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Leyendas de Pasion DVD Encendidas

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Leyendas de Pasion DVD Encendidas

La lluvia caía a cántaros sobre el techo de zinc de tu depa en la colonia Roma, ese golpeteo constante que te hacía sentir como si el mundo entero se estuviera deshaciendo afuera. Estabas solo con Sofia, tu morra desde hace un año, esa chava de ojos café profundo y curvas que te volvían loco con solo una mirada. Habían pedido unas chelas y unos tacos de suadero para picar, pero el plan cambió cuando Sofia revolvió en el cajón de los DVDs viejos que trajiste de la casa de tus tíos.

Órale, mira esto, dijo ella con una sonrisa pícara, sacando un disco rayado con letras doradas deslavadas: Leyendas de Pasion DVD.

¿Qué será esta madre? Parece de esas pelis antiguas que contaban cuentos calientes de rancho
, pensaste tú, mientras el aroma a limón y cilantro de los tacos flotaba en el aire. Sofia lo metió al player sin pensarlo dos veces, y se acurrucó contra ti en el sillón de piel gastada, su cuerpo cálido presionando el tuyo, el olor de su perfume mezclado con el jabón de lavanda invadiendo tus fosas nasales.

La pantalla parpadeó y empezó la película. Era una historia de pasiones prohibidas en un pueblo de Jalisco, con actores que parecían salidos de un sueño febril: una hacendada ardiente y un vaquero misterioso, sus miradas cargadas de promesas. El sonido de guitarras rancheras llenó la habitación, y tú sentiste cómo el pulso de Sofia se aceleraba contra tu pecho. Esto está chido, murmuró ella, su mano descansando en tu muslo, los dedos trazando círculos perezosos que mandaban chispas directas a tu entrepierna.

Acto uno: la hacendada cabalga por los campos dorados al atardecer, el viento revolviéndole el vestido blanco que se pega a sus tetas firmes. Tú tragaste saliva, notando cómo Sofia se removía inquieta, su respiración volviéndose más profunda.

Pinche película, ya me está poniendo caliente
, confesó en voz baja, y su mano subió un poco más, rozando el bulto que crecía en tus jeans. El calor de su palma te quemaba a través de la tela, y el sabor salado de la cerveza en tu lengua se mezcló con el deseo que te subía por la garganta.

La tensión crecía como la tormenta afuera. En la pantalla, el vaquero la bajaba del caballo, sus bocas chocando en un beso salvaje, lenguas danzando al ritmo de los violines. Sofia giró la cara hacia ti, sus labios entreabiertos, húmedos y tentadores. Bésame, wey, susurró, y no lo pensaste dos veces. Tus bocas se fundieron, el sabor de sus labios carnosos como miel caliente, su lengua explorando la tuya con urgencia. El olor de su excitación empezaba a filtrarse, ese musk dulce y femenino que te volvía pendejo.

La película seguía: ahora en una recámara con velas titilantes, la hacienda desatando el corsé, tetas perfectas saltando libres. Sofia jadeó contra tu boca, y su mano se coló dentro de tus jeans, agarrando tu verga dura como piedra. Estás listo, cabrón, rio bajito, mientras la masturbabas por encima del short, sintiendo la humedad que empapaba la tela. El sonido de la lluvia se mezclaba con vuestros gemidos ahogados, el sillón crujiendo bajo el peso de vuestros cuerpos enredados.

Te levantaste un segundo para apagar la tele, pero Sofia te jaló de vuelta. Deja el DVD prendido, me prende más. La leyenda continuaba: el vaquero lamiéndole el coño con devoción, ella arqueándose como gata en celo. Tú imitaste la escena, bajando el short de Sofia hasta los tobillos. Su panocha depilada brillaba de jugos, el olor embriagador te golpeó como tequila puro.

Qué rica hueles, nena
, gruñiste, antes de hundir la cara entre sus muslos. Tu lengua saboreó su clítoris hinchado, salado y dulce, chupando con hambre mientras ella clavaba las uñas en tu cabeza, gimiendo ¡Ay, sí, así, no pares, pendejo!

El acto dos escalaba en la peli y en tu depa. Sofia te empujó al sillón, se arrodilló entre tus piernas, desabrochando tus jeans con dientes. Su boca envolvió tu pito, caliente y húmeda, la lengua girando alrededor de la cabeza mientras succionaba con maestría. Sentiste las venas latiendo contra su paladar, el sonido obsceno de saliva y carne llenando el aire. Te la chupó como diosa, pensaste, tus caderas empujando instintivamente, el sudor perlando tu frente mezclado con el aroma a sexo que lo impregnaba todo.

Pero querían más. La hacienda en la pantalla montaba al vaquero, rebotando con ferocidad, tetas danzando. Sofia te quitó la playera, arañando tu pecho con uñas pintadas de rojo. Cógeme ya, no aguanto, suplicó, ojos vidriosos de lujuria. La volteaste boca abajo en el sillón, su culo redondo alzado como ofrenda. Escupiste en tu mano, lubricando tu verga antes de empujar despacio. El calor de su coño te apretó como guante de terciopelo, resbaladizo y ardiente. ¡Qué chingón! gritó ella, mientras embestías, piel contra piel chocando con palmadas rítmicas, el olor de sudor y fluidos volviéndose espeso.

La lluvia arreció, truenos retumbando como tu corazón desbocado. Cambiaron posiciones: ella encima, cabalgándote como la hacienda de la leyenda, sus caderas girando en círculos hipnóticos. Sentiste cada contracción de su interior, sus jugos chorreando por tus bolas, el roce de su clítoris contra tu pubis mandándola al borde.

Me vengo, wey, no pares
, jadeó, y su orgasmo la sacudió, paredes apretándote como vicio, uñas hundiéndose en tus hombros. Tú aguantaste, volteándola de nuevo para follarla a lo misionero, mirándola a los ojos, besando su cuello salado mientras acelerabas.

En la pantalla, el clímax de la leyenda: pasión desatada bajo la luna, gritos de éxtasis. Tú no pudiste más. Me voy a correr, Sofia, avisaste, y ella envolvió las piernas alrededor de tu cintura. Adentro, lléname. El placer explotó, chorros calientes inundándola, tu cuerpo temblando en espasmos mientras ella gemía con la segunda ola. Colapsaron juntos, jadeos entrecortados, el DVD zumbando olvidado en loop.

Acto tres: el afterglow. La lluvia amainaba, dejando un goteo suave. Sofia se acurrucó en tu pecho, piel pegajosa de sudor, el olor de semen y ella impregnado en las sábanas que trajeron del cuarto. Pinche Leyendas de Pasion DVD, nos prendió cañón, rio bajito, trazando círculos en tu abdomen. Tú besaste su frente, sintiendo la paz que viene después del fuego.

Esto es lo que quiero siempre, carnal
, pensaste, mientras el calor de su cuerpo te arrullaba. Afuera, la noche mexicana susurraba promesas de más leyendas por descubrir, pero por ahora, bastaba con esta pasión real, tuya y de ella.

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