeó como un rayo: ella se contrajo alrededor de su verga, ordeñándolo, mientras él se vaciaba dentro, chorros calientes llenándola hasta rebosar. Gritaron juntos, el sonido primal reverberando en las paredes.
Se derrumbaron exhaustos, enredados en el sillón, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. Marco la besó en la frente, suave ahora, mientras la tele seguía con los créditos de Pasión de Gavilanes capítulo 66. El aroma a sexo persistía, mezclado con su sudor y el leve dulzor de sus fluidos. Jimena se acurrucó contra su pecho, oyendo el latido fuerte de su corazón.
Esto es lo que quiero siempre: pasión de verdad, no de novela.
"¿Vimos todo el capítulo?", bromeó él, acariciando su cabello revuelto. Ella rio bajito, sintiendo el semen escurrir por sus muslos, cálido y pegajoso. "Lo nuestro fue mejor, pendejo". Se levantaron despacio, caminando a la regadera tomados de la mano. Bajo el agua caliente, se enjabonaron mutuamente, risas y besos suaves prolongando el afterglow. La noche terminaba con promesas tácitas de más, de un amor que ardía como el de los Gavilanes, pero en su propio estilo mexicano, chido y sin dramas innecesarios.
En la cama, envueltos en sábanas frescas, Jimena pensó en lo afortunada que era. El deseo no se había apagado; solo esperaba la próxima chispa. Y Marco, abrazándola, sabía que cada capítulo de su vida juntos sería así: puro fuego.