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La Pasion Segun San Mateo Bach Letra Ardiente

6283 palabras

La Pasion Segun San Mateo Bach Letra Ardiente

La noche en mi depa de la Condesa caía como un velo negro y suave, con el rumor de los coches en la avenida Insurgentes filtrándose por la ventana entreabierta. Yo, Mateo, acababa de llegar del ensayo con la orquesta, oliendo a madera de violín y sudor fresco. En la mano traía esa partitura vieja, La Pasion Segun San Mateo Bach Letra, un hallazgo en la librería de segunda mano de la Roma. La letra en alemán y español, con anotaciones a mano de algún músico loco del siglo pasado. Mi carnala, Sofia, estaba recostada en el sillón de piel, con una chela en la mano y esa blusa suelta que dejaba ver el encaje de su brasier negro.

"Mira güey, neta que esto es oro puro", le dije, agitando las hojas amarillentas. Ella alzó la vista, sus ojos cafés brillando con curiosidad pícara. "Bach, ¿eh? La Pasión. Suena a sufrimiento... o a algo más chido". Se incorporó, rozando mi brazo con sus uñas pintadas de rojo, y el contacto fue como una chispa en la piel. Olía a su perfume de jazmín mezclado con el humo de su cigarro mentolado, que apagó en el cenicero de cristal.

La puse en el tocadiscos, el vinilo rayado que mi abuelito me dejó. La aria inicial llenó el aire: voces graves, violines que gemían como almas en éxtasis. Nos sentamos en la alfombra persa, las hojas de la letra entre nosotros. "Vamos a leerla juntos, como si fuéramos los evangelistas", propuse, mi voz ronca ya por el deseo que empezaba a bullir. Sofia se rio bajito, esa risa que me ponía la verga dura al instante. "Órale, San Mateo moderno. Pero si me pones caliente, te cobro el pecado".

Empezamos por el principio. Yo leía en voz alta: "Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen... Venid hijas, ayúdenme a llorar". Mi mano rozó su muslo desnudo bajo la falda corta, piel suave como seda tibia. Ella tomó el relevo: "Sehet, mirad... el Cordero de Dios". Su aliento cálido en mi cuello, el sabor salado cuando lamió mi oreja. La música subía, coros que retumbaban en el pecho, y mi pulso se aceleraba al ritmo de los cellos.

¿Por qué carajos esta música sacra me prende tanto? Es como si Bach supiera del fuego que arde abajo, en las entrañas.

La tensión crecía lenta, como el recitativo que precede al clímax. Sofia se acercó más, su mano deslizándose por mi playera, dedos fríos contra mi abdomen caliente. "Sigue leyendo, Mateo. Dime de la traición". Leí de Judas, el beso que vende al Maestro, y ella me besó así, traicionera y dulce, lengua invadiendo mi boca con gusto a tequila reposado. Nuestros cuerpos se pegaron, sus tetas firmes presionando mi pecho, pezones duros como piedritas bajo la tela fina.

El vinilo giraba, ahora el coro de "Erbarme dich", ten misericordia. Sofia jadeaba bajito, desabrochándome el cinturón con maña de diosa pagana. "¡Ay wey, tu verga ya está lista para la pasión!", murmuró, riendo contra mi piel. La bajé la blusa, besando su cuello donde latía la vena, oliendo su sudor fresco, ese aroma almizclado que me volvía loco. Mis manos exploraban su culo redondo, apretándolo mientras ella gemía al compás de los violines. La letra cayó al suelo, olvidada un momento, pero la música nos guiaba, sus notas como caricias invisibles.

Nos paramos, tambaleantes de puro antojo. La llevé a la cama king size, sábanas de algodón egipcio crujiendo bajo nosotros. Ella se quitó la falda de un tirón, quedando en tanga negra y medias hasta el muslo. "La Pasion Segun San Mateo nos está follando la mente", dijo, tirándome encima. Rodamos, yo encima ahora, lamiendo sus tetas, succionando pezones rosados que sabían a sal y miel. Sus uñas en mi espalda, arañando lo justo para doler rico. El sonido de su respiración agitada mezclándose con los coros, "Wir setzen uns mit Tränen nieder", nos sentamos con lágrimas... pero las nuestras eran de placer contenido.

La tensión escalaba, mis dedos bajaron a su panocha, ya empapada, labios hinchados y calientes. La toqué despacio, círculos en el clítoris que la hicieron arquearse como poseída. "¡Chíngame con los ojos de Bach, pendejo!", gritó, riendo entre gemidos. Leí un fragmento al azar de la letra arrugada: "Es ist vollbracht, está consumado. Ella asintió, ojos vidriosos: "Sí, consúmelo en mí". La penetré lento, mi verga gruesa abriéndose paso en su calor húmedo, paredes vaginales apretándome como guante de terciopelo. El ritmo de la música dictaba el nuestro: lento al principio, luego furioso como la tormenta del Getsemaní.

Nos movíamos en sincronía, piel contra piel resbalosa de sudor. Olía a sexo puro, a feromonas y jazmín revuelto. Sus caderas subiendo a encontrarme, mis embestidas profundas tocando ese punto que la hacía gritar "¡Más, cabrón, más!". Internamente, luchaba:

Esto es pecado, pero qué pecado tan chingón. Bach lo escribió para almas como la nuestra, sedientas de redención carnal.
Ella volteó encima, cabalgándome como amazona, tetas rebotando al ritmo de los tambores orquestales. Sus manos en mi pecho, pellizcando pezones, yo agarrando sus nalgas, guiándola más hondo.

El clímax se acercaba con la aria final, voces elevándose en éxtasis celestial. "¡Me vengo, Mateo, con Bach de testigo!", aulló Sofia, su coño contrayéndose en espasmos que me ordeñaban la verga. Explosé dentro, chorros calientes llenándola, el placer cegador como un rayo, pulsos retumbando en oídos sordos al mundo. Colapsamos, jadeantes, la música apagándose en un susurro de cuerdas.

En el afterglow, envueltos en sábanas húmedas, recogí la La Pasion Segun San Mateo Bach Letra. "Neta que Bach sabía de pasiones de verdad", dije, besando su frente perlada de sudor. Ella sonrió, perezosa, trazando círculos en mi pecho. "Erbarme dich, ten misericordia... de mi cuerpo, amor". Nos reímos bajito, el tráfico de la Condesa como banda sonora lejana. Esa noche, la partitura no era solo letras muertas; era nuestro evangelio privado, escrito en gemidos y fluidos. Y mientras el sueño nos vencía, supe que repetiríamos la misa, una y otra vez.

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