Pasion de Gavilanes Capitulo 17 Fuego Prohibido
La noche caía sobre la hacienda como un manto de terciopelo negro, con el aroma a jazmín y tierra húmeda flotando en el aire. Gaby se acurrucaba en el sofá de cuero viejo de la sala, con las piernas cruzadas bajo su falda ligera de algodón que rozaba su piel como una caricia. Frente a ellas, la tele proyectaba las imágenes vibrantes de Pasión de Gavilanes capítulo 17, esa telenovela que las tenía enganchadas a ella y a Marco desde hace semanas. Él, su vecino de toda la vida, ahora su amante secreto, estaba a su lado, con su brazo musculoso rodeando sus hombros. Olía a jabón fresco y a ese loción barata de pino que siempre usaba después de trabajar en el rancho.
"Órale, Gaby, mira cómo se miran esos dos, neta que arden", murmuró Marco con esa voz ronca que le erizaba la piel. Ella volteó a verlo, sus ojos cafés clavándose en los de él, oscuros como el café de olla que preparaba su mamá los domingos. El capítulo avanzaba: los protagonistas en una escena de celos y deseo reprimido, sus cuerpos tensos a punto de explotar. Gaby sintió un cosquilleo en el estómago, un calor que subía desde su vientre hasta sus pechos, endureciendo sus pezones bajo la blusa delgada.
¿Por qué carajos me pongo así con esta novela? Es Marco, wey, el mismo que me robaba besos detrás del granero cuando éramos chavos. Pero ahora... ahora es un hombre que me hace mojar con solo rozarme.
Ella se movió inquieta, su muslo rozando el de él. Marco soltó una risa baja, gutural, y apretó su hombro con más fuerza. "Estás caliente, ¿verdad, mi reina? Se te nota en la cara". Gaby no respondió con palabras; en cambio, giró el cuerpo y posó su mano en el pecho ancho de él, sintiendo el latido acelerado bajo la camisa de franela abierta. El aire se cargó de electricidad, como antes de una tormenta en el campo.
El beso llegó natural, como si el destino lo hubiera escrito en el guion de su propia vida. Los labios de Marco se estrellaron contra los de ella, suaves al principio, probando el sabor a chicle de menta que ella masticaba. Gaby abrió la boca, invitándolo, y sus lenguas se enredaron en un baile húmedo y salvaje. Él olía a tequila de la cena, un toque ahumado que la mareaba. Sus manos bajaron por su espalda, amasando sus nalgas firmes bajo la falda, levantándola un poco para que el aire fresco rozara su piel expuesta. Ella gimió bajito, un sonido que vibró en su garganta y se perdió en la boca de él.
La tele seguía sonando de fondo, los diálogos apasionados de Pasión de Gavilanes capítulo 17 mezclándose con sus respiraciones agitadas. "Te deseo tanto, Gaby, como en esa pinche novela", gruñó Marco separándose un segundo, sus ojos brillando con lujuria. Ella lo empujó contra el sofá, montándose a horcajadas sobre sus caderas duras. Sintió la erección presionando contra su entrepierna, gruesa y caliente a través del pantalón vaquero. "Pues demuéstramelo, cabrón, hazme tuya como si fuera la última noche".
Acto dos: la escalada. Marco deslizó las manos bajo su blusa, sus palmas callosas rozando la piel sedosa de su abdomen, subiendo hasta cupar sus tetas plenas. Pellizcó los pezones con delicadeza, tirando un poco, y Gaby arqueó la espalda, soltando un jadeo que resonó en la sala amplia. El olor a su excitación llenaba el aire, almizclado y dulce, mezclado con el perfume floral de su loción. Ella desabrochó su camisa con dedos temblorosos, exponiendo el torso velludo y bronceado, marcado por el sol del rancho. Lo besó ahí, lamiendo el sudor salado que perlaba su piel, bajando por el surco de sus pectorales hasta el ombligo.
Qué rico sabe, como a hombre de verdad, no como esos pendejos de la ciudad. Quiero comérmelo entero, sentirlo palpitar en mi boca.
Marco la levantó en brazos como si no pesara nada, sus bíceps flexionándose bajo su agarre. La llevó al sillón reclinable junto a la chimenea apagada, donde el calor de sus cuerpos bastaba. La recostó con cuidado, pero sus ojos prometían rudeza. Le quitó la falda de un tirón, dejando al descubierto sus bragas de encaje negro, empapadas en el centro. "Mírate, Gaby, estás chorreando por mí". Ella separó las piernas, invitándolo con una sonrisa pícara. Él se arrodilló entre sus muslos, inhalando profundo su aroma íntimo, ese olor a mujer en celo que lo volvía loco.
Su lengua atacó primero, lamiendo por encima de la tela, saboreando su humedad. Gaby se retorció, clavando las uñas en los hombros de él, el placer subiendo en oleadas desde su clítoris hinchado. "¡Ay, Marco, no pares, qué chido se siente!". Él apartó la prenda a un lado y hundió la cara, chupando y succionando con hambre, su barba incipiente raspando la piel sensible de sus labios mayores. Ella gritó, el sonido crudo y animal, mientras sus caderas se mecían contra su boca. El sabor era salado y dulce, como el mango con chile que comían en las ferias.
Pero Marco no era de los que se conforman. Se puso de pie, desabrochando su cinturón con un chasquido metálico que cortó el aire. Su verga saltó libre, venosa y tiesa, la cabeza reluciente de precúm. Gaby la tomó en mano, sintiendo el pulso acelerado, el calor que emanaba como de un hierro al rojo. "Qué vergota tienes, wey, me vas a partir". Él rio, un sonido grave y triunfante, y se posicionó entre sus piernas. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Ella sintió cada vena rozando sus paredes internas, el llenado completo que la hacía sentir poseída y libre a la vez.
Empezaron a moverse, un ritmo lento al principio, piel contra piel chapoteando húmedo. El sofá crujía bajo ellos, el aire cargado de gemidos y el slap-slap de sus cuerpos chocando. Marco aceleró, embistiendo profundo, sus bolas golpeando su culo con cada thrust. Gaby clavó las talones en su espalda, arañándolo, perdida en el torbellino de sensaciones: el roce de su vello púbico contra su clítoris, el sudor goteando de su frente a su pecho, el sabor de su cuello cuando lo mordió.
Es como si fuéramos los de la novela, pero reales, sudados, oliendo a sexo puro. No quiero que acabe nunca este capítulo nuestro.
La tensión creció, sus respiraciones sincronizadas en jadeos desesperados. Marco la volteó, poniéndola a cuatro patas, y volvió a penetrarla desde atrás, sus manos agarrando sus caderas con fuerza. "¡Te voy a llenar, mi amor, agárrate!". Ella empujó contra él, sintiendo el orgasmo acercarse como un tren de carga. Gritó su nombre cuando explotó, su panocha contrayéndose en espasmos que ordeñaban su verga. Él la siguió segundos después, gruñendo como toro, eyaculando chorros calientes dentro de ella, el semen desbordando y chorreando por sus muslos.
Acto final: el afterglow. Colapsaron juntos en el sofá, cuerpos enredados y pegajosos, el corazón de ella latiendo desbocado contra el pecho de él. Marco la besó la frente, suave ahora, sus dedos trazando círculos perezosos en su espalda. El televisor parpadeaba el final de Pasión de Gavilanes capítulo 17, pero ellos ya no lo veían. El aire olía a sexo consumado, a sudor seco y paz.
"Eso fue mejor que cualquier telenovela, Gaby. Tú eres mi pasión de gavilanes". Ella sonrió, acurrucándose más, sintiendo el semen tibio escurrir aún.
Quién iba a decir que un capítulo más nos uniría así. Que vengan los 18, 19... todos, con él a mi lado.La noche los envolvió en su manto, prometiendo más fuegos por venir.