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Abismo de Pasion Cap 86 Sumergidos en el Fuego Eterno

7183 palabras

Abismo de Pasion Cap 86 Sumergidos en el Fuego Eterno

La noche en la Ciudad de México se extendía como un manto de luces parpadeantes desde el balcón del penthouse. Ana se recostaba en el sofá de cuero suave, con el calor de la ciudad subiendo como un susurro ardiente. Tenía treinta y dos años, curvas que volvían locos a los hombres y una piel morena que olía a vainilla y jazmín después de su baño. Frente a ella, la tableta brillaba con las palabras Abismo de Pasion Cap 86, el capítulo que había estado esperando toda la semana. Esa telenovela erótica clandestina, llena de pasiones prohibidas y cuerpos entrelazados, la tenía al borde del abismo.

Qué chido, pensó, mientras sus dedos rozaban la pantalla. En este cap, la protagonista se rendía por fin al amante que la había perseguido con miradas hambrientas. Ana sentía un cosquilleo entre las piernas, como si el aire mismo se hubiera cargado de electricidad. Afuera, el tráfico lejano rugía como un animal domesticado, y el viento traía el aroma salado de los tacos de la esquina, mezclado con su propio deseo que empezaba a humedecer sus bragas de encaje.

La puerta se abrió con un clic suave. Era Marco, su carnal de toda la vida, el wey que la conocía mejor que nadie. Alto, con pecho tatuado y una sonrisa pícara que prometía travesuras. Llevaba una camisa ajustada que marcaba sus músculos, y olía a colonia fresca con un toque de sudor del gym.

"¿Qué onda, mi reina? ¿Ya estás en tu vicio nocturno?"
dijo él, acercándose con pasos lentos, sus ojos devorándola desde los pies descalzos hasta el escote profundo de su blusa suelta.

Ana levantó la vista, mordiéndose el labio inferior. Justo lo que necesitaba. El capítulo la había puesto caliente, imaginando que ella era esa mujer cayendo al abismo de pasion cap 86.

"Ven, pendejo. Lee conmigo. Este cap está para morirse."
Lo jaló por la camisa, y él se dejó caer a su lado, su muslo grueso presionando contra el de ella. El calor de su cuerpo era como una promesa, y Ana sintió su pulso acelerarse, el corazón latiéndole en el pecho como tambores aztecas.

Acto uno: la tensión inicial se enredaba en el aire. Marco leyó en voz alta, su voz grave resonando como un ronroneo. "Ella se abrió como una flor en la tormenta, y él la tomó con furia contenida..." Cada palabra avivaba el fuego en Ana. Sus pezones se endurecían bajo la tela fina, rozando dolorosamente contra el sujetador. Extendió la mano y la posó en el paquete de él, sintiendo cómo se ponía duro al instante. Neta, qué rico. El olor de su excitación empezaba a mezclarse con el de ella, un almizcle dulce que llenaba la habitación.

Marco dejó la tableta a un lado.

"¿Quieres que hagamos nuestro propio abismo de pasion cap 86, mi amor?"
Sus labios rozaron su oreja, el aliento caliente enviando escalofríos por su espina. Ana asintió, girándose para besarlo. Sus bocas se encontraron en un choque húmedo, lenguas danzando como serpientes en celo. Saboreó el tequila en su saliva, mezclado con el salado de su piel. Sus manos exploraban: ella desabotonó su camisa, sintiendo el vello áspero bajo sus palmas, los músculos tensos que se contraían al toque.

La llevaron al dormitorio, donde las sábanas de algodón egipcio esperaban como un altar. La ciudad brillaba a través de las cortinas sheer, pintando sus cuerpos con luces neón rosadas y azules. Ana se quitó la blusa con lentitud, dejando que él admirara sus tetas llenas, los pezones oscuros erguidos como invitación. Marco gruñó, un sonido gutural que vibró en su pecho. Este wey me vuelve loca, pensó ella, mientras él la empujaba suavemente contra el colchón. El peso de su cuerpo era delicioso, aplastándola con calidez protectora.

Acto dos: la escalada era imparable. Marco besaba su cuello, mordisqueando la piel sensible, dejando rastros húmedos que se enfriaban al aire. Ana arqueó la espalda, gimiendo bajito,

"Ay, cabrón, no pares."
Sus manos bajaron a su pantalón, liberando su verga gruesa, venosa, que saltó libre palpitando. La tocó con reverencia, sintiendo el calor pulsante, la piel suave sobre el acero. Se la llevó a la boca, saboreando el pre-semen salado, chupando con hambre mientras él jadeaba,
"Qué chingona eres, Ana."

Él se arrodilló entre sus piernas, abriéndolas con gentileza. El aire fresco besó su panocha mojada, expuesta y ansiosa. Marco inhaló profundo,

"Hueles a paraíso, mi reina."
Su lengua la lamió desde el clítoris hasta el fondo, círculos lentos que la hacían retorcerse. Ana clavó las uñas en las sábanas, el sonido de sus lamidas obscenas llenando la habitación, mezclado con sus gemidos ahogados. Es como caer al abismo, pensó, mientras oleadas de placer subían por sus muslos temblorosos. Él metió dos dedos, curvándolos justo ahí, frotando ese punto que la hacía ver estrellas. El olor de su arousal era intenso, terroso y dulce, impregnando todo.

Pero quería más. Lo empujó hacia arriba, montándolo como una amazona. Su verga la llenó de un solo empujón, estirándola deliciosamente. ¡Qué pinche lleno! Cabalgó con ritmo, sus caderas girando, tetas rebotando al compás. Marco agarró sus nalgas, amasándolas, el slap de piel contra piel como música erótica. Sudor perlaba sus cuerpos, goteando salado entre sus pechos. Él chupó un pezón, mordiendo suave, y Ana gritó,

"¡Más fuerte, wey!"
La tensión crecía, coiling como una serpiente en su vientre, cada embestida acercándola al borde.

Internamente, Ana luchaba con el torbellino:

Esto es nuestro abismo de pasion cap 86, pero real, carnal, eterno
. Recordaba sus peleas pasadas, cómo el deseo siempre los reunía. Marco la volteó, poniéndola a cuatro patas, y la penetró desde atrás, profundo, golpeando su próstata... no, su punto G con precisión. El colchón crujía, sus bolas chocaban contra su clítoris, enviando chispas. Ella se tocó, frotando furiosamente, el placer duplicándose.

Acto tres: la liberación estalló como fuegos artificiales en el Zócalo. Ana se corrió primero, un tsunami que la sacudió, contrayendo su panocha alrededor de él en espasmos. ¡Dios mío! Gritó su nombre, el mundo disolviéndose en blanco. Marco la siguió segundos después, gruñendo como bestia, llenándola con chorros calientes que se derramaban por sus muslos. Colapsaron juntos, jadeantes, piel pegajosa de sudor y fluidos.

En el afterglow, se acurrucaron, el corazón de él latiendo contra su espalda. El aroma de sexo flotaba pesado, mezclado con sus perfumes. Ana sonrió, trazando círculos en su pecho.

"Eso fue mejor que cualquier cap, mi amor."
Marco besó su hombro.
"Y apenas es el principio de nuestro abismo."
Fuera, la ciudad dormía, pero ellos ardían aún, en paz, completos. La tableta olvidada parpadeaba con el final de Abismo de Pasion Cap 86, pero su historia continuaba, infinita.

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