Relatos Prohibidos
Inicio Hetero Pasional Tango Letra de Piel Pasional Tango Letra de Piel

Pasional Tango Letra de Piel

6291 palabras

Pasional Tango Letra de Piel

La noche en Polanco ardía con ese calor pegajoso de mayo, pero adentro del salón de baile, el aire estaba cargado de algo más intenso: pasión. Las luces tenues pintaban sombras largas sobre las parejas que se mecían al ritmo del tango, y el aroma a perfume caro mezclado con sudor fresco me hacía cosquillas en la nariz. Yo, Ana, había llegado sola, con un vestido rojo ceñido que se pegaba a mis curvas como una segunda piel, buscando esa chispa que me sacara del tedio de la semana. Neta, necesitaba sentirme viva, sentir un cuerpo contra el mío que me recordara lo que era desear de verdad.

Ahí lo vi. Diego, con su camisa blanca entreabierta dejando ver un pecho moreno y musculoso, ojos negros que prometían travesuras. Era de esos weyes que parecen sacados de una película argentina, pero con acento chilango que lo hacía aún más irresistible. Me clavó la mirada mientras yo tomaba un trago en la barra, y su sonrisa pícara me erizó la piel.

¿Y si me invita a bailar? Dios, qué ganas de que sus manos me agarren la cintura.
No pasó ni un minuto cuando se acercó, oliendo a colonia fresca y tabaco sutil.

Mamacita, ¿bailas conmigo? —dijo con voz ronca, extendiendo la mano.

Mi corazón dio un brinco. —Claro, guapo. Llévame.

La pista se abrió para nosotros como por arte de magia. La orquesta atacó con un tango ardiente, y él me jaló contra su cuerpo. Sus manos fuertes en mi espalda baja, presionando justo donde dolía la necesidad. El roce de su pecho contra mis tetas me aceleró el pulso; sentía su calor filtrándose a través de la tela. El bandoneón gemía notas profundas, y la voz del cantor recitaba la pasional tango letra: "En tus ojos me pierdo, en tu piel me quemo, tango de fuego que no se apaga...". Cada palabra se clavaba en mí como un beso húmedo.

Nos movíamos en sincronía perfecta, piernas entrelazadas, caderas chocando en ese vaivén hipnótico. Su aliento cálido en mi cuello olía a tequila y deseo puro. Pinche calor, pensé, mientras mi coño empezaba a palpitar con cada giro. Él me guiaba con maestría, su muslo rozando el mío, subiendo peligrosamente cerca de mi entrepierna. El sudor nos unía, resbaloso y delicioso, y el sonido de nuestros zapatos contra el piso de madera era como un latido compartido.

Al final del tango, jadeábamos. Sus labios rozaron mi oreja. —Esa letra me pone como el diablo. ¿Quieres oírla de nuevo... en privado?

Mi cuerpo gritaba sí antes que mi boca. —Vámonos de aquí.

Salimos al balcón, el viento nocturno refrescando nuestra piel ardiente. Polanco brillaba con luces de neón y el bullicio de autos lejanos, pero nosotros éramos un mundo aparte. Me besó ahí mismo, con hambre, su lengua invadiendo mi boca con sabor a menta y urgencia. Sus manos bajaron por mi espalda, amasando mis nalgas con fuerza posesiva pero tierna.

Qué rico se siente esto, neta nunca había deseado tanto a un desconocido.
Lo jalé hacia el elevador del hotel contiguo, un lugar chido que conocía para noches como esta.

En la habitación, la ciudad se colaba por la ventana en destellos multicolores. Nos desvestimos sin prisa, saboreando cada prenda que caía. Su verga ya dura saltó libre, gruesa y venosa, apuntándome como un arma de placer. La mía, mi panocha, chorreaba jugos que olían a miel caliente. Él me tumbó en la cama king size, las sábanas frescas contrastando con nuestra piel hirviendo.

—Déjame probarte —murmuró, bajando la cabeza entre mis muslos.

Su lengua era fuego líquido. Lamía mi clítoris con vueltas expertas, chupando suave al principio, luego más fuerte, haciendo que mis caderas se arquearan solas. El sonido era obsceno: chapoteos húmedos, mis gemidos roncos mezclados con su gruñido de placer. Olía a sexo puro, a mi excitación empapando sus labios. ¡Ay, cabrón, no pares! Mis dedos se enredaron en su pelo negro, tirando mientras olas de placer me recorrían desde el estómago hasta las yemas de los pies.

Lo subí, queriendo devolvérsela. Me arrodillé y tomé su verga en la boca, saboreando el precum salado que brotaba de la punta. La chupé despacio, lengua rodeando el glande, bajando hasta las bolas pesadas. Él jadeaba, manos en mi cabeza guiándome sin forzar. —Eres una diosa, Ana. El tango nos había preparado para esto, para esta danza de lenguas y fluidos.

Pero queríamos más. Me puso a cuatro patas, el espejo frente a nosotros reflejando nuestras caras de puro vicio. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. ¡Qué llena me siento! Su verga llenaba cada rincón, tocando spots que me hacían ver estrellas. Empezó a bombear, primero lento, sintiendo cada roce, el slap-slap de piel contra piel resonando como aplausos. El olor a sudor y sexo nos envolvía, espeso y adictivo.

Recordé la letra del tango: "Tu cuerpo es mi letra, mi tango pasional". Se la susurré al oído mientras aceleraba, y él gruñó, clavándome más hondo. Cambiamos posiciones como en la pista: yo encima, cabalgándolo con furia, tetas rebotando, uñas arañando su pecho. Sus manos en mis caderas me guiaban, dedos hundiéndose en la carne suave. El clímax se acercaba, un nudo apretándose en mi vientre.

Vente conmigo —jadeé, y él obedeció.

Explotamos juntos. Mi coño se contrajo alrededor de su verga, ordeñándola mientras chorros calientes me inundaban por dentro. Grité su nombre, el mundo disolviéndose en blanco puro. Él rugió, cuerpo temblando bajo el mío. Caímos exhaustos, pegajosos de sudor y semen, respiraciones entrecortadas sincronizándose como el último compás del tango.

Nos quedamos así un rato, acariciándonos perezosamente. Su dedo trazaba patrones en mi espalda, oliendo mi pelo. —Esa pasional tango letra nos unió, ¿verdad? —dijo riendo bajito.

Neta, carnal. Pero esto fue mejor que cualquier canción.

La ciudad seguía latiendo afuera, pero en esa cama, habíamos escrito nuestra propia letra. Me dormí con su brazo alrededor, sabiendo que al amanecer, el deseo quizás renacería. O no. Pero esa noche, el tango había sido perfecto.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.