Abismo de Pasion Capitulo 29
La luz tenue de las velas parpadeaba en el penthouse de Polanco, bañando la sala en un resplandor dorado que hacía brillar la piel morena de Sofia. El aroma del mole poblano recién preparado flotaba en el aire, mezclado con el perfume de jazmín que ella se había echado esa tarde, pensando en él. Mateo acababa de llegar de su viaje a Guadalajara, y el abismo de pasion capitulo 29 de su historia se abría de nuevo ante ellos, más profundo y ardiente que nunca. Habían pasado una semana separados, y esa distancia había avivado el fuego que siempre los consumía.
Sofia se acercó a la mesa, sus caderas balanceándose con ese meneo natural que volvía loco a Mateo. Llevaba un vestido negro ajustado que marcaba sus curvas generosas, el escote dejando ver el nacimiento de sus senos firmes. Mi rey
, murmuró con voz ronca, mientras le servía un vaso de tequila reposado. Él la miró de arriba abajo, sus ojos oscuros cargados de hambre. Nena, neta que te extrañé cañón
, respondió, levantándose para abrazarla. Sus cuerpos se pegaron al instante, y Sofia sintió el calor de su pecho ancho contra el suyo, el latido acelerado de su corazón retumbando como un tambor en su oído.
El beso empezó suave, labios rozándose con la sal del tequila aún en la lengua de él. Pero pronto se volvió feroz, lenguas enredándose en una danza húmeda y desesperada. Sofia olía su colonia amaderada, ese olor que la ponía húmeda de solo pensarlo. Las manos de Mateo bajaron por su espalda, apretando su culazo redondo, y ella gimió bajito contra su boca. ¿Sabes lo que me hiciste soñar toda la semana?
, le susurró al oído, su aliento caliente erizándole la piel. Soñé con enterrarme en ti hasta el fondo, hasta que grites mi nombre
.
Se sentaron a comer, pero la tensión era palpable. Cada bocado era una excusa para rozarse las piernas bajo la mesa, para lanzar miradas que prometían placer. Sofia sentía un cosquilleo en el vientre, esa humedad traicionera empapando sus panties de encaje. Pinche Mateo, pensó, siempre sabe cómo encenderme con solo una mirada. Él le contaba anécdotas del viaje, pero sus dedos jugaban con el borde de su copa, imaginando que era el borde de su chocha suave y depilada.
Después de la cena, pusieron música ranchera moderna, esa que suena en las cantinas chidas de la Condesa. Mateo la jaló para bailar, sus cuerpos pegados en un pegadito que era puro fuego. Ella sentía su verga dura presionando contra su pelvis, gruesa y lista, y se mordió el labio para no gemir ahí mismo. Estás bien puesto, ¿verdad, carnal?
, le dijo juguetona, frotándose contra él al ritmo de la guitarra. Órale, Sofia, me tienes al borde del abismo
, gruñó él, mordisqueándole el cuello. El sabor salado de su sudor la volvió loca, y ella hundió las uñas en su espalda musculosa, arañando apenas para marcar territorio.
Esto es nuestro abismo de pasión, capítulo 29, donde cada caricia nos hunde más profundo en el deseo, pensó Sofia, mientras lo guiaba hacia el sofá de piel blanca.
Se tumbaron ahí, él encima de ella, besándola con urgencia. Mateo deslizó el vestido por sus hombros, exponiendo sus tetas perfectas, pezones duros como piedras preciosas. Los lamió despacio, chupando uno mientras pellizcaba el otro, y Sofia arqueó la espalda, un jadeo escapando de su garganta. ¡Ay, wey, qué rico!
, exclamó, sus manos enredándose en su cabello negro revuelto. Él bajó más, besando su vientre plano, inhalando el aroma almizclado de su excitación que ya perfumaba el aire.
Le quitó las panties con dientes, gruñendo de placer al ver su panocha rosada y brillante, labios hinchados pidiendo atención. Mírate, toda mojada por mí
, dijo, pasando un dedo por su raja resbaladiza. Sofia tembló, el toque enviando chispas por su espina dorsal. No pares, mi amor, métemela ya
, suplicó, pero él sonrió pícaro. No tan rápido, nena. Quiero saborearte primero
. Su lengua se hundió en ella, lamiendo despacio desde el clítoris hasta el fondo, saboreando su néctar dulce y salado. Sofia gritó, sus muslos apretando su cabeza, el sonido de su chupeteo húmedo llenando la habitación junto con sus gemidos roncos.
El placer subía en oleadas, pero ella quería más. Lo empujó hacia atrás, desabrochando su pantalón con dedos temblorosos. Su verga saltó libre, venosa y palpitante, la cabeza goteando precum. Qué chingona está tu pinga
, murmuró admirándola, antes de metérsela a la boca. Lo succionó profundo, garganta relajada por la práctica, saboreando el gusto salado y masculino. Mateo jadeaba, ¡Carajo, Sofia, eres la mejor mamada del mundo!
, sus caderas moviéndose instintivo.
No aguantaron más. Ella se subió encima, guiando su verga a su entrada empapada. Se hundieron juntos en un solo movimiento, él llenándola por completo, estirándola deliciosamente. ¡Sí, así, métemela toda!
, gritó Sofia, cabalgándolo con furia. El slap-slap de sus cuerpos chocando resonaba, sudor perlando sus pieles, el olor a sexo crudo impregnando todo. Mateo la agarraba las nalgas, azotándolas suave, ¡Muévete, reina, hazme venir!
.
El ritmo se aceleró, sus respiraciones entrecortadas, gemidos convirtiéndose en alaridos. Sofia sentía el orgasmo construyéndose, un nudo apretado en su vientre listo para explotar. Sus bolas golpeando mi culo, su verga pulsando dentro, el calor subiendo.... ¡Me vengo, Mateo!
, chilló, su chocha contrayéndose alrededor de él en espasmos violentos, jugos chorreando por sus muslos. Él la siguió segundos después, gruñendo como animal, llenándola de semen caliente que la hacía estremecer de nuevo.
Colapsaron juntos, cuerpos enredados, el corazón de ella latiendo contra el de él. El aire olía a sudor, semen y jazmín, una mezcla embriagadora. Mateo la besó suave en la frente, Te amo, mi vida. Este abismo es solo nuestro
. Sofia sonrió, trazando círculos en su pecho con la uña, sintiendo la paz post-orgasmo envolviéndola como una manta tibia.
Mientras yacían ahí, escuchando el tráfico lejano de Reforma, Sofia reflexionó. Habían superado celos, distancias, todo por este fuego que no se apagaba. Capítulo 29 del abismo de pasión, pensó, y vendrán más, porque nuestro deseo es infinito. Se acurrucó más cerca, sabiendo que la noche aún guardaba sorpresas, pero por ahora, el afterglow era perfecto, un remanso en su tormenta de placer.