Frases de Pelicula El Diario de una Pasion Susurradas en la Piel
La lluvia caía a cántaros sobre la ventana de nuestro depa en Polanco, ese golpeteo constante que me ponía la piel chinita. Yo, Ana, recostada en el sofá con mi moreno de ojos cafés, Javier, abrazándome por la cintura. Habíamos puesto El Diario de una Pasión, esa película que siempre nos ponía cachondos, con sus frases que se te clavan en el alma como un tatuaje. "Neta, wey", le dije, "esta peli siempre me hace querer comerte entero". Él se rió bajito, su aliento caliente rozándome el cuello, oliendo a tequila y a ese jabón de sándalo que tanto me gustaba.
La pantalla iluminaba la sala con esa luz azulada de tormenta, y ahí estaban Noah y Allie, discutiendo como si el mundo se acabara. Javier me apretó más contra su pecho, su mano grande subiendo despacito por mi muslo, bajo la falda corta que me había puesto a propósito. Sentía su calor filtrándose por la tela delgada de mis panties, y mi cuerpo respondía con un cosquilleo que me bajaba hasta el ombligo. Qué chido es esto, pensé, mientras la voz de Noah retumbaba: "¡Si estás enfadada conmigo, déjame decirte que estoy loco por ti!". Javier me mordisqueó la oreja y susurró, imitando la frase: "Si estás enfadada conmigo, Ana, déjame decirte que estoy loco por ti". Su voz ronca me erizó toda.
Me volteé para verlo, nuestros ojos chocando como chispas. "Eres un pendejo romántico", le contesté, riendo, pero jalándolo para besarlo. Nuestros labios se pegaron suaves al principio, saboreando el dulce de su boca, esa mezcla de cerveza y deseo puro. La lluvia afuera se intensificaba, como si aplaudiera nuestro beso que se volvía hambriento, lenguas enredándose, dientes rozando. Sus manos me subieron la blusa, tocando mi piel desnuda, y yo gemí bajito contra su boca. Olía a tierra mojada que entraba por la ventana entreabierta, mezclándose con el aroma de nuestra excitación creciente.
Nos paramos sin soltar el beso, tropezando hacia la recámara como dos adolescentes en celo. Javier me quitó la blusa de un jalón, dejando mis tetas al aire, y se quedó mirándolas como si fueran el pinche octavo maravilla. "It seems only yesterday we were both here", murmuró, recordando otra de esas frases de película El Diario de una Pasión que tanto nos gustaba. "Parece que fue ayer cuando estábamos aquí, ¿verdad, mi amor?". Yo asentí, jadeando, mientras le desabrochaba la camisa, sintiendo los músculos duros de su pecho bajo mis dedos, calientes y firmes.
Caímos en la cama king size, las sábanas frescas contra mi espalda ardiente. Él se puso encima, pero no pesaba, solo me cubría como una manta viva de puro fuego. Besaba mi cuello, bajando lento por el valle de mis senos, lamiendo un pezón hasta ponérmelo duro como piedra. "¡No quiero que termine nunca!", dijo, citando la peli, y yo arqueé la espalda, gimiendo su nombre. "¡Javi, cabrón, no pares!". Mis uñas se clavaron en su espalda, sintiendo la sal de su sudor, ese sabor que me volvía loca cuando lo besaba después.
La tensión crecía como la tormenta afuera, truenos retumbando que vibraban en mi clítoris hinchado. Javier bajó su mano, rozando mi entrepierna por encima de la tela húmeda. "Estás empapada, nena", gruñó, y metí la mano en sus calzones, agarrando su verga tiesa, palpitante, tan gruesa que apenas cabía en mi palma. La apreté suave, sintiendo las venas latiendo, y él soltó un ay ronco que me mojó más. Nos frotamos así un rato, piel contra piel, respiraciones agitadas mezclándose con el golpeteo de la lluvia.
¿Por qué esta película siempre nos prende así? Esas frases... se nos meten en la sangre, nos hacen querer devorarnos, pensé, mientras él me quitaba las panties de un tirón.
Su boca llegó a mi monte de Venus, besando suave, oliendo mi excitación almizclada que lo volvía loco. "Sabes a miel, Ana", murmuró antes de lamer mi clítoris, lento, en círculos que me hacían ver estrellas. Gemí fuerte, agarrando sus cabellos revueltos, empujándolo más adentro. Lengua y labios trabajando mi coño como un experto, chupando, succionando, hasta que mis caderas se movían solas, persiguiendo el placer. "Te deseo tanto que duele", jadeó él, otra frase de la peli que salía natural, y yo exploté en su boca, el orgasmo rompiéndome en oleadas calientes, piernas temblando, grito ahogado en la almohada.
Pero no paramos. Lo jalé arriba, volteándolo para montarlo como amazona. Su verga entró en mí de un empujón suave, llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso. "¡Qué rico, Javi!", grité, mientras cabalgaba, tetas rebotando, sudor chorreando entre nosotros. Él agarraba mis nalgas, guiándome, embistiéndome desde abajo con fuerza controlada. Nuestros cuerpos chocaban con palmadas húmedas, el sonido obsceno mezclándose con nuestros gemidos y la lluvia furiosa. Olía a sexo puro, a piel sudada, a nosotros dos fundidos.
Me inclinó hacia atrás, besando mi vientre, lamiendo el sudor salado mientras yo lo ordeñaba con mi coño apretado. "Es como si hubiéramos estado esperando toda la vida para esto", susurró, citando de nuevo esas frases de película El Diario de una Pasión que nos tenían en llamas. Sentía su verga hincharse más, palpitando dentro, y aceleré, mis muslos ardiendo, pulso latiendo en mis oídos. Él se sentó, abrazándome fuerte, y nos movimos juntos, lento ahora, profundo, ojos clavados, almas conectadas.
El clímax nos golpeó como un rayo. Javier gruñó mi nombre, corriéndose dentro de mí en chorros calientes que me llenaron, empujándome al borde otra vez. Yo me vine con él, contrayéndome alrededor de su polla, uñas en su espalda, beso desesperado. Colapsamos, jadeando, cuerpos pegajosos, corazones tronando al unísono con los truenos lejanos.
Después, envueltos en las sábanas revueltas, la lluvia amainando a un susurro, Javier me acariciaba el cabello. "Neta, esas frases de la peli son mágicas, ¿verdad? Nos convierten en Noah y Allie cada vez". Sonreí, besando su pecho, saboreando el salado residual.
Esto es nuestro diario, nuestra pasión eterna, sin dramas, solo puro amor y fuego. Afuera, el aire fresco entraba, oliendo a promesa de más noches así. Nos quedamos dormidos, enlazados, con la película olvidada en pausa, pero sus palabras grabadas en nuestra piel para siempre.