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La Pasion Segun Berenice Pelicula

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La Pasion Segun Berenice Pelicula

La luz tenue del proyector iluminaba el cuarto con un resplandor azulado mientras Berenice se acurrucaba en el sofá de terciopelo rojo. El aroma a palomitas recién hechas con mantequilla y un toque de chile piquín flotaba en el aire, mezclado con el perfume dulzón de su piel después de la ducha. Frente a ellos, en la pantalla grande improvisada contra la pared de ladrillo visto de su departamento en la Condesa, empezaba La Pasion Segun Berenice pelicula, esa joya ochentera mexicana que había descubierto por casualidad en una plataforma de streaming vintage. "Neta, wey, esta película es puro fuego", le dijo a Marco, su novio de ojos café intensos y sonrisa pícara, mientras le pasaba el tazón.

Marco se recargó a su lado, su muslo firme rozando el de ella bajo la cobija ligera. Llevaban tres meses saliendo, explorando cada rincón de sus cuerpos con la curiosidad de adolescentes, pero esta noche prometía algo más profundo. Berenice sentía un cosquilleo en el vientre solo de pensar en las escenas que recordaba vagamente: cuerpos entrelazados, susurros cargados de deseo, la pasión desatada sin pudores.

¿Por qué carajos elegí esta película? Porque quiero que él me vea así, como una diosa del placer, neta
, pensó, mientras el logo inicial parpadeaba y la música de fondo, un tango sensual con violines quejumbrosos, llenaba el espacio.

La trama se desplegaba lenta al principio: una mujer llamada Berenice —¡qué coincidencia tan cabrona!— navegaba por las calles empedradas de una Guadalajara ficticia, su falda ondeando con el viento caliente de la tarde. Marco soltó una risita. "¿Oye, es tu tocaya? Vas a actuarla toda la noche?". Ella le dio un codazo juguetón, sintiendo el calor de su brazo contra su seno. "Cállate, pendejo, y mira. Aprende algo". El deseo inicial era sutil, como el roce de sus dedos cuando él le acomodó un mechón de cabello negro detrás de la oreja. El pulso de Berenice se aceleró un poquito, anticipando lo que vendría.

A medida que avanzaba la película, la tensión crecía en pantalla y entre ellos. La Berenice fílmica seducía a su amante con miradas que prometían infiernos de placer, sus labios rojos entreabiertos exhalando gemidos suaves mientras él la besaba en el cuello. Berenice real sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal; el sonido de esos besos húmedos, amplificado por los bocinas, era como un eco en su propia piel. Marco se movió inquieto, su mano cayendo casualmente sobre la rodilla de ella, trazando círculos lentos con el pulgar. Chin, ya está pasando, pensó ella, notando cómo su pezón se endurecía bajo la blusa de algodón delgada.

En la mitad de la cinta, la escena clave explotó: los amantes en una cama de sábanas revueltas, cuerpos sudorosos chocando con un ritmo hipnótico. El jadeo de la actriz resonaba, mezclado con el crujir de la madera y el olor imaginario a sexo que Berenice juraba percibir. Marco la atrajo más cerca, su aliento cálido contra su oreja. "¿Te prende esta película, amor?". Ella giró la cara, sus labios rozando los de él. "Mucho, pero tú me prendes más". Sus bocas se unieron en un beso profundo, lenguas danzando con sabor a sal y chile, mientras sus manos exploraban. La de él subió por su muslo, deteniéndose en el borde de las pantimedias, y ella respondió arqueando la cadera, presionando contra su erección creciente bajo los jeans.

Apagaron el proyector sin remordimientos; La Pasion Segun Berenice pelicula había encendido la mecha perfecta. Berenice se montó a horcajadas sobre Marco, sintiendo el bulto duro contra su entrepierna húmeda. "Quítame esto, cabrón", murmuró, guiando sus manos a la blusa. Él obedeció con urgencia, exponiendo sus senos plenos, pezones oscuros erguidos como botones de deseo. Los lamió con devoción, succionando uno mientras pellizcaba el otro, enviando descargas eléctricas directo a su clítoris palpitante. Ella gimió, un sonido gutural que rivalizaba con los de la película, oliendo su propio aroma almizclado elevándose entre ellos.

Se desvistieron con torpeza deliciosa, ropa cayendo al piso con susurros de tela. Marco era puro músculo esculpido por horas en el gym, su verga tiesa saltando libre, venosa y gruesa, coronada de una gota perlada que Berenice lamió con deleite.

Mmm, sabe a él, a sudor fresco y hombre
, pensó mientras lo engullía centímetro a centímetro, su lengua girando alrededor del glande sensible. Él gruñó, enredando dedos en su melena. "¡Pinche rica, me vas a matar!". Ella aceleró, chupando con vacuums húmedos, saliva escurriendo por su barbilla, hasta que él la jaló arriba, desesperado.

La tumbó en el sofá, separando sus piernas con reverencia. Su panocha depilada brillaba de jugos, labios hinchados invitándolo. Marco inhaló profundo, "Hueles a miel caliente, Berenice", antes de hundir la cara. Su lengua experta lamió desde el perineo hasta el clítoris, succionándolo como un fruto maduro. Ella se arqueó, uñas clavándose en sus hombros, el placer construyéndose en olas: el roce áspero de su barba incipiente contra sus muslos internos, el sonido chapoteante de su boca devorándola, el sabor salado que él le devolvía en besos. No pares, wey, estoy a nada, rogaba en silencio mientras sus caderas ondulaban contra su rostro.

Pero él se detuvo, juguetón. "No tan rápido, mi reina". La penetró de un solo empujón suave, llenándola por completo. Ambos jadearon al unísono; su verga estirándola deliciosamente, rozando ese punto interno que la hacía ver estrellas. Empezaron lento, mirándose a los ojos, susurros de "te amo" y "más duro" entremezclados con el slap-slap de piel contra piel. El sudor perlaba sus cuerpos, goteando en charcos calientes; el aire olía a sexo puro, a feromonas mexicanas desatadas. Berenice clavó las uñas en su espalda, arañando levemente, mientras él la bombardeaba con estocadas profundas, sus bolas golpeando su culo con ritmo tribal.

La intensidad escaló: ella lo volteó, cabalgándolo como una amazona. Sus senos rebotaban hipnóticos, él los amasaba gruñendo. "¡Sí, cabrón, así! ¡Dame todo!". El orgasmo la alcanzó primero, un tsunami que la hizo convulsionar, chorros calientes empapando su unión mientras gritaba su nombre. Marco la siguió segundos después, hinchándose dentro de ella, eyaculando con rugidos roncos, semen caliente inundándola en pulsos interminables.

Colapsaron exhaustos, entrelazados en un lío sudoroso y satisfecho. El cuarto aún vibraba con ecos de placer, el sofá húmedo testigo de su frenesí. Berenice trazó círculos en su pecho jadeante, oliendo su mezcla íntima.

Esta fue nuestra propia La Pasion Segun Berenice pelicula, pero en vivo y en colores reales
, reflexionó con una sonrisa perezosa. Marco la besó en la frente. "Eres mi musa, neta. Repetimos mañana?". Ella rio bajito, el afterglow envolviéndolos como una cobija cálida, prometiendo más noches de pasión infinita en su rincón del mundo.

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