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Rubinsky RBK Amor y Pasion Desnuda

7650 palabras

Rubinsky RBK Amor y Pasion Desnuda

Entré a esa boutique en Polanco, con el corazón latiéndome como tambor de mariachi. El aire olía a vainilla y jazmín, mezclado con ese toque lujoso de cuero nuevo. Mis ojos se clavaron en el escaparate: Rubinsky RBK Amor y Pasion, la nueva línea de lencería que todas las chavas de Instagram no paraban de presumir. Era negra, con encajes finos que prometían pecados suaves, y un brillo sutil que gritaba ven y tócalo. Neta, desde que vi el anuncio, supe que tenía que tenerla. Mi carnala, Karla, me había dicho: "Órale, mija, eso te va a poner como diosa para tu morro". Y tenía razón. Javier, mi hombre, andaba estresado con el jale en la oficina, y yo quería recordarle por qué éramos el mejor equipo.

Me probé el conjunto en el vestidor. La tela se deslizó por mi piel como caricia de amante, suave como seda de China pero con ese piquete elástico que se amoldaba a mis curvas. El brasier empujaba mis chichis justito, haciendo que se vieran firmes y jugosas, y el tanga... ay, el tanga era puro fuego, un hilo que se perdía entre mis nalgas, rozando justo donde dolía de ganas. Me miré al espejo, giré de lado, y

¿Quién es esta mamacita? ¿Yo? ¡Qué chingón!
Saqué mi celular, le mandé una foto borrosa a Javier: "Llegando a casa, prepárate wey". Su respuesta fue inmediata: "¿Qué traes? Ya me la pusiste dura". Sonreí, pagué con tarjeta y salí flotando, el paquete bajo el brazo como tesoro de pirata.

La casa en Lomas estaba bañada por el sol de atardecer, naranjas y rosas colándose por las cortinas. Javier llegó puntual, como siempre, con su camisa desabotonada mostrando ese pecho moreno que me volvía loca. "¿Qué onda, preciosa?", dijo besándome la mejilla, pero yo lo esquivé juguetona. "Primero báñate, pendejo, que traes olor a oficina". Se rio, esa carcajada grave que me erizaba la piel, y se metió al baño. Yo aproveché: me quité la ropa rápida, me unté crema de coco por todo el cuerpo –huele a playa en Cancún–, y me puse el Rubinsky RBK Amor y Pasion. El encaje susurraba contra mis muslos, fresco y provocador. Me rocié perfume, el mismo que él me regaló, y esperé en la cama, con las luces bajas y mariachi suave de fondo en el Spotify.

La puerta del baño se abrió, y ahí estaba él, envuelto en una toalla blanca, gotas de agua resbalando por su abdomen marcado. Sus ojos se abrieron como platos al verme. "¡Madre santa, nena! ¿Eso es...?" Señaló el conjunto, y yo me incorporé despacio, dejando que la luz jugara con las transparencias. "Rubinsky RBK Amor y Pasion, carnal. Para ti". Caminó hacia mí como lobo hambriento, pero yo lo detuve con un dedo en su pecho. "Despacio, que esto se saborea". Su aliento cálido me rozó el cuello cuando se inclinó, inhalando mi aroma. "Hueles a paraíso, mi amor". Sus manos grandes, callosas del gym, me tomaron la cintura, tirando suave de mí contra él. Sentí su dureza presionando mi vientre a través de la toalla, dura como piedra, palpitante. Mi corazón tronaba, y un calor líquido se extendió entre mis piernas.

Nos besamos lento al principio, labios rozándose como en película romántica. Su lengua entró tímida, explorando mi boca con sabor a menta fresca. Gemí bajito, "Así, Javito, no pares", y él gruñó en respuesta, mordisqueando mi labio inferior. Sus dedos bajaron por mi espalda, trazando la línea del encaje, hasta llegar al tanga. Lo jaló suave, haciendo que el hilo se hundiera más, rozando mi clítoris hinchado.

¡Chin!, qué rico duele de placer
Me tendí en la cama, las sábanas frescas contra mi piel ardiente, y él se quitó la toalla. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, apuntando a mí como imán. La tomé en mi mano, suave como terciopelo sobre hierro, y la apreté, sintiendo el pulso acelerado. "Te quiero adentro, ya", susurré, pero él negó con la cabeza, sonriendo pícaro. "No mames, primero te voy a comer entera".

Se arrodilló entre mis piernas, separándolas con ternura. El aire fresco besó mi humedad expuesta, y yo arqueé la espalda. Su boca se acercó, aliento caliente anunciando el festín. Primero lamió mis muslos internos, lento, dejando rastros húmedos que brillaban. Olía a mi propia excitación, salada y dulce como mar. Luego, su lengua tocó mi centro: un lametón largo, desde el ano hasta el clítoris, haciendo que mis caderas se levantaran solas. "¡Ay, wey, qué chido!" Grité, enredando mis dedos en su pelo mojado. Él chupaba con hambre, succionando mi botón hinchado, metiendo la lengua adentro como si quisiera beberme. Mis jugos corrían por sus labios, y él los lamía con deleite, gruñendo vibraciones que me volvían loca. El sonido era obsceno: chapoteos húmedos, mis jadeos roncos, su respiración agitada. Sudor perló mi frente, goteando salado en mi boca entreabierta.

Pero no lo dejé terminarme así. Lo empujé suave, "Mi turno, cabrón", y lo volteé boca arriba. Su verga erecta, roja de necesidad, goteaba presemen claro. La lamí desde la base, saboreando su piel salada, musgosa de hombre. Él maldijo bajito, "¡Puta madre, nena!", agarrando las sábanas. La tragué hasta la garganta, sintiéndola palpitar contra mi paladar, y jugué con las bolas pesadas, masajeándolas suave. El olor de su excitación me embriagaba, primitivo y adictivo. Subí y bajé, rápida, dejando baba reluciente, hasta que él suplicó: "Ya, amor, métemela".

Me monté en él, guiando su punta a mi entrada resbaladiza. Bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me abría, me llenaba hasta el fondo. ¡Qué grosor, Dios! Gemí alto, mis paredes apretándolo como guante. Empecé a moverme, círculos lentos primero, sintiendo cada vena rozándome por dentro. Sus manos en mis chichis, pellizcando pezones duros como piedras, mandaban chispas directas a mi útero. El encaje del brasier se humedecía con mi sudor, pegándose a mi piel. Aceleré, rebotando fuerte, el sonido de carne contra carne retumbando como aplausos. "¡Más duro, Javito! ¡Dame todo!" Él embestía desde abajo, clavándome profundo, sus huevos chocando contra mi culo. El clímax se acercaba, una ola creciendo en mi vientre, tensando cada músculo.

Volteamos, él encima ahora, misionero salvaje. Me abrió las piernas en V, penetrando con furia consentida, besándome el cuello, mordiendo suave. "Eres mía, toda mía", gruñía, y yo respondía: "Siempre, mi amor, fóllame como rey". El olor a sexo llenaba la habitación, sudor, fluidos, perfume mezclado. Mis uñas en su espalda, dejando surcos rojos. El orgasmo explotó primero en mí: un grito gutural, mi coño contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo. Olas de placer me sacudieron, visión borrosa, gusto metálico en la boca. Él siguió bombeando, tres estocadas más, y se vino rugiendo, chorros calientes inundándome, desbordando por mis muslos.

Colapsamos juntos, jadeantes, pieles pegajosas unidas. Su peso sobre mí era bendición, su corazón galopando contra mi pecho. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. "Te amo, preciosa. Ese Rubinsky RBK Amor y Pasion... épico", murmuró, riendo bajito. Yo acaricié su pelo, oliendo a shampoo y hombre satisfecho.

Esto es lo que somos: pasión pura, amor que quema
La noche caía afuera, luces de la ciudad parpadeando, pero aquí dentro, en nuestra burbuja, todo era paz y promesas. Mañana sería otro día, pero esta noche, el Rubinsky RBK Amor y Pasion nos había unido más que nunca.

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