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Pasión por el Trabajo Frases que Encienden la Piel

6635 palabras

Pasión por el Trabajo Frases que Encienden la Piel

Ana siempre había sido una chava obsesionada con su chamba. En la agencia de publicidad en Polanco, donde el aire olía a café recién molido y a las flores frescas que decoraban las oficinas, ella era la reina de las ideas locas. Su pasión por el trabajo era legendaria; de hecho, tenía un cuaderno lleno de pasión por el trabajo frases que repetía como mantras para motivarse. “El éxito nace de la pasión ardiente por lo que haces”, decía una de sus favoritas, recitada con los ojos brillando mientras tecleaba propuestas hasta la madrugada.

Marco, el nuevo jefe de equipo, llegó como un huracán. Alto, con esa barba recortada que le daba un aire de galán de telenovela y ojos cafés que parecían devorar todo a su paso, hizo que el corazón de Ana latiera más rápido que el ritmo de un corrido norteño. Era de Guadalajara, con ese acento tapatío que arrastraba las palabras como miel caliente. Desde el primer día, en la junta de brainstorming, notó su cuaderno abierto sobre la mesa.

¿Qué es eso, Ana? ¿Tus secretos para conquistar campañas?
preguntó él, inclinándose lo suficiente para que ella oliera su colonia, una mezcla de madera y cítricos que le erizó la piel.

Neta, carnal, son mis frases de pasión por el trabajo, respondió ella, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Si no le pones alma, no prende.

Desde ahí, empezaron el juego. Cada reunión terminaba con una frase: él soltaba una como “La pasión por el trabajo es el fuego que forja imperios”, y ella contraatacaba con “Trabaja con pasión y el mundo se arrodillará a tus pies”. Las miradas se prolongaban, las sonrisas se volvían pícarares, y el aire entre ellos se cargaba de una electricidad que nadie más parecía notar. Ana se sorprendía pensando en él en la noche, imaginando esas frases susurradas al oído, con el cuerpo pegado al suyo.

La tensión creció como la marea en Acapulco. Una noche de viernes, la agencia estaba casi vacía. Tenían una campaña urgente para un cliente grande, y se quedaron hasta las once. El zumbido de las computadoras, el clic-clac de los teclados y el aroma del taquito de suadero que Marco había traído de la esquina llenaban el espacio. Ana llevaba una blusa blanca ajustada que se pegaba a sus curvas por el calor del día, y una falda lápiz que subía un poco cuando se sentaba en la orilla del escritorio.

Pasión por el trabajo frases, dijo Marco de repente, rompiendo el silencio mientras revisaban los bocetos. Esta noche, hagamos que esta campaña arda como nuestra dedicación.

Ella levantó la vista, y ahí estaba él, tan cerca que podía sentir el calor de su aliento en su cuello. Sus manos rozaron al pasar una hoja, y ese toque fue como una chispa. ¿Y si la pasión por el trabajo nos quema a nosotros primero? murmuró Ana, su voz ronca, el corazón latiéndole en la garganta.

Marco se acercó más, su rodilla tocando la de ella bajo la mesa. El olor de su sudor mezclado con la colonia la mareaba, y el sonido de su respiración profunda la hacía apretar los muslos.

Me traes loco con tus frases, Ana. Cada una que dices, siento que me estás hablando del cuerpo, no del jale
, confesó él, su mano subiendo por su muslo con una lentitud tortuosa.

Ella no se apartó. Al contrario, giró en la silla y lo miró fijo. Neta que sí, wey. La pasión por el trabajo es como el deseo: te consume si no lo dejas salir. Sus labios se encontraron en un beso hambriento, saboreando el picor de la salsa del taquito y el dulzor de la anticipación. Las lenguas bailaron, explorando, mientras las manos de Marco desabotonaban su blusa, revelando la piel bronceada y el encaje negro de su brasier.

Se levantaron, empujando papeles y tazas al suelo con un estruendo que nadie oyó. Ana lo jaló hacia el sofá de la sala de juntas, ese mueble de cuero negro que crujía bajo su peso. Él la recostó con gentileza, besando su cuello, lamiendo el hueco de su clavícula donde latía su pulso acelerado. Estás cañón, Ana. Tu piel sabe a vainilla y a noche de pasión, gruñó, mientras sus dedos bajaban la cremallera de su falda.

Ella jadeaba, el sonido de su zipper era música erótica. Sus uñas arañaron la espalda de él bajo la camisa, sintiendo los músculos tensos como cables.

Marco, no pares. Siento tu verga dura contra mí, y me muero por tenerte dentro
, pensó, pero en voz alta solo gimió: ¡Más, pendejo, dame más!

La ropa voló: su falda por los aires, los pantalones de él amontonados en el piso. Desnudos, piel con piel, el sudor los unía como pegamento caliente. Ana abrió las piernas, invitándolo, y él se hundió en ella con un gemido gutural que reverberó en las paredes. El roce era exquisito, su clítoris frotándose contra él con cada embestida. Olía a sexo, a almizcle y a la promesa cumplida de esas frases que habían encendido todo.

Se movían al unísono, el sofá crujiendo rítmicamente, sus respiraciones entrecortadas mezclándose con palabras sucias. ¡Estás tan mojada, chula! Tu panocha me aprieta como si no quisiera soltarme, le susurró al oído, mordisqueando su lóbulo. Ella arqueó la espalda, clavando las uñas en sus nalgas, guiándolo más profundo. El placer subía en oleadas, tenso, insoportable. Sus pechos rebotaban con cada golpe, y él los chupaba, saboreando los pezones duros como caramelos.

La tensión creció hasta el límite. Ana sintió el orgasmo venir como un tren, sus paredes contrayéndose alrededor de su verga palpitante. ¡Ven conmigo, Marco! ¡La pasión por el trabajo nos explota! gritó, y él se dejó ir, llenándola con chorros calientes mientras ambos temblaban, el mundo reduciéndose a ese sofá, a sus cuerpos entrelazados.

Después, en el afterglow, yacían jadeantes, el aire pesado con el olor de sus jugos mezclados. Marco la besó en la frente, suave ahora, tierno.

Esas frases tuyas... nunca pensé que me llevarían a esto. Pero neta, la mejor pasión por el trabajo de mi vida
, dijo riendo bajito.

Ana sonrió, trazando círculos en su pecho con el dedo. Y no ha terminado, wey. Mañana, más frases... y más de esto. Se sentía empoderada, satisfecha, como si hubiera conquistado no solo la campaña, sino algo más profundo. La agencia, con sus luces tenues y el silencio de la noche, parecía bendecirlos. Esa pasión por el trabajo, con sus frases ardientes, había encendido algo eterno entre ellos.

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