La Fotografía Es Mi Pasión Meme
En mi estudio en la Roma Norte, con el sol de la tarde colándose por las cortinas negras, ajustaba el trípode de mi Canon mientras tarareaba una rola de Café Tacvba. La fotografía es mi pasión meme, eso decía mi bio en Instagram, y no era chingadera: cada lente, cada flash, me ponía la piel chinita como si estuviera a punto de capturar el alma de alguien. Ese día, Sofia llegó puntual, con una sonrisa que iluminaba más que mis reflectores. Traía un vestido negro ceñido que marcaba sus curvas perfectas, tetas firmes y un culo que pedía a gritos ser fotografiado.
Órale, esta morra va a ser la pieza maestra de mi portafolio, pensé, mientras mi verga ya empezaba a despertar bajo los jeans.
—Hola, Alex. Soy Sofia, la que te escribió por el Insta. La fotografía es mi pasión meme, ¿verdad? Me re cabrón tu vibe, güey —dijo ella, quitándose los tacones y caminando descalza por el piso de madera que crujía suave.
Su voz era ronca, como miel quemada, y olía a vainilla y algo más, un aroma que me erizaba los vellos de la nuca. Le ofrecí un mezcal reposado de las botanas, y brindamos con vasos que tintinearon. Empezamos la sesión con ropa: poses contra la pared blanca, luces suaves que bailaban en su piel morena. El clic-clic de la cámara era como un latido acelerado, y cada vez que se movía, su vestido se subía un poco, dejando ver muslos tersos que brillaban con el sudor del calor mexa.
—Más sensual, nena. Imagina que me estás seduciendo con la mirada —le pedí, acercándome para ajustar su hombro. Mi dedo rozó su clavícula, y sentí el calor de su cuerpo, como un horno encendido. Ella jadeó bajito, un sonido que me recorrió la espina dorsal directo al entrepierna.
La tensión crecía como nubes antes de la lluvia. Le pedí que se quitara el vestido. Sin chistar, lo dejó caer al suelo con un susurro de tela. Quedó en brasier de encaje negro y tanga diminuta, sus pezones endurecidos asomando como promesas. El aire se llenó de su esencia, ese olor almizclado de mujer excitada que me volvía loco. Hice fotos sin parar: ella de rodillas, arqueando la espalda, tocándose el pelo con manos temblorosas. Mi respiración se aceleraba, el flash parpadeaba como un corazón desbocado.
Pinche Sofia, estás encendiendo un incendio aquí adentro, carnal. No sé si aguanto sin tocarte más, me dije, mientras mi panocha propia latía dolorida.
En el medio de la sesión, ella se paró, se acercó gateando por el suelo como gata en celo. —Alex, esto ya no es solo fotos. Siento tu mirada quemándome, ¿y si lo hacemos real? —susurró, sus labios rojos a centímetros de los míos. Olía a mezcal y deseo puro. Asentí, mudo, y la besé. Sus labios eran suaves, calientes, con sabor a sal y frutas maduras. Nuestras lenguas se enredaron en un baile húmedo, chupando, mordiendo suave. Mis manos bajaron a su culo, apretando carne firme que rebotaba bajo mis dedos.
La recosté en el diván rojo del estudio, ese mueble viejo que había visto mil sesiones pero ninguna como esta. Le quité el brasier de un jalón, y sus tetas saltaron libres, perfectas, con pezones oscuros duros como piedras. Los lamí, succionando fuerte, oyendo sus gemidos roncos que llenaban el cuarto: ¡Ay, cabrón, sí! ¡Chúpamelas! Ella arqueaba la espalda, clavándome las uñas en la espalda, dejando surcos rojos que ardían delicioso. El olor de su piel sudada, mezclado con mi colonia, era embriagador, como tequila añejo.
Desabroché mis jeans, y mi verga salió dura como fierro, palpitando al aire fresco. Sofia la miró con ojos hambrientos, lamiéndose los labios. —Ven, déjame probarla —dijo, y se arrodilló. Su boca caliente la envolvió, chupando despacio al principio, lengua girando en la cabeza sensible. Sentí el roce húmedo, el succionar que me hacía gruñir como animal. ¡Qué chingón mamas, nena! La tomé del pelo, suave, guiándola mientras ella aceleraba, saliva goteando por mi tronco venoso. El sonido era obsceno: slurp-slurp mezclado con sus arcadas voluntarias.
No aguanté más. La levanté, la puse a cuatro patas en el diván, tanga a un lado. Su concha estaba empapada, labios hinchados brillando con jugos que olían a mar y miel. Metí dos dedos primero, sintiendo el calor apretado, el músculo succionándome. Ella empujaba contra mi mano, gimiendo: ¡Métemela ya, pendejo, no me hagas rogar! Saqué los dedos, chorreantes, y los lamí, probando su sabor salado-dulce. Luego, apoyé la verga en su entrada y empujé despacio. Entró como en mantequilla caliente, apretándome hasta el fondo. Empecé a bombear, lento al inicio, sintiendo cada vena rozar sus paredes, el slap-slap de piel contra piel resonando en el estudio.
El sudor nos cubría, perlas rodando por su espalda, goteando en mi pecho peludo. Cambiamos posiciones: ella encima, cabalgándome como jinete en rodeo, tetas rebotando hipnóticas. Agarré sus caderas, marcando ritmo, mientras ella gritaba: ¡Sí, así, cabrón, rómpeme la verga! No, quise decir, pero el placer me nublaba. Mis bolas se tensaban, el orgasmo subiendo como ola. La volteé de nuevo, misionero, besándola profundo mientras la taladraba fuerte. Sus ojos se clavaron en los míos, pupilas dilatadas, aliento entrecortado contra mi cara.
—Me vengo, Alex, ¡no pares! —chilló, y su concha se contrajo como puño, ordeñándome. Eso me lanzó al abismo: grité, descargando chorros calientes dentro de ella, pulsos que me vaciaban el alma. Colapsamos juntos, jadeando, cuerpos pegajosos unidos. El cuarto olía a sexo puro, semen y fluidos mezclados, con el flash aún encendido parpadeando lejano.
Después, en la afterglow, nos quedamos abrazados en el diván, su cabeza en mi pecho escuchando mi corazón galopante calmarse. Le acaricié el pelo revuelto, oliendo su champú de coco. —Pinche Sofia, fuiste mi musa perfecta. La fotografía es mi pasión meme, pero esto... esto es mi nueva adicción —le dije, riendo bajito.
Ella levantó la cara, besándome la barbilla. —Y tú el mío, fotógrafo. Hagamos más sesiones así, ¿va? —Asentí, sabiendo que esto era solo el principio. El sol se ponía afuera, tiñendo el estudio de naranja, y por primera vez, la cámara descansaba quieta, habiendo capturado no solo imágenes, sino un fuego que ardía en nosotros para siempre.