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Reparto de Pasión Prohibida

6343 palabras

Reparto de Pasión Prohibida

En los estudios de Televisa, el aire olía a café recién hecho y a ese perfume dulzón que usaban las maquillistas. Yo, Daniela, acababa de entrar al reparto de Pasión Prohibida, la nueva telenovela que prometía ser el hit del año. Mi personaje, una mujer apasionada y traicionada, iba a enamorarse del galán principal. Y ahí estaba él, Marco, con su sonrisa de comercial de cerveza y esos ojos cafés que te clavaban como alfileres.

Desde el primer día de lecturas, sentí esa chispa.

¿Por qué carajos me late tan fuerte el corazón cuando me mira?
pensé, mientras leía mi diálogo con él. "Te deseo tanto que duele", decía mi libreto, y Marco lo soltaba con voz ronca, como si de verdad lo sintiera. El director aplaudía, pero yo solo oía el pulso en mis oídos y veía cómo su mano rozaba la mía al pasar las hojas. Neta, en el reparto de Pasión Prohibida, todos éramos profesionales, pero entre nosotros dos ya flotaba algo prohibido.

Los días se volvieron rutina: grabaciones hasta la media noche, ensayos donde Marco y yo simulábamos besos que duraban segundos eternos. Su aliento mentolado me rozaba los labios, y yo cerraba los ojos para no traicionarme. Tocábamos piel con piel bajo las luces calientes, sudando como en un sauna. Órale, Daniela, contrólate, me regañaba yo misma. Él tenía novia, una modelo famosa que lo esperaba en su depa de Polanco. Prohibido total, pero el deseo crecía como levadura en masa.

Una noche, después de una escena intensa donde mi personaje lo seducía en una hacienda ficticia, el equipo se fue y quedamos solos recogiendo. El set estaba oscuro, solo iluminado por las luces de emergencia que daban un brillo rojizo. Marco se acercó con una botella de agua. "Buen trabajo hoy, Dani. Se siente real entre nosotros, ¿no?". Su voz era grave, como trueno lejano. Le quité la botella, mis dedos temblaron al rozar los suyos. Olía a su colonia, madera y algo masculino que me mareaba.

"Sí, demasiado real", murmuré, y de repente su mano estaba en mi cintura. No lo pensé. Lo jalé hacia mí y nuestros labios chocaron. Fue como fuego: su lengua invadiendo mi boca con sabor a chicle de menta y deseo puro. Gemí bajito, sintiendo su dureza contra mi vientre.

Neta, esto es el reparto de pasión prohibida en vivo
, cruzó por mi mente mientras sus manos bajaban a mis nalgas, apretándolas con fuerza juguetona.

Me levantó sobre la mesa de utilería, mis piernas envolviéndolo. El roce de su pantalón contra mis panties me hizo arquear la espalda. "Marco, neta que sí quiero esto", le dije jadeando, y él sonrió pillo. "Yo también, morra. Desde el primer día". Se quitó la camisa, revelando pecho moreno y marcado por horas en el gym. Lo besé ahí, saboreando sal de sudor fresco. Sus dedos desabrocharon mi blusa, liberando mis tetas que él chupó con hambre, lamiendo pezones duros como piedras.

El aire se llenó de nuestros jadeos y el crujido de la mesa. Bajó mi falda, sus labios trazando un camino ardiente por mi panza hasta mi entrepierna. Sentí su aliento caliente ahí, y cuando su lengua tocó mi clítoris, grité bajito. Qué chingón, pensé, mientras me lamía despacio, saboreándome como tamal recién hecho. Mis jugos lo mojaban, y él gemía contra mí, vibrando todo mi cuerpo. Introdujo dos dedos, curvándolos justo donde dolía de placer, y yo me vine rápido, temblando como hoja en tormenta.

Pero no paró. Se paró, sacó un condón del bolsillo –pendejo preparado– y se lo puso con prisa. Me penetró de un solo empujón, llenándome hasta el fondo. "¡Ay, cabrón!", exclamé, arañándole la espalda. Empezó a moverse, lento al principio, sintiendo cada vena de su verga rozándome por dentro. El sonido de carne contra carne era obsceno, chapoteante, mezclado con nuestros "más" y "no pares". Sudábamos, olía a sexo puro, a piel caliente y lubricante natural.

Aceleró, mis caderas chocando contra las suyas.

Esto es mejor que cualquier escena de Pasión Prohibida
, pensé en el vértigo. Me volteó, poniéndome de rodillas sobre la mesa, y entró por atrás, agarrándome el pelo suave. Sus embestidas eran profundas, golpeando mi punto G sin piedad. "Dime que te gusta, Dani", gruñó en mi oído, mordiéndome el lóbulo. "Me encanta, chíngame más duro", rogué, y él obedeció, su mano bajando a frotarme el clítoris.

El clímax nos golpeó juntos. Sentí su verga palpitar dentro, llenando el condón mientras yo explotaba, chorros de placer mojando todo. Gritamos ahogados, cuerpos pegados, pulsos latiendo al unísono. Se salió despacio, y caímos al suelo enredados, riendo entre jadeos. Su piel ardía contra la mía, olor a semen y sudor envolviéndonos como niebla.

Después, en su depa en la Condesa –lujo con vistas al skyline–, nos bañamos juntos. Agua caliente cayendo, jabón resbalando por curvas. Me lavó el pelo, masajeando mi cuero cabelludo, y yo le enjaboné el pecho, bajando juguetona. "Esto no puede ser solo una vez", murmuró, besándome la nuca. "Neta no, pero es prohibido. Tu novia, el productor...". Él me giró, ojos serios. "Que se jodan. Esto es nuestro, carnal".

Hicimos el amor de nuevo en la cama king size, esta vez lento, explorándonos. Sus labios en mis labios internos, saboreando cada pliegue. Yo lo monté, cabalgando despacio, sintiendo cómo se hinchaba dentro. Gemidos suaves, pieles rozando como seda. Vine tres veces más, él dos, hasta que el amanecer tiñó las cortinas.

Despertamos enredados, café en la cama con pan dulce.

¿Y ahora qué?
pensé, trazando círculos en su pecho. "Vamos a manejar esto bien, Dani. Discretos, pero juntos". Asentí, sabiendo que el reparto de Pasión Prohibida acababa de volverse real. La tensión del set se transformó en complicidad, besos robados en camerinos, noches de pasión que alimentaban nuestras escenas.

Meses después, la telenovela explotó en ratings, y nosotros... seguíamos quemando la sábana en secreto. El deseo prohibido nos unía más, como imanes. Cada roce recordaba esa primera noche: el olor a set, el sabor de su boca, el latido compartido. Neta, en el mundo de las luces y cámaras, encontramos nuestra propia pasión prohibida, ardiente y eterna.

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