Pasion y Poder 2015 Entrelazados en Placer
Elena ajustó el escote de su vestido rojo fuego mientras cruzaba el lobby del hotel en Polanco el aroma a cuero nuevo y jazmín flotaba en el aire cargado de risas y copas tintineando. La gala de moda era el evento del año en la Ciudad de México y ella dueña de su propia línea de lencería sabía que todas las miradas la seguirían. Pero esta noche no buscaba clientes sino algo más primal. Su piel erizada anticipaba el roce del aire acondicionado como una caricia prohibida.
Ahí está pensó mientras divisaba a Alejandro al fondo de la sala. Alto moreno con esa mandíbula cincelada que gritaba poder corporativo rival en el negocio de textiles. Sus ojos se encontraron y el pulso de Elena se aceleró como tambores taquileños en una fiesta. Él levantó su copa en saludo un gesto chingón que la hizo sonreír. Neta este wey me trae loca desde la última junta pensó ella recordando cómo sus miradas se habían enredado bajo la mesa mientras discutían contratos.
Se acercó contoneando las caderas el tacón de sus Louboutins resonando como un desafío. —Qué onda güey tan chulo verte aquí dijo ella con voz ronca usando ese slang mexicano que siempre lo desarmaba. Él rio bajito su aliento cálido oliendo a tequila reposado y canela.
—Elena mi reina de la seducción ¿vienes a robarme el show o solo a tentarme? respondió él rozando su brazo con los dedos. El toque fue eléctrico piel contra piel un cosquilleo que subió por su espina dorsal directo al centro de su deseo. La tensión entre ellos era palpable como el calor de un volcán a punto de estallar pasión y poder puro en cada mirada.
Conversaron de negocios al principio estrategias mercados pero pronto el vino tinto desató confesiones. —Sabes murmuró ella inclinándose esta noche me recuerda a esa telenovela Pasión y Poder del 2015 pura intriga y fuego entre enemigos. Él arqueó la ceja su mano ahora en la curva de su cintura.
—Si pero aquí no hay guion solo nosotros y lo que queramos hacer contestó su voz grave vibrando en el pecho de ella. El deseo inicial era un nudo en el estómago de Elena mezcla de ambición y lujuria. Quería dominarlo y ser dominada en partes iguales.
La noche avanzó bailaron salsa pegados cuerpos sudando al ritmo de caderas que se buscaban. El olor a su colonia masculina mezclado con el perfume almizclado de ella creaba una nube embriagadora. Sus labios rozaron orejas susurros calientes te quiero ya jadeó él y ella asintió el corazón latiéndole en la garganta.
Subieron al penthouse en el elevador solos las paredes de espejo reflejando su impaciencia. Elena sintió sus pezones endurecerse contra la tela del vestido el roce áspero enviando ondas de placer. Alejandro la acorraló contra la pared besándola con hambre labios carnosos probando a vino y sal. Sus lenguas danzaron un duelo de poder ella mordiendo su labio inferior él gimiendo bajito.
La puerta se abrió y cayeron dentro la alfombra persa amortiguando sus pasos. Él la desvistió despacio deslizando la cremallera el sonido metálico como una promesa. El vestido cayó a sus pies revelando lencería negra de encaje su creación perfecta que realzaba curvas bronceadas. —Estás cañona Elena gruñó él admirándola los ojos oscuros de puro fuego.
Ella lo empujó al sofá grande sus manos expertas desabotonando su camisa oliendo a almidón y hombre. El pecho de él era firme músculos tensos bajo piel morena salpicada de vello oscuro. Lo besó ahí lamiendo el sabor salado del sudor fresco su lengua trazando círculos que lo hicieron arquearse. —No pares mi amor suplicó él las manos enredadas en su cabello negro largo.
El conflicto interno de Elena bullía ¿ceder todo el poder o reclamarlo? Lo montó a horcajadas sintiendo su erección dura contra su sexo húmedo ya empapado de anticipación. Se frotaron vestidos solo él con pantalón ella desnuda salvo tanga el roce de tela contra clítoris la volvía loca gemidos escapando como suspiros de fiesta en Xochimilco.
Gradual la intensidad creció ella bajando la bragueta liberando su verga gruesa venosa palpitante. La tocó suave primero piel aterciopelada sobre acero probando la gota perlada en la punta salada y dulce. —Qué chingona eres jadeó él mientras ella lo lamía de abajo arriba la boca llena el olor almizclado invadiendo sus sentidos.
Pero él no era pasivo la volteó boca abajo en el sofá separando sus nalgas besando la curva de su espalda bajando hasta el ano rosado lamiéndolo con devoción. Elena gritó de placer inesperado su lengua experta explorando humedad chorreando por muslos. —Sí ahí pendejo no pares rogó ella arqueando la espalda el cuarto lleno de sonidos húmedos jadeos pesados.
La tomó por las caderas penetrándola lento primero el estiramiento delicioso llenándola por completo. Cada embestida era un pulso de poder compartido ella empujando hacia atrás él profundizando el ritmo acelerando como motores de Ferrari en Reforma. Sudor goteaba pieles chocando palmadas resonando olor a sexo crudo musk y feromonas.
Esto es pasión y poder de verdad pensó Elena mientras él la volteaba misionero ojos en ojos almas conectadas. Sus pechos rebotaban con cada thrust pezones rozando su pecho fricción ardiente.
La levantó contra la pared piernas alrededor de su cintura follándola de pie fuerza bruta consensuada ella clavando uñas en su espalda marcas rojas de posesión. —Más fuerte cabrón dame todo exigió ella y él obedeció gruñendo su nombre como oración. El clímax se acercaba tensión en ovillos apretados ella primero contrayéndose alrededor de él chorros de placer mojando todo él siguiéndola eyaculando profundo caliente llenándola con gemido animal.
Cayeron exhaustos en la cama sábanas de hilo egipcio frescas contra pieles calientes. Besos suaves ahora lenguas perezosas explorando bocas el sabor a ellos mismos embriagador. Alejandro la abrazó fuerte su mano acariciando su vientre bajito susurro eres mi todo mi pasión mi poder.
Elena sonrió serena el afterglow envolviéndola como niebla matutina en el Nevado de Toluca. Reflexionó en el poder verdadero no en juntas ni contratos sino en esta entrega mutua vulnerable y fuerte. Mañana volverían a ser rivales pero esta noche eran amantes eternos.
El sol asomaba tiñendo el skyline de rosa y oro ella se acurrucó más oliendo su piel durmiendo el eco de placer latiendo aún en su cuerpo. Pasión y poder para siempre musitó en sueños el corazón pleno.