El Diario de una Pasión Elenco
Estoy sentada en mi camerino, el el diario de una pasión elenco abierto frente a mí, mientras el bullicio del set de grabación retumba afuera. Soy Ana, la protagonista de esta telenovela que nos tiene a todos locos de pasión fingida. Pero hoy, neta, no es fingido. Javier, mi coprotagonista, ese wey alto y moreno con ojos que te clavan como puñales, me tiene el corazón latiendo a mil. Lo vi hoy en el ensayo, sudado bajo las luces calientes, su camisa pegada al pecho musculoso. Olía a hombre, a colonia barata mezclada con ese sudor fresco que me hace mojarme sin querer. ¿Por qué carajos me pasa esto? Somos profesionales, pero cada vez que me acerca para la escena del beso, siento su aliento caliente en mi cuello y mis pezones se endurecen como piedras.
Escribo esto porque necesito desahogarme. El elenco entero sabe que hay química entre nosotros, pero nadie se atreve a decirlo. Lupe, la chismosa del grupo, me guiñó el ojo hoy y dijo: "Órale, Ana, ese Javier te ve como si quisiera comerte viva". Reí, pero por dentro temblaba. Recordé la primera vez que nos besamos en cámara. Sus labios carnosos contra los míos, su lengua juguetona explorando mi boca con un sabor a menta y café. Fingimos, pero mi cuerpo no. Sentí su verga endureciéndose contra mi muslo, dura como fierro, y casi gimo en vivo. Cortaron la toma porque "faltó pasión", ¡ja! Si supieran.
La noche cae sobre los estudios en Polanco, las luces de la ciudad brillan como estrellas falsas. Me quedé tarde practicando líneas, y Javier entró sin avisar. "Morra, ¿todavía aquí?", dijo con esa voz ronca que me eriza la piel. Llevaba jeans ajustados que marcaban todo, y una playera negra que dejaba ver sus brazos tatuados. Nos sentamos en el sofá del camerino, repasando el guion. Sus rodillas rozaron las mías, un toque eléctrico que subió por mis piernas hasta mi entrepierna. "Esta escena de mañana va a ser intensa", murmuró, mirándome fijo. Yo solo atiné a asentir, con la boca seca. Su mano rozó mi rodilla "por accidente", pero se quedó ahí, acariciando despacio. Sentí el calor de su palma a través de la falda, y mi clítoris latió pidiendo más.
¿Qué hago? Es mi carnal en el trabajo, pero lo deseo tanto que duele. Quiero arrancarle la ropa y montármelo hasta que grite mi nombre.
Al día siguiente, el rodaje fue un infierno delicioso. La escena era en una hacienda falsa, con velas y música de mariachi de fondo. Teníamos que besarnos bajo la lluvia artificial, empapados. Cuando me abrazó, su cuerpo pegado al mío, el agua resbalando por su cuello, lo lamí sin pensarlo. "Ana...", gimió bajito, solo para mí. Sus manos bajaron a mi culo, apretando fuerte mientras las cámaras rodaban. Sentí su erección presionando mi vientre, gruesa y pulsante. Terminamos la toma jadeando, y el director gritó "¡Perfecto, esa es la pasión que buscamos!". Pero nosotros sabíamos que era real.
Después del corte, nos escondimos en el baño de actores. El lugar olía a jabón y humedad, espejos empañados por el vapor. Javier me acorraló contra la pared, sus labios devorando los míos. "Te quiero desde el primer día, pendeja", gruñó, mordiendo mi labio inferior. Le respondí arrancándole la camisa, mis uñas arañando su pecho velludo. Olía a lluvia y macho en celo, un aroma que me volvía loca. Sus manos subieron por mis muslos, levantando la falda hasta encontrar mis panties empapadas. "Estás chorreando por mí", dijo con una sonrisa pícara, metiendo dos dedos dentro de mí. Gemí alto, el sonido rebotando en las baldosas. Sus dedos me follaban despacio, curvándose para tocar ese punto que me hace ver estrellas, mientras su pulgar masajeaba mi clítoris hinchado.
Caí de rodillas, ansiosa por saborearlo. Bajé su zipper y saqué esa verga hermosa, venosa y gruesa, con la cabeza brillando de precum. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando su salado almizcle. "Así, morra, chúpamela toda", jadeó, enredando sus dedos en mi pelo. La tragué profunda, sintiendo cómo palpitaba en mi garganta, sus bolas pesadas contra mi barbilla. Me follaba la boca con embestidas suaves, gimiendo "¡Qué rica boca tienes!". El sonido de su placer, esos gruñidos guturales, me hacía apretar los muslos.
No aguantamos más. Me levantó como si no pesara, sentándome en el lavabo. Arrancó mis panties y me abrió las piernas. Su lengua atacó mi coño primero, lamiendo mis labios hinchados, chupando mi clítoris con succión perfecta. Saboreaba mis jugos como si fueran miel, metiendo la lengua adentro mientras sus dedos pellizcaban mis nalgas. "Sabes a paraíso, Ana", murmuró contra mi piel. Me corrí en su boca, temblando, gritando su nombre mientras oleadas de placer me recorrían, mi pussy contrayéndose alrededor de nada.
Entonces me penetró de un solo empujón, llenándome hasta el fondo. "¡Ay, cabrón, qué grande estás!", grité, clavando mis talones en su culo. Embestía fuerte, el slap-slap de su pelvis contra la mía resonando como tambores. Sus manos amasaban mis tetas, pellizcando los pezones duros mientras me besaba el cuello, mordiendo suave. Sudábamos juntos, piel resbaladiza, el olor a sexo impregnando el aire. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo en el suelo frío, mis caderas girando para frotar mi clítoris contra su pubis. Sus ojos clavados en mí, "Córrete conmigo, mi reina". Lo hice, apretándolo con mi orgasmo, y él explotó dentro, chorros calientes inundándome mientras rugía de placer.
Nos quedamos tirados, respirando agitados, su semen goteando de mí. Me besó la frente, tierno. "Esto no fue solo sexo, ¿verdad?", dijo. Negué con la cabeza, lágrimas de emoción en los ojos. Somos el el diario de una pasión elenco, una historia escrita en cuerpos y susurros, más real que cualquier guion.
Han pasado semanas. Seguimos grabando, pero ahora cada mirada es un secreto compartido. En el elenco, corren rumores, pero nos vale. Lupe me dijo: "Ya valió, se nota que se están dando con todo". Río y la abrazo. Javier y yo planeamos un fin de semana en Valle de Bravo, solos, sin cámaras. Quiero sentirlo otra vez, despacio, explorando cada centímetro. Este diario guarda nuestra pasión, páginas llenas de toques robados, besos en penumbras y orgasmos que nos unen.
Hoy, en el set, durante una pausa, me susurró al oído: "Esta noche, en mi depa, te voy a hacer mía de nuevo". Mi cuerpo ya responde, hormigueando de anticipación. La pasión no se apaga; crece, como el elenco de nuestra propia telenovela privada. Y yo, Ana, soy la estrella, la que escribe el final feliz.