Relatos Prohibidos
Inicio Hetero Pasion Prohibida Cap 10 El Deseo que Quema Pasion Prohibida Cap 10 El Deseo que Quema

Pasion Prohibida Cap 10 El Deseo que Quema

6986 palabras

Pasion Prohibida Cap 10 El Deseo que Quema

En el corazón de la Ciudad de México, donde las luces de neón parpadean como promesas rotas y el aroma a tacos al pastor se mezcla con el humo de los escapes, Ana caminaba por las calles empedradas de la colonia Roma. Era una noche de viernes, de esas que invitan al pecado sin pedir permiso. Hacía calor, un bochorno pegajoso que hacía que su blusa de tirantes se adheriera a su piel morena como una segunda capa. Llevaba el cabello suelto, negro como la medianoche, y unos jeans ajustados que realzaban sus curvas generosas. Pero en su mente, solo había un nombre: Rodrigo.

Rodrigo, el hermano mayor de su mejor amiga Luisa. Alto, con esa barba incipiente que le daba un aire de bandido moderno, ojos cafés profundos y un cuerpo forjado en el gimnasio del barrio. Habían coqueteado durante años, miradas robadas en las fiestas, roces accidentales que dejaban chispas. Pero Luisa era sagrada, la carnala de la vida, y cruzar esa línea era traicionar un pacto de sangre. Aun así, la pasión prohibida ardía en Ana como chile en nopales. Esta noche, en la fiesta de cumpleaños de Luisa, todo podía cambiar. Cap 10 de su fantasía personal, donde el deseo por fin explotaba.

La casa de Luisa rebosaba de gente, reggaetón retumbando desde los bocinas, olor a cerveza fría y mariscos fritos flotando en el aire. Ana entró, saludando con besos en la mejilla, sintiendo ya el pulso acelerado. Ahí estaba él, en la cocina, sirviendo chelas con una sonrisa pícara. Sus miradas se cruzaron, y el mundo se detuvo.

"Neta, Ana, estás cañona esta noche",
le dijo bajito, acercándose tanto que olió su colonia, una mezcla de madera y limón que le erizó la piel.

¿Por qué carajos me mira así? ¿No sabe que esto es prohibido? pensó ella, pero su cuerpo la traicionaba. Sus pezones se endurecieron bajo la tela fina, y un calor húmedo se instaló entre sus muslos. Charlaron de tonterías, de la uni, del pinche tráfico, pero cada palabra era un preámbulo. Luisa andaba distraída, bailando con unos cuates, ajena al volcán que se gestaba.

La noche avanzó, el alcohol soltó lenguas y cuerpos. Ana bailó, sintiendo las manos de extraños en su cintura, pero solo quería las de él. De pronto, Rodrigo la jaló al pasillo oscuro, lejos de las luces.

"No aguanto más, mamacita. Esta pasión prohibida me está volviendo loco",
murmuró contra su oído, su aliento cálido rozándole el lóbulo. Ella jadeó, el corazón latiéndole como tamborazo en las venas.

Sus labios se encontraron en un beso feroz, hambriento. Lenguas danzando, saboreando tequila y deseo puro. Las manos de él subieron por su espalda, desabrochando el sostén con maestría, mientras ella enredaba los dedos en su cabello. Esto es cap 10, el clímax que soñé mil veces, pensó Ana, mientras él la presionaba contra la pared, su erección dura contra su vientre. El pasillo olía a jazmín del jardín vecino y a su propia excitación, ese almizcle dulce que traicionaba su anhelo.

Se escabulleron al cuarto de visitas, cerrando la puerta con llave. La habitación era un remanso: cama king con sábanas blancas, luz tenue de una lámpara, y el rumor lejano de la fiesta como banda sonora prohibida. Rodrigo la tumbó con gentileza, besando su cuello, mordisqueando la clavícula.

"Dime que lo quieres, Ana. Dime que esto no es un sueño chueco",
suplicó él, voz ronca como gravel.

"Lo quiero todo, pendejo. Desde hace años. Fóllame como si fuera la última noche",
respondió ella, arqueando la espalda. Él rio bajito, un sonido que vibró en su pecho, y bajó despacio, lamiendo sus pechos. Sus labios capturaron un pezón, succionando con fuerza, mientras su mano se colaba en los jeans, encontrando su centro húmedo. Ana gimió, el placer como rayos eléctricos. Olía a su piel sudada, a sexo inminente, y el sabor salado de su boca la volvía loca.

Desnudos al fin, piel contra piel. Él era puro músculo tenso, su verga gruesa y palpitante rozándola. Ana lo exploró con manos temblorosas, acariciando el vello de su pecho, bajando hasta apretarlo, sintiendo su pulso acelerado. Su calor, su dureza... es perfecto, neta. Él la besó el ombligo, el monte de Venus, hasta llegar a su sexo. Lengua experta, lamiendo clítoris con círculos lentos, chupando sus labios hinchados. Ana se retorcía, uñas clavadas en las sábanas, el sonido de sus jadeos mezclándose con el zumbido del ventilador.

"¡Órale, Rodrigo! No pares, cabrón... me vas a hacer venir ya",
gritó ella, las caderas moviéndose solas. Él aceleró, dedos dentro de ella curvándose, tocando ese punto que la hacía ver estrellas. El orgasmo la golpeó como ola en Acapulco, cuerpo convulsionando, jugos empapando su boca. Él lamió todo, saboreándola como tequila añejo.

Pero no era suficiente. Ana lo volteó, montándolo como reina. Su verga entró en ella de un solo empujón, llenándola por completo. ¡Ay, Dios! Tan grueso, tan profundo. Cabalgó despacio al principio, sintiendo cada vena, cada roce contra sus paredes internas. El slap de carne contra carne, el olor a sudor y sexo llenando la habitación. Rodrigo agarraba sus nalgas, guiándola, gimiendo

"Eres una diosa, Ana. Tu coño es puro fuego"
.

La tensión crecía, como tormenta en el Popo. Él la volteó a cuatro patas, embistiéndola fuerte, bolas golpeando su clítoris. Ana gritaba, mordiendo la almohada para no alertar a la fiesta. Sus pezones rozaban las sábanas ásperas, enviando chispas extras. Esto es la pasión prohibida en su cap 10, el pico del morbo. Rodrigo sudaba, su espalda brillando bajo la luz, olor masculino invadiendo sus sentidos.

Cambiaron posiciones, ella encima otra vez, besándose con furia mientras él la penetraba desde abajo. Manos enredadas, miradas fijas.

"Te amo, aunque sea pecado",
confesó él, y eso la llevó al borde. Ana se corrió de nuevo, apretándolo como tenaza, ordeñándolo. Rodrigo rugió, llenándola con chorros calientes, su semen mezclándose con sus jugos, goteando por sus muslos.

Colapsaron, jadeantes, cuerpos entrelazados. El aire olía a clímax compartido, piel pegajosa y satisfecha. Rodrigo la acunó, besando su frente.

"¿Y ahora qué, mi amor? Luisa...",
murmuró.

Ana sonrió, trazando círculos en su pecho. Cap 10 termina así, pero hay más capítulos en esta pasión prohibida.

"Lo resolveremos, chulo. Por ahora, solo abrázame. Esto valió cada mirada robada"
.

Se quedaron así, escuchando la fiesta menguar, el alba tiñendo las cortinas. El deseo prohibido había explotado, dejando un afterglow dulce, promesas susurradas y un lazo más fuerte que el miedo. En México, donde el amor no pregunta permiso, su historia apenas comenzaba.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.