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La Pasión del Doomposting

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La Pasión del Doomposting

Estabas solo en tu depa de la Condesa, con el zumbido del tráfico de la noche colándose por la ventana entreabierta. El aire olía a lluvia fresca y a tacos de la esquina, pero tu mente andaba en otro pedo: doomposteando sin parar en tus redes. Subías fotos de cielos grises, textos sobre el colapso inminente, el pinche cambio climático que nos iba a joder a todos. La pasión del doomposting, la llamabas en tu cabeza, esa fiebre que te hacía escribir con los dedos temblando, como si cada post fuera un grito al vacío. Neta, te ponía caliente esa intensidad, esa urgencia de sentir todo antes de que el mundo se acabara.

De repente, un DM te sacó del trance. "Órale, wey, tus posts me han dejado mojadita de miedo y deseo. ¿Y si la pasión del doomposting nos lleva a algo chido antes del fin?". El perfil era de ella: Sofia, una morra de ojos fieros, curvas que prometían pecado, de algún lado de Polanco. Su foto de perfil, con labios rojos y un escote que asomaba justo lo necesario, te hizo tragar saliva. Respondiste rápido, el corazón latiéndote como tambor en fiesta de pueblo. Chatearon horas, palabras cargadas de apocalypse y lujuria. "Imagínate cogiendo mientras el mundo arde", escribió ella. Tú sentiste el calor subiendo por tu verga, el pulso acelerado.

Al día siguiente, quedaste con ella en un bar de la Zona Rosa, luces neón parpadeando como estrellas moribundas. Entraste y ahí estaba, con un vestido negro ceñido que marcaba sus chichis perfectos y sus caderas anchas. Olía a vainilla y a algo más salvaje, como piel caliente. Se abrazaron, sus tetas presionando contra tu pecho, y el roce te electrificó. "Eres más guapo en persona, pendejo", te dijo con risa ronca, su aliento cálido en tu oreja. Pidieron tequilas, el líquido quemándote la garganta, aflojando nudos. Hablaron de doomposting, de cómo esa pasión compartida los había unido en el caos digital. Sus manos se rozaban en la mesa, dedos entrelazándose, promesas mudas.

La tensión crecía como tormenta.

"¿Y si nos vamos a mi hotel? Quiero sentir la pasión del doomposting en carne viva",
murmuró ella, ojos brillando. Afuera, la ciudad rugía con cláxones y risas lejanas. Caminaron rápido, el aire nocturno cargado de jazmín y escape de coches. En el elevador, no aguantaron: la besaste con hambre, labios suaves y húmedos saboreando a tequila y miel. Sus manos bajaron por tu espalda, clavándose en tus nalgas, apretando. Tú palpabas sus chichis, duros pezones bajo la tela, gimiendo bajito contra su boca.

En la habitación, luces tenues pintaban sombras en su piel morena. Se quitaron la ropa despacio, como ritual. Su cuerpo desnudo era un templo: pechos firmes con areolas oscuras, vientre plano, panocha depilada reluciente de jugos. Olía a ella, a excitación almizclada que te mareaba. Tú, erecto como nunca, verga palpitando al aire. Esto es la pasión del doomposting hecha carne, pensaste, mientras ella se arrodillaba. Su boca te envolvió, lengua caliente lamiendo el glande, chupando con maestría. Gemiste fuerte, el sonido rebotando en las paredes. Sabía a sal y deseo puro, sus labios estirándose alrededor de tu grosor.

La cargaste a la cama, colchón hundiéndose bajo su peso. Besaste su cuello, mordisqueando suave, bajando a sus tetas. Chupaste un pezón, duro como piedra, mientras tu mano exploraba su entrepierna. Estaba empapada, labios hinchados, clítoris erecto. Metiste dos dedos, curvándolos adentro, sintiendo contracciones calientes. "¡Ay, cabrón, qué rico!", jadeó ella, arqueando la espalda, uñas rasgando tu piel. El olor de su arousal llenaba la habitación, dulce y animal. Movías la mano rápido, pulgares en su clítoris, hasta que tembló, gritando tu nombre en un orgasmo que la dejó jadeante, jugos corriéndole por los muslos.

Pero querías más, la tensión ardía. Ella te volteó, montándote como reina. Su panocha se abrió para ti, tragándote centímetro a centímetro. Calor húmedo, apretado, envolviéndote. "Muévete, wey, fóllame duro", ordenó, y obedeciste desde abajo, embistiéndola con fuerza. Sus chichis rebotaban, sudor brillando en su piel, olor a sexo puro invadiendo todo. Gemidos se mezclaban con el slap-slap de carne contra carne, el crujir de la cama. Sentías su interior pulsando, masajeando tu verga, el placer subiendo como lava.

Cambiaron posiciones, ella de perrito, culo en pompa invitándote. Entraste de nuevo, profundo, manos en sus caderas anchas. El ángulo perfecto rozaba su punto G, haciéndola aullar. "¡Más, pendejo, dame todo!". Sudor goteaba, mezclado con sus jugos, resbaloso. Tu nariz captaba su esencia, embriagadora. Aceleraste, bolas golpeando su clítoris, el mundo reduciéndose a esa unión frenética. Ella se vino otra vez, paredes apretándote como vicio, gritando en éxtasis.

No aguantaste más. "Me vengo, Sofia", gruñiste, y ella giró: "En mi boca, quiero probarte". Sacaste, ella chupó voraz, lengua girando. El orgasmo te explotó, chorros calientes llenándole la boca, ella tragando con gemido satisfecho, gotas escapando por su barbilla. Colapsaron juntos, pieles pegajosas, respiraciones entrecortadas. El aire olía a semen, sudor y paz postapocalíptica.

Después, acostados enredados, ella trazó círculos en tu pecho. "La pasión del doomposting nos salvó esta noche, ¿no?". Reíste bajito, besando su frente húmeda. Afuera, la ciudad seguía viva, luces titilando como esperanza. En ese momento, el fin del mundo parecía chingón, porque lo enfrentarían así: conectados, saciados, listos para más. El doomposting ya no era solo posts; era esto, fuego vivo en la piel.

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