Abismo de Pasion Muerte del Padre Lupe
En el caluroso atardecer de mi ranchito en los alrededores de Guadalajara, donde el sol derrite las tejas y el olor a tierra mojada se mezcla con el humo de las barbacoas vecinas, yo Carmen siempre encontraba refugio en la iglesia de San Judas. No era solo por las oraciones, no carnal. Era por él el Padre Lupe. Alto fornido con esa piel morena curtida por el sol y unos ojos que te clavaban como espinas de nopal. Desde el púlpito su voz grave retumbaba en mi pecho haciendo que mi chichi se endureciera bajo la blusa. Lo veía predicar y ya me imaginaba sus manos callosas sobre mis caderas.
Una tarde después de misa me quedé rezando de rodillas el rosario. El aire olía a incienso y cera quemada las veladoras parpadeaban lanzando sombras danzantes en las paredes de adobe. Sentí su presencia antes de verlo. "Carmen ¿todo bien hija?" dijo acercándose su sotana rozando mi falda. Su aliento cálido con un toque de café de olla me erizó la piel. Levanté la vista y ahí estaba su sonrisa pícara esa que no le ponía a nadie más.
¿Por qué carajos me mira así? ¿Será que nota cómo se me moja la chamaca cada vez que lo veo? Madre santa dame fuerzapensé mientras me ponía de pie temblando un poco.
"Padre necesito confesarme urgente" le solté sin pensarlo. Me llevó al confesionario esa caja de madera oscura que crujía como huesos viejos. Me arrodillé y empecé: "Bendíceme padre porque he pecado. Deseo carnales impuras me queman por dentro". Silencio. Luego su voz ronca: "Cuéntame todo Carmen no te guardes nada". Le hablé de mis sueños de él desnudo encima de mí su verga dura partiéndome en dos. Al otro lado la tela vibraba con su respiración agitada. "Sigue hija déjalo salir" murmuró y juré oír su mano moviéndose.
Salí de ahí con las piernas de gelatina el corazón latiéndome como tamborazo. Dos días después me mandó recado por el sacristán: "Ven a la sacristía al oscurecer. Hay que platicar de tu alma". Llegué con el estómago revuelto el aire nocturno cargado de grillos y flores de nochebuena. Él me esperaba solo la puerta entreabierta. "Pasa cierra" dijo y su mirada ya no era de sacerdote sino de hombre hambriento.
Nos sentamos en un banco viejo el roce de su rodilla contra la mía fue eléctrico. Hablamos de la vida del pueblo de cómo el Padre Lupe había llegado hace años huyendo de quién sabe qué en la capital. "Aquí encontré paz Carmen pero tú... tú eres mi tentación" confesó tomándome la mano. Sus dedos ásperos contra mi palma suave me hicieron jadear. "¿Y si caemos juntos padre? ¿Y si nos perdemos en el abismo de pasion?" le susurré mirándolo fijo. Él tragó saliva "Esa es la muerte del Padre Lupe el que era" respondió y me jaló hacia él.
Sus labios carnosos aplastaron los míos sabían a vino de misa y algo salvaje. Gemí en su boca mi lengua bailando con la suya mientras sus manos subían por mi espalda desabrochando el sostén. ¡Qué rico carnal! pensé cuando me quitó la blusa dejando mis tetas al aire. Las miró embobado "Eres un milagro Carmen" dijo lamiendo un pezón. El calor de su lengua me hizo arquear la espalda el sonido de mi propia respiración jadeante llenando la sacristía.
Lo empujé al suelo sobre una alfombra raída su sotana se abrió revelando piernas musculosas y una verga tiesa asomando por los calzones. "¡Mírala padrecito qué chingona!" reí juguetona arrodillándome para libérarla. La tomé en la mano gruesa venosa palpitando con vida. Olía a hombre puro sudor y deseo. La chupé despacio saboreando la sal de su piel la cabeza suave deslizándose en mi garganta. Él gruñó "¡Ay güey no pares!" enredando dedos en mi pelo.
Esto es pecado pero qué pecado tan sabroso. El abismo de pasion nos traga y no quiero salir nuncame dije mientras lo montaba quitándome la falda y las calzones. Mi panocha chorreaba resbalosa rozando su punta. Me hundí en él centímetro a centímetro gimiendo por la plenitud. "¡Sí Carmen chíngame fuerte!" rugió moviendo caderas al ritmo del mío. El slap slap de carne contra carne el olor almizclado de nuestros jugos el sudor perlando su pecho moreno todo era un torbellino sensorial.
Lo cabalgaba como yegua brava mis uñas clavándose en su torso sintiendo sus músculos contraerse. Él me amasaba las nalgas "Más rápido nena dame todo" pedía y yo obedecía el placer subiendo como ola en la presa del Salto. Cambiamos él encima ahora embistiéndome con furia sacerdotal la mesa de madera crujiendo bajo nosotros. Sus bolas golpeaban mi culo el roce de su pubis en mi clítoris enviando chispas por mi espina.
La tensión crecía mis paredes apretándolo ordeñándolo. "Me vengo padre ¡ahí viene!" grité y exploté oleadas de éxtasis sacudiéndome el mundo volviéndose blanco. Él se hundió profundo "¡Esta es la muerte del Padre Lupe Carmen mi abismo de pasion!" bramó eyaculando chorros calientes llenándome hasta rebosar. Su cuerpo se convulsionó encima mío el pulso de su verga latiendo en mí mientras jadeábamos entrelazados.
Nos quedamos así un rato el silencio roto solo por nuestros suspiros y el lejano ladrido de perros. Su peso reconfortante olor a sexo y santidad mezclado. Me besó la frente "No fue pecado fue redención" murmuró. Yo sonreí acariciando su mejilla "Vuelve cuando quieras padrecito este abismo es nuestro".
Desde esa noche el Padre Lupe y yo nos veíamos a hurtadillas en la sacristía o en mi jacal cuando el pueblo dormía. Cada encuentro era más intenso más profundo un baile de cuerpos y almas en ese abismo de pasion que había marcado la muerte del Padre Lupe que fui. Ya no era solo el sacerdote del púlpito era mi amante mi secreto mi todo. Y en las misas cuando sus ojos me buscaban yo sabía que el fuego ardía eterno bajo las cenizas de la fe.
Una noche bajo la luna llena en el huerto de la iglesia lo entregué todo de nuevo. Sus manos expertas explorando cada curva mi boca devorando su piel salada. "Eres mi perdición Carmen" jadeó mientras me penetraba por detrás el aire fresco besando nuestras pieles ardientes. Gemí alto sin importarme el riesgo el placer construyéndose lento como tormenta de verano. Cuando llegamos al clímax juntos gritamos unidos en éxtasis el mundo disolviéndose en placer puro.
En el afterglow recostados en la hierba húmeda hablamos de futuro. "No puedo dejar el sacerdocio pero por ti rompería votos" confesó. Yo lo besé "Quédate como estás carnal esto es perfecto". El aroma a tierra fértil y jazmín nos envolvía un cierre dulce a nuestra noche. Sabía que esto duraría que el abismo de pasion muerte del Padre Lupe era solo el principio de nuestra historia prohibida pero tan viva.