Relatos Prohibidos
Inicio Hetero En Que Canal Van a Pasar la Pasion de Cristo en Nuestra Piel En Que Canal Van a Pasar la Pasion de Cristo en Nuestra Piel

En Que Canal Van a Pasar la Pasion de Cristo en Nuestra Piel

6941 palabras

En Que Canal Van a Pasar la Pasion de Cristo en Nuestra Piel

Es Viernes Santo en la Ciudad de México y el calor de abril se cuela por las ventanas entreabiertas de tu depa en la Roma. Tú estás recostada en el sillón de piel sintética que huele a limón del desinfectante que usaste esta mañana, con las piernas cruzadas sobre las de Alex, tu carnal de unos meses. Él es alto, moreno, con esa barba recortada que te raspa delicioso cuando te besa el cuello. La tele está prendida, zapeando canales, y de repente te sale la pregunta que traes en la cabeza desde que viste el anuncio en el Face.

¿En qué canal van a pasar la Pasión de Cristo güey? Esa película que siempre me pone la piel chinita con tanta intensidad.

Alex te mira de reojo, con esa sonrisa pícara que dice ya valió madres la película, pero te contesta mientras sus dedos suben y bajan por tu muslo desnudo, bajo la falda corta de mezclilla que te pusiste nomás para provocarlo.

Neta no sé, mami. Checa el guía de TV en tu cel, murmura él, su voz grave retumbando en tu pecho porque está bien pegadito. Tú agarras el teléfono, deslizando la pantalla con el pulgar, el aire acondicionado zumbando bajito y trayendo olor a frituras de los tamales que comieron hace rato. Encuentras el canal: Televisa a las ocho. ¡Órale, sale en una hora! exclamas, emocionada, pero sientes su mano apretando más tu pierna, el calor de su palma filtrándose por la piel, haciendo que tu vientre se contraiga un poquito.

Él se ríe bajito, ese sonido ronco que te eriza los vellos de la nuca. ¿Y si mejor vemos nuestra propia pasión de Cristo? Sus labios rozan tu oreja, aliento caliente con sabor a chela Corona que se echaste hace rato. Tú volteas, tus ojos clavados en los suyos, oscuros como el chocolate de la abuelita, y sientes el primer cosquilleo entre las piernas. La tensión empieza ahí, lenta, como el tráfico en Insurgentes un viernes por la tarde.

El sillón cruje cuando él te jala hacia su regazo, tus nalgas acomodándose sobre sus jeans duros. Apagas la tele por un rato, el silencio roto solo por el tráfico lejano y el latido de tu corazón que retumba en los oídos. Sus manos suben por tu espalda, desabrochando el brasier con maestría, y tú arqueas la espina, oliendo su colonia barata mezclada con sudor fresco, ese aroma macho que te hace mojar sin remedio. Estás cañona hoy, pinche diosa, susurra, y tú respondes mordiéndole el labio inferior, saboreando la sal de su piel.

La habitación se calienta más, el sol poniente tiñendo las cortinas de naranja, proyectando sombras que bailan en las paredes blancas. Tú sientes su verga endureciéndose contra tu entrepierna, palpitando a través de la tela, y un gemido se te escapa, suave como el viento que entra. Tus tetas libres ahora, pezones duros rozando su playera, enviando chispas directas a tu clítoris. Piensas en la película, en esa pasión cruda, sufrimiento que duele rico, y te preguntas si Mel Gibson sabía que algo así despertaría deseos prohibidos en parejas como ustedes.

Quítate la falda, amor, ordena él con voz ronca, y tú obedeces, empinándote para bajarla, exponiendo tus calzones de encaje negro que ya traen una mancha húmeda en el centro. Alex gruñe de aprobación, sus dedos trazando el borde, rozando tu monte de Venus hinchado. El tacto es eléctrico, piel contra piel, y tú jadeas, el olor de tu propia excitación subiendo, almizclado y dulce como el pan de muerto de temporada. Él te besa el estómago, lengua plana lamiendo el ombligo, bajando lento hasta morder el elástico de los calzones.

Ahora la tensión sube, gradual, como la procesión de la Virgen de Guadalupe que viste en la tele ayer. Tus manos enredadas en su pelo negro, jalándolo más cerca, mientras él te quita los calzones de un tirón, el aire fresco besando tu coño depilado, labios mayores abiertos y brillantes.

Neta me muero por comerte entera, pendejita mía
, dice, y su boca cae sobre ti, lengua experta girando alrededor del clítoris, chupando suave al principio, luego más fuerte. Tú gritas bajito, ¡Ay cabrón, qué rico!, caderas moviéndose solas, el sillón temblando con tus embestidas. Sientes cada lamida como fuego líquido, el sabor de tu jugo en su boca cuando te besa después, compartiendo ese beso baboso y salvaje.

Pero no es solo físico; en tu mente giran pensamientos profundos. Esta pasión nuestra es santa, wey, más real que cualquier película. Alex se para, quitándose la ropa rápido, su cuerpo atlético brillando de sudor bajo la luz tenue. Su verga sale libre, gruesa, venosa, la cabeza roja goteando pre-semen que brilla. Tú la agarras, piel aterciopelada sobre acero, masturbándolo lento mientras él te mama las tetas, mordiendo pezones hasta que duele placer. El olor a sexo llena el aire, mezclado con el jazmín del vecino que entra por la ventana.

Lo empujas al sillón, montándolo a horcajadas, guiando su pija a tu entrada resbalosa. Bajas despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te estira, llena, el glande rozando paredes internas que palpitan. ¡Chingao, qué prieta estás! gime él, manos en tus caderas, uñas clavándose leve. Tú empiezas a cabalgar, lento al principio, subiendo y bajando, el slap-slap de carne contra carne retumbando, sudor goteando entre tus pechos. Sus ojos en los tuyos, conexión profunda, como si en este momento fueran uno solo, sacrificando placeres en un altar propio.

La intensidad crece, tus movimientos más rápidos, coño apretando su verga como puño caliente. Él te aprieta el culo, un dedo rozando tu ano, prometiendo más, y tú explotas primero, el orgasmo subiendo desde las entrañas, olas de placer que te hacen gritar ¡Sí, Alex, córrete conmigo!. Tus paredes se contraen, ordeñándolo, y él ruge, semen caliente brotando en chorros dentro de ti, mezclándose con tus jugos, resbalando por tus muslos cuando te quedas quieta, jadeando sobre su pecho.

El afterglow es puro, cuerpos pegados, piel pegajosa y tibia. Él te acaricia el pelo, besos suaves en la frente. Olvídate de la película, mi reina. Esta fue la mejor Pasión. Tú ríes, exhausta, oliendo a sexo y amor. Afuera, las campanas de una iglesia cercana suenan lejanas, recordándote el día santo, pero en tu depa, han creado su propio milagro. Checas el cel: ya pasó el horario. En qué canal van a pasar la Pasión de Cristo? Ni madres importa, piensas, acurrucándote contra él, lista para la segunda ronda cuando el cuerpo lo pida.

La noche cae, estrellas asomando sobre el skyline, y en ese silencio post-coital, sientes paz, empoderada, deseada, completa. Mañana será otro día de Semana Santa, pero esta pasión, tuya y de él, quedará grabada en la piel para siempre.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.