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Pasion Capitulo 68 El Despertar del Deseo

6497 palabras

Pasion Capitulo 68 El Despertar del Deseo

Esta noche, en mi depa chulo de Polanco, el aire huele a jazmín del jardín de abajo y a esa promesa de lluvia que se avecina sobre la Ciudad de México. Me llamo Ana, tengo treinta y dos años, y llevo semanas soñando con Javier, mi carnal en el alma, ese güey que me hace temblar con solo una mirada. Pasion Capitulo 68, así titulé esta página en mi libreta secreta, porque cada encuentro nuestro es como un capítulo de esas novelas que nos volvían locos de niños, pero con el fuego real de la piel contra piel.

Me miro en el espejo del baño, el vapor del agua caliente aún flotando como niebla sensual. Mi blusa de encaje negro se pega a mis curvas, los pezones duros se marcan contra la tela fina.

¿Y si esta vez no aguanto? ¿Y si le suplico que me tome aquí mismo?
pienso, mientras me paso crema por las piernas, oliendo a vainilla y deseo. El sonido de la ciudad sube: cláxones lejanos, risas de vecinos en la azotea. Mi corazón late fuerte, un tambor que anuncia tormenta.

El timbre suena, y órale, ahí está él. Javier, con su camisa blanca arremangada, el pelo revuelto por el viento de la noche, y esa sonrisa pícara que dice "neta, te extrañé, mi reina". Lo jalo adentro, cerrando la puerta con un pie. Sus manos grandes me envuelven la cintura, su aliento cálido en mi cuello huele a tequila y menta. "Ana, pendeja mía, ¿por qué me haces esperar tanto?", murmura, su voz ronca como gravel mezclado con miel.

Nuestros labios se encuentran en un beso lento, explorador. Siento el roce áspero de su barba incipiente contra mi mejilla suave, el sabor salado de su lengua danzando con la mía. Mis dedos se enredan en su pelo, tirando suave, mientras él me aprieta contra la pared del pasillo. El calor de su cuerpo atraviesa la ropa, mi vientre se contrae de anticipación. "Te quiero tanto, Javier", jadeo, rompiendo el beso para mirarlo a los ojos oscuros, llenos de hambre.

Lo guío a la sala, donde las luces tenues pintan sombras juguetonas en las paredes. Nos sentamos en el sofá de terciopelo rojo, sus manos recorren mis muslos, subiendo despacio bajo la falda corta.

Esto es lo que necesitaba, su toque que me enciende como cerillo en gasolina.
El aroma de su colonia se mezcla con el mío, creando una nube embriagadora. Hablamos bajito, recordando la última vez en la playa de Puerto Vallarta, cómo el mar nos vio amarnos bajo las estrellas. La tensión crece, un hilo invisible que nos ata más fuerte.

Pero hay un conflicto chiquito en mi cabeza: él viaja tanto por su jale en la constructora, y yo en mi agencia de modas, siempre corriendo. "¿Y si esto es solo pasión fugaz?", me pregunto en silencio, mientras él besa mi clavícula, enviando chispas por mi espina. "No, neta, esto es pasión de verdad", me convenzo, arqueando la espalda para que sus labios bajen más.

La escalada empieza cuando le quito la camisa, mis uñas rozan su pecho moreno, pectorales firmes de tanto gym. Siento los latidos de su corazón bajo mi palma, rápidos como los míos. Él desabotona mi blusa con dientes, riendo suave. "Qué chingona estás, Ana". Su boca captura un pezón, succionando con maestría, un tirón eléctrico que me hace gemir alto. El sonido de mi voz rebota en la habitación, crudo y liberador. Mis manos bajan a su pantalón, sintiendo la dureza que pulsa por liberarse. Lo libero, acariciando despacio, el calor aterciopelado de su verga en mi puño me moja entre las piernas.

Nos ponemos de pie, tambaleantes de lujuria. Él me carga como pluma, caminando al cuarto. El colchón nos recibe suave, sábanas frescas oliendo a lavanda. Javier me besa el ombligo, bajando lento, su lengua traza caminos húmedos por mi vientre.

¡Ay, wey, no pares! Esto es puro fuego.
Separa mis piernas, inhalando profundo mi aroma almizclado de excitación. Su aliento caliente roza mi clítoris hinchado, y cuando su lengua lo lame, exploto en un gemido gutural. Sabe a sal y néctar dulce, dice él, devorándome con hambre de lobo.

La intensidad sube. Mis caderas se mueven solas, follándome su boca. Sus dedos entran en mí, curvándose justo ahí, ese punto que me hace ver estrellas. El sonido chapoteante de mi humedad llena el aire, mezclado con mis jadeos y sus gruñidos. "Estás chorreando, mi amor", murmura contra mi piel, vibrando delicioso. Yo lo jalo arriba, queriendo sentirlo dentro. "Métemela ya, Javier, no aguanto". Él se posiciona, la punta gruesa rozando mi entrada resbalosa. Entra despacio, centímetro a centímetro, estirándome perfecto. Siento cada vena, cada pulso, llenándome hasta el fondo.

Empezamos un ritmo lento, profundo. Sus embestidas me empujan al colchón, pechos rebotando, sudor perlando nuestras pieles. El olor a sexo crudo impregna todo: almizcle, sudor salado, esencia nuestra. Acelero, clavando uñas en su espalda, dejando marcas rojas. "¡Más fuerte, pendejo!", grito, riendo entre gemidos. Él obedece, follando con furia controlada, el plaf plaf de carne contra carne como música erótica. Nuestros ojos se clavan, almas conectadas en este vaivén primitivo.

El clímax se acerca como ola gigante. Siento el nudo en mi bajo vientre apretarse, mis paredes lo aprietan rítmico. "Me vengo, Javier... ¡ahí viene!". Él gruñe, acelerando, su verga hinchándose más. Explosiono primero, un grito ahogado, olas de placer sacudiendo mi cuerpo, jugos chorreando. Él se corre segundos después, caliente semen llenándome, pulsos interminables. Colapsamos, jadeantes, cuerpos enredados, piel pegajosa.

En el afterglow, yacemos quietos. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón calmarse. El viento trae olor a lluvia fresca por la ventana entreabierta. Beso su frente sudorosa, saboreando sal.

Esto no es solo sexo, es pasión que nos une para siempre.
Hablamos susurros: promesas de más capítulos, viajes juntos a Oaxaca por mezcal y atardeceres. No hay pobreza ni drama oscuro, solo nosotros, adultos empoderados en nuestro mundo de placer mutuo.

"¿Sabes qué, mi reina? Este Pasion Capitulo 68 es el mejor hasta ahora", dice él, trazando círculos en mi cadera. Río bajito, sintiendo el eco de placer en mis músculos laxos. La noche nos envuelve, prometiendo sueños húmedos y despertares igual de ardientes. Mañana será otro día, pero esta pasión late eterna en nosotros.

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