Relatos Prohibidos
Inicio Hetero Pasion Oculta Pelicula Completa Pasion Oculta Pelicula Completa

Pasion Oculta Pelicula Completa

7485 palabras

Pasion Oculta Pelicula Completa

Estaba sola en mi depa de la Condesa, con el calor de la noche de julio pegándome en la piel como una caricia indecente. Yo, Ana, una chava de treinta y tantos que trabaja en una agencia de publicidad, siempre con el estrés hasta el cuello, pero esa noche neta que necesitaba algo que me sacara del pedo. Agarré mi laptop, sudando un poco bajo el ventilador que zumbaba como un mosco cachondo, y busqué pasion oculta pelicula completa. No sé por qué, pero el título me llamó como un susurro al oído, prometiendo secretos que me harían olvidar el mundo.

El video cargó, pixeles vibrando en la pantalla, y de pronto una historia de amantes escondidos, cuerpos entrelazados en sombras, gemidos que retumbaban en mis audífonos. Olía a mi propia excitación, ese aroma dulce y salado que sube cuando el deseo se despierta. Me recosté en la cama, las sábanas frescas rozando mis muslos desnudos, y dejé que mis dedos bajaran lentos, explorando la humedad que ya se acumulaba.

¿Qué carajos estoy haciendo? Pero se siente tan chingón...
pensé, mientras la pantalla mostraba besos húmedos, lenguas danzando como fuego.

De repente, un ruido del otro lado de la pared. Un golpe sordo, seguido de un jadeo que parecía eco del video. Mi corazón latió fuerte, el pulso acelerado en mi cuello. ¿Mi vecino? Diego, ese wey alto, moreno, con ojos que te desnudan sin tocarte. Lo había visto en el elevador, oliendo a colonia cara y sudor fresco del gym, camisa ajustada marcando sus pectorales. Siempre un "buenas noches" con sonrisa pícara que me dejaba las bragas húmedas. Apagué la laptop de un manotazo, el calor subiendo por mi pecho.

Me puse una bata de seda ligera, esa que apenas cubre el trasero, y salí al pasillo. El aire del corredor traía olor a tacos de la fonda de abajo, mezclado con algo más... masculino. Toqué su puerta, el corazón en la garganta.

¿Sí? —abrió Diego, en pants de gym y playera sin mangas, el pelo revuelto, piel brillante de sudor. Olía a hombre puro, a testosterona y jabón.

—Oye, wey, perdón la hora, pero... ¿estás viendo una película? Se oye hasta mi depa.

Él sonrió, esa sonrisa que hace que se te aflojen las rodillas. —Pásale, carnala. Es una pasion oculta pelicula completa que encontré, bien perra la cosa. Ven, siéntate.

Entré, el depa impecable, luces tenues, la tele grande mostrando la misma escena que yo había visto: una morra gimiendo bajo un vato que la devoraba. Me senté en el sofá, piernas cruzadas para disimular el calor entre ellas. Diego se sentó cerca, su muslo rozando el mío, un roce eléctrico que me erizó la piel.

La película avanzaba, los amantes en un cuarto oscuro, sus cuerpos chocando con sonidos húmedos, resbalosos. Yo sentía mi respiración pesada, pezones endurecidos contra la seda.

Neta, Ana, contrólate, no seas pendeja
, me dije, pero mis ojos se clavaban en Diego, en cómo su pecho subía y bajaba, en el bulto que crecía en sus pants.

¿Te late? —preguntó él, voz ronca, girando la cara. Sus ojos bajaron a mi escote, donde la bata se abría un poco.

—Sí, está... intensa. Como si fuera real.

Él rio bajito. —Mejor que real, ¿no? Pero a veces la neta supera la ficción. Su mano cayó casual en mi rodilla, un toque caliente que subió chispas por mi espina.

No me quité. En cambio, giré el cuerpo hacia él, dejando que la bata se abriera más, mostrando el borde de mis senos. El aire se cargó, espeso como miel. La película gemía de fondo, pero ya no la veíamos. Sus dedos subieron lentos por mi muslo, trazando círculos que me hicieron morder el labio.

Diego... —susurré, voz temblorosa de ganas.

Shh, déjame sentir esa pasión oculta tuya, Ana. Me jaló hacia él, labios chocando en un beso feroz, hambriento. Sabía a menta y deseo, lengua invadiendo mi boca, explorando cada rincón. Gemí contra él, manos en su nuca, pelo áspero entre dedos.

Acto dos de nuestra propia película. Me levantó en brazos como si nada, fuerte, seguro, llevándome a su cama. El colchón hundió bajo nosotros, sábanas oliendo a él, limpio y varonil. Me quitó la bata de un tirón, ojos devorándome desnuda, piel erizada bajo su mirada.

Eres una chula de verdad, Ana. Mira cómo te pones por mí. —dijo, mientras sus manos masajeaban mis tetas, pulgares en pezones, enviando descargas directas a mi clítoris.

Yo arqueé la espalda, gimiendo.

¡Qué rico, cabrón! No pares.
Bajé sus pants, liberando su verga dura, gruesa, venosa, palpitando en mi mano. La apreté, sintiendo el calor, la suavidad de la piel sobre acero. Él gruñó, un sonido animal que me mojó más.

Nos devoramos mutuamente. Mi boca en su cuello, lamiendo sudor salado, bajando a su pecho, mordiendo pezones duros. Él entre mis piernas, dedos abriéndose paso en mi coño empapado, resbaloso de jugos. —Estás chorreando, mamacita. Todo para mí. Su lengua encontró mi clítoris, chupando suave al principio, luego feroz, círculos rápidos que me hicieron gritar. Olía a sexo puro, a mi excitación mezclada con su saliva. Sentía cada lamida como fuego líquido, caderas moviéndose solas contra su cara.

Lo empujé hacia arriba, queriendo más. —Chíngame, Diego. Ya no aguanto. Él se puso encima, verga en mi entrada, frotándola despacio, torturándome. Nuestros ojos se clavaron, consentimiento puro en esa mirada. Empujó lento, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. Gemí largo, paredes apretándolo, pulsando alrededor.

El ritmo empezó suave, sus caderas chocando contra las mías con palmadas húmedas, piel contra piel. Sudor nos unía, resbaloso, caliente. Yo clavaba uñas en su espalda, dejando marcas rojas.

Esto es la pasion oculta hecha real, la pelicula completa en mi cuerpo.
Aceleró, embestidas profundas, mi clítoris rozando su pubis, building that tensión que me volvía loca. Gemidos nuestros mezclados, olores intensos: sudor, sexo, piel quemada.

Cambié de posición, montándolo como amazona. Sus manos en mis caderas, guiándome, tetas rebotando con cada bajada. Lo cabalgaba fuerte, sintiendo su verga golpear mi punto G, placer acumulándose como tormenta. Él se incorporó, mamando mis tetas, mordiendo suave, mientras yo gritaba ¡Sí, wey, así! ¡Más duro!

La tensión creció, mis músculos apretando, orgasmos asomando. Él gruñó primero, —Me vengo, Ana... y sentí su leche caliente llenándome, disparos calientes que me empujaron al borde. Exploté, coño convulsionando, jugos chorreando, cuerpo temblando en olas interminables. Grité su nombre, visión borrosa, solo sensaciones: pulso en oídos, piel ardiendo, su abrazo fuerte.

Caímos exhaustos, enredados, respiraciones jadeantes calmándose. Su mano acariciaba mi espalda, suave ahora, tierna. Olía a nosotros, a satisfacción profunda. —Eso fue mejor que cualquier película, ¿verdad? murmuró él, besando mi frente.

Yo sonreí, cuerpo lánguido, alma llena.

Neta, esta pasion oculta ya no es secreta. Es nuestra, completa.
Nos quedamos así, en afterglow, el mundo afuera olvidado, solo piel contra piel, promesas silenciosas en la noche mexicana.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.