Desnudos entre Frases de la Pelicula Diario de una Pasion
Tú llegas a su departamento en Polanco con el corazón latiéndole a mil por hora. La noche de Ciudad de México bulle afuera, con el tráfico lejano y las luces neón parpadeando como promesas. Marco te abre la puerta, ese chulo de ojos cafés intensos y sonrisa pícara que siempre te hace mojar con solo una mirada. Lleva una camisa blanca desabotonada hasta el pecho, oliendo a colonia fresca mezclada con su aroma natural, ese que te recuerda a tierra mojada después de la lluvia.
Órale, mi reina, dice él con voz ronca, jalándote adentro para besarte el cuello. Sus labios calientes rozan tu piel, enviando chispas directo a tu entrepierna. Te entrega una copa de vino tinto, chilango bien surtido, y te guía al sofá. La tele ya está prendida, pausada en Diario de una Pasión, esa película que los dos adoran por sus frases de la pelicula diario de una pasion que siempre los ponen sentimentales... y cachondos.
Se sientan pegaditos, tus muslos rozando los suyos. El calor de su cuerpo te envuelve como una cobija. Esta noche vamos a revivir esas frases, pero a nuestra manera, neta, murmura él, su mano subiendo por tu falda. Tú sientes el pulso acelerado en tu clítoris, imaginando ya cómo esas palabras románticas se van a torcer en algo sucio y delicioso. Asientes, mordiéndote el labio, el sabor salado de tu propia anticipación en la lengua.
Si eres un pájaro, yo soy un pájaro, recitas tú primero, imitando a Allie con voz temblorosa de deseo. Marco ríe bajito, su aliento cálido contra tu oreja.
Y si eres un pájaro, te voy a hacer volar esta noche, mi amor, responde él, y sus dedos se cuelan bajo tu tanga, rozando tu humedad. Gimes suave, el sonido ahogado por el jazz suave que suena de fondo. El aire huele a velas de vainilla y a su excitación creciente, ese almizcle masculino que te pone loca.
La tensión sube como la marea. Se besan despacio al principio, lenguas danzando, saboreando el vino en la boca del otro. Sus manos expertas desabotonan tu blusa, exponiendo tus tetas al aire fresco. Las acaricia con las yemas, pellizcando los pezones hasta que duelen rico. Tú le quitas la camisa, lamiendo su pecho sudoroso, el sabor salado mezclándose con el de su piel morena. Qué rico hueles, cabrón, piensas, mientras bajas la mano a su entrepierna, sintiendo su verga dura como piedra bajo los pantalones.
Marco te carga en brazos, tus piernas envolviéndolo, y te lleva al cuarto. La cama king size los espera con sábanas de algodón egipcio, suaves como caricia. Te tumba con cuidado, pero sus ojos arden de hambre. Me lo prometiste, dice citando la peli, mientras te quita la falda y la tanga de un jalón. Tú abres las piernas, exponiendo tu panocha mojada, reluciente bajo la luz tenue.
No te dejaré ir, como Noah a Allie en esas frases de la pelicula diario de una pasion, susurras, jalándolo hacia ti.
Él se desnuda rápido, su verga saltando libre, gruesa y venosa, goteando precum. Te besa desde los tobillos hasta el ombligo, mordisqueando, dejando marcas rojas que pican delicioso. Su lengua llega a tu clítoris, lamiendo lento, chupando con succión perfecta. Gritas bajito, ¡Ay, sí, así, pendejo!, tus caderas moviéndose solas contra su boca. El sonido húmedo de su lengua en tu carne es obsceno, mezclado con tus jadeos y el latido de tu corazón en los oídos. Hueles tu propio aroma dulce y salado, el de la excitación pura.
Pero no lo dejas terminar ahí. Lo empujas boca arriba, montándote en su cara primero, frotándote contra su nariz y boca hasta que te tiemblan las piernas. Es como la lluvia, no para nunca, gimes, recordando otra de esas frases de la pelicula diario de una pasion. Él gruñe, manos apretando tus nalgas, dedos hundiéndose en la carne suave. Luego bajas, tragándote su verga entera, garganta profunda, saliva chorreando. Él maldice en mexicano puro: ¡Chin... qué chido chupas, mamacita! El sabor de su piel, salado y viril, te llena la boca, sus caderas embistiendo suave.
La intensidad crece. Tú te colocas a cuatro patas, culazo en alto, invitándolo. Marco se pone atrás, restregando la punta de su verga por tus labios hinchados, untándote más. Dime que me quieres como en la peli, pide ronco. Te quiero hasta que duela, como esas frases eternas, respondes, empujando contra él. Entra de un golpe, llenándote hasta el fondo, estirándote perfecto. Gritas de placer, el ardor inicial convirtiéndose en éxtasis puro.
Empieza a bombear, lento primero, cada embestida profunda, sus bolas golpeando tu clítoris. El sonido es rítmico, plaf plaf plaf, sudor goteando de su pecho a tu espalda. Sientes cada vena de su verga rozando tus paredes, el calor pulsante. Tus tetas rebotan, pezones rozando las sábanas ásperas. Él te jala el pelo suave, arqueándote, besando tu cuello mientras chinga más duro. ¡Más, carnal, rómpeme!, suplicas, perdida en el fuego. Tus paredes se aprietan, orgasmo construyéndose como tormenta.
Esto es nuestro diario de una pasión, neta, piensas, mientras sus dedos encuentran tu clítoris, frotando círculos rápidos.
El clímax explota. Tú te vienes primero, gritando su nombre, jugos chorreando por tus muslos, cuerpo convulsionando. Él sigue, gruñendo como animal, embistiendo salvaje hasta que se vacía dentro, chorros calientes pintando tus entrañas. Colapsan juntos, jadeando, piel pegajosa de sudor, olores mezclados en una nube embriagadora: sexo, vainilla, pasión cruda.
Se quedan así, enredados, su verga suavizándose aún dentro de ti. Marco te besa la frente, suave ahora. ¿Ves? Esas frases de la pelicula diario de una pasion nos unen más, murmura. Tú sonríes, trazando círculos en su pecho con la uña. El corazón se calma, pero el calor persiste, un glow que promete más noches así.
La ciudad duerme afuera, pero en esa cama, su pasión es eterna, como las palabras de la peli que los encendieron. Te acurrucas, sabiendo que mañana, o pasado, volverán a citarlas... y a desnudarse de nuevo.