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Cuantos Capitulos Tiene Pasion de Gavilanes en Nuestro Netflix Ardiente

6975 palabras

Cuantos Capitulos Tiene Pasion de Gavilanes en Nuestro Netflix Ardiente

La lluvia caía a cántaros sobre el balcón de mi depa en la Condesa, ese golpeteo constante contra el vidrio que hacía el ambiente más íntimo, como si el mundo afuera se hubiera detenido solo para nosotros. Tú estabas ahí, recargado en el sofá de piel suave, con esa playera ajustada que marcaba tus pectorales y unos jeans que me volvían loca cada vez que los veía. Olía a café recién hecho mezclado con tu colonia, esa que tiene notas de madera y algo salvaje, como si trajeras el aroma de un bosque prohibido.

Vamos a ver algo en Netflix, wey, te dije con una sonrisa pícara mientras me acercaba, mis caderas balanceándose bajo el short de pijama de algodón fino. Me senté a tu lado, tan cerca que sentía el calor de tu muslo contra el mío. Saqué el control remoto y empecé a hojear. Pasión de Gavilanes, apareció en la pantalla. Órale, esa novela está cañón, ¿no? Oye, ¿cuantos capítulos tiene Pasión de Gavilanes en Netflix? pregunté, girándome hacia ti con los ojos brillantes, mordiéndome el labio inferior sin darme cuenta.

Tú sacaste tu cel y empezaste a buscar, tus dedos volando sobre la pantalla. Deja veo, mami, respondiste con esa voz grave que me erizaba la piel. Mientras esperabas la respuesta, puse play en el primer capítulo. Los hermanos Reyes aparecían en pantalla, fuertes, vengativos, pero con un fuego en los ojos que hacía eco en mi vientre. La música de la novela llenaba la sala, esa guitarra apasionada que aceleraba el pulso. Te recargaste más, y tu brazo rozó mi hombro. Sentí un cosquilleo, como electricidad estática, y apreté las piernas instintivamente.

La tensión crecía con cada escena. Los gavilanes defendían su amor con uñas y dientes, y yo no podía evitar imaginarte a ti como uno de ellos, rudo pero tierno.

¿Por qué carajos esta novela me prende tanto estando contigo? Es como si cada mirada en pantalla fuera tuya, clavándose en mí
, pensé mientras mi mano se posaba casualmente en tu rodilla. Tú giraste la cabeza, me miraste con esos ojos oscuros que prometían travesuras. Son 178 capítulos en total, pero aquí en Netflix van hasta el 90 por ahora, me dijiste, pero tu voz tenía un ronquido bajo, distraído. Tu mano cubrió la mía, apretándola suave, y subiste los dedos por mi muslo despacio, trazando círculos que me hicieron jadear bajito.

No aguanté más. Pausé la novela y me volteé hacia ti, mis tetas rozando tu pecho. Olvídate de los capítulos, quiero los nuestros, murmuré contra tus labios. Nuestras bocas se encontraron en un beso hambriento, el sabor de tu saliva mezclada con el café, dulce y amargo a la vez. Tus manos subieron por mi espalda, desatando el lazo de mi blusita, y sentí el aire fresco contra mis pezones que ya estaban duros como piedras. Los tuyos gemían bajito en mi boca, un sonido gutural que vibraba en mi lengua.

Te quité la playera de un jalón, admirando tu torso moreno, el vello oscuro que bajaba hasta tu ombligo. Olía a ti, a sudor limpio y deseo puro. Mis uñas arañaron suave tu piel, dejando rastros rojos que te hicieron arquear la espalda. Estás cañón, cabrón, te dije riendo, pero con la voz entrecortada. Tú me cargaste como si no pesara nada, sentándome a horcajadas sobre ti. Sentí tu verga dura presionando contra mi panocha a través de la tela, palpitando con vida propia. Moví las caderas en círculos lentos, frotándome contra ti, el roce húmedo haciendo un sonido suave, como olas chocando.

¡Pinche verga, qué grande y qué dura! Me muero por sentirla adentro, partiéndome en dos
, rugía mi mente mientras bajaba tus jeans. Se salió tu pinga tiesa, venosa, la cabeza brillando con precúm. La tomé en mi mano, suave al principio, sintiendo el calor latiendo en mi palma. Tú gemiste fuerte, ¡Sí, así, mámala! La llevé a mi boca, lamiendo desde la base hasta la punta, saboreando esa sal marina que me volvía loca. Chupé despacio, mi lengua girando alrededor del glande, mientras mis manos masajeaban tus huevos pesados. Tus caderas se movían, follando mi boca con cuidado, pero con urgencia creciente. El sonido de succión y tus jadeos llenaban la sala, más intenso que cualquier banda sonora de telenovela.

Me levantaste, quitándome el short y las tanguitas empapadas. El olor de mi excitación flotaba en el aire, almizclado y dulce, invitándote. Te quiero chupar esa concha rica, gruñiste, y me acostaste en el sofá. Tus labios bajaron por mi cuello, mordisqueando, dejando huellas húmedas. Llegaste a mis chichis, mamando un pezón mientras pellizcabas el otro, tirones que mandaban descargas directo a mi clítoris hinchado. Gemí alto, ¡No pares, wey, qué rico! Bajaste más, tu aliento caliente contra mi monte de Venus. Abriste mis labios con los dedos, exponiendo mi humedad, y lamiste despacio, de abajo arriba, sorbiendo mi jugo como si fuera el mejor tequila.

Mi cuerpo temblaba, las piernas abiertas como alas de gavilán. Metiste la lengua dentro, follándome con ella, mientras un dedo rozaba mi ano suave.

Esto es mejor que cualquier capítulo, su boca es fuego puro, me va a hacer venir ya
. Arqueé la espalda, mis manos enredadas en tu pelo, empujándote más profundo. El placer subía como marea, oleadas de calor que me nublaban la vista. Vine fuerte, gritando tu nombre, mi panocha contrayéndose alrededor de tu lengua, chorros calientes mojando tu barbilla.

Pero no paramos. Te puse de pie y te jalé hacia mí, guiando tu verga a mi entrada. Entraste de un empujón lento, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. ¡Qué apretada estás, pinche delicia! jadeaste. Empezamos a movernos, tú embistiendo profundo, yo clavando las uñas en tus nalgas. El slap-slap de piel contra piel, mezclado con nuestros gemidos y la lluvia afuera, era sinfonía perfecta. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándote salvaje, mis tetas rebotando, tú chupándolas. Luego de lado, tu mano en mi clítoris frotando rápido mientras me taladrabas.

La tensión llegó al pico. ¡Me vengo, córrete conmigo! grité. Tú aceleraste, gruñendo como bestia, y explotamos juntos. Sentí tus chorros calientes llenándome, pulsando dentro, mientras mi orgasmo me sacudía entera, visión borrosa, cuerpo convulsionando. Colapsamos, sudorosos, jadeantes, tu verga aún dentro latiendo suave.

Nos quedamos así, abrazados en el sofá, la novela pausada en pantalla olvidada. El olor a sexo impregnaba todo, almizcle y sudor mezclado con lluvia. Besaste mi frente, Eso fueron más capítulos que la novela entera, susurraste riendo. Yo sonreí, trazando círculos en tu pecho.

Nuestra pasión no tiene fin, como esos gavilanes que vuelan libres, siempre listos para más
. Afuera la lluvia amainaba, pero dentro, el fuego apenas empezaba.

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