Allie Diario de una Pasion
Querido diario, hoy empiezo a escribirte como Allie Diario de una Pasion, porque neta, lo que siento por él me quema por dentro. Me llamo Allie, tengo veintiocho pirulos y vivo en esta chingona colonia de Polanco, donde el aire huele a café recién molido y jazmines en las tardes. Trabajo en una galería de arte, rodeada de pinturas que gritan deseo, pero nada como el que me despierta Marco.
Lo vi por primera vez en el café de la esquina, el que tiene esas mesitas de hierro forjado bajo las buganvillas. Él estaba ahí, con su camisa blanca arremangada, mostrando unos antebrazos morenos y fuertes que me hicieron tragar saliva. Olía a colonia fresca, de esas que te envuelven como un abrazo. Me miró con ojos cafés intensos, y sentí un cosquilleo en el estómago, como mariposas pendejas volando a todo lo que daban.
"Hola, ¿te puedo invitar un latte?"me dijo con voz grave, ronca, que me erizó la piel. Le dije que sí, obvio, y platicamos horas. Es arquitecto, wey, diseña casas que parecen sueños. Hablamos de todo: de la neta de la vida en la CDMX, de cómo el tráfico nos vuelve locos, pero sus risas me calmaban.
Desde ese día, la tensión crece. Cada mensaje suyo en el cel me hace mojar las bragas. Anoche soñé con él: su boca en mi cuello, mordisqueando suave, el sabor salado de su piel en mi lengua. Desperté jadeando, con las sábanas revueltas y el corazón latiendo como tamborazo zacatecano. Hoy nos vemos en su depa, dice que quiere cocinarme tacos al pastor. Neta, solo de imaginarlo moviéndose en la cocina, con ese culo prieto en jeans, ya estoy que ardo.
Acto primero cerrado, diario. El deseo es como un volcán a punto de estallar. Mañana te cuento más.
¡Ay, wey! Llegué a su casa y el olor a carne asada y piña caramelizada me golpeó en la puerta. Marco abrió con una sonrisa pícara, su pelo negro revuelto, oliendo a humo de parrilla y hombre. Me jaló suave por la cintura y me plantó un beso en la mejilla que duró más de la cuenta. Cenamos en su terraza, con vista a los cerros lejanos teñidos de naranja por el atardecer. El vino tinto nos soltó la lengua: le conté de mi ex pendejo que no sabía ni tocarme, y él de cómo las morras lo traen loco pero ninguna como yo.
Después de los tacos, nos sentamos en el sofá de cuero suave, que crujió bajo nuestro peso. Su mano rozó mi muslo, accidental, pero neta que no. Sentí el calor de sus dedos a través del vestido ligero, subiendo despacito. Mi piel se erizó, el pulso en mi cuello latiendo fuerte.
"Allie, desde que te vi, no dejo de pensar en cómo sabrías"murmuró, su aliento cálido en mi oreja, oliendo a menta y deseo. Lo miré, mordiéndome el labio, y le dije "Prueba y verás, carnal".
Nos besamos como hambrientos. Sus labios carnosos devorando los míos, lengua danzando, saboreando el picor del chile de los tacos. Manos everywhere: las mías en su pecho firme, sintiendo los músculos contraerse bajo mis uñas. Él desabrochó mi vestido, exponiendo mis tetas al aire fresco de la noche, pezones duros como piedras. Los lamió, chupó, mordió suave, y gemí bajito, el sonido ahogado en su boca. Olía a sudor limpio, a pasión cruda. Me recargué en el sofá, piernas abiertas, mientras sus dedos bajaban por mi panza, rozando el encaje de mis calzones.
Pero paramos ahí, wey. Tensión pura. Me dijo
"No quiero apurarlo, Allie. Quiero que sea inolvidable". Me fui a casa con el cuerpo ardiendo, tocándome en la regadera bajo el chorro caliente, imaginando su verga dura entrando en mí. El agua caía como lluvia mexicana en verano, mezclándose con mi humedad. Orgasmo rápido, pero no suficiente. Este hombre me tiene en jaque.
La escalada sigue, diario. Mi cuerpo grita por él, la mente da vueltas con fantasías sucias. ¿Cuánto más aguantamos?
Han pasado tres días de puro tormento delicioso. Mensajes calientes: él mandándome fotos de su torso mojado post-gym, yo respondiendo con un selfie en lencería roja, tetas asomando. Hoy explotamos. Quedamos en mi depa, porque quería mi territorio. Preparé velas aromáticas a vainilla y chocolate, música de Natalia Lafourcade de fondo, suave y sensual.
Abrió la puerta y ya estaba encima. Me levantó en brazos, fuerte como toro, y me llevó a la cama king size con sábanas de algodón egipcio que olían a lavanda fresca. Nos desnudamos a mordidas: él arrancó mi blusa, yo bajé su zipper con dientes, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante. La tomé en la mano, piel aterciopelada sobre acero, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado, como mar. Gimió ronco,
"¡Chingada madre, Allie, qué rica boca!", jalándome el pelo suave, guiándome.
Me tumbó boca arriba, besando cada centímetro: cuello, clavículas, tetas rebotando con sus chupadas, panza temblando. Bajó a mi coño depilado, húmedo y abierto como flor de nochebuena. Su lengua experta lamió mi clítoris hinchado, círculos lentos, luego rápidos, dedos curvándose dentro, tocando ese punto que me hace ver estrellas. Olía a mi excitación almizclada, mezclada con su sudor. Gemí fuerte, "¡Más, Marco, no pares, pendejo!", caderas alzándose, nalgas apretadas contra las sábanas.
Me volteó a cuatro patas, cacheteadas juguetonas que ardían rico, dejando marcas rojas. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Sentí cada vena rozando mis paredes, llenándome hasta el fondo. Empujones rítmicos, piel contra piel chapoteando, sus bolas golpeando mi clítoris. Sudor goteando, mezclándose, el cuarto lleno de nuestros jadeos y el crujir de la cama. Me volteó de nuevo, misionero profundo, ojos en ojos, sus manos en mi cara.
"Te quiero, Allie, esto es pasión pura". Aceleró, yo clavando uñas en su espalda, orgasmos llegando en olas: el mío primero, contrayéndome alrededor de él, gritando su nombre; el suyo segundos después, caliente dentro, marcándome.
Colapsamos, cuerpos entrelazados, piel pegajosa, respiraciones entrecortadas. El afterglow fue mágico: besos suaves, risas cansadas, olor a sexo y amor flotando. Me acurruqué en su pecho, oyendo su corazón galopando calmándose. Neta, esto es lo que buscaba.
Ahora, diario, reflexiono. Marco no es solo un polvo; es conexión, fuego que enciende mi alma mexicana. Seguiremos escribiendo esta pasión, día a día, noche a noche. Quién sabe, tal vez este Allie Diario de una Pasion se haga libro. Pero por ahora, duermo con su aroma en mi piel, satisfecha, empoderada, lista para más.