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Pelicula Murallas de Pasion

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Pelicula Murallas de Pasion

Estaba sola en mi departamentito en la Roma, con el calor de la tarde pegándome como una chinga en la cara. El ventilador zumbaba como loco, pero ni modo, el bochorno de la Ciudad de México no perdona. Rebusqué en el clóset y encontré un DVD rayado que compré en el tianguis de Churubusco: Pelicula Murallas de Pasion. La portada mostraba a una morra con escote profundo y un galán de bigote recargado en unas paredes gruesas, como de convento colonial. Pensé ¿y si es una de esas rancheras picantes de los setenta? Lo metí al reproductor y me eché en el sillón con una chela fría sudando en mi mano.

La pantalla se encendió con música de mariachi sensual, violines que gemían como amantes. La historia: una monja encerrada tras murallas de pasión, un bandido que la tienta con promesas de fuego en la piel. Ya me estaba prendiendo, güey.

La puerta se abrió de golpe. Era Marco, mi carnal en todo sentido, con su playera pegada al pecho por el sudor, jeans rotos y esa sonrisa de pendejo que me deshace las rodillas. "¿Qué vergas, Vale? ¿Pornografía vintage?" se rio, tirando las llaves y quitándose las botas con un patadón. Se acercó oliendo a calle, a tacos de suadero y a ese aroma suyo, mezcla de colonia barata y hombre puro.

"Siéntate, cabrón, es pelicula Murallas de Pasion, una joya que encontré. Mira cómo la monja esa se resiste, pero el wey la va derritiendo poquito a poquito." Le pasé la chela y se acomodó a mi lado, su muslo rozando el mío, cálido y firme. El aire se cargó de inmediato, como si la peli nos estuviera susurrando al oído.

En la pantalla, la monja caminaba por pasillos empedrados, el hábito rozando sus curvas. El bandido la acorralaba contra la muralla, sus manos grandes deslizándose por la tela áspera. El sonido de la respiración agitada, el crujido de la piedra, el jadeo ahogado... Sentí un cosquilleo entre las piernas, mi short de mezclilla se me pegaba un poco por el calor. Marco tragó saliva, su mano cayó casual en mi rodilla, pero no la quitó. "Está cañón esta película, nena. Mira cómo la besa el cuello."

Yo asentí, mordiéndome el labio. Su dedo empezó a trazar círculos lentos en mi piel, subiendo despacito por el muslo. El olor de su sudor se mezclaba con el mío, un perfume salado que me erizaba los vellos. En la peli, la monja cedía un poco, dejando que el bandido le lamiera el lóbulo de la oreja.

Quiero que Marco me haga eso, que rompa mis murallas como ese cabrón.
Me recargué en él, mi pecho presionando su brazo. "¿Te prende, amor?" murmuré, mi voz ronca como la de la actriz.

Él giró la cara, sus ojos oscuros clavados en los míos, pupilas dilatadas por el deseo. "Me prende usted, Vale. Pero esta peli... uf, las murallas de pasión esas me dan ideas." Su boca capturó la mía en un beso hambriento, lengua invadiendo, saboreando la chela y mi saliva dulce. Gemí bajito, el sonido ahogado por su boca. Sus manos subieron a mis chichis, amasándolas sobre la blusa ligera, pezones endureciéndose al instante contra la tela.

La película seguía de fondo: ahora el bandido levantaba el hábito, exponiendo muslos blancos como leche. Marco me jaló al regazo, mi culo acomodándose en su verga ya dura, palpitando contra mis nalgas. El calor de su paquete, el roce áspero de sus jeans, el pulso acelerado en su cuello cuando lo besé ahí... Le quité la playera de un tirón, lamiendo su pecho salado, pectorales firmes por el gym del barrio. "Quítate eso, pendeja", gruñó juguetón, arrancándome el short y las calzas de un jalón. Mi concha expuesta al aire, húmeda y reluciente, oliendo a excitación pura.

Nos volteamos hacia la tele un segundo, la monja gimiendo mientras el bandido la penetraba contra la muralla, golpes rítmicos, piel chocando. Marco metió dos dedos en mí, resbalosos por mis jugos, curvándolos justo en el punto que me hace ver estrellas. "Estás chorreando, mi reina. Igualita que la de la peli." Bombeó lento, mi clítoris hinchado rozando su palma callosa. Yo jadeaba, arqueando la espalda, el sillón crujiendo bajo nosotros.

Sus dedos son fuego, rompiendo mis defensas, como esas murallas de pasión en la película.

Le desabroché el cinto, liberando su verga gruesa, venosa, goteando precum que lamí de la punta con deleite salado. Su sabor almizclado, grueso en mi lengua, el gemido gutural que soltó... La chupé profundo, garganta relajada, bolas peludas rozando mi mentón. Él enredó los dedos en mi pelo, guiándome sin forzar, "Así, nena, trágatela toda. Eres la mejor mamada." La peli llegó a su clímax, gritos apasionados llenando la habitación, sincronizados con mis slurps húmedos.

No aguanté más. Me subí encima, guiando su pito a mi entrada empapada. Bajé despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente alrededor de su grosor. La plenitud ardiente, venas pulsando dentro, su calor invadiéndome hasta el fondo. Empecé a cabalgar, tetas rebotando, manos en sus hombros. Él me agarraba las caderas, embistiendo arriba, "Cógeme más duro, cabrón, rómpeme como en la pelicula Murallas de Pasion", le supliqué, voz entrecortada.

El ritmo se aceleró, piel sudorosa chocando con palmadas sonoras, jugos chorreando por sus bolas. Olía a sexo crudo, a nosotros dos fundidos en uno. Sus manos bajaron a mi culo, un dedo rozando mi ano juguetón, mandándome escalofríos.

Estoy cerca, el orgasmo trepando como lava, mis murallas cayendo.
Marco gruñó, "Me vengo, Vale, adentro tuyo." Su verga se hinchó, eyaculando chorros calientes que me llenaron, detonando mi propio clímax. Grité, concha contrayéndose en espasmos, olas de placer sacudiéndome hasta los dedos de los pies.

Colapsamos jadeantes, su verga aún dentro, palpitando suave. La película terminó con créditos rodando, mariachi fading out. Besos perezosos, lenguas entrelazadas, piel pegajosa enfriándose. "Esa peli fue el pretexto perfecto, amor", susurró él, acariciando mi espalda. Yo sonreí, recargada en su pecho húmedo.

Las murallas de pasión no se rompieron en la pantalla, se derrumbaron aquí, en nuestro sillón. Y qué chido se siente ser libre así, con él.

Nos levantamos despacio, rumbo a la regadera, prometiendo ver otra noche algo igual de caliente. El bochorno seguía afuera, pero adentro, todo era calma ardiente, un afterglow que duraría hasta el amanecer.

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