Pasión y Poder Capítulo 134 El Fuego Incontrolable
Daniela entró al penthouse en Polanco con el corazón latiéndole a mil por hora. La ciudad de México brillaba allá abajo, un mar de luces que reflejaba el caos de su propia mente. Hacía semanas que no veía a Arturo, ese vato que la volvía loca con su mirada de depredador y su sonrisa de pendejo confiado. Eran socios en el negocio de bienes raíces, pero entre ellos ardía algo más crudo, más animal: una pasión que mezclaba poder y deseo en dosis perfectas.
Él estaba ahí, recargado en la barra de la cocina abierta, con una copa de tequila reposado en la mano. El aroma del agave llenaba el aire, mezclado con su colonia cara, esa que olía a madera y pecado. Llevaba una camisa blanca desabotonada hasta el pecho, dejando ver el tatuaje de un águila que ella misma había trazado con los dedos en noches pasadas.
¿Por qué carajos me hace esto? Cada vez que lo veo, siento que pierdo el control. Pero neta, lo necesito. Su poder sobre mí no es solo del negocio, es de la piel, del alma.
—Morra, llegaste justo a tiempo —dijo Arturo con esa voz grave que le erizaba la piel—. Hoy cerramos el trato con los gringos. Pasión y poder, ¿no? Capítulo 134 de nuestra historia.
Daniela se acercó, sintiendo el roce de su vestido negro contra los muslos. El aire acondicionado zumbaba suave, pero el calor entre ellos era sofocante. Él le tendió la copa, y al rozar sus dedos, una chispa eléctrica la recorrió. Tomó un sorbo, el tequila quemándole la garganta como un beso ardiente.
—Sí, capítulo 134 —murmuró ella, clavando los ojos en los suyos—. Donde el jefe me dice que soy la mejor, pero en la cama soy suya.
Acto primero: la tensión. Hablaron de números, de contratos, pero cada palabra era un preámbulo. Arturo la acorraló contra la ventana, su cuerpo grande presionando el de ella. Olía a sudor limpio y deseo contenido. Sus manos subieron por sus caderas, apretando con esa fuerza que la hacía jadear.
—Te extrañé, chula —susurró en su oído, mordisqueando el lóbulo—. Tus curvas me vuelven loco.
Ella giró, presionando sus pechos contra él. El corazón le retumbaba en los oídos, el pulso acelerado como tambores aztecas. Sus labios se rozaron, un beso tentativo que pronto se volvió feroz. Lenguas danzando, saboreando el tequila y la sal de sus pieles. Daniela metió las manos bajo su camisa, sintiendo los músculos duros, el calor que emanaba como lava.
Pero no era solo físico. En su mente bullía el conflicto: él era el patrón, el que decidía. Ella quería igualarlo, dominarlo un rato. Pasión y poder, pensó, mientras le arañaba la espalda. Capítulo 134, donde ella tomaría las riendas.
La llevó al sofá de piel italiana, suave como caricia. Se sentaron, pero pronto ella lo empujó, montándose a horcajadas. El vestido se subió, revelando encaje negro. Arturo gruñó, sus manos explorando sus muslos, subiendo hasta el calor húmedo entre sus piernas.
—Estás mojada, carnal —dijo, con los ojos brillando de triunfo.
—Por ti, wey. Siempre por ti.
Acto segundo: la escalada. Daniela desabotonó su camisa con dedos temblorosos, besando cada centímetro de pecho expuesto. El sabor salado de su piel la enloquecía, mezclado con el aroma almizclado de su excitación. Él la volteó, quedando encima, su peso delicioso oprimiéndola contra el sofá. Le quitó el vestido de un tirón, dejando sus senos al aire. Los labios de Arturo los devoraron, chupando pezones que se endurecieron al instante como piedras preciosas.
Ella arqueó la espalda, un gemido escapando de su garganta. ¡Qué chido se siente! Su boca es fuego puro. Sus manos bajaron al pantalón de él, desabrochándolo con urgencia. El miembro saltó libre, grueso y palpitante, venoso como una promesa. Lo tocó, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel sedosa. Arturo jadeó, su aliento caliente en su cuello.
—Déjame probarte —rogó ella, empujándolo para arrodillarse.
Él se recargó, piernas abiertas. Daniela lo miró desde abajo, poder en sus ojos. Tomó su verga en la boca, lenta al principio, saboreando el gusto salado y varonil. La lengua giraba alrededor del glande, chupando con avidez. Arturo metió los dedos en su pelo, guiándola, gruñendo como bestia.
—¡Pinche morra, qué rica! —gimió, caderas moviéndose.
El sonido de succión llenaba la habitación, húmedo y obsceno, mezclado con sus jadeos. Ella aceleró, una mano masajeando sus bolas pesadas. Lo sintió tensarse, pero se apartó, sonriendo traviesa.
—Todavía no, mi rey. Quiero sentirte dentro.
La levantó como pluma, llevándola a la recámara. La cama king size los esperaba, sábanas de seda crujiendo bajo sus cuerpos. Arturo la tendió boca arriba, besando su vientre, bajando hasta el monte de Venus. El aroma de su excitación lo invadió, dulce y almizclado. Separó sus labios con los dedos, lamiendo el clítoris hinchado.
Daniela gritó, piernas temblando. Su lengua era mágica, círculos rápidos, succiones que la llevaban al borde.
¡No pares, cabrón! Me voy a venir ya.Olas de placer la sacudían, el corazón martilleando, piel erizada de sudor. Él introdujo dos dedos, curvándolos contra su punto G, bombeando mientras lamía.
El clímax la golpeó como rayo, un chorro de jugos empapando su boca. Gritó su nombre, uñas clavadas en las sábanas. Arturo subió, besándola, compartiendo su sabor.
—Ahora sí —dijo él, posicionándose.
Entró de un empellón, llenándola por completo. Ambos jadearon ante la fricción deliciosa, piel contra piel resbalosa de sudor. Ritmo lento al inicio, mirándose a los ojos. Sus senos rebotaban con cada embestida, él los amasaba gruñendo.
—Eres mía, Daniela. Toda mía.
—Y tú mío, Arturo. Cógeme fuerte.
La intensidad creció, caderas chocando con palmadas húmedas. El olor a sexo impregnaba el aire, testosterona y estrógenos bailando. Ella clavó talones en su espalda, urgiéndolo más profundo. Él la volteó a cuatro patas, penetrando desde atrás, una mano en su clítoris, otra jalando pelo suave.
El placer era abrumador, nervios en llamas. Gemidos se volvían gritos, el colchón crujiendo en protesta. Pasión y poder capítulo 134, pensó ella en el delirio, donde el clímax sería su rendición mutua.
Arturo aceleró, bolas golpeando su trasero. Ella se contrajo alrededor de él, otro orgasmo construyéndose.
—¡Me vengo! —rugió él, llenándola con chorros calientes.
Ella explotó segundos después, espasmos ordeñándolo, placer cegador.
Acto tercero: el afterglow. Cayeron exhaustos, cuerpos entrelazados, sudor enfriándose en la piel. El silencio roto solo por respiraciones agitadas. Arturo la besó en la frente, tierno ahora.
—Eres increíble, reina. En el negocio y aquí.
Daniela sonrió, trazando círculos en su pecho. El aroma de sus jugos y semen flotaba, íntimo y satisfactorio. Fuera, la ciudad seguía su ritmo, pero ellos en su burbuja.
Esto es más que sexo. Es nuestro poder compartido, nuestra pasión eterna. Capítulo 134 cerrado, pero vendrán más.
Se durmieron así, piel con piel, corazones sincronizados. Mañana volvería el mundo de trajes y juntas, pero esta noche era suya. Pura, ardiente, inolvidable.