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Flagelacion Sensual de Jesus la Pasion de Cristo

6845 palabras

Flagelacion Sensual de Jesus la Pasion de Cristo

La luz de la televisión parpadea en tu recámara de la Condesa, ese depa chido con vista al parque México. Tú y tu morra, Lupe, están echados en la cama king size, con el olor a palomitas y su perfume de jazmín invadiendo el aire. Están viendo La Pasión de Cristo, esa película que siempre los pone cachondos de una forma rara, prohibida. La escena llega: la flagelación de Jesús, la pasión de Cristo en todo su crudeo esplendor. Los látigos chasquean contra la piel, el sudor brilla bajo las luces, y los gemidos de dolor se mezclan con algo más profundo, algo que te hace apretar las piernas.

¿Por qué carajos me moja tanto esto? piensas, mientras sientes el calor subiendo por tu entrepierna. Lupe te mira de reojo, su mano ya rozando tu muslo por encima del short. "Neta, carnal, esa escena de la flagelación de Jesús la pasión de Cristo me prende fuego", susurra ella con esa voz ronca que te derrite. Sus ojos cafés brillan con picardía mexicana, esa que dice quiero chingarme algo heavy esta noche.

Tú asientes, el corazón latiéndote como tambor en Quincena. "¿Y si lo hacemos nosotros? Tú como Jesús atado, yo la que azota con amor", propone ella, mordiéndose el labio. Consienten al instante, todo claro, todo chingón y mutuo. No hay juegos raros, solo puro deseo adulto entre dos que se conocen el cuerpo como la palma de la mano. Lupe trae de su cajón un látigo de cuero suave, comprado en una sex shop de la Zona Rosa, nada de dolor real, solo cosquilleo que enciende los nervios.

Acto uno: la preparación. Te paras en el centro de la recámara, desnudo, la piel erizada por el aire fresco de la noche. Lupe te ata las manos a la cabecera de la cama con unas esposas de terciopelo rojo, suaves como su lengua.

Siento su aliento caliente en mi nuca, oliendo a tequila y menta, mientras me dice: "Eres mi Jesús, mi pasión, déjame flagelarte con placer"
. El espejo del clóset refleja tu cuerpo atlético, el pecho subiendo y bajando, la verga ya semi dura colgando pesada. Ella se quita el baby doll negro, quedando en tanga de encaje, sus chichis firmes rebotando libres, pezones duros como piedras de obsidiana.

El ambiente huele a su excitación, ese aroma almizclado que te hace salivar. Comienza el ritual. Lupe camina alrededor tuyo como pantera en cacería, el látigo rozando el suelo de madera. "Prepárate para la flagelación de Jesús la pasión de Cristo, pero versión nuestra, cabrón", dice riendo bajito. El primer toque es un roce, el cuero fresco besando tu espalda. Sientes el vello erizarse, un escalofrío delicioso bajando hasta las bolas. No duele, chinga, qué rico, es como caricias con filo, despertando cada poro.

Acto dos: la escalada. Los azotes empiezan suaves, rítmicos, como el son jarocho que pusieron de fondo para ambientar. Chas, chas, contra tus nalgas, el sonido rebotando en las paredes. Cada impacto manda ondas de placer punzante, tu piel enrojeciéndose leve, caliente al tacto. Lupe jadea, su respiración agitada mezclándose con la tuya. "¿Te gusta, mi Cristo? ¿Sientes la pasión ardiendo?" pregunta, mientras su mano libre acaricia la marca fresca, dedos suaves contrastando el cuero.

Pinche morra, me tiene al borde, piensas, la verga ahora tiesa como poste, goteando pre-semen que huele salado. Ella se pega a ti por detrás, sus chichis aplastándose contra tu espalda sudorosa, el calor de su panocha mojada rozando tu nalga. Baja el látigo a tus muslos, azotando cerca de las bolas, el aire silbando antes del impacto. Gimes, un sonido gutural que sale del alma, "Más, Lupe, no pares, qué chido se siente". Ella responde lamiendo el sudor de tu hombro, sabor salado en su lengua, mientras sus dedos se cuelan entre tus piernas, apretando suave tus huevos.

La tensión sube como volcán en erupción. Lupe suelta el látigo, gira tu cuerpo atado para verte de frente. Tus ojos se clavan en los suyos, pupilas dilatadas de pura lujuria.

En su mirada veo la devoción, no dolor, sino entrega total, como si yo fuera de verdad el Jesús de la flagelación, pero en éxtasis
. Ella se arrodilla, el piso fresco contra sus rodillas, y engulle tu verga de un trago. La boca caliente, húmeda, lengua girando alrededor del glande hinchado. Chupa con hambre, saliva chorreando por tu tronco, el sonido de succión obsceno y adictivo. Tú empujas las caderas, follando su cara con cuidado, ella gimiendo vibraciones que te suben por la columna.

Pero no acaba ahí. Lupe se levanta, desata tus manos con un beso en cada muñeca. "Ahora te toca a ti flagelarme, mi pasión", dice empoderada, tomando el látigo y poniéndoselo en la mano. Intercambian roles, todo fluido, consensual. La atas ella ahora, su cuerpo curvilíneo expuesto, panocha depilada brillando de jugos. Azotas su culo redondo, suave al principio, viendo cómo se sonroja, ella arqueando la espalda qué rica. "¡Sí, carnal, así, como en la flagelación de Jesús pero con mi concha ardiendo!" grita, voz entrecortada.

El clímax se acerca. La sueltas, caen a la cama enredados, pieles sudadas pegándose. Tú encima, verga hundiéndose en su calor resbaloso, paredes vaginales apretando como puño. Empujas profundo, lento al inicio, sintiendo cada vena rozando su interior. Ella clava uñas en tu espalda, marcas rojas como estigmas. "¡Chíngame duro, Jesús mío, dame tu pasión!" gime, piernas envolviéndote, talones presionando tus nalgas para más fondo. El ritmo acelera, cama crujiendo, sudor volando, olor a sexo puro mexicano llenando la habitación.

Acto tres: la liberación. Sientes el orgasmo construyéndose, bolas tensas, pulso en las sienes. Lupe se retuerce debajo, su clítoris frotándose contra tu pubis, gritando "¡Me vengo, pendejo divino!". Explota primero ella, concha contrayéndose en espasmos, jugos empapando las sábanas. Tú no aguantas, verga palpitando, chorros calientes llenándola hasta rebosar. Gimes largo, el mundo blanco por segundos, todo placer sensorial: su sabor en tu boca de besos previos, el slap de pieles, el aroma almizcle mezclado con vainilla.

Caen exhaustos, respiraciones entrecortadas calmándose. Lupe acaricia tu pecho, besos suaves en las marcas leves.

Neta, esta flagelación de Jesús la pasión de Cristo nuestra propia versión nos unió más, carnales en cuerpo y alma
. Ríen bajito, hablando de lo chingón que fue, planeando la próxima. El afterglow envuelve como cobija tibia, corazones latiendo al unísono, listos para dormir enredados, con el eco de placer lingering en la piel.

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