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La Pasion Carnal de Cristo la Pelicula de Mel Gibson

5548 palabras

La Pasion Carnal de Cristo la Pelicula de Mel Gibson

Estás recostado en el sofá de tu departamento en la Condesa, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a tequila reposado flotando en el ambiente. Es noche de Semana Santa, y Sofia, tu chava de ojos cafés intensos y curvas que te vuelven loco, sugiere ver La Pasion de Cristo pelicula Mel Gibson. "Órale, wey, neta que es intensa, pero me prende el drama", dice ella con esa voz ronca que te eriza la piel. Asientes, sintiendo ya el cosquilleo en el estómago mientras la pones en la tele. Se acurruca contra ti, su cabeza en tu pecho, el calor de su cuerpo filtrándose a través de la blusa ligera que lleva puesta. Su perfume, mezcla de vainilla y jazmín, te envuelve como una caricia invisible.

La película arranca con esa música épica que retumba en los parlantes, y el sudor de Cristo en la pantalla te hace imaginar el brillo en la piel de Sofia. Sus dedos trazan círculos perezosos en tu muslo, y tú sientes cómo tu verga empieza a despertar, endureciéndose contra el pantalón de mezclilla.

¿Por qué carajos esta película religiosa me está poniendo cachondo? Es el sufrimiento, la entrega total, como si el amor doliera de placer...
Piensas mientras miras de reojo cómo sus pechos suben y bajan con la respiración acelerada ante las escenas de flagelación. Ella se mueve un poco, rozando su nalga contra tu entrepierna, y un gemido suave escapa de sus labios. "Está bien padre esta parte, ¿no? Tanto dolor por amor", murmura, y su mano sube despacio por tu abdomen, deteniéndose justo bajo tu ombligo.

El conflicto inicial te carcome: quieres devorarla ahí mismo, pero la tensión de la película te mantiene clavado, como si cada latigazo en pantalla fuera un pulso en tu propia sangre. Sofia gira la cara, sus labios a centímetros de los tuyos, y el sabor salado de su aliento te hace salivar. "Siente esto", dice, guiando tu mano a su pecho. El pezón ya está duro bajo la tela, y lo aprietas suavemente, oyendo su jadeo entremezclarse con los gritos de la película. El aroma de su excitación empieza a filtrarse, ese olor almizclado que te hace tragar saliva. Gradualmente, la película avanza, y tus besos se vuelven urgentes, lenguas enredándose con el sabor a tequila y deseo puro.

En el medio del caos en pantalla, donde Cristo carga la cruz, Sofia se sube a horcajadas sobre ti. Sus caderas se mecen lentas, frotando su calor húmedo contra tu erección. "Quiero mi propia pasión, carnal", susurra al oído, mordisqueando el lóbulo mientras desabrocha tu chamarra. Tus manos exploran su espalda, sintiendo la seda suave de su piel sudada, y bajas la blusa para lamer sus pechos. El sabor salado de sus pezones te enloquece, duros como piedras preciosas bajo tu lengua.

Neta, esta chava me tiene loco; cada roce es fuego, y la película solo aviva las brasas.
Ella gime más fuerte, el sonido ahogado por los gemidos de dolor en la tele, y desabrocha tu pantalón. Tu verga salta libre, palpitante, y ella la acaricia con dedos expertos, el pre-semen lubricando su palma mientras sube y baja despacio.

La intensidad sube como la procesión en la película. Sofia se quita el short, revelando su panocha depilada, reluciente de jugos. "Tómame, pendejo, pero despacio, como si fuera sagrado", dice juguetona, guiándote dentro de ella. El calor envolvente te aprieta, sus paredes internas contrayéndose en espasmos deliciosos. Empiezas a moverte, primero lento, sintiendo cada centímetro de fricción, el slap-slap de piel contra piel sincronizándose con los martillazos en la cruz. Sudor gotea de su frente al tu pecho, mezclándose con el tuyo, y el olor a sexo crudo llena la habitación, más potente que el incienso de cualquier iglesia. Sus uñas se clavan en tus hombros, dejando marcas rojas que arden placenteramente, y tú agarras sus nalgas firmes, amasándolas mientras la embistes más profundo.

¡Qué chingón! Su concha me chupa la verga como si no quisiera soltarla nunca. La película sigue, pero ya ni pedo, esto es nuestra pasión.
Sofia acelera, cabalgándote con furia, sus tetas rebotando hipnóticas. "Más fuerte, cabrón, dame todo", gruñe, y tú obedeces, volteándola para ponerla a cuatro patas en el sofá. El ángulo nuevo te permite golpear su clítoris con cada thrust, y ella grita, el sonido reverberando contra las paredes. Sientes sus jugos chorreando por tus bolas, calientes y viscosos, mientras el placer se acumula en tu espina dorsal como una tormenta. La película llega al clímax con la crucifixión, y coincidiendo, Sofia tiembla, su orgasmo explotando en oleadas: "¡Sí, Cristo, sí! ¡Me vengo!". Sus contracciones ordeñan tu verga, y tú no aguantas más, eyaculando dentro de ella en chorros calientes, el alivio cegador mezclándose con el éxtasis.

Caen exhaustos, cuerpos entrelazados, el sudor enfriándose en la piel mientras la película termina con la resurrección. Sofia se acurruca, besando tu cuello con ternura. "Eso fue la neta de las pasiones, inspirado en La Pasion de Cristo pelicula Mel Gibson", ríe bajito, su voz satisfecha. Tú acaricias su cabello revuelto, oliendo el rastro de sexo en las sábanas del sofá. El pulso se calma, pero el fuego queda latente, prometiendo más noches así. En el afterglow, reflexionas: el verdadero amor es entrega total, placer que duele de tan bueno, y con ella, cada momento es redención pura.

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