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El Diario de una Pasión Película Completa Español Latino

6433 palabras

El Diario de una Pasión Película Completa Español Latino

Entrada 1: El reencuentro que lo cambió todo

Estoy sentada en mi depa en Polanco, con el sol de la tarde colándose por las cortinas de lino blanco, oliendo a café recién molido y a las gardenias que compré en el mercado esta mañana. Neta, hoy es uno de esos días en que el corazón late más fuerte sin razón. Hace una semana, en una fiesta en la Condesa, me topé con él. Javier, el wey que me robó el alma hace años, el mismo que me hacía temblar con solo una mirada. "Órale, Ana, ¿sigues tan chula como siempre?", me dijo con esa sonrisa pícara, y yo, como pendeja, sentí que el piso se movía.

Le invité a cenar, simón, sin pensarlo dos veces. Y anoche, mientras preparaba unos tacos de arrachera con salsa de molcajete, llegó con una botella de mezcal artesanal y un DVD viejo en la mano. "

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", dijo guiñándome el ojo. "Para que revivamos viejos tiempos, mi reina". Mi piel se erizó al instante, recordando cómo nos besábamos a escondidas en la playa de Puerto Vallarta, con el mar rugiendo de fondo y la arena pegándose a nuestros cuerpos sudados.

Nos sentamos en el sofá de terciopelo gris, el aire cargado de ese olor a madera quemada del mezcal y su colonia amaderada que siempre me volvía loca. La película empezó, las escenas de pasión entre esos dos amantes me pegaron directo en el pecho. Javier acercó su mano a mi muslo, rozando apenas la piel desnuda bajo mi falda corta. Sentí el calor de sus dedos, como fuego lento, y mi respiración se aceleró. ¿Por qué carajos lo dejé ir?, pensé, mientras su pulgar trazaba círculos suaves, subiendo poco a poco.

Entrada 2: La tensión que quema por dentro

La pantalla parpadeaba con gemidos ahogados y besos furiosos, pero lo único que veía era su boca entreabierta, a centímetros de la mía. "Ana, neta que me muero por ti desde siempre", murmuró, su voz ronca como el viento del desierto sonorense. Lo jalé por la camisa, desabotonándola con dedos temblorosos, oliendo su piel salada, ese sabor a hombre que me hacía salivar. Nuestras lenguas se encontraron primero, suaves, explorando, luego salvajes, mordiéndose con hambre acumulada.

Me levantó en brazos como si no pesara nada, caminando hacia la recámara donde las velas de vainilla ya ardían, lanzando sombras danzantes en las paredes color crema. Me tiró en la cama king size, con sábanas de algodón egipcio que crujieron bajo mi peso. Se quitó la camisa, revelando ese torso moreno, marcado por horas en el gym y tardes de surf en Sayulita. "Ven pendejo, acércate más", le dije juguetona, y él rió, esa risa grave que vibra en el pecho.

Sus manos bajaron mi blusa, besando cada centímetro de piel expuesta. Sentí su aliento caliente en mis pechos, el roce áspero de su barba incipiente contra mis pezones que se endurecieron al toque. Qué chido se siente esto, como si el mundo se detuviera. Bajó más, lamiendo mi ombligo, mordisqueando la curva de mis caderas. El olor de mi propia excitación llenaba la habitación, mezclado con el suyo, almizclado y adictivo. Introduje mis dedos en su pelo negro revuelto, guiándolo hacia abajo, gimiendo bajito cuando su lengua rozó mi clítoris por primera vez.

"¡Ay wey, no pares!", supliqué, arqueando la espalda. Él obedecía, chupando con devoción, metiendo dos dedos gruesos dentro de mí, curvándolos justo ahí, en ese punto que me hace ver estrellas. El sonido húmedo de su boca contra mi sexo era obsceno, delicioso, sincronizado con los jadeos de la película que aún sonaba de fondo en la sala. Mi cuerpo temblaba, las piernas abiertas como alas, el sudor perlando mi frente. Quería correrme ya, pero él se detuvo, subiendo para besarme la boca, haciéndome probar mi propio sabor dulce y salado.

"No tan rápido, mi amor. Quiero que dure", susurró, quitándose los jeans. Su verga saltó libre, dura como piedra, venosa, palpitante. La tomé en la mano, sintiendo el calor, la suavidad de la piel sobre el acero. La acaricié despacio, de la base a la punta, viendo cómo él cerraba los ojos y gemía mi nombre. Esa es mi poder, lo tengo en la palma de la mano. Me puse encima, frotándola contra mi entrada húmeda, torturándolo un rato más.

Entrada 3: La entrega total y el éxtasis

Me hundí en él de golpe, sintiendo cómo me llenaba por completo, estirándome deliciosamente. "¡Carajo, qué rico estás!", grité, empezando a moverme, cabalgándolo como en un rodeo salvaje. Sus manos en mis nalgas, amasándolas, guiando el ritmo. El slap-slap de piel contra piel resonaba, mezclado con nuestros jadeos y el crujir de la cama. Sudábamos a chorros, el olor a sexo puro impregnando el aire, el sabor de su cuello salado en mi lengua mientras lo mordía.

Cambié de posición, él encima ahora, embistiéndome profundo, lento al principio, luego feroz. Cada thrust rozaba mi G-spot, mandando ondas de placer por todo mi cuerpo. "Más fuerte, Javier, dame todo", le pedí, clavando las uñas en su espalda. Él gruñía como animal, besando mi cuello, chupando mi oreja, susurrando guarradas al oído: "Estás tan mojada por mí, mi puta hermosa". Y neta, me encantaba, me empoderaba esa crudeza consentida entre nosotros.

El clímax se acercaba, mi vientre apretándose, el calor subiendo desde los pies hasta la cabeza. "Me vengo, me vengo", anuncié, y exploté alrededor de él, contrayéndome en espasmos, gritando su nombre mientras lágrimas de puro gozo rodaban por mis mejillas. Él no tardó, hinchándose más dentro de mí, soltando un rugido gutural al correrse, llenándome con chorros calientes que sentía palpitar.

Nos quedamos así, unidos, respirando agitados, el corazón latiendo al unísono. Su peso sobre mí era perfecto, protector. Besos suaves ahora, caricias perezosas en la espalda. "Te amo, Ana. Desde la primera vez que te vi", confesó, y yo, con el alma en paz, respondí: "Yo nunca dejé de amarte, wey".

Apagamos la tele, la película ya terminada, pero nuestra historia apenas empezaba de nuevo. Mañana escribo más, pero por ahora, duermo en sus brazos, oliendo a nosotros, saboreando la promesa de más noches así. El diario de una pasión película completa español latino fue el detonante perfecto para nuestra propia película erótica, sin fin.

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