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Amor y Pasion Gif Encendido

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Amor y Pasion Gif Encendido

Era una noche calurosa en el corazón de la Ciudad de México, de esas que te pegan el vestido al cuerpo con el sudor pegajoso del aire húmedo. Yo, Karla, estaba recostada en el sillón de mi departamentito en la Roma, con el ventilador zumbando como loco arriba de mí, pero ni así refrescaba el bochorno que traía por dentro. Mi celular vibró sobre la mesita, y al checarlo, vi un mensaje de Rodrigo, mi carnalito del alma, el wey que me tenía loca desde hace meses.

Órale, Karla, mira este amor y pasion gif que encontré, neta que me recordó a nosotros anoche...

Le di play al GIF y ¡madre mía! Eran dos cuerpos entrelazados en un baile sensual, ella arqueando la espalda mientras él la besaba el cuello con una pasión que se sentía hasta en la pantalla. El movimiento repetitivo del GIF hacía que el deseo se repitiera en loop infinito, igual que mis pensamientos sucios sobre Rodri. Mi piel se erizó al instante, un cosquilleo que bajaba desde la nuca hasta el entrepierna. Olía a mi crema de vainilla mezclada con el aroma de la ciudad que entraba por la ventana abierta: tacos de la esquina, escape de coches y un toque de jazmín del vecino.

Le contesté rápido: Ven ya, pendejo, o te juro que me voy a tocar sola viendo esto. Sonreí maliciosa, imaginando su cara de sorprendido. Rodri era de esos morros altos, morenos, con ojos cafés que te desnudan con la mirada, y un cuerpo forjado en el gym que olía a jabón Irish Spring mezclado con sudor fresco después de entrenar.

Diez minutos después, la puerta se abrió con llave –tenía copia, qué chido– y ahí estaba él, con una playera ajustada que marcaba sus pectorales y jeans que le quedaban como pintados. El ambiente se cargó de electricidad al instante. Me paré despacio, sintiendo cómo mis pezones se endurecían bajo la blusa ligera de algodón.

Neta, Karla, ese GIF te prendió como mecha, ¿verdad? —dijo con esa voz ronca que me derretía, acercándose con pasos lentos, como depredador.

Ven y averígualo, cabrón —le respondí, mordiéndome el labio.

Su mano grande tomó mi cintura, atrayéndome contra su pecho duro. Sentí el latido acelerado de su corazón contra mis tetas, y el calor de su aliento en mi oreja. Olía delicioso, a hombre listo para devorar. Nuestros labios se rozaron primero suave, un roce eléctrico, probando sabores: el mío a chicle de menta, el suyo a cerveza fría que se había echado camino acá.

La tensión crecía como tormenta en el DF antes de la lluvia. Rodri me levantó en brazos sin esfuerzo, mis piernas se enredaron en su cadera mientras me llevaba al cuarto. El colchón crujió bajo nuestro peso cuando me tiró suave, pero con hambre. Se quitó la playera de un jalón, revelando ese torso tatuado con un águila chiquita en el pecho, y yo no pude más: mis manos exploraron cada músculo, sintiendo la piel cálida, suave como terciopelo sobre acero.

Qué padre se siente esto, su piel contra la mía, como si fuéramos uno solo. Ese GIF nos abrió la puerta a esto, a este fuego que no para.

Quítate todo, mi reina —susurró, mientras sus dedos desabotonaban mi blusa con deliberada lentitud, rozando mis costados y haciendo que mi vientre se contrajera de anticipación. El aire fresco del ventilador lamía mi piel desnuda, contrastando con el calor de sus palmas. Bajó la cabeza y lamió mi cuello, saboreando el sudor salado, mordisqueando suave hasta que gemí bajito, un sonido gutural que salió de lo más hondo.

Yo le desabroché los jeans, liberando su verga dura que saltó ansiosa, gruesa y venosa, palpitando al ritmo de su pulso. La tomé en mi mano, sintiendo el terciopelo caliente de la piel, el olor almizclado de su excitación que me mareaba de deseo. ¡Qué rico! La apreté suave, moviendo la mano arriba-abajo, oyendo su jadeo ronco, como animal en celo.

Nos volteamos en la cama, yo arriba ahora, cabalgando su cadera mientras lo besaba feroz. Nuestras lenguas bailaban un tango húmedo, saboreando saliva dulce y salada. Bajé por su pecho, lamiendo pezones duros, bajando hasta su ombligo, inhalando ese aroma íntimo que gritaba sexo puro. Lo tomé en mi boca, chupando despacio al principio, saboreando el precum salado que brotaba, luego más rápido, oyendo sus gemidos que rebotaban en las paredes: ¡Ay, Karla, qué chingón!

Pero él no se quedó atrás. Me volteó boca arriba, separó mis muslos con manos firmes pero tiernas, y hundió la cara entre mis piernas. Su lengua mágica lamió mi clítoris hinchado, círculos lentos que me hicieron arquear la espalda como en ese GIF. Sentí cada roce húmedo, el calor de su boca succionando, el sonido chapoteante de mi humedad. Olía a mi propia excitación, almizcle dulce, y el cuarto se llenó de nuestros jadeos entrecortados.

No aguanto más, este wey me lleva al cielo con su boca. Amor y pasión en cada lamida, neta que es mi todo.

La intensidad subía como el volcán Popo en erupción. Rodri se posicionó entre mis piernas, frotando su verga contra mi entrada resbaladiza, teasing sin entrar aún. —Dime que lo quieres, mi amor —gruñó, ojos clavados en los míos, brillantes de lujuria.

¡Sí, métemela ya, pendejo! —supliqué, clavando uñas en su espalda musculosa.

Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso, llenándome hasta el fondo. ¡Qué sensación! Su grosor pulsaba dentro, rozando cada pared sensible. Empezó a moverse, embestidas lentas al principio, profundas, haciendo que mis tetas rebotaran con cada choque. El sonido de piel contra piel era hipnótico: plaf, plaf, mezclado con mis gritos ahogados y sus gruñidos roncos. Sudábamos a chorros, el olor a sexo impregnaba todo, salado y animal.

Aceleró, mis piernas alrededor de su cintura, talones clavados en su culo firme. Lo monté cuando nos volteamos, rebotando sobre él, sintiendo cómo me perforaba hasta el alma. Mis paredes se contraían alrededor de su verga, ordeñándolo, mientras sus manos amasaban mis nalgas, un dedo rozando mi ano en tease juguetón. ¡Qué padre! El clímax se acercaba como tren desbocado: pulsos acelerados, visión borrosa, el mundo reducido a su cuerpo sobre el mío.

Vente conmigo, Karla... —jadeó, y explotamos juntos. Mi orgasmo me sacudió como terremoto, oleadas de placer que me dejaron temblando, gritando su nombre mientras chorros calientes de su leche me inundaban por dentro, resbaloso y abundante. Colapsamos, cuerpos pegajosos entrelazados, respiraciones agitadas calmándose poco a poco.

Después, en el afterglow, nos quedamos así, piel contra piel, el ventilador secando nuestro sudor. Él me besó la frente, suave, tierno. —Ese amor y pasion gif fue el detonador perfecto, ¿no?

Sonreí, trazando círculos en su pecho con el dedo.

Neta que sí, pero esto es mejor que cualquier GIF. Tú y yo, puro fuego mexicano.
El cuarto olía a nosotros, a pasión consumada, y afuera la ciudad seguía su ritmo loco, pero aquí dentro, todo era paz ardiente. Sabía que esto no acababa aquí; nuestro amor era como ese GIF, en loop eterno, listo para encenderse de nuevo.

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