Relatos Prohibidos
Inicio Hetero Pasiones Ardientes del Elenco de la Telenovela Pasion y Poder Pasiones Ardientes del Elenco de la Telenovela Pasion y Poder

Pasiones Ardientes del Elenco de la Telenovela Pasion y Poder

6825 palabras

Pasiones Ardientes del Elenco de la Telenovela Pasion y Poder

Ana María sentía el calor del reflector quemándole la piel mientras grababan la escena clave de Pasion y Poder. El estudio en Televisa San Ángel bullía de actividad, con cables serpenteando por el piso como venas palpitantes y el olor a café recién molido mezclándose con el perfume dulzón de maquillaje. Ella, con su vestido rojo ceñido que acentuaba sus curvas, enfrentaba a Marco, su coprotagonista, en un duelo de miradas cargadas de fingida rabia. Pero neta, lo que ardía entre ellos no era puro acting.

Qué chido actor es este wey, pensó Ana mientras él la tomaba de la cintura para el close-up. Sus manos grandes y callosas, de tanto ensayar escenas de acción, se hundían en su carne con una presión que la hacía jadear de verdad. El director gritó corte, y el elenco entero aplaudió. Elenco de la telenovela Pasion y Poder, todos profesionales, pero Ana notaba las chispas entre ella y Marco desde la primera lectura de guion. Él, con esa sonrisa pícara y ojos color café que prometían travesuras, era el galán perfecto fuera de cámaras también.

Después del wrap, el equipo se dispersó hacia los trailers. Ana se quitó los tacones en su camerino, masajeándose los pies doloridos. El aire acondicionado zumbaba suave, trayendo el eco de risas lejanas del crew. Se miró al espejo: labios hinchados por el gloss, mejillas sonrojadas no solo por el blush.

¿Y si le digo que sí quiero más que escenas?
Su mente divagaba, recordando cómo en el descanso Marco le había rozado el muslo accidentalmente, enviando un escalofrío hasta su entrepierna.

La puerta se abrió sin golpear. Marco entró, cerrándola con el pie, su camisa desabotonada revelando un pecho moreno y velludo que olía a sudor fresco y loción aftershave. —Neta, Ana, esa escena me prendió fuego, dijo con voz ronca, acercándose. Ella no se movió, solo lo miró, sintiendo su pulso acelerarse como tambor en fiesta de quince.

Él se arrodilló frente a ella, besándole el empeine. —Déjame cuidarte, reina. Sus labios calientes subieron por su pantorrilla, lengua trazando venas bajo la piel. Ana gimió bajito, el sonido amortiguado por la música de fondo que se colaba desde el pasillo. El deseo la invadió como tequila reposado, ardiente y profundo. Sí, carnal, esto es lo que necesitaba, pensó, enredando dedos en su cabello negro y revuelto.

Acto primero del verdadero drama: Marco la levantó en brazos, depositándola en el sofá de cuero del camerino. Sus bocas se encontraron en un beso hambriento, lenguas danzando con sabor a menta y antojo reprimido. Ella le arrancó la camisa, uñas arañando su espalda mientras él le bajaba el vestido, exponiendo pechos turgentes que él lamió con devoción. Qué rico sabe su piel, a sal y vainilla, inhaló él, y Ana arqueó la espalda, sintiendo pezones endurecerse bajo su aliento húmedo.

Pero no era solo físico. Ana recordaba las charlas nocturnas en el set, cómo Marco confesaba sus miedos de no ser más que el galán de telenovela. Yo también cargo con eso, wey, le había dicho ella una vez, vulnerable bajo las estrellas de Ciudad de México. Esa conexión emocional avivaba el fuego, haciendo que cada caricia contara una historia.

La tensión crecía en el camerino. Marco deslizó mano entre sus muslos, encontrándola ya húmeda, lista. —Estás chorreando, mi amor, murmuró, dedos explorando pliegues sensibles. Ana jadeó, caderas moviéndose al ritmo de su toque experto. El sonido de sus respiraciones entrecortadas llenaba el espacio, mezclado con el leve crujir del sofá. Olía a sexo inminente, almizcle y excitación pura. Ella lo empujó hacia atrás, desabrochándole el pantalón. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando con necesidad. Qué pendejada aguantar tanto, pensó ella, tomándola en mano, sintiendo el calor irradiar a su palma.

Lo montó despacio, guiándolo dentro de sí. El estiramiento la hizo gemir alto, paredes internas abrazándolo como guante de terciopelo. Marco gruñó, manos en sus nalgas, amasándolas mientras ella cabalgaba con ritmo creciente. Sudor perlaba sus frentes, goteando entre pechos que rebotaban hipnóticos. Cada embestida enviaba ondas de placer desde su clítoris hasta la nuca, sonidos húmedos de uniones chocando como aplausos obscenos.

En el clímax del acto dos, Ana sintió el orgasmo acechando. Marco la volteó, poniéndola a cuatro patas sobre el sofá. Entró de nuevo, profundo, golpeando ese punto que la volvía loca. —Más fuerte, cabrón, dame todo, suplicó ella, voz quebrada. Él obedeció, caderas chocando con fuerza, bolas golpeando su trasero. El aire se cargó de gemidos, olores intensos de fluidos mezclados. Ana se mordió el labio, lágrimas de placer en ojos, mientras el mundo se reducía a esa fricción deliciosa.

Pero el conflicto interno la golpeó:

¿Y si el productor se entera? El elenco de la telenovela Pasion y Poder es familia, pero chismes matan carreras
. Marco lo sintió, aminoró el paso, besándole la nuca. —Esto es nuestro, Ana, no de cámaras. Esa ternura la deshizo, empujándola al borde.

El acto final estalló como pirotecnia en Independencia. Ana convulsionó primero, paredes contrayéndose en espasmos que ordeñaron a Marco. ¡Ay, Diosito! gritó, uñas clavadas en el cuero. Él la siguió segundos después, gruñendo su nombre mientras se vaciaba dentro, chorros calientes llenándola hasta rebosar. Colapsaron juntos, pieles pegajosas, corazones latiendo al unísono.

En el afterglow, yacían enredados, el camerino en penumbras con solo la luz del espejo iluminando sus rostros saciados. Marco le acarició el cabello, inhalando su aroma post-sexo: sudor, semen y perfume floral. —Eres mi pasion verdadera, no la de guion, susurró. Ana sonrió, besándole el pecho. Qué chingón se siente ser deseada así, sin máscaras.

Se vistieron lento, robándose besos robados. Salieron del camerino de noche, el estudio desierto salvo por el guardia que guiñó ojo cómplice. Caminaron hacia el estacionamiento, manos entrelazadas bajo las sombras de palmeras. Ana pensó en el mañana: más escenas, más miradas cargadas. Pero ahora sabían que el elenco de la telenovela Pasion y Poder guardaba secretos más calientes que cualquier plot twist.

En su depa en Polanco, Ana se duchó, agua caliente lavando rastros pero no memorias. Se miró al espejo empañado, tocándose el vientre donde aún sentía su calor. Esto apenas empieza, Marco. El deseo no se apagaba; renacía, prometiendo noches de fuego en la jungla de reflectores y pasiones mexicanas.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.